Barcenitas

Hay un censo que me urge, aunque me temo que las herramientas estadísticas no han avanzado aún lo suficiente como para acometerlo. Hablo del inventario de las buenas personas, las malas y, por supuesto, las categorías intermedias, que ya imagino que serán las más numerosas. Pero solo lo imagino, vuelvo a subrayar, del mismo modo que tengo que tirar de intuición y ojo de regular cubero para sacar mis propias cuentas a la espera de que lleguen las del Ine, el Eustat o quien se atreva a hacerlas. La cuestión es que mis cálculos no pueden ser más desalentadores: ganan de calle los hijoputas cum laude, seguidos por los cabroncetes que entrenan a diario y demás tropa malnacida. En el farolillo rojo y con cuatro o cinco vueltas perdidas, encontramos a las gentes de bien y a las que conservan ciertos escrúpulos morales. Aunque a veces mi pesimismo indómito me lleva a pensar que esta especie se ha extinguido de la faz de la tierra, por fortuna, subsisten unos miles de ejemplares que hacen más soportable la vida en la ciénaga y que permiten que la esperanza moribunda no se rinda. Ya digo, sin embargo, que de acuerdo con mis sumas y mis restas, su número es anecdótico al lado de la ralea que parece estar en plena explosión demográfica: la de los barcenitas.

Tal término, recién acuñado por servidor, puede tomarse como diminutivo o en el sentido de miembros de una secta. Por un lado, serían versiones a escala del tipejo al que deben su nombre y por otro, seguidores fanáticos —incluso sin sospecharlo— del engominado extesorero del PP. Tanto da. Lo terrible es que los hay a patadas. No tienen cuentas en Suiza ni esquían en Canadá; de hecho, los bolsillos de los más están como la mojama. Sin embargo, comparten con su modelo lo fundamental: la convicción total de que les asiste el derecho a hacer lo que les salga de la entrepierna. Y si alguien se lo afea, peineta al canto. ¿A que conocen a más de uno?

6 comentarios sobre “Barcenitas”

  1. Pues ser barcenita con el bolsillo seco como la mojama no tiene mucho sentido «mihijito», además para hacer lo que te salga de la entrepierna tienes que tener dinero, que te da poder para compadrear con los que te pueden hacer daño, jueces, políticos, financieros…. Lo de la peineta es para los muy chulos o para los impotentes que ante el cabreo no pueden hacer otra cosa, eso o dar unas «obleas» al primero que se ponga por delante…. Sólo se puede ser buena persona si no te joden mucho porque después de un rato (unos años) en el que te cruzas con mucha gente que sólo te ofrece malas caras, gestos estúpidos llenos de orgullo, o esos que dan lecciones y luego te pisan y te pasan por encima para conseguir aquel puesto que era para enchufados, un chiringuito, van y se ponen ellos, no puedes permanecer virginal.

    Por eso dicen que hasta los 40 tienes la cara que te dio Dios (la naturaleza o lo que sea) y a partir de los 40 tienes la que te mereces, se te queda el rictus de estúpido por orgulloso, vanidoso etc, amargado si lo has pasado mal o cara de tonto…o una mezcla de todo.

    Aun así no creo que la gente cambie tanto a lo largo de los siglos, sólo que antes los pobres tenían la correa de la religión que usada por el poder, sólo servía para que la gente se resignara y pensara en el mas allá. Ahora que todo el mundo piensa en el más acá no hay más que ruindades.

  2. Vaya, perdón por la prueba anterior, pero es que esta mañana esto no pitaba.
    Pues estoy básicamente de acuerdo. No sé si se trata tanto de abundancia de mala gente (en tal caso la perspectiva es aterradora) como de miseria humana. Aunque suene un poco fuerte, somos bastante miserables. En el sentido de ruines, poca cosa, recipientes de mala leche acumulada.

    Trabajo en establecimientos comerciales de gran paso de público y al final resulta un observatorio privilegiado. El panorama es desolador. Incivismo, aprobetxategis, «indignados» profesionales, jetas, chulos en sus diversos grados…y todo ello bajo un manto de cutrez, de incultura…que asumo (quiero tb pensar que se trata por el tipo de recinto, quizás en un teatro o en una biblioteca se encuentre uno otra cosa…en el caso que encuentre a alguien en esos sitios, que esa es otra).

    Están los que aparcan si ningún pudor en las plazas de minusválidos y montan en cólera si se les llama la atención. Están los que sueltan a sus niños terroristas a cometer todo acto de vandalismo que imaginen pero luego si el niño está subiendo por la escalera mecánica de bajada y, lógicamente, se escoña, reclaman indginados porque no se ha puesto un cartel que diga que la escalera que baja es para bajar y no para subir.
    La de los reclamantes es una especia muy d moda. Gente que se choca con una columna y exige indemnización (con abogado y todo) porque la columna (de colorines y de 1.10 m. d diametro; para no verla, y que además sirve para que el techo no se caiga) no está debidamente señalizada. O los que se caen porque se resbalan porque el suelo del parking exterior está mojado un día de lluvia y exigen indemnización (que a menudo son meses y meses de baja por un esguince de tobillo).
    O el que monta en cólera porque en el vial de salida en un día de gran afluencia ha encontrado un atasco de vehículos y se ha tirado ahi una hora (a mi no me pasará porque…como cliente paso de estos sitios pero si voy…sé lo que hay) y resulta que su niño tiene que tomar una medicina super importante y al llegar una hora más tarde a casa casi le da un colapso y a ver quién iba a ser el responsable de eso (pues, señora, si tan importante es la medicina, llévela usted consigo), etc, etc.
    Todo eso aderezado por las peores formas, la exigencia de los mñas sagrados derechos constitucionales, las amenzas de que te van a hundir la carrera, de que van a escribir al periódico, etc, etc.
    Y efectivamente nos vamos todos convirtiéndonos en eso a base de padecerlo. Yo soy cada vez más un escético amargado que tiendo a pensar mal de todo cuanto digno y bueno me encuentro («algo habrá detrás de estos listos») , tengo un pésimo concepto del personal en general y estoy de vuelta de todo, pero en el peor sentido.

    Tb como dice BBB se traslada al mundo de la empresa y…para qué hablar. Yo estoy en una de las grandes y el rey es siempre el chivato, el lameculos, con una capacidad increible de escaqueo y de pasar marrones…desde arriba se explota y se humilla a la gente, conocedores de la esclavitud que supone para muchos depender ellos y su familia de ese puesto de trabajo con nulas opciones de encontrar otro. Y lo peor, peor…todo ello aderezado en este caso de unos hipócritas y cínicos códicos deontológicos y de buenas prácticas, cursos de ética» de obligada realización y firma para que conste que los empleados hacen cursos de conducta intachable y chorradas varias.
    No tebgo cargas familiares, ni hipoteca y tengo ahorrilos para año y medio, estoy a punto de hacer eso que todos me dicen que es una locura con 40 años y «tal y como está la cosa». Mandarlo todo al carajo y tratar de hacer algo con mi vida que merezca la pena, aunque tenga que comer latas de conservas todos los días.

    Bueno, pido perdón porque esto es evidentemente un desahogo tras una semana odiosa, pero me lo habeis puesto a huevo.
    Hace un día espléndido; me voy a asomar a la bahía de La Concha desde el Monte Urgull, y probablemente me cambie la perspectiva

  3. Hola! Dejo el comentario firmado por «Pacheco» porque me consta que ha habido problemas con el «maldito holandés» del spam. Espero que se haya solucionado. Os pido miles de disculpas…

  4. Sí hay un censo aproximado de Barcenitas. Son todos aquellos que, con el caso Gurtell en marcha, con Camps probandose aún trajes, Urdangarín volviendo de Washington y, pasando por los juzgados, camino de Qatar, Rato robando a manos llenas a los incautos accionistas de Bankia,.. votaron mayoría absoluta a un partido que los arropa a todos ellos. No es que estén engañados. Es que son así.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *