Provocación naranja

¿Qué pinta Ciudadanos montando un acto en campaña electoral en una localidad donde no presenta candidatura municipal y en la que en las recientes generales apañó 37 raquíticos votos? En la lengua de mis ancestros se dice foder por foder, aunque lo podemos traducir con mayor finura como tocar las narices o, en llano, provocar. A nadie se le escapa que el numerito de hoy en Ugao-Miraballes es la enésima versión de los autos sacramentales de Iruña, Altsasu o Errenteria. Y como en todos esos lugares la jugada les salió de cine, todo hace temer que los informativos de la jornada vuelvan a abrir con las imágenes de la gresca de rigor.

Precisamente, el éxito cosechado en las funciones precedentes debería actuar como escarmiento o entrenamiento. Por más eficaces en la bravata que sean el figurín figurón y sus secuaces naranjas, esta vez sí, la respuesta debe ser la indiferencia. Si puede ser absoluta, mejor. Hay que evitar el contacto físico a toda costa. Diría que incluso el visual. Ni media mirada. Que vengan, que se suelten la chapa a sí mismos y a los innumerables cámaras que habrá aguardando alpiste, y que se larguen sin que nadie les toque un pelo y, en consecuencia, con la sensación de fiasco.

Hago mis votos para que así sea, y veo que en ese sentido van los llamamientos de instituciones y partidos razonables. Me temo, sin embargo, que el ventajista Rivera encontrará el roto para su descosido, el hambre para sus ganas de comer notoriedad facilona, o lo que es lo mismo, los cómplices indispensables para que su mascarada transcurra con la épica prevista. Si no ocurre así, prometo ser el primero en aplaudirlo.

Ronda preliminar

“Ahora toca prudencia, discreción y tranquilidad”, salmodiaba Pablo Iglesias a la salida de su encuentro protocolario con su casi majestad Pedro Sánchez. Quién ha visto y quién ve al otrora residente en Vallecas ahora emigrado a Galapagar. Qué tiempos aquellos, apenas anteayer, en que porfiaba que las negociaciones debían ser transmitidas por streaming. O cuando reclamaba la vicepresidencia, el CNI, un porrón de carteras y dos huevos duros. Sería digno de estudio lo que aplaca la polipaternidad, el chalé con piscina o, siendo positivos, el realismo de quien, tras echar cuentas, ya sabe que los cielos no se toman al asalto.

Me van a perdonar que me ponga magnánimo y perdonavidas, como él mismo, y deje escrito aquí que el todavía joven Iglesias progresa adecuadamente. Con suerte, a Sánchez le salen las cuentas y le regala un ministerio. Fíjense que yo, incluso con mi innata querencia a pensar mal, estoy casi convencido de que no corremos el riesgo de un abrazo con Rivera. Menos, después del cabreo del figurín figurón porque Pedro lo relegó a la sala pequeña de Moncloa, cuando el día anterior le había agasajado con la grande a Pablo Casado, lo que en el lenguaje no verbal de la política implica reconocer al palentino hostiado como verdadero jefe de la oposición. Qué poco se parecen, por cierto, el manso líder del PP que vimos a la salida de la reunión con Sánchez y el buscabroncas perpetuo que en campaña vomitaba improperios a granel. Supongo que es lo que tiene haber recibido un meneo cósmico en las urnas. En el otro lado, el que ejercía como anfitrión puede felicitarse. Ha vuelto a ganar. Esta vez, tiempo.

Clases de ‘Consti’

Qué idea más inspirada e inspiradora, oigan, la del figurín figurón naranja. Dice Alberto Carlos de Todos los Santos que cuando él gobierne —Belcebú no lo quiera— implantará en los centros escolares hispanistaníes una asignatura llamada Constitución española. Y al cacarearlo, suelta en plan excusatio non petita que si a alguien no le gusta la ocurrencia es porque tiene un problema. Al gañán que se hacía el dormido para no cambiar los pañales de su hijo —les juro que lo confesó hace poco— apenas se le nota la intención de hacer un remedo de lo que en tiempos relativamente recientes fue la Formación del Espíritu Nacional, por sus siglas, FEN. No pocos oyentes que sufrieron tal cosa me lo están diciendo estos días entre risas y pasmo.

Pero, ¿saben?, si no me acongoja el fachirulo Abascal, menos me preocupa esta memez del chaval del Ibex. Le encuentro la pega de ubicar la vaina en los programas escolares, que ya no dan abasto. Me decía un amigo que se bate el cobre en las aulas que llegará el día en que se cepillen las mates, la fi-qui o la lite para hacer sitio a todas las propuestas sandungueras que listos diversos pretenden incorporar a los currículos.

Y luego está el temor más que fundado de que la materia se quede inconclusa. Vamos, que al alumnado le bastará para aprobar con saberse la unidad de España, la Corona, el ejército, el monopolio de la fuerza y el 155. Lo demás, es decir, la no discriminación por sexo, ideología o creencias, los derechos a trabajo, vivienda, libertad de expresión… será pura paja. De la mención a la nacionalidades en el artículo 2, ni hablamos. He ahí la Constitución de Rivera.

La bronca de los lazos

En la gresca esta de los lazos prohibidos deberíamos empezar por el principio. O sea, por escoger una única vara de medir. A partir de ahí, se abren dos opciones. Primera, nos ponemos profilácticos hasta la médula y establecemos que desde la convocatoria electoral hasta el día de la votación no cabe ni la cuestión más infinitesimal que pueda entenderse como mensaje de parte. Segunda, nos dejamos de chorradas y permitimos que cada quisque haga de su capa un sayo. Esta última es, de hecho, la alternativa por la que me inclino. Parto de la base de que somos lo suficientemente mayorcitos como para dejarnos influir por este símbolo, aquel recado subliminal o no sé qué medida estupenda promovida por esta o aquella institución. Lo que no vale es ir por parciales, de modo que sean requetelegítimos los viernes sociales de Sánchez y megamaxiilegales unos trozos de tela de determinado color.

En cualquier caso, si se fijan en todos los actores del psicodrama de diseño, verán que ninguno está particularmente incómodo. Cada cual vende su moto a discreción. Así, Torra tira de martirologio y victimismo y da pie a que Casado y Rivera monten el numero de los ofendiditos que reclaman un duro castigo para los rebeldes, mientras el inquilino de Moncloa sobreactúa como estadista que llama a la cordura, el cumplimiento de la ley y me llevo una. Tales para cuales.

Por lo demás, si pongo en un plato de la balanza todo este teatrillo bufo y en el otro, la realidad palmaria de unos políticos injustamente encarcelados desde hace más de un año, no me queda la menor duda de qué es lo sustantivo del asunto y qué lo ridículamente accesorio.

La triderecha navarra

El de UPN debe de ser foralismo grouchomarxiano. Si no les gusta o si no nos conviene, tenemos otro. El concepto se puede retorcer hasta el quinto tirabuzón y llegar, tachán, tachán, al antiforalismo necesario para meterse en una santa alianza con Ciudadanos, el partidete que nos ha venido dando la matraca de los privilegios vasco-navarros —según su terminología— desayuno, comida y cena. Anda que no nos habremos jalado veces la cantinela del figurín figurón naranja sobre el cuponazo, la insolidaridad y hasta el expolio que perpetramos los censados en los cuatro pérfidos territorios sobre el indefenso pueblo español.

Ahí están las hemerotecas, las videotecas y las fonotecas. De hecho, basta una leve espeleología en los archivos para encontrar las collejas cruzadas entre los ahora socios en la legión que pretende rescatar el régimen de las manos rojoseparatistas en que ha estado durante los últimos cuatro años. Claro que, visto desde el otro lado, quizá el milagro pueda apuntárselo el mesías Esparza, que ha convertido para la causa a la banda de Rivera. Se dice que ayer mismo Inés Arrimadas iba predicando la buena nueva del Convenio. Por supuesto, ni caso. En cuanto les pregunten por la cosa en Sigüenza o Almendralejo, negarán siete veces siete. O cantarán la gallina, que es lo que sabe desde el principio hasta el menos informado: el fin justifica los medios, y si hay que mezclar agua y aceite, se mezcla. Y si hay que vender Navarra —porque esto sí es vender Navarra—, se vende. No quisiera adelantarme demasiado, pero esto apunta a que el PSN ejercerá de árbitro una vez más. ¿Nos preparamos para otro agostazo?

Un chotis para Arrimadas

Creo que con mucho tino, algunos guasones le llaman Pichi a Albert Rivera, en alusión al chulo que castiga del Portillo a la Arganzuela, y hace otras cosas peores, según la letra de la cancioneta de la caspurienta revista musical Las Leandras. Cosas de las imágenes mentales, el otro día se me metió en la cabeza con la gorra reglamentaria, camisa merengona. chaleco de cuadritos y floripondio en la solapa, cantando a voz en cuello el célebre chotis de Agustín Lara: “Cuando vengas a Madrid, chulona mía, voy a hacerte emperatriz de Lavapiés, y alfombrarte de claveles la Gran Vía y bañarte en vinillo de Jerez”. Lógicamente, la destinataria de la tonada no podía ser otra que Inés Arrimadas, que ha decidido plantar sus reales en la villa y corte, previo paso por Waterloo, donde le montó un numerito menor a Puigdemont.

Es verdad que le queda un simulacro de primarias, pero a estas alturas, hasta el que reparte las cocacolas sabe que veremos a la doña en un escaño de la Carrera de San Jerónimo después de las elecciones de abril. Tanta gloria lleves como paz dejas, dirán sus rivales políticos en el Parlament, aliviados porque se librarán de sus performances con bandera y sus bocachancladas ayunas de documentación. Cuánta razón tuvo no sé quién del PP, que ante la confirmación del “Me las piro, vampiro” de la individua, concluyó que tal decisión demostraba la inutilidad de su victoria en las elecciones de 2017. Añadiría servidor que lo que queda probado es que Catalunya, por más tabarra que den y más dignos que se pongan, solo es un trampolín para lo que Aitor Esteban definió certeramente como “Hacerse un Maroto”.

Altsasu, una reflexión

Supongo que a estas alturas del psicodrama tenemos claro que Albert Rivera y sus siniestros acompañantes ultramontanos abandonaron Altsasu habiendo conseguido el objetivo que se trazaron cuando convocaron la marcha parda al ya para los restos lugar santo de la carcunda. Oigo entre el consuelo y el autoengaño que no fue para tanto, pues en las previsiones iniciales del figurín figurón y sus prosélitos se contemplaba una zapatiesta del nueve largo.

Allá quien se conforme con la teoría del mal menor y no quiera ver que, para los efectos mediáticos, que son los que cuentan, da lo mismo una señora batalla campal que un puñado de empujones, pancartas y gritos de docena y media de buscadores de gresca que se salieron de la consigna general de no caer en la brutal provocación. Si de una piedrecilla los heraldos madrileños —incluyendo algunos de lo más progre— hicieron una intifada, cómo no aprovechar las imágenes de actitudes objetivamente agresivas para que la profecía riveriana se autocumpliera. Lo que el editorial de Diario de Noticias de Navarra llamó atinadamente “patético akelarre ultra” fue apertura informativa el domingo y siguió alimentando ayer columnas, tertulias y declaraciones politiqueras de alto octanaje.

Y aquí es donde llamo a una mínima reflexión. Lo hago, desde luego, con plena conciencia de lo difícil que es contenerse frente al hostigamiento sin tregua que sufre la localidad desde los hechos de octubre de 2016. Pero precisamente por esa condición de eterno pimpampum, procedía, tal y como se decidió en la asamblea popular de la semana pasada, practicar el no aprecio como mayor de los desprecios.