De Pemán a Marta Sánchez

He firmado un porrón de veces la petición abierta para que en la próxima final futbolera de Copa, que se celebrará en un estadio de nombre españolísimo del quince —Wanda—, la subidora de libidos soldadescos que atiende por Marta Sánchez interprete en directo el himno de Tabarnia y alrededores que anda de boca en boca. Lo que daría por ver el espectáculo de la susodicha en medio de la cancha, en plan Beyoncé de lance, recibiendo la pitada del milenio por parte de una afición ya muy curtida en las lides del silbido y que, sin duda, este año tiene aun más motivos que el anterior para dejarse hasta el último aliento chifla que te chifla. Y también me pone pilongo, no crean, imaginarme a los seguidores del otro equipo tratando de entonar la letra caspurienta sin descarrilar en los ripios. Como escribió un tuitero cabroncete, si ya se liaban con el lololó, como para meterse en virguerías.

Por lo demás, mando desde aquí un saludo despiporrado de la risa a los huesos del eximio José María Pemán, autor de la letra que los que tenemos una edad nos tocó canturrear entre dientes. Qué ultraje, ser un egregio intelectual falangista con todas las lecturas en regla para que aparezca una folclórica venida a menos a afanarte los laureles. Con el aplauso, oigan, de la flor y nata de la españolitud, desde Eme Punto Rajoy a Santi Abascal, pasando por Naranjito Chen, Rosa de Sodupe o la Fundación José Antonio. Gran retrato, no tanto del país, como de cierto paisanaje que, tras renegar con denuedo de su condición de nacionalista desorejado, sale del armario a los sones de una patriota que vive y paga sus impuestos en Miami.

Mendia, secesionista

Era lo que nos faltaba por ver. En las últimas entregas del cronicón cavernario, Idoia Mendia es tratada y retratada como peligrosa secesionista. Entre otras jeremiadas, a la secretaria general de los socialistas vascos se le achaca haber “pisoteado la línea roja del PSOE de la unidad de España”. Y eso es casi precio de amigo al lado de la imputación de traición a las víctimas del terrorismo que le ha lanzado Rosa de Sodupe; sí, esa señora que chupó de la piragua un rato largo en un gobierno conformado por el mismo binomio de siglas que ahora le revuelve el estómago. Fuera de concurso, los barones, baronzuelos, pajes y pajuelos que andan haciéndose lenguas de no se sabe qué desconsideración hacia la camarilla interina que manda en Ferraz, también llamada Gestora, por no haberse dejado mangonear durante la negociación del acuerdo con el PNV.

Estamos ante un “ladran, luego cabalgamos” de libro. La Historia reciente demuestra que es un magnífico síntoma tener al ultramonte cabreado. De hecho, el PSE firmó sus mejores resultados electorales de todos los tiempos —más del triple de los votos cosechados en los comicios del 25 de septiembre— cuando, tras liberarse del yugo que lo uncía al PP de Mayor Oreja, se convirtió en pim-pam-pum de la diestralandia mediática que hasta entonces lo trataba con mimo exquisito. No parece casualidad que el declive imparable comenzara en el mismo instante en que, merced a la nueva alianza santa con la sucursal vasca de Génova en el infausto marzo de 2009, volvió a ser objeto de elogio y carantoña de la prensa de choque. Se avecinan tiempos de lo más interesantes.

Savater, ahora naranja

Fernando Savater con/en Ciudadanos. El arribismo no tiene edad. Ni freno en su caso. Ya me dirán qué necesidad tiene a estas alturas. Económica, ninguna. Y coleccionadas todas las prebendas, tampoco va a ser eso. Más bien, puro vicio. Compulsión de manual. O foder por foder, que dicen en la otra tierra donde también hay elecciones el domingo. Simplemente, le apetece seguir pasándolo cañón en los estertores de la batalla del norte. Recuerden su desvergonzada confesión: “Me he divertido mucho con el terrorismo”.

Guiado seguramente por ese espíritu lúdico, se apuntó el lunes a una de las seis incursiones —¡seis!— del figurín Rivera por estos lares. Le acompañaba, no se sabe si como carabina o padrino, el gran vividor apellidado Sosa Wagner, uno de los primeros que mordió la mano nutricia de Rosa de Sodupe, eso sí, cuando ya UPyD estaba en liquidación por derribo, que hasta entonces estuvo chupando de la piragua magenta en el parlamento europeo.

Pagaría un céntimo por los pensamientos al respecto del enterrador Maneiro. Apenas ayer el reputado polemista donostiarra era, junto al que vive un apasionado romance equinoccional con Isabel Preysler, el santo y seña intelectual del partido convertido en zombi. A las primeras de cambio, se retrata junto a los que le han mandado por el desagüe de la Historia, y tratando de ayudarles a conseguir su barata poltronita por la circunscripción alavesa, qué ingrato.

El festejo que reunió a los mentados, por cierto, llevaba por título “Los retos de los constitucionalistas en España”. Definitivamente, a más de tres se les ha parado el calendario allá por el año 2001.

Desbandada en rosa palo

El capitán Schettino crea escuela. Rosa Díez, Carlos Martínez Gorriarán y (el pobre) Andrés Herzog se han dado de baja de UPyD y piden “un final digno para el partido”. Desvergonzada desbandada póstuma que es, en realidad, el retrato perfecto de lo que ha sido, desde que los dos primeros mentados lo parieron para su propio provecho, ese cachivache ideológico que aún grita una mentira por cada sigla. Pero que les vayan quitando lo bailado a la de Sodupe y al brioso alevín de la VI asamblea. Lo que habrán medrado —partiendo de un bolsillo ya notable— en pasta gansa y en ego faisán la una y el otro. Ahora, a seguir viviendo de una colección de pingües jubilaciones, bolos varios y, por supuesto, tertulias de las de a doblón y pico. ¿Y el ardoroso delegado local de la cofradía magenta? No se aflijan. Les apuesto, y creo que gano, que para cuando se le acabe el momio actual, no le faltarán ofertas acordes a los servicios prestados, puede que en otro punto de la escala cromática. Capacidades no le faltan; menudas paellas con salchichas de Franckfurt que le salen al muchacho. También es diestro, aunque por fortuna, no del todo, mandando gente al paro.

Y poco más. Les confieso que escribo esta columna simplemente porque me consta que docena y media de lectores sabían que lo haría. Algo me dice que he defraudado las expectativas. Tengo que alegar en mi descargo que ya hace mucho solté la última gota de vitriolo real que me provocaba esta recua de sablistas churrulleros. Remedando el clásico, el único comunicado de ellos que esperaba es aquel en el que anunciaran su disolución. Se diría que está al caer.

Casta eres… tú

“¿Eres hijo de puta de nacimiento o te has hecho al horno? Pedazo de cabrón”, me requiebra un amable y fino tuitero de la piara extremocentrista. Unas horas más tarde, el mismo cráneo privilegiado se autoplagia, mostrando su amplitud de verbo y pensamiento: “Eres un hijo de puta sin escrúpulos y un cabrón de nacimiento”. Y como ese par de lisonjas, otra docena y media cosechada tras la publicación, en estas mismas páginas, de una columna menor, de puñetero carril, titulada Carroñeros magenta. Graznan, luego cabalgamos.

Debo agradecer especialmente la difusión de mis garrapateos por el inframundo fachuno a la luminaria de Occidente que en absolutamente todas las encuestas sale distinguido como el político vasco peor valorado. El ahijado putativo de Rosa de Sodupe tuvo la deferencia de reproducir mi texto apostillándolo como obra de “la casta”. Y miren, eso sí me llegó al alma. Porque una vez más se demuestra la mediocridad del individuo, que hasta para insultar tiene que copiar, pero sobre todo, porque la andanada viene de alguien que es casta desde la uña del dedo meñique del pie a la coronilla. La nulidad que califica así a un simple cotizante a la seguridad social por cuenta ajena es un tipo que, sin mérito alguno acreditado más allá de la capacidad para montar broncas, lleva una pila de años amorrado al pilo público. Gracias a un cantidad de votos que proporcionalmente no darían ni para una visita guiada al Parlamento, el gachó se tumba una pasta que difícilmente sacaría en la vida civil… a la que hay que sumar el suculento pellizco para su partido monoplaza. Y llama casta a los demás.

Carroñeros magenta

Qué pena, penita, pena, asistir en vivo y en directo a la conversión en detritus de lo que ya de suyo era un cagarro cósmico. De UPyD les hablo. Miren que, ahora que están en liquidación por cese de negocio, podían tratar de redimirse de su historial parásito, jeta y pernicioso aceptando su destino y dejándose morir discretamente. Pero ni por esas. La intención de la pandilla basura magenta, o sea, de la media docena de garrapatas que no han encontrado otro lomo perruno en que instalarse y siguen chupando de lo que queda de bote, es seguir tocando el napiamen en su camino al desagüe.

La penúltima gañanada de los semihuérfanos de Rosa de Sodupe, de la que probablemente no se habrían enterado de no ser por culpa —sí, culpa— del que suscribe, ha sido presentarse en los juzgados con una querella criminal contra la presidenta del Parlament de Catalunya, tres representantes de Junts pel Sí y otro de la CUP. Se les pide prisión provisional incondicional, cáiganse de nalgas, por un delito de “conspiración para cometer sedición” por haber suscrito y difundido la declaración en la que se comunica, de acuerdo con lo prometido a sus votantes y conforme al resultado de las elecciones, que se inicia el camino hacia la constitución de la futura república catalana.

Desconoce uno los usos y costumbres jurídicos, pero tiene bemoles que cuando se presenta alguien ante la ventanilla con semejante soplagaitez no se le mande a esparragar o, con más razón aun, se le atice un multazo por tratar de usar la Justicia como vergonzoso balón de oxígeno. Carroñeros hasta el último segundo de su agonía, qué cansina pesadilla.

¿El final de UPyD?

Como en el cuento de Monterroso que tanto nos gusta remedar a los plumíferos, en el momento de redactar estas líneas, Rosa Díez todavía sigue ahí. Es decir, en el machito, en el momio, en la poltrona, amorrada al pilo, soldada a la vara de mando de su partido. Y noten que esta vez su es su en toda la extensión del posesivo. Ella se hizo a medida el chiringo y lo fue rellenando de ególatras, chisgarabises, tocapelotas, rebotados sempiternos, visionarios, vividores, desequilibrados peligrosos e inofensivos y no pocos golfos que por pillar en bruto son capaces de disfrazarse de niño Jesús de Praga. Toda una parada de los monstruos a la sombra nutritiva de la pamela de la doña. Material de desecho humano y político que el dedazo de la creadora fue colocando en este o aquel escaño con el único recado de montar bulla y, básicamente, joder la marrana.

Ahora una parte de esa panda de frikis consentidos se revuelven contra quien los sacó del arroyo y, a día de hoy, les procura los pastones públicos que cobran, cría cuervos. El espectáculo tiene una cutrez y un patetismo a la altura (o sea, la bajura) exacta de sus protagonistas, empezando por la suma hacedora, que en su soberbia estratosférica, debe de estar a punto de sacar la charrasca y montar una escabechina entre sus rebeldes cachorros. O quizá sean ellos quienes acaben cometiendo el parricidio metafórico.

Tanto me da. Sostuve, sostengo y sostendré que no hay una formación más intrínsecamente corrupta que UPyD, creada ex profeso para chupar a modo de la misma piragua institucional que dicen denunciar. Su final, sea cual sea, merecerá celebración.