Negociando… o así

Sigo con media sonrisa picaruela los tira y aflojas de plexiglás de la negociación presupuestaria en la demarcación autonómica. Si les parece una postura demasiado cínica, puedo empinar el mentón y cacarear con voz hueca que los presupuestos son la ley fundamental de cada legislatura y marcan el sesgo ideológico y que bla, bla, bla y requeteblá. Ya les tengo dicho, porque esta vaina se repite cada año y en varias instituciones, que la cosa no es tan grave como se pretende en los discursos prefabricados. No lo es como norma general, y no lo es en particular en esta ocasión para los tres territorios, con unos ingresos más que razonables y una política económica que va más allá de estos o aquellos números concretos. Otra cosa serán las cuentas en España, donde la prórroga sí parece que aboca al sálvese quien pueda a base de decreto y tentetieso, pero de eso les hablo otro día.

¿Da usted por hecho entonces, señor columnero, que habrá prórroga en la CAV? Sigo intuyendo que sí, pero debo confesar mi sorpresa porque estaba convencido de que el teatrillo negociador iba a haber echado el telón muchísimo antes. Calculaba ya que para estas fechas EH Bildu se habría borrado de la función, como lo han hecho sin ápice de originalidad PP y Elkarrekin Podemos. Tengo grabadas unas palabras de Otegi en la entrevista que le hice en Onda Vasca: “Lo fácil para nosotros era decir que son unos presupuestos neoliberales y presentar enmienda a la totalidad”. Aparte de haber desvelado indirectamente la vieja (y quizá futura) estrategia, es justo reconocer que hasta hoy la coalición soberanista da la impresión de estar intentándolo.

Iglesias, el negociante

Asisto con divertida curiosidad al tour diplomático emprendido en las últimas fechas por Pablo Iglesias. La primera duda que me asalta es si se trata de una iniciativa propia a mayor gloria de su ego inmarcesible o si ejerce de correveidile de su socio presupuestario, el doctor Sánchez. Es verdad que el entorno monclovita se está cuidando mucho de tomar distancia del Marco Polo de Galapagar (anteayer, de Vallecas), y hasta exagera la nota al presentar a su partenaire de cuentas como una especie de metete que va por libre. Cuadra con esa forma de actuar de yo-mi-me-conmigo, pero igualmente es verosímil la versión del tonto útil enviado a sondear pero de modo que parezca un accidente.

Claro que también puede ser una mezcla de uno de lo otro: sabiendo de la querencia de Iglesias por figurar y consciente de la necesidad de un poquito de foco, Sánchez le deja hacer, a ver si suena la flauta y se suman los votos necesarios para aprobar los presupuestos. De momento, no parece. Sabemos que en el pomposo encuentro presidiario con Junqueras, el líder de Esquerra le cambió de conversación. En la charleta teléfonica con Puigdemont, ni siquiera hubo lugar a sacar el tema porque el expatriado en Waterloo no se deja marcar la agenda.

¿Y con el lehendakari? Pues hasta donde uno imagina, lo lógico es que antes de llegar a Gasteiz, alguien le explicara al líder de Podemos de qué va la bicefalia en el PNV y cuál es la diferencia entre la institución y el partido. Otra cosa es que en el encuentro, con la presencia del delegado de la sucursal local de la formación, se hablara de las cuentas vascas. ¡Pena de grabadora si fue así!

Buena jugada, Sánchez

Los muy cafeteros del politiqueo disfrutamos cual gorrinos en lodazal con las negociaciones presupuestarias. Aunque a veces se diría que vista una, vistas todas, lo cierto es que cada ceremonia de apareamiento de las cuentas públicas presenta peculiaridades que las hacen únicas para los paladares entrenados como el del que suscribe. Y qué gozada cuando, como es es el caso, coinciden varias al mismo tiempo y se aprecian las contradicciones, las incoherencias o directamente la bipolaridad soez de determinadas siglas. En este sentido, no deja de ser despiporrante cómo en Vasconia los de la piruleta y la gominola —Elkarrekin Podemos, en el registro de grupos del Parlamento— se ciscan en el mismo TAV que su metrópoli española, la del gran gurú de Galapagar apellidado Iglesias Turrión, ha bendecido, y no precisamente con con cuatro duros, en el acuerdo para las cuentas del Capitán Sánchez. Que tu mano pretendidamente izquierda no sepa lo que hace tu otra mano supuestamente zurda.

Por lo demás, salgan o no salgan los números en el Congreso, ovación y vuelta al ruedo para el inquilino cada vez menos accidental de Moncloa. Ha conseguido unos presupuestos de lo más fotogénicos. No le arrienda uno la ganancia a las formaciones soberanistas catalanas, que pueden quedar en esta historieta como las que se cargaron por un quítame allá estos presos una serie de medidas que suenan a música celestial aunque sean de cumplimiento más bien dudoso. Hace bien el PNV, plusmarquista sideral de pactos beneficiosos, en mantenerse esta vez en discreto segundo plano. Cuando se aclare el panorama, tocará poner las cartas sobre la mesa.

Del Burgo delburguea

Lo penúltimo que sospechaba este servidor, y miren que soy malpensado por naturaleza y vocación, es que de entre todos los dinosaurios del parque jurásico popular, el PP vascongado rescataría a ese caradura parraplas (y a veces, hasta simpático) que responde por Jaime Ignacio del Burgo. La elección del provocador profesional en calidad —es un decir— de experto jurista para la elaboración del futuro estatuto vasco se antojaba la prueba del gamberrismo politiquero que desde hace bastante caracteriza a esa fuerza residual que es la partida de la gaviota en Euskadi. Van, dicho pronto y regular, a joder por joder, lo cual les pasará factura. Es decir, seguirá pasándosela, que no por nada los ahora liderados por el intrépido Alonso llevan casi cuatro lustros cuesta abajo en la rodada.

Resulta especialmente triste de esta vaina que una de las sensibilidades que, con toda legitimidad, caben en la pluralidad vasca vaya a tener a un excéntrico como representante en la comisión de entendidos que deben redactar la nueva carta fundamental de los tres territorios. Supongo que el PP calcula que le renta más ir cosechando titulares de regüeldo, como el penúltimo que el requeté recauchutado dejó —aquí nada es por casualidad— en el mismo Diario de Navarra que lideró mediáticamente el golpe de 1936 y la represión que vino después. Entre otras melonadas, en la entrevista-alfombra Del Burgo hijo —les invito a documentarse sobre el papel de su padre en el franquismo— escupió que “el PNV se ha beneficiado de la actividad de ETA”. Se comprende que los jeltzales se enfaden, pero casi deberían agradecer el autorretrato del fulano.

El petimetre Rivera… y más

¡Cáspita, caracoles y recórcholis! Un diario digital de extremo centro se mesa metafóricamente los cabellos porque aquí el arribafirmante osó hace unos días dedicar media docenita de frescas al ser humano con nariz y ojos (Copyright Gomaespuma) que acaudilla ese fascio naranjuno que atiende por Ciudadanos. Imaginen el pasmo de su seguro servidor al ver nada menos que en la portada de la excrecencia mediática el encabezado que les copio y pego: “Brutal ataque del periódico del PNV a Albert Rivera con insultos: ‘chaval petimetre’”. Y para completar el delirio, la gilipuertez se acompañaba de un subtítulo para la antología de la micción sin echar gota. Agárrense: “Uno de los columnistas de referencia de Deia se descuelga con una columna repleta de ataques a Ciudadanos. Un éxito electoral de los naranjas da pánico al nacionalismo vasco”. Tracatrá.

Más allá del ensanchamiento de mi ego en un cuarto de micra ante semejante consideración para este humilde juntaletras, la pieza del redactor anónimo me maravilla especialmente por su inconmensurable ingenuidad. Hace falta vivir en una galaxia muy lejana para creer en serio que las cuatro yoyas dialécticas al individuo en cuestión respondían a algo parecido al pánico. Si el refritador de mi columna tuviera media lectura, sabría que venimos de hacer guardias en garitas bastante mas jodidas que las que podría acarrear un gobierno del por mi motejado como petimetre, a quien aquí y ahora añado la condición de chisgarabís, gaznápiro, sandio, zangolotino, pisaverde, currutaco, chiquilicuatre, mequetrefe, lechuguino, botarate, panoli, bodoque, merluzo, lerdo y mentecato.

Simplemente, decidamos

Los resultados de las últimas consultas en los municipios no invitaban al optimismo. Al contrario, se había instalado algo que, no siendo exactamente una moral de derrota, sí tenía un punto de resignación. De ahí que 100.000 participantes, esa medida casi universal de tantos acontecimientos del terruño, se antojaba una cifra excelente. Y al final, miren por dónde, poco faltó para que fuera el doble. 175.000 ciudadanos y ciudadanas se dieron la mano el pasado domingo de Donostia a Gasteiz pasando por Bilbao para reclamar el derecho a decidir. Como decían ayer los editoriales de los diarios del Grupo Noticias, hablamos de una de las mayores movilizaciones sociales que se recuerdan.

Es obvio que ahí hay varios mensajes. El primero, que es el que se quieren saltar algunos por incómodo, nos dice que el respaldo activo del partido mayoritario en los tres territorios de la CAV, con la presencia a pie de asfalto de su plana mayor, ha sido un factor fundamental en el éxito de la convocatoria. La prueba es el encabritamiento sulfuroso del PP que se siente cada vez más cornudo y apaleado y que ha vuelto a tirar de repertorio cavernario. Anótenlo —o mejor, grábenselo a fuego— los que pretenden sumar restando, creo que ya me entienden.

El otro recado es más simple. De hecho, ni hacía falta una demostración de fuerza como la que acabamos de ver, porque es una circunstancia ya evidenciada en decenas de encuestas, sí, pero también en cada cita real con las urnas. En este país hay una amplísima mayoría social que quiere ejercer el derecho a elegir su futuro y que está dispuesta a aceptar el resultado de un referéndum.

El PP enfurruñado

Oigo, patria pepera, tu aflicción. O sea, la llantina de mocoso consentido que se ha quedado sin la cartera y sin los Donuts.

No les faltan motivos a los enlutados genoveses para el resentimiento hacia el que duerme donde lo hizo Tancredo Rajoy hasta hace apenas dos semanas. Pero poco ganarán ladrando su rencor por las esquinas —¡qué gran frase del recién salido del sarcófago Aznar!— contra Pedro Sánchez. Y parecido o menos, contra quienes ahora encabezan el hit parade de envenenadores de sus sueños, los taimados vascones a quienes juzgan culpables de la inesperada caída en desgracia, como si no llevasen años acumulando boletos para el hundimiento. Son cinco votos sobre los 180 del más variado pelaje que mandaron al charrán a la oposición. ¿A qué tanto despecho?

Ahora claman venganza y, peor que eso, ya han empezado a cobrársela sobre la ciudadanía de los territorios que arrumban, en un revelador remake de la Historia reciente, como traidores. Esas fueron las palabras que salieron de la boca de Alfonso Alonso. Está grabado. Del mismo modo que ha quedado por escrito en la incendiaria nota que informa de la ruptura del acuerdo presupuestario en Getxo una obscena alusión a no sé qué cánones de raza aria como presunto criterio jeltzale para otorgar la ciudadanía vasca. Más allá de la indecencia de la imputación, lo que denota es la cuesta abajo en la rodada de un partido que parece dispuesto a seguir profundizando en el pozo séptico de la irrelevancia en Euskal Herria. Y no será porque no se les han tendido manos para ayudarles a ser algo más que una excrecencia en un mapa político tan plural como el nuestro.