Profecías económicas

Nos jubilaremos más tarde y cobraremos menos. Cuesta asumir ese par de verdades impepinables, pero aún me desazona más pensar que la decisión la han tomado quienes no corren el menor riesgo de verse afectados por ella. La tenebrosa vejez que aguarda a la mayoría de deslomadas y deslomados será, en su caso, una dulce modorra otoñal, salpicada de viajes de placer en business class y alojamiento en hoteles de cinco estrellas. Y, por descontado, ni medio remordimiento de conciencia por haber condenado a sus semejantes -¿semequé?- a algo que se parecerá mucho a la indigencia. Para colmo de recochineo, los nietos de los desheredados tendrán que aprender en la escuela, probablemente de beneficencia, los nombres y los hechos de estos hombres -meterán alguna mujer, tal vez Merkel, de relleno- que supieron enfrentarse con mano de acero a los tiempos difíciles. Padres y madres de la nueva Europa, los llamarán.

¿Exagero? Ojalá, pero no veo por qué mi vaticinio apocalítico ha de tener menos valor que el que a ellos les ha servido para sacar la guadaña y liarse a segar conquistas sociales. Se basa en el mismo desconocimiento y la misma carencia de elementos para el análisis. Son incapaces de olerse lo que va a pasar un mes después, como demostraron cuando la crisis les estalló en sus felices morros, pero no les cabe ni la menor duda de cómo se van a dar las cosas en 2020 o 2030.

Igual que en los noventa

Supongo que no sirve de nada recordarlo, pero estas mismas profecías truculentas se hicieron ya a principios de los noventa. Se aseguraba entonces que el sistema haría crack y que la caja se vaciaría en el año 2005 como muy tarde. Luego cayeron del cielo unas vacas gordas que tampoco habían sido capaces de prever, y donde decían digo, dijeron Diego. Tengo yo media docena de sabios entrevistados en los años de bonanza que me juraban por su Rólex que las pensiones nunca más volverían a estar en peligro. Alguno se gustó tanto que dio por finiquitada la economía de ciclos y auguró que en adelante nos esperaba el crecimiento contínuo. Probablemente para él sería cierto.

Me habría gustado llegar a este punto de la columna con una conclusión o una moraleja que ofrecerles, pero me temo que no es el caso. Como ustedes, sólo sé que el presente tiene una pinta horrible y que el futuro la tiene aun peor. El único clavo ardiendo a la vista es que, como ha ocurrido otras veces, las funestas previsiones estén equivocadas y pasado mañana se nos haya olvidado esta pesadilla… hasta que se nos venga encima la siguiente.

3 comentarios en «Profecías económicas»

  1. Es que en mi infinita ignorancia económica, lo que termino de diferenciar es el sistema de pensiones y la pirámide de Madoff. Y contra más me lo explican, más similitudes encuentro.

  2. Hola Javier.

    Sí que hay alternativas. Nos las ocultan porque no interesan a quienes nos imponen desde el poder
    politico y económico las medidas «inevitables». El Roto decía en una viñeta: «Mi trabajo de economista consiste en hacer que parezca necesario lo intolerable».

    Invita por favor a tu programa Gabon, el lunes por ejemplo, que están Javier de Miguel (economista), Juanra Viles(artista y empleado de banca) y Oskar Matute (Alternatiba), a profesores como Juan Torres Lopez o a Vicenç Navarro.

    En la web de http://www.attac.es tienen publicado un libro de libre acceso titulado: «¿Están en peligro las
    pensiones públicas? Las preguntas que todos nos hacemos. Las respuestas que siempre nos ocultan». La web de Juan Torres es http://www.juantorreslopez.com y la de Vicenç Navarro http://www.vnavarro.org. Lecturas recomendables para desenmascarar visiones únicas de la economía. «Hay» mas cera de la que arde.

    Sería muy interesante para la audiencia del programa un debate entre economistas, para contrastar
    análisis, propuestas y soluciones con la garantía de seriedad y reflexión. Por favor, ánimo.

  3. Miralo por el lado bueno, a lo mejor no llegamos a la edad de jubilación y no nos toca sufrir todo eso. Y mejor aún, a lo mejor tampoco llegan los autores del desaguisado.
    Que no todo va a ser felicitaciones en estos días ¿O también lo serían?

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