Iglesias, el negociante

Asisto con divertida curiosidad al tour diplomático emprendido en las últimas fechas por Pablo Iglesias. La primera duda que me asalta es si se trata de una iniciativa propia a mayor gloria de su ego inmarcesible o si ejerce de correveidile de su socio presupuestario, el doctor Sánchez. Es verdad que el entorno monclovita se está cuidando mucho de tomar distancia del Marco Polo de Galapagar (anteayer, de Vallecas), y hasta exagera la nota al presentar a su partenaire de cuentas como una especie de metete que va por libre. Cuadra con esa forma de actuar de yo-mi-me-conmigo, pero igualmente es verosímil la versión del tonto útil enviado a sondear pero de modo que parezca un accidente.

Claro que también puede ser una mezcla de uno de lo otro: sabiendo de la querencia de Iglesias por figurar y consciente de la necesidad de un poquito de foco, Sánchez le deja hacer, a ver si suena la flauta y se suman los votos necesarios para aprobar los presupuestos. De momento, no parece. Sabemos que en el pomposo encuentro presidiario con Junqueras, el líder de Esquerra le cambió de conversación. En la charleta teléfonica con Puigdemont, ni siquiera hubo lugar a sacar el tema porque el expatriado en Waterloo no se deja marcar la agenda.

¿Y con el lehendakari? Pues hasta donde uno imagina, lo lógico es que antes de llegar a Gasteiz, alguien le explicara al líder de Podemos de qué va la bicefalia en el PNV y cuál es la diferencia entre la institución y el partido. Otra cosa es que en el encuentro, con la presencia del delegado de la sucursal local de la formación, se hablara de las cuentas vascas. ¡Pena de grabadora si fue así!

Buena jugada, Sánchez

Los muy cafeteros del politiqueo disfrutamos cual gorrinos en lodazal con las negociaciones presupuestarias. Aunque a veces se diría que vista una, vistas todas, lo cierto es que cada ceremonia de apareamiento de las cuentas públicas presenta peculiaridades que las hacen únicas para los paladares entrenados como el del que suscribe. Y qué gozada cuando, como es es el caso, coinciden varias al mismo tiempo y se aprecian las contradicciones, las incoherencias o directamente la bipolaridad soez de determinadas siglas. En este sentido, no deja de ser despiporrante cómo en Vasconia los de la piruleta y la gominola —Elkarrekin Podemos, en el registro de grupos del Parlamento— se ciscan en el mismo TAV que su metrópoli española, la del gran gurú de Galapagar apellidado Iglesias Turrión, ha bendecido, y no precisamente con con cuatro duros, en el acuerdo para las cuentas del Capitán Sánchez. Que tu mano pretendidamente izquierda no sepa lo que hace tu otra mano supuestamente zurda.

Por lo demás, salgan o no salgan los números en el Congreso, ovación y vuelta al ruedo para el inquilino cada vez menos accidental de Moncloa. Ha conseguido unos presupuestos de lo más fotogénicos. No le arrienda uno la ganancia a las formaciones soberanistas catalanas, que pueden quedar en esta historieta como las que se cargaron por un quítame allá estos presos una serie de medidas que suenan a música celestial aunque sean de cumplimiento más bien dudoso. Hace bien el PNV, plusmarquista sideral de pactos beneficiosos, en mantenerse esta vez en discreto segundo plano. Cuando se aclare el panorama, tocará poner las cartas sobre la mesa.

Entre Kanbo y el 155

Miren que es peculiar la política vasca. En la misma jornada, el PNV ha sido “el de Kanbo” por pactar con EH Bildu el preámbulo del nuevo estatuto que incluye la Nación y el Derecho a decidir y “el del 155” por haber apoyado in extremis los presupuestos del malvado gobierno español. ¿Bipolaridad o transversalidad? ¿Principios de quita y pon o pragmatismo a machamartillo? Servidor diría que cintura y ojo clínico para amoldarse a lo que desea la opinión pública en lugar de la publicada. Porque es verdad que a los jeltzales les están cayendo hostias como panes en las verdulerías habituales, pero allá donde se llevan los asuntos con discreción se piensa que este Madrid bien ha valido una misa.

Por lo demás, el juez soberano no será Llarena ni los postureros de rigor, sino la ciudadanía armada de una papeleta cuando toque. O he perdido definitivamente el olfato, o el digo-Diego no le va costar ni un voto. Como mucho, los de algunos irreductibles que serán compensados de largo con los de quienes prefieren el pájaro en mano al ciento volando.

No puedo ocultar que servidor habría preferido un corte de mangas a Rajoy que activase el dominó correspondiente, quién sabe si para llevar a Moncloa al figurín figurón Rivera. Ya que mola tanto el cuanto peor, mejor, juguemos en serio a la ruleta rusa. Sin embargo, doy por bueno el revés que yo mismo he recibido en la convicción de que estas cosas solo les pasan a los que están en la pomada. Desde la grada o la pancarta, no se corre el menor riesgo. Hay que ser muy miserable, oigan, para ir de dignos con las alubias de los demás teniendo las propias aseguradas.