Derechos y privilegios

A 150 kilómetros, sigo con pasmo infinito el novelón del convenio-chollo de la Sanidad Pública navarra con la universidad privada y su clínica adosada. Con la Obra de san Josemaría hemos topado. O en palabras mil por mil pertinentes del portavoz de Geroa Bai, Koldo Martínez, con la médula de la Navarra católica, foral y española. Lo brutalmente revelador es que tal médula sea apenas un billetero. Por más que se engole la voz y se inflame la carótida, todo acaba siendo cuestión de pasta y, como síntesis, de unos sentimientos de superioridad e invulnerabilidad arraigados en el tiempo y amparados… hasta ahora (¡ay!) por los sucesivos gobiernos, santificado sea el quesito ya rancio de Miguel de Corella.

Humanamente, se comprende el cabreo de los trabajadores y las trabajadoras de la Universidad y la Clínica. No debe de ser fácil distinguir un privilegio de un derecho, sobre todo, cuando el momio viene de largo y a nadie se le ha ocurrido discutirlo. 30 años pagando la misma cuota que cualquier hijo de vecino y disfrutando de un servicio exclusivo porque la diferencia la apoquinaba el erario común. Ahí la igualdad ni está ni se la espera. Claro que lo más lisérgico, rozando lo insultante, es tener que lidiar con cuentas de la vieja que pretenden demostrar que la bicoca descarga la sanidad pública y, por tanto, los verdaderamente beneficiados son los pringadetes que la utilizan porque no les queda más remedio. Hace falta un enorme desparpajo para defender ese planteamiento. Por fortuna —y no hay mejor moraleja—, como otras que han ido cayendo desde junio, esta gran injusticia forma parte del pasado.

2 comentarios sobre “Derechos y privilegios”

  1. Pues en esta ocasión no estoy de acuerdo. Yo creo que sale bastante airoso del episodio.
    No creo que a estas alturas nadie pensara que es un tipo brillante, una personalidad arrolladora, etc, etc.
    Y se muestra en este episodio..como un tipo normal, muy normal. Quizás el mayor reproche que quepa hacérsele es ese; que aparece como demasiado normal para alguien instalado en el poder.
    El tema es que es de suponer que se muestra en esa conversación tal cual es de verdad: yo yo veo a alguien nada retorcido, nada arrogante, nada prepotente, nada agresivo…muy cordial.
    Hasta se le ve despreocupado, con el momento en el que se está.
    ¿Simplón? Vale; pero repito; eso ya se sabía.

    Si esta broma se le hace, un suponer (y sin querer comparar figuras) a José Mújica (ex presidente de Paraguay) y reacciona con la sencillez y la naturalidad de Rajoy («cómo va la vida!» y con esa disposición a verse y hablar sin aspavientos) se nos estaría poniendo de ejemplo chachiguay y hay que ver qué tío tan sencillo y normal y no como esos estiraos y tal y cual.

    Yo, aunque por mil razones no le votaré nunca, tengo hoy mejor concepto de Rajoy que antes.
    Probablemente ZP, a quien también se le tildaba de simplón, habría reaccionado parecido.

    Desde luego…prefiero mil veces eso a lo que intuyo podían haber hecho un Aznar o un Felipe González.

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