Reforma o ruptura

Cuarenta años después, se diría que regresamos al viejo dilema: ¿Reforma o ruptura? Mucho cuidado, porque como entonces, puede tratarse de una trampa. En realidad, la segunda opción jamás se contempló seriamente. Por lo menos, no entre quienes, desde el franquismo y el antifranquismo oficial, manejaron el juego y, a la postre, lo condujeron por los raíles que nos han traído exactamente al punto en el que estamos ahora. Los que albergaron la ilusión de que la muerte del dictador abriría paso a un cambio profundo pronto comprendieron que habían sido unos ingenuos o, simplemente, fueron claudicando y aceptando el cuento de hadas de la modélica Transición. Unos pocos —eso también es cierto— se han pasado estos cuatro decenios ciscándose en lo más barrido por el engaño y lamentando lo que (creen que) pudo haber sido y no fue.

No lloremos por la leche derramada y pensemos en mañana o pasado, que es cuando, a más tardar, nos vendrán otra vez a pedir que elijamos entre peste o cólera. ¿Será la oportunidad para corregir el error histórico de permitir que el régimen perviviera en lo básico a cambio de un puñado de concesiones medianamente democráticas? Quisiera creerlo, pero no las tengo todas conmigo.

Me huele mucho más a reforma de la reforma, a segunda vuelta de tuerca al apaño de 1978, y a tirar millas durante un par o tres de generaciones más. Quizá me haya vuelto conspiranoico, pero empiezo a percibir signos de que ya se está cocinando la nueva farsa. No alcanzo a ver quiénes están alrededor de los fogones, aunque intuyo algunos nombres. Como en el anterior trágala, varios resultarán sorprendentes.

4 comentarios sobre “Reforma o ruptura”

  1. Yo me imagino que dependerá un tanto de la correlación de fuerzas. Pero creo que sí vamos encaminados a la «ruptura», lo que no sé es si en el camino tendremos una media «reforma»…

  2. Me parece un tema interesantísimo.
    Yo creo que se ha pasado de la idealización indiscutida de la «modélica transición» a, de repente, su satanización.
    Y, como suele suceder, no será ni lo uno ni lo otro.
    Mi opinión es que lo que se hizo del 76-77 a los primeros a mediados 80 tuvo mucho mérito, y creo que fue un trabajo honesto y difícil de mucha gente. En condiciones muy difíciles. A final del 75 moría el dictador, año y medio más tarde, en junio del 77 la Pasionaria se sentaba en los hasta meses antes escaños de los procuradores franquistas. Había elecciones libres con representación de todas las fuerzas, se iniciaba un proceso de descentralización, se reconocían las nacionalidades históricas, y todas una serie de cambios profundos en, repito, apenas 2-3 años desde la muerte de Franco.
    Y todo ello en un contexto brutal. Con ambas trincheras intentando hacer saltar todo por los aires a base de sangre (aquellos días de enero…como en la peli, abogados de atocha, asesinatos a mansalva de eta y grapo, secuestros, asesinados a tiros en manifestaciones….).
    Una de las cosas que me da rabia es escuchar decir que aquello fue un fracaso a quienes en aquel tiempo hicieron todo lo que pudieron para que efectivamente aquello fuera un fracaso poniendo el capote al bunker, alentando la involución y lo peor…a base de vidas humanas.

    Con todo y con eso…yo creo en el esfuerzo que se hizo en aquellos años. Y aunque no me guste coincidir con González…también creo que es absurdo juzgar aquello desde la perspectiva actual. Había que estar allí entonces; en aquellas circunstancias.
    Y digo que no me gusta coincidir con González porque, habiéndole tenido hace tiempo como un tío muy válido (lo admito; fui Felipista) hoy le considero al gran traidor a la transición, y a su país. Y el gran culpable de lo que ha pasado en España.
    Porque repito que en esos finales de los 70 se hizo lo que se puedo pero se pusieron unas bases que creo que podían haber tenido mucho más recorrido. Yo creo que lo que le pasó la transición es que…no se continuó, no se acabó. Y en un momento dado…se empezó incluso a ir para atrás. Con todo lo que caía entonces…creo que había mucha más cultura democrática en la España de mediados los 80 que hoy.
    Y fue el psoe de Felipe G. quien, con 10 millones de votos, pudo hacerlo, pudo seguir avanzando en la transición y no lo hizo.

    Con todo y con eso…creo que el sistema, tocado del ala, cierto, aún permite avanzar…ahí está Podemos, cuya influencia o capacidad para cambiar cosas…va a depender de lo que vote la gente, ni más ni menos. Ahí está entrando una nueva generación (lo de Cayo Lara dando paso. previsiblemente, a Garzón, me parece sintomático) y creo que desde el propio sistema aún se pueden cambiar muchas cosas.

  3. Los que pensamos que la transición no fue un acto voluntario de la sociedad española, sino una evolución formal dirigida desde fuera por los U.S.A., la trilateral y las multinacionales, (es decir, los grandes interesados en un régimen democrático formal y a la vez pro-occidentalista, es decir, dentro de la Otan y en economía de mercado capitalista), no podemos catalogar dicha transición como un fracaso. Sí como un descubrimiento de algo un poco sabido ya.
    Yo la viví. Y la veo ahora desde fuera. Y entonces estaba convencido de unas cosas, y ahora de otras, con el mismo resultado.
    Entonces la veía como un movimiento de fagocitación por el régimen anterior de las posibles fuerzas opositoras de izquierdas, para seguir estando en el machito los de antes, o sus hijos herederos políticos.
    Y era claro: El mismo decano de Sarriko que llamaba a la policía para disolver asambleas a porrazo o a tiros si era necesario, seguia de decano. El mismo «secreta» que veías en el bar de la facultad antes de morir Franco lo veías en la Comisaría de San Mamés al renovar el D.N.I., eso sí bajo el retrato del «nuevo» Rey.

    Y ahora tengo una perspectiva desde fuera del bosque: Aquello estuvo, no solo organizado, sino pagado. González no me ha decepcionó nada. Ha confirmado lo que se intuía: que estaba puesto ahí para que todo siguiera igual. El pago: El poder del «mientras» y la diferencia patrimonial entre el «antes» y el «después». Y era necesario que pasara lo que ahora se ve (escándalos, corrupciones, impunidades, nepotismos, fiscales defensores y amnistias oportunas) para que las izquierdas se acoplaran a los que querían seguir.
    Y tiene razón Larry cuando dice que Gonzalez no avanzó, pero no tiene razón cuando dice que pudo hacerlo. No podía, no era su misión. Estaba para otra cosa.
    Eso lo veo ahora, pero pensándolo bien no encuentro decepción alguna.

  4. Me permito otro comentario, ya que el tema va de reforma o ruptura, no de «leches derramadas»:
    Ahora tocaría, si no consiguen que todo vaya como ellos quieren, es decir, como antes, el conseguir nuevas cotas de lo que históricamente se viene intentándo desde el XIX:
    La posibilidad de que el pueblo (yo lo llamaría la sociedad) construya el Estado, y no al revés. Hay ciertas posibilidades, si no de conseguirlo, sí de avanzar hacia ello.
    El gran enigma es escoger el eje sobre el que actuar: el social (izquierda – derecha) o el nacional, por alguno llamado identitario, (estado unitario – estado plurinacional).
    Pero la alternativa sobre el modo (reforma – ruptura) no creo que sea oportuna en este momento.
    Más me inclino, quizá compartiendo el pesimismo realista que alumbra Javier en su artículo, que ahora se va a dar una reforma de la reforma. No la desaprovechemos. Estaría bien meter el pie entre quicio y puerta, y avanzar en cualquiera de los ejes que he mencionado antes, que después tiraremos del otro. Lo que si se debería cuidar es no perder nada de lo conseguido anteriormente en ninguno de los ejes (como en esta última crisis). La democracia está en las dos coordenadas.

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