El discurso de Jesús

Fíjense que este año tenía el firme propósito de dejar pasar de largo esos Oscar de regional preferente que llevan el nombre —nunca he acabado de entender por qué— de un reputado pintor español. Pero el columnero propone y el azar, disfrazado de machaque por tierra, mar, y aire desde todos y cada uno de los medios patrios, dispone. Ni arrancándose los ojos y las meninges habría sido posible escapar del bombardeo de chafardadas, donde se mezclaban, curiosa paradoja, los mensajes de género más contundentes con chismorreos heteropatriarcales del quince sobre los trapitos y los complementos que lucían las asistentes a la gala. De acuerdo, y también un poquito los asistentes, que es verdad que vi a Paco León presumir de que no sé qué chuchería que llevaba en la solapa costaba 26.000 euros del ala. Y vale, que no es suyo, que se lo prestan y bla, bla, bla, pero es un poco descuajeringante que un tipo que se atiza en la pechera ese pastizal luego nos adoctrine sobre la pobreza.

Claro que para incoherencia supina, la reacción de los catequistas de rigor ante el merecido gran protagonista de la noche, que como ya sabrán de sobra fue el actor Jesús Vidal. De su impecable y emocionante discurso, cada quien escogerá su frase. Yo me quedo con esta: “Queridos padres, a mí sí me gustaría tener un hijo como yo porque tengo unos padres como vosotros”. Han pasado ya más de 48 horas y me da que los que más han aplaudido y repicado esas palabras son los que más motivos tienen para sentirse incómodos por la tremenda acusación que contienen hacia ellas y ellos. Pero vayan a explicárselo a los campeones siderales del paternalismo.

Buena jugada, Sánchez

Los muy cafeteros del politiqueo disfrutamos cual gorrinos en lodazal con las negociaciones presupuestarias. Aunque a veces se diría que vista una, vistas todas, lo cierto es que cada ceremonia de apareamiento de las cuentas públicas presenta peculiaridades que las hacen únicas para los paladares entrenados como el del que suscribe. Y qué gozada cuando, como es es el caso, coinciden varias al mismo tiempo y se aprecian las contradicciones, las incoherencias o directamente la bipolaridad soez de determinadas siglas. En este sentido, no deja de ser despiporrante cómo en Vasconia los de la piruleta y la gominola —Elkarrekin Podemos, en el registro de grupos del Parlamento— se ciscan en el mismo TAV que su metrópoli española, la del gran gurú de Galapagar apellidado Iglesias Turrión, ha bendecido, y no precisamente con con cuatro duros, en el acuerdo para las cuentas del Capitán Sánchez. Que tu mano pretendidamente izquierda no sepa lo que hace tu otra mano supuestamente zurda.

Por lo demás, salgan o no salgan los números en el Congreso, ovación y vuelta al ruedo para el inquilino cada vez menos accidental de Moncloa. Ha conseguido unos presupuestos de lo más fotogénicos. No le arrienda uno la ganancia a las formaciones soberanistas catalanas, que pueden quedar en esta historieta como las que se cargaron por un quítame allá estos presos una serie de medidas que suenan a música celestial aunque sean de cumplimiento más bien dudoso. Hace bien el PNV, plusmarquista sideral de pactos beneficiosos, en mantenerse esta vez en discreto segundo plano. Cuando se aclare el panorama, tocará poner las cartas sobre la mesa.

Otros depredadores

El clamor, primero contra la sentencia a La Manada, y ahora contra la libertad provisional de sus miembros, está perfilando un retrato social muy positivo. Esa ciudadanía que parecía indolente y amodorrada demuestra que está dispuesta a pisar la calle y a dejarse a oír cuando se siente objeto de un atropello, y de modo particular, cuando el ataque es contra la libertad de las mujeres. La celeridad con que se han organizado las movilizaciones, su cantidad a lo largo de toda la geografía y el altísimo seguimiento, además de la enorme diversidad de las y los participantes nos hablan de un vigor social que —especialmente en determinadas latitudes— dábamos por perdido.

Como anoté en la columna anterior y sospecho que seguiré haciendo en el futuro, sería fantástico que el nervio no se quedara en pataleta nebulosa ni se redujera al asco infinito hacia cinco tipejos en concreto. Desgraciadamente, abundan las manadas. Además de las que se pueden cruzar en cualquier garito de copas nocturnas o en las fiestas de este o aquel pueblo, ahí tienen la de Alicante: cuatro alimañas que encerraron a una joven de 19 años en un piso y, según su denuncia, la violaron repetidamente durante 24 horas. Uno de los agresores huyó de España, otro está en la cárcel y los otros dos, en libertad. No es algo del pasado remotísimo. Ocurrió en abril de este año, apenas dos semanas antes de la sentencia sobre el quinteto de sabandijas sevillanas. Ni siquiera la coincidencia de fechas sirvió para poner el foco informativo en el caso, pese a que tenía ingredientes calcados al que había provocado el incendio popular. Cabe preguntarse por qué.

Entre Kanbo y el 155

Miren que es peculiar la política vasca. En la misma jornada, el PNV ha sido “el de Kanbo” por pactar con EH Bildu el preámbulo del nuevo estatuto que incluye la Nación y el Derecho a decidir y “el del 155” por haber apoyado in extremis los presupuestos del malvado gobierno español. ¿Bipolaridad o transversalidad? ¿Principios de quita y pon o pragmatismo a machamartillo? Servidor diría que cintura y ojo clínico para amoldarse a lo que desea la opinión pública en lugar de la publicada. Porque es verdad que a los jeltzales les están cayendo hostias como panes en las verdulerías habituales, pero allá donde se llevan los asuntos con discreción se piensa que este Madrid bien ha valido una misa.

Por lo demás, el juez soberano no será Llarena ni los postureros de rigor, sino la ciudadanía armada de una papeleta cuando toque. O he perdido definitivamente el olfato, o el digo-Diego no le va costar ni un voto. Como mucho, los de algunos irreductibles que serán compensados de largo con los de quienes prefieren el pájaro en mano al ciento volando.

No puedo ocultar que servidor habría preferido un corte de mangas a Rajoy que activase el dominó correspondiente, quién sabe si para llevar a Moncloa al figurín figurón Rivera. Ya que mola tanto el cuanto peor, mejor, juguemos en serio a la ruleta rusa. Sin embargo, doy por bueno el revés que yo mismo he recibido en la convicción de que estas cosas solo les pasan a los que están en la pomada. Desde la grada o la pancarta, no se corre el menor riesgo. Hay que ser muy miserable, oigan, para ir de dignos con las alubias de los demás teniendo las propias aseguradas.

Chaleteros

Confieso que he estado mordiéndome las teclas hasta ahora. Estas, digo, las de la columna, porque en ese desfogadero llamado Twitter ya he soltado un par de cargas de profundidad sobre el folletón del chalé que se han agenciado en Galapagar los que juraban —o sea, perjuraban— que nunca vivirían, vaya por Marx, en un chalé. No tenía la intención de pasar de ahí, pero la espiral de circunstancias y declaraciones psicotrópicas en que ha derivado el asunto me impide mantener por más tiempo la abstinencia.

También es verdad que no sé decirles qué es lo que más me desconcierta, cabrea o aluciflipa de todo el episodio. Quizá, que los superiormente morales nos riñan porque se supone que esta es una cuestión menor que no incumbe más que a los propietarios del casuplón. ¡Nos ha jodido el 50 aniversario de mayo del 68 con las flores! Menuda puñetera manía de dictarnos lo que es noticia y lo que deja de serlo. Si tan chorrada es, no se entiende que los émulos (ex)vallecanos de Juan Domingo y Eva Perón hayan montado un plebiscito para que su disciplinada grey avale sus querencias burguesotas. Qué bochorno, a todo esto, la sumisión perruna exhibida por los que saben que el que se mueve no sale en la foto. ¡Con lo feroces que son cuando los que incurren en fuera de juego son otros! ¿Será aplicable aquí lo de no morder la mano que te da comer que tanto les gusta balbucear a los monopolizadores de la dignidad planetaria?

Por lo demás, menuda guasa que dos de los seres tenidos por la hostia en verso de la politología no fueran capaces de oler la zapatiesta que se montaría por dar rienda suelta a sus caprichos.

Despatarre

menssEs el último grito en materia de pijerío reivindicador, bautizado, cómo no, con un palabro en perfecto inglés. Bueno, ni eso. Porque salvo que venga algún erudito a sacarme los colores, tiene toda la pinta de que el vocablo en cuestión es un invento de anteayer. Manspreading es el cuqui nombre de la cosa, construido provocando una cópula sin lubricante de los términos Man (hombre) y Spreading (expansión). O sea, que el engendro léxico viene a significar expansión o explayamiento masculino. Lo podemos dejar, para que se comprenda fuera del círculo de los que mean colonia, en desparrame o, quizá de modo más gráfico, en despatarre.

Pero ojo, que esto entra en el examen de chachipirulismo: solo en el caso de que lo practique un hombre. Miren por dónde, no hay denominación equivalente para aquella circunstancia en que sea una mujer quien manifieste su mala educación esparciendo su mismidad hasta arrinconar al prójimo. Y sí, soy capaz de hacerme cargo de la connotación machista que suele (o puede) acompañar a la actitud cuando incurre en ella un varón y la sufre una mujer. Sin embargo, no acabo de ver la procedencia de la generalización, salvo, que sea para marcarse una más de postureo progresí. ¿A qué viene, por ejemplo, que el ente que gestiona el transporte público en Madrid ponga en los autobuses pegatinas para denunciar la conducta discriminatoria e incívica? ¿No es más fácil aplicar las ordenanzas que la sancionan? Por lo demás, qué risas las mil y una fotos que circulan de los hombrecitos de la cúpula de Podemos practicando Manspreading sobre sus compañeras. ¡Ellos, que encabezan la pancarta!

Virgen con medalla

Somos laicos, pero solo a ratos. Mayormente, a la hora de los discursos y las proclamas. Pero en cuanto bajamos la guardia, a san Fermín venimos por ser nuestro patrón. O, como ha pasado en Cádiz, a la Virgen del Rosario, que acaba de ser condecorada con la Medalla de Oro —así, con mayúsculas—de la ciudad gobernada por Podemos. ¿Pe, pe, pero…? Sí, la concesión del honor a la protectora de la Tacita de Plata ha salido adelante gracias al respaldo de los munícipes de la cosa morada, empezando por su singular alcalde, el que atiende antes al alias Kichi que a su nombre de, ejem, pila bautismal, José María González.

¿Y qué hacemos, nos escandalizamos? Por lo que a este juntaletras respecta, ni media. Prefiero ejercitar los músculos faciales sonriendo hacia dentro, no tanto por la noticia en sí, que ya les digo que me la trae al pairo, como por las reacciones que está provocando. De miccionar y no echar gota, las justificaciones de los más aguerridos legionarios pableristas, que han salido en tromba a hostiar a los que, por motivos que no parecen difíciles de entender, han recordado al exministro que imponía distinciones a otras versiones de la madre de Cristo.

¡No es los mismo lo de Kichi que lo de Fernández Díaz!, braman los tuiteros de Corps, incurriendo en una excusatio non petita del tamaño de la Bahía de Cádiz. Luego están las buenas gentes del “Yo, personalmente, no lo habría hecho, pero…”, sudando tinta china en la defensa de lo que saben indefendible. Claro que aun resultan más divertidos los requeteortodoxos que sulfuran por lo que barruntan claudicación de su camarada alcalde. Más palomitas.