Del Burgo delburguea

Lo penúltimo que sospechaba este servidor, y miren que soy malpensado por naturaleza y vocación, es que de entre todos los dinosaurios del parque jurásico popular, el PP vascongado rescataría a ese caradura parraplas (y a veces, hasta simpático) que responde por Jaime Ignacio del Burgo. La elección del provocador profesional en calidad —es un decir— de experto jurista para la elaboración del futuro estatuto vasco se antojaba la prueba del gamberrismo politiquero que desde hace bastante caracteriza a esa fuerza residual que es la partida de la gaviota en Euskadi. Van, dicho pronto y regular, a joder por joder, lo cual les pasará factura. Es decir, seguirá pasándosela, que no por nada los ahora liderados por el intrépido Alonso llevan casi cuatro lustros cuesta abajo en la rodada.

Resulta especialmente triste de esta vaina que una de las sensibilidades que, con toda legitimidad, caben en la pluralidad vasca vaya a tener a un excéntrico como representante en la comisión de entendidos que deben redactar la nueva carta fundamental de los tres territorios. Supongo que el PP calcula que le renta más ir cosechando titulares de regüeldo, como el penúltimo que el requeté recauchutado dejó —aquí nada es por casualidad— en el mismo Diario de Navarra que lideró mediáticamente el golpe de 1936 y la represión que vino después. Entre otras melonadas, en la entrevista-alfombra Del Burgo hijo —les invito a documentarse sobre el papel de su padre en el franquismo— escupió que “el PNV se ha beneficiado de la actividad de ETA”. Se comprende que los jeltzales se enfaden, pero casi deberían agradecer el autorretrato del fulano.

El petimetre Rivera… y más

¡Cáspita, caracoles y recórcholis! Un diario digital de extremo centro se mesa metafóricamente los cabellos porque aquí el arribafirmante osó hace unos días dedicar media docenita de frescas al ser humano con nariz y ojos (Copyright Gomaespuma) que acaudilla ese fascio naranjuno que atiende por Ciudadanos. Imaginen el pasmo de su seguro servidor al ver nada menos que en la portada de la excrecencia mediática el encabezado que les copio y pego: “Brutal ataque del periódico del PNV a Albert Rivera con insultos: ‘chaval petimetre’”. Y para completar el delirio, la gilipuertez se acompañaba de un subtítulo para la antología de la micción sin echar gota. Agárrense: “Uno de los columnistas de referencia de Deia se descuelga con una columna repleta de ataques a Ciudadanos. Un éxito electoral de los naranjas da pánico al nacionalismo vasco”. Tracatrá.

Más allá del ensanchamiento de mi ego en un cuarto de micra ante semejante consideración para este humilde juntaletras, la pieza del redactor anónimo me maravilla especialmente por su inconmensurable ingenuidad. Hace falta vivir en una galaxia muy lejana para creer en serio que las cuatro yoyas dialécticas al individuo en cuestión respondían a algo parecido al pánico. Si el refritador de mi columna tuviera media lectura, sabría que venimos de hacer guardias en garitas bastante mas jodidas que las que podría acarrear un gobierno del por mi motejado como petimetre, a quien aquí y ahora añado la condición de chisgarabís, gaznápiro, sandio, zangolotino, pisaverde, currutaco, chiquilicuatre, mequetrefe, lechuguino, botarate, panoli, bodoque, merluzo, lerdo y mentecato.

Simplemente, decidamos

Los resultados de las últimas consultas en los municipios no invitaban al optimismo. Al contrario, se había instalado algo que, no siendo exactamente una moral de derrota, sí tenía un punto de resignación. De ahí que 100.000 participantes, esa medida casi universal de tantos acontecimientos del terruño, se antojaba una cifra excelente. Y al final, miren por dónde, poco faltó para que fuera el doble. 175.000 ciudadanos y ciudadanas se dieron la mano el pasado domingo de Donostia a Gasteiz pasando por Bilbao para reclamar el derecho a decidir. Como decían ayer los editoriales de los diarios del Grupo Noticias, hablamos de una de las mayores movilizaciones sociales que se recuerdan.

Es obvio que ahí hay varios mensajes. El primero, que es el que se quieren saltar algunos por incómodo, nos dice que el respaldo activo del partido mayoritario en los tres territorios de la CAV, con la presencia a pie de asfalto de su plana mayor, ha sido un factor fundamental en el éxito de la convocatoria. La prueba es el encabritamiento sulfuroso del PP que se siente cada vez más cornudo y apaleado y que ha vuelto a tirar de repertorio cavernario. Anótenlo —o mejor, grábenselo a fuego— los que pretenden sumar restando, creo que ya me entienden.

El otro recado es más simple. De hecho, ni hacía falta una demostración de fuerza como la que acabamos de ver, porque es una circunstancia ya evidenciada en decenas de encuestas, sí, pero también en cada cita real con las urnas. En este país hay una amplísima mayoría social que quiere ejercer el derecho a elegir su futuro y que está dispuesta a aceptar el resultado de un referéndum.

El PP enfurruñado

Oigo, patria pepera, tu aflicción. O sea, la llantina de mocoso consentido que se ha quedado sin la cartera y sin los Donuts.

No les faltan motivos a los enlutados genoveses para el resentimiento hacia el que duerme donde lo hizo Tancredo Rajoy hasta hace apenas dos semanas. Pero poco ganarán ladrando su rencor por las esquinas —¡qué gran frase del recién salido del sarcófago Aznar!— contra Pedro Sánchez. Y parecido o menos, contra quienes ahora encabezan el hit parade de envenenadores de sus sueños, los taimados vascones a quienes juzgan culpables de la inesperada caída en desgracia, como si no llevasen años acumulando boletos para el hundimiento. Son cinco votos sobre los 180 del más variado pelaje que mandaron al charrán a la oposición. ¿A qué tanto despecho?

Ahora claman venganza y, peor que eso, ya han empezado a cobrársela sobre la ciudadanía de los territorios que arrumban, en un revelador remake de la Historia reciente, como traidores. Esas fueron las palabras que salieron de la boca de Alfonso Alonso. Está grabado. Del mismo modo que ha quedado por escrito en la incendiaria nota que informa de la ruptura del acuerdo presupuestario en Getxo una obscena alusión a no sé qué cánones de raza aria como presunto criterio jeltzale para otorgar la ciudadanía vasca. Más allá de la indecencia de la imputación, lo que denota es la cuesta abajo en la rodada de un partido que parece dispuesto a seguir profundizando en el pozo séptico de la irrelevancia en Euskal Herria. Y no será porque no se les han tendido manos para ayudarles a ser algo más que una excrecencia en un mapa político tan plural como el nuestro.

Y fueron 176 votos

Después de algún pronóstico pifiado, permítanme que empiece celebrando que lo que escribí ayer ha acabado pareciéndose bastante a la realidad: si había 171 escaños para echar a Rajoy, habría 176, que en realidad son 180. Ahora, los que tienen que dar alguna que otra explicación son los Rappeles de lance que andaban jurando de buena tinta que el PNV sería el báculo del próximo desahuciado de Moncloa. De miccionar y no echar gota, oigan, la teoría de no sé qué inmenso error. Eso, después de ver cómo lo del 155 autoliquidado por el soberanismo catalán se cumplía al milímietro y de escuchar con sus rudos oídos de amianto cómo Aitor Esteban anunciaba el sí a la moción de censura.

Me apresuro a confesar, en todo caso, que contengo la respiración hasta ver el certificado de defunción política del mengano. Y más que el suyo, para qué voy a negarlo, los de Zoido, Catalá o Cospedal, que han demostrado una maldad indecible. Pongo velas para que a nadie se le vaya el dedo al botón que no es o para que no volvamos a vivir una reedición del Tamayazo. Ni sé las veces que he repetido que hasta el rabo todo es toro.

Por lo demás, y a falta de un análisis más sosegado, mi primera reflexión es sobre los lisérgicos vericuetos de la política. Manda bemoles que fueran los soberanistas catalanes los que, haciendo lo que tenían que hacer para desactivar el 155, pusieron en las manos de Rajoy el arma con el que se ha volado la sesera. Eso, por no mencionar que han acabado haciendo presidente al tipo que, además de llamar de todo al president Quim Torra, pedía leyes más duras contra los que quieren romper la unidad de España. ¡Y lo que habremos de ver!

¿Agur, Rajoy?

Nostradamus al aparato. Apenas hace cuatro días hablaba de una moción de fogueo, y empieza a darme a la nariz que pronto tendré que apostillar que las carga el diablo. O que donde menos se espera, salta la liebre. En qué cabeza iba a estar hace nada que, después de haber salvado mil y una bolas de partido, a Mariano Rajoy se le acabarían de golpe las existencias de baraka —folla, nata, churro o suerte en castizo— y estaría a cinco minutos de la extrema unción política. Corríjanme porque puedo volver a estar equivocado, pero en el instante en que tecleo, lo más parecido a una salida honrosa (o no excesivamente humillante) es la dimisión.

¿Es exactamente ese el camino que le está mostrando el PNV al Tancredo en horas bajas? Volvemos al terreno del onanismo mental, porque aunque se leen y escuchan muchas cosas, lo cierto es que en Sabin Etxea impera un silencio cartujano, acorde con el tamaño de la papeleta que toca gestionar. Lo de los presupuestos, máxime viendo cómo se ha cumplido el pronóstico del decaimiento por su propio peso del 155, se antoja una menudencia en comparación con lo que se dilucida ahora. Aunque imagino el Potosí que puede estar en juego y me consta la alta posibilidad de salir palmando de esta, no veo el modo de justificar la continuidad al frente del Gobierno de España de quien ha adquirido la condición impepinable de cabeza de turco. Y será verdad que Sánchez como anticipo de Rivera puede ser, andando el tiempo, hacer un pan con unas hostias. Pero la política se juega también en el plazo corto, y mañana no se va a entender que si hay 171 votos para echar a Rajoy no haya 176.

Entre Kanbo y el 155

Miren que es peculiar la política vasca. En la misma jornada, el PNV ha sido “el de Kanbo” por pactar con EH Bildu el preámbulo del nuevo estatuto que incluye la Nación y el Derecho a decidir y “el del 155” por haber apoyado in extremis los presupuestos del malvado gobierno español. ¿Bipolaridad o transversalidad? ¿Principios de quita y pon o pragmatismo a machamartillo? Servidor diría que cintura y ojo clínico para amoldarse a lo que desea la opinión pública en lugar de la publicada. Porque es verdad que a los jeltzales les están cayendo hostias como panes en las verdulerías habituales, pero allá donde se llevan los asuntos con discreción se piensa que este Madrid bien ha valido una misa.

Por lo demás, el juez soberano no será Llarena ni los postureros de rigor, sino la ciudadanía armada de una papeleta cuando toque. O he perdido definitivamente el olfato, o el digo-Diego no le va costar ni un voto. Como mucho, los de algunos irreductibles que serán compensados de largo con los de quienes prefieren el pájaro en mano al ciento volando.

No puedo ocultar que servidor habría preferido un corte de mangas a Rajoy que activase el dominó correspondiente, quién sabe si para llevar a Moncloa al figurín figurón Rivera. Ya que mola tanto el cuanto peor, mejor, juguemos en serio a la ruleta rusa. Sin embargo, doy por bueno el revés que yo mismo he recibido en la convicción de que estas cosas solo les pasan a los que están en la pomada. Desde la grada o la pancarta, no se corre el menor riesgo. Hay que ser muy miserable, oigan, para ir de dignos con las alubias de los demás teniendo las propias aseguradas.