Contágiame, mi amor

Qué bulla más tonta, por favor. Que si son los jóvenes. Que si pues anda que los mayores. Que si también son las reuniones familiares y nadie dice nada. Por no hablar de los memos babeantes que, a estas puñeteras alturas, siguen dando la matraca con las elecciones, cuando, si algo acaba de demostrarse —¡joder, ya!— es que no pudo haber mejor momento para celebrarlas. Ya está bien de profecías autocumplidas y hechos alternativos (o sea, putas fake news). No hace falta estar en posesión de ningún máster en epidemiología avanzada para tener medio claro lo que está pasando en las últimas semanas.

Igual que con muchas de nuestras causas de muerte más habituales antes de la pandemia, como las enfermedades cardiovasculares o los accidentes de tráfico, volvemos a estar ante la opulencia y la pachorra como origen. Mal que les pese a los doctores Tragacanto de aluvión, aquí no hay asesina Confebask ni pérfido gobierno neoliberal que valga. Esto va de señoritos con derecho a voto de diferentes edades que se pasan por la sobaquera las recomendaciones más básicas para que el jodido bicho se dé un festín. Hace falta ser destalentado y tonto con enes infinitas para estabularse en un local cerrado a compartir fluidos a discreción. Claro que también les vale un rato a nuestras queridas autoridades por no impedirlo.

Zaldibar argitu… o así

Homicidio imprudente, libertad con cargos y retirada de pasaporte. Pues así, de saque, no parece poca cosa lo que ha dictaminado la juez sobre el propietario y los directivos principales del vertedero de Zaldibar. Curioso, sin embargo, que hayan tenido que pasar casi seis meses y que la iniciativa de la detención partiera de la Ertzaintza. Se pierde uno en los vericuetos judiciosos, pero si los renglones torcidos son para empezar a escribir el relato más verídico posible de lo que llevó a la tragedia (como dije ayer, nada accidental) del 6 de febrero, procede dar la bienvenida a este paso. De eso se trata, ¿no?, de esclarecer lo que desembocó aquella fatídica tarde en la sepultura en vida de dos personas cuyos cadáveres siguen sin aparecer y en una catástrofe medioambiental sin precedentes en el terruño.

Zaldibar argitu; Aclarar Zaldibar, proclaman las consignas aventadas con idéntico ardor en euskera o recio castellano, según la parroquia que pretenda hacer caja del drama. Como intención, vuelvo a repetir, me parece nobilísima. Aguante su vela cada palo y depúrense todas las responsabilidades, incluyendo (o empezando por) las políticas. Ojalá. Pero de sobra sabemos que esto no va de eso, sino de cargar literalmente los muertos, venga o no a cuento, al adversario, o sea, al enemigo político.

Estábamos avisados

Quizá sea solo impresión mía, pero veo a los cuantopeormejoristas bailando congas a cuenta del brote del hospital de Basurto. Con lo mal que llevaban que cada una de sus profecías apocalípticas sobre las miles de muertes que provocaría la vuelta a la actividad no esencial hayan sido sistemáticamente desmentidas por la realidad, ahora sienten que han pillado en bruto y tienen sabrosa munición para disparar sobre su pimpampum favorito. Cómo evitar la dulzona tentación de culpar al perverso capitalismo y a su mano ejecutora desde Lakua del fallecimiento en un centro dependiente de la Sanidad pública vasca de un hombre con pluripatologías y de veintipico contagios a la hora de escribir estas líneas. Oé, oé, oé, We are the champions, ya decíamos que la sociedad vasca no está para elecciones ni para echarse un rule hasta Laredo.

Y sí, todo muy bien, una chulada para los titulares gritones, si no fuera porque lo que ha ocurrido había sido radiotelegrafiado hasta la ronquera por los que pedíamos de rodillas que no nos merendásemos la cena. No quito un ápice de responsabilidad a las autoridades sanitarias, que para eso las pagamos, pero si somos medio justos en el análisis de lo que ha ocurrido en el pabellón Revilla, concluiremos que ha habido una bajada de guardia de libro. Ojalá que no pase de ahí.

Diario del covid-19 (48)

Escucho a señalados portavoces de uno y otro lado del meridiano ideológico que la sociedad vasca no está para elecciones. Así, tal cual, a palo seco, categóricamente, sin lugar al matiz ni a la réplica. Como tantas otras cosas en estas semanas de espanto, los usufructuarios únicos de la verdad han tomado la decisión de lo que es y lo que no es sin consultar a los implicados. Igual en lo que atañe a la sanidad, la economía, la educación o los meros comportamientos individuales, los autoinvestidos doctores toman las decisiones basándose en el mismo principio que guiaba a la asamblea de majaras de la canción de Kortatu: mañana sol y buen tiempo.

Y en esto de la celebración de las elecciones pendientes en julio —que yo no sé si sí o si no, se lo juro— ya han determinado que no hay más tutía. No, no, y no. Como me dicen varios oyentes de Euskadi Hoy en Onda Vasca-Grupo Noticias, quizá el error del lehendakari fue no hacer la propuesta contraria a la que le parecía más razonable. Si hubiera dicho que en septiembre o hablado de posponer el asunto sine die, se le estarían exigiendo los comicios para pasado mañana porque la Democracia no puede quedar al albur de una pandemia. ¿Y saben lo que les digo? Que tendrían razón. Si de verdad nos creemos lo de la soberanía popular, no hay que renunciar a ejercerla.

Diario del covid-19 (24)

Milagro por Semana Santa. Aparecen de la nada diez millones de mascarillas que serán distribuidas a la plebe en medios de transporte por policías que hasta ayer denunciaban que no las tienen ni para ellos. Hasta donde uno conoce, el personal sanitario, que es quien sigue en primera línea, todavía carece de los preciados tapabocas. ¿Tendrán que ir a hacer cola a paradas de metro, tren y autobús a ver si les cae una? Todo esto, sin perder de vista que el Gobierno Vasco, institución que debería coordinar la entrega en los tres territorios de la demarcación autonómica, asegura no saber nada del asunto… ni de las mascarillas que habrían de repartir la Ertzaintza y las policías locales.

Y luego, claro, que nadie se atreva a poner en solfa el enésimo despropósito, pues será acusado de romper el consenso y de no remar en la misma dirección. ¿En qué dirección, si puede saberse? De momento, el único rumbo que hemos visto es un zig-zag ebrio a base de ocurrencias que se lanzan y caen al olvido cuando se anuncia la nueva tanda de propuestas creativas que jamás llegan a realizarse. Y como principio que guía las acciones, el que aventó ayer uno de los uniformados de la junta cívico-militar que nos da las consignas del día: “Hagamos caso al refranero español, que dice que no hay mal que cien años dure”. Glups.