Amanciofilia y Amanciofobia

El Parlamento Vasco agradeció ayer a la Fundación Amancio Ortega la donación a la sanidad pública de una carísima maquinaria para el tratamiento del cáncer. Son esas cuestiones que entretienen a los representantes de la ciudadanía sin que el común de los mortales se entere. Puro politiqueo del tres al cuarto. A ver si soy capaz de hacerme entender. Todo partió de una proposición no de ley (o sea, de un brindis al sol) de la excrecencia PP-Ciudadanos, que venía a reclamar que se cantaran mil aleluyas al gran benefactor de Arteixo por su inmarcesible generosidad. Con buen criterio, la mayoría de gobierno PNV-PSE neutralizó la babosona iniciativa con una enmienda en la que se saludaba el gesto del megamillonario al tiempo que se instaba al Ejecutivo a “seguir mejorando y modernizando las instalaciones y equipos sanitarios”.

En efecto, una obviedad como la copa de un abedul. Pero la cosa no va de contenido sino de forma. Por un lado, había que desactivar la provocación demagógica de la derecha españolista que pretendía postrarse de hinojos ante el donante y por otro, había que plantarse frente al populacherismo barato de la contraparte progre que, cumpliendo el guion, entró al trapo con el comodín de la limosna y la supuesta tibieza fiscal que se dispensa a Ortega. Lo que no supieron ni quisieron aclarar los portavoces de EH Bildu y Elkarrekin Podemos es si procedía devolver los aparatos y, en consecuencia, perjudicar a los centenares de enfermos de cáncer cuyo tratamiento mejorará gracias al equipamiento donado. Ojala algún día encontremos el término medio entre la Amanciofilia desmedida y la Amanciofobia de aluvión.

9 comentarios en «Amanciofilia y Amanciofobia»

  1. A caballo regalado no le mires el diente. Si el regalo del hiper millonario salva vidas y disminuye listas de espera, maravilloso. Y de bien nacidos es ser agradecidos.
    Otra cosa es tener dudas o certezas de cómo ese señor se ha enriquecido de forma tan espectacular. Pero ése es otro tema.

  2. A ver si lo he entendido bien: el término medio consiste en agradecerle al millonario su iniciativa y no criticarle, no sea que se moleste y no done más. Pues no sé. Así, en principio, no diferencio mucho esa respuesta de la del PP. Es lo mismo pero en soso. Será la marca Urkullu o así. No entro a valorar quién tiene razón, si los que alaban a Amancio o sus odiadores. Tendría que saber cuántas maquinarias de esas se podrían comprar con lo que este señor deja de tributar. Si sale perdiendo, se dice: Gracias, hombre, por lo que no has pagado y de propina y, si no, se dice: Gracias, hombre pero a ver cuándo pagas, que tendríamos cien de esos.

  3. Ortega tributa en un minuto lo que usted y yo en toda nuestra vida. Otra cosa es que mole mucho el discurso facilón y falso. Pero cualquiera que sepa hacerlo mejor puede hacerlo, ¿no?

  4. Inditex declara la mayor parte de sus ingresos en Irlanda excepto la fundación Pontegadea.Es legal?si.Lo cual no quita que ya que la empresa es española podría perfectamente declarar en España y le supondría pagar una cantidad mayor en impuestos.Por otro lado la donación de los equipos médicos supone una importante desgravacion para la fundación del Sr Ortega.Quizas si cotizase todo en España lo recaudado daría para adquirir equipos médicos y nos ahorraríamos tanta «caridad».

  5. Esta el mundo lleno de politicos tontos e iletrados, y lo peor es que viven con B de vivir diciendo chorradas, y encima tienen palmeros que aplauden su ignorancia, y todo a cuenta de los pavos que pagamos impuestos.

  6. Desde luego que rechazar por una dignidad mal entendida estos «detalles» se me antoja próximo a la estupidez.
    Sin embargo a mí me sitúan (probablemente donde estamos) en los tiempos de Berlanga y la película «Plácido». Genial descriptor de la miseria de la sociedad y sistema político del franquismo, nos presenta la hipócrita campaña de «siente un pobre a su mesa» en el que la clase alta lava sus llagas morales dando de cenar a un pobre en Navidad, mientras éste se vuelve literalmente loco porque debe pagar una letra de su motocarro.
    Bien está que un insolidario como Ortega aclare su conciencia contribuyendo equipos necesarios para la sociedad.
    Mal está que deba hacerlo, ya que los políticos son incapaces de eliminar paraísos fiscales dentro de la Unión y de impedir la importación de materias primas o productos acabados mediante el dumping laboral, campos ambos donde ha basado su acumulación obscena de recursos el sr. Ortega.
    Y sí es cierto, Javier, que Ortega habrá tributado en un día más que cualquiera de nosotros en nuestra vida, pero proporcionalmente a los ingresos de cada uno, no. Y proporcionalmente a lo que debería haber pagado él, menos. Por eso, lo de los equipos contra el cáncer, bienvenidos. Pero donación, no. Compensación, y no total. Yo todavía me tengo que pensar si se lo agradezco.
    Aunque de todas formas desde luego, estoy por ver gestos semejantes en sus iguales.

  7. Que Ortega tributa más que yo, ya lo sabía. La pregunta no era «¿ya tributará este hombre más que yo?» sino «¿De verdad es generoso este hombre o es una triquiñuela para pagar lo menos posible y, encima, dárselas de filántropo?» A esta pregunta mía ha respondido Imanol.

  8. Al señor Amancio Ortega se le podrán achacar muchas cosas para bien o para mal, como a todos y cada uno de nosotros. Pero lo que no se le puede discutir es su discreción, su modestia, su intento de pasar desapercibido, etc. La prensa lo dio a conocer cuando ya era inmensamente rico. No pudo evitar que la gente lo conociera y así y todo poca gente sabe de su vida privada. Hasta tal punto ha llevado este hombre su discreción y su intento de pasar desapercibido que mucha gente ignora que este hombre no es gallego. Nació en un pueblo de Valladolid. Sus dos hijas non son hijas suyas por ADN. Se casó con una mujer viuda y con dos hijas a las que el adoptó como suyas cuando aún no era ni mucho menos el Amancio Ortega que con el tiempo llegó a ser. Conducta que me merece todo el respeto y admiración. El cómo consiguiera tan inmensa fortuna es cosa de Hacienda, yo hay no me meto.

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