
Dice Juan Zapater en su excelente blog de crítica cinematográfica «Ghost in the Blog«, que el último film de Icíar Bollaín – Maixabel– presentado en el reciente Festival de Cine de San Sebastián, «ilustra algo necesario de ser mirado para recuperar la sensación de que, con pandemias o sin ellas, venimos de aquellos tiempos que, vistos ahora, se antojan lejanos como si hubieran pasado no diez años sino diez lustros.»
Y acaso así sea pues la película, bastante más equilibrada que la maniquea serie Patria, narra la pequeña epopeya que Maixabel Lasa protagonizó al sostener conversaciones con los terroristas directamente implicados en la muerte de su compañero Juan Mari Jáuregui quien fuera en su momento miembro de ETA, luego del PC y posteriormente del PSE – EE, hasta llegar a ser gobernador civil de Gipuzkoa, en una trayectoria muy similar a la de muchas gentes de su generación.
Maixabel se suma así a los intentos (1) de dar cuenta de un pasado durísimo, pero ya pasado y , por otro lado, apunta a una clave para afrontar el futuro sin pretender resucitar permanente y demagógicamente lo muerto al apostar por comprender en un diálogo abierto, y por más crudo que sea, lo que ocurrió, siempre que a alguien , de verdad, le pueda interesar.
Y como bien dice Zapater,»estamos ante un documento necesario probablemente y necesariamente discutible » que «se verá de manera muy diferente en función del espacio y de la edad, dependerá de los recuerdos personales…»
Pero este último aspecto ¿no es quizás una de las funciones más significativas del arte, del 7° Arte en este caso?
(1) Cf. también ,por ejemplo y en otro registro : Emilio Lopez Adan «Beltza». 2021.Borroka armatua Euskadin(1967-2011) ( 3 b.) Baiona: Maiatz.








