Cuando prohibir funciona

Los fumadores tenemos un mal pronto, pero a la larga y aunque sea echando cagüentales, acabamos desfilando por la vereda que nos señalan. O para ser más exactos, retirándonos de los andurriales que ahumábamos a discreción y sin mayor cargo de conciencia. Aquí donde me leen, yo le he dado al trujas en el difunto cine Fantasio de Barakaldo, en el tren de color chicle de menta que nos bajaba al instituto de Erandio, en los pasillos y las aulas de la facultad de periodismo de Leioa, en alguna que otra iglesia o, por no hacer más larga la lista, en el ambulatorio (entonces, solo consultorio) de Astrabudua, mientras esperaba que me llamara un médico que tenía un cenicero sobre la mesa. En ninguno de los casos se trataba de actos de rebeldía o extravagancia juvenil. Simplemente, era lo normal, actitudes que no causaban escándalo ni extrañeza, y que solo deponíamos con magnanimidad ante la presencia de un asmático que nos lo pedía por favor.

Cuando alguien de arriba cayó en la cuenta de que eso no tenía medio pase, el primer intento por cambiar las cosas fue a buenas. En los lugares mencionados comenzaron a aparecer simpáticos y educados carteles rogando que no se fumara. Puesto que eso no funcionó, se optó por la prohibición, que acabó revelándose como santo remedio y por eso mismo fue extendiéndose a otros espacios donde parecía imposible erradicar las chimeneas humanas, como los centros de trabajo o, en el más difícil todavía, los bares. Ahora el proyecto de ley de adicciones del Gobierno Vasco veta el tabaco en campos de fútbol y txokos. No faltarán bufidos, pero, como a todo, nos acostumbraremos.

NOTA: Conste que aunque me defino como fumador y seguiré haciéndolo, llevo más de un mes sin echarme un pitillo a los labios.

9 comentarios sobre “Cuando prohibir funciona”

  1. Te iba a preguntar ¿Y como lo has hecho?,¿como lo has conseguido?. Pero solamente zorionak(por la nota)

  2. Te contesto, Armando, aunque mi método no es muy recomendable… Un infarto del que salí por los pelos ha resultado (hasta ahora) mano de santo. 😉

  3. Yo llevo mas de cinco años sin dar ni siquiera una calada y me defino como «fumador en excedencia». Eso sí mi noventa cumpleaños lo voy a celebrar con un Partagas Eminentes como un submarino de grande.

  4. Nunca he sido fumador y a los fumadores no les suele gustar recibir consejos de los de mi «condición», pero Javier, creo que la decisión de dejar los pitis para siempre es seguro (pero seguro, eh!) la única de la que es imposible arrepentirse. Ánimo txapeldun!

  5. Pues yo no soy fumador pero me he tragado el humo de la cuadrilla como uno más pero lo de esta prohibición ( no solo la del fumar) es de película mala de cine de barrio. Me parece muy bien que nuestros dirigentes se preocupen por nuestra salud , también lo podrían hacer evitando que pasen meses para una sencilla prueba en Osakidetza o transcurran semanas para la visita al especialista de turno que para mí es infinitamente más importante a que se prohiba fumar en la Catedral. Estoy de acuerdeo con la ley actual sobre el fumador pero que creo que alguno se ha pasado un pueblo para ser el más «modelno» en lo que al vicio se refiere, porque si hablamos de que nos protejan nuestros pulmones a que esperamos, por ejemplo, a prohibir los coches con motor diesel que sí nos afectan directamente ? La prohibición como tal y encima sin consenso como es esta no va a ser muy exitosa sino todo lo contrario, la ley seca norteamericana o las drogas lo atestiguan , sino más bien campañas de educación en si misma y que por cierto brilla por su ausencia en nuestras aulas o nuestra sociedad. Lo de imponer nuestros vicios en los txokos o le de sancionar el bebercio en la calle me recuerda más bi o a desconocimiento de ser como sociedad o a joder por joder, que al final no se que es peor.

  6. Yo también lo dejé después de un periodo de hospitalización. El día del alta dije «se acabó» tiré a la basura los dos paquetes de rubio que tenía en el bolsillo, y hasta hoy. No me molesta que fumen a mi lado, no tengo ansias por volver y soy racionalmente consciente de que meterte bocanadas de carbonilla con nicotina entre pecho y espalda es uno de los actos más estúpidos que pueda hacer una persona, aunque también respeto la libertad de hacerlo.
    Pero, para mí, la cuestión que me empieza a dar miedo es que entren ya en el ámbito privado: Un local de txoko es un lugar privado. Aunque puedan entrar personas no asociadas, las instalaciones son un domicilio particular, regido por sus estatutos y su normativa interna, aprobados por sus socios. ¿Pueden los poderes públicos regular nuestro comportamiento en nuestra casa?. Aunque sé que es por nuestro bien, aunque sé que nos acostumbraríamos, ¿no estamos cediendo ya un poco más acá de la línea roja?. Lo siguiente podrá ser el regular cómo lavarnos los dientes, a qué horas está permitido y con quién practicar sexo o qué cadenas de TV y en qué postura debemos aguantarlas, pero no como recomendación, sino de manera coercitiva, y todo ello en aras a una mejor salud pública (?).
    Nuestra salud debe ser objeto de protección, pero el comportamiento que afecta a ella ¿debe ser regulado hasta los terrenos de la prohibición en privado? No sé, pero – aunque yo no tengo problema- no me gusta lo de los txokos.
    Eso sí que merecería «un cepillado».

  7. Esto es un nuevo ataque a la libertad. Debería protegerse a los no fumadores y al mismo tiempo respetar la libertad de fumar. Bares de fumadores y bares de no fumadores. Smoking rooms en los centros de trabajo. Y en espacios abiertos, como San Mamés, es imposible que los de alrededor sean fumadores pasivos, porque el humo se lo lleva el viento. Nos van a prohibir fumar por una cuestión de imagen, porque hoy día fumar está feo, y por la oleada reaccionaria que asola este derechoso mundo.

  8. Si has aguantado 30 días, lo peor ya lo has pasado. Te seguirá pegando el mono, pero se aguanta mejor. Yo fumaba tres paquetes de Habanos diarios, me detectaron un cáncer y lo deje radical. Hace ya doce años y todavía me sigue llamando, es cosa de segundos y como viene se va.

  9. Coño! ¿Te ha dado un infarto? Y yo que pensaba que andabas con asma…a cuidarse, hijo. Yo no he fumado nunca y contenta, cómo no, pero este ansia de decirnos cómo tenemos que vivir, me da un asco terrible. No somos más que monigotes para ellos, ahora hay que estar sanos por coj… por lo menos físicamente porque psíquicamente cada día estamos peor y seguro tiene mucho que ver que no nos dejen ser como queramos ser y como somos, vamos el 1984 y su sacarina pero diciendo que sacarina democrática.

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