Mientras tanto, nada

Advierto a la sufrida concurrencia, por si se quieren evitar el mal rato, que las líneas que les vengo a llorar son una versión corregida y aumentada de las que destilé ayer mismo con el resultado de varios desayunos agriados y un par de whatsups de amigos seriamente preocupados por mi estado emocional. Algún día me apearé en marcha de este tobogán melancólico y, tirando de oficio y de ese tipo de cinismo tan esquinado que merece el nombre de hipocresía, seré capaz de jurar a los moribundos que tienen toda la vida por delante y convenceré al de los hermanos Calatrava de que la auténtica belleza va por dentro. Denme un decenio o dos y es pan comido, se lo prometo.

Pero hombre, Vizcaíno, déjese de pucheritos autocompasivos y mire lo que está pasando en la calle. ¿No se sulibella viendo cómo por fin las masas atienden la llamada de su destino manifiesto y salen a rodear a los mismos que han votado hace menos de un año para decirles que cuidadín-cuidadín? No me diga que no rejuveneció ayer al ver cómo esa Euskal Herria que usted pronuncia a garganta llena se poblaba de puños en alto clamando por el fin de la explotación laboral y, ya puestos, por la inminente independencia. De propina, nuestros hermanos catalanes allanándonos el camino hacia Ítaca con un remedo de aquel plan que el malvado centralismo opresor le estrelló en las narices a Ibarretxe. ¡Cabalgamos a lomos de la Historia!

Ya, sólo que si nos fijamos bien, las patas están atornilladas al suelo. Lo de Madrid es una confusa convocatoria convertida en semihazaña y Trending Topic gracias a la porra fácil de los guardianes de Rajoy. Igual igual que los robocops de Ares-Mendia dieron lustre a pelotazo limpio a una huelga que hasta sus convocantes saben que ha sido un error estratégico de libro. En Catalunya apenas veo a un campeón de la tijera jugando con una bomba de relojería cargada de sentimientos. Y mientras tanto, nada.