No pierdas tu identidad… olfativa

Hablamos de televisión en Onda Vasca

16 diciembre 2015

1. A debate

Los perfumes, los reyes de la tele en Navidad

Más que de cualquier otro sector o especialidad, más que de champanes, turrones o productos electrónicos o juguetes, la publicidad más abundante es la de los perfumes. Son cincuenta marcas las que se anuncian estos días en la tele. Cincuenta. No hay tantas marcas de coches. Esta realidad nos provoca varias preguntas: ¿Por qué los perfumes tienen tanta proyección? ¿Qué tiene este producto que se promociona tanto y que se vende tanto? ¿Qué significa el perfume en nuestra sociedad? Para mí es uno de los grandes mitos actuales, de ese tipo de hechos muy volátiles que se mueven entre la magia y el fraude.

En primer lugar, el perfume no es un producto de belleza. Es otra cosa. Es un producto de alto valor añadido, de propiedades atribuidas no objetivas. No hay otro artículo que tan poca cantidad valga tanto, salvo las joyas. Una gota de perfume cuesta su peso en oro. Estamos, pues, ante un producto mítico, en cuya envoltura nos sentimos mejor, más atractivos, más seguros y protegidos. Y esto afecta tanto a hombres como a mueres, aunque más ellas que ellos. El perfume tiene su propia historia, y creo que está perfectamente retratado, hasta la locura, en El Perfume, de Patrick Süskind. En realidad, es un producto nacido contra el hedor. Y se basa en una falsa creencia cultural: que hay que disimular el olor corporal. Dudo que haya un olor más arrebatador que el olor corporal. Y ahí podríamos hacer un tratado de seducción. Olor corporal no es mal olor, y ahí empieza el mito del perfume.

Los anuncios de perfumes tienen características comunes. Y un argumento colosal: el glamour, que es una referencia de elegancia, magia, misterios y singularidad aristocrática, capaz de atraer a cualquiera. Todo el mundo se rinde al glamour. Y esa es su fuerza. Y también su engaño. A partir de aquí empieza la elección de cada uno de su propio perfume: se tiende a que tengamos un olor propio. O varios. De día y de fiesta. Que influyen los olores en la seducción está más que demostrado. Otra cosa es que funcionen como dicen los anuncios.

Los anuncios venden sensaciones, porque el olor no tiene argumentos. Venden pasión, emociones, sueños… Lo normal es que haya actores y actrices cuya imagen promocionen esos valores inconsistentes. Se promueve una estética romántica, muy afrancesada. De hecho, las marcas se expresan en francés, porque Francia ha conquistado ese poder. Y así los anuncios nos convencen de que el perfume nos hace más atractivos y deseables, ese es el mensaje. Y nos lo creemos. Todo para conseguir que el perfume se convierta en el regalo comodín: siempre queda bien, mejor cuanto más potente y mágica sea la marca. Regalar Channel es acierto seguro. Y también las demás marcas. Hay cincuenta a elegir. Son los reyes de la Navidad.

 

2. El impacto

Rajoy-Sánchez: lanzamiento de misiles

El momento culminante del cara a cara entre Rajoy Sánchez fue cuando el candidatos socialista dijo al actual presidente que no es un presidente decente, a propósito de las acusaciones de corrupción. ¿Debe entenderse como un insulto? Yo creo que no, pero Rajoy acusó el golpe y por un momento pensé que el político gallego iba a abandonar el debate. Contra el calificativo de indecente, o no decente, Rajoy lanzó al oponente socialista tres misiles: ruin, mezquino y miserable. Y lo dijo en tono airado y visiblemente enfadado. Los repitió varias veces. Hay quien dice que este enfrentamiento verbal va a deteriorar sin remedio las relaciones entre el PP y el PSOE. Yo creo que no, pero quedará en la pequeña historia de la refriega política.

https://www.youtube.com/watch?v=56yT3aPqR30
3. Audiencias. Lo que nos gusta y lo que no

El debate logra el récord del año

Además del debate en sí, el cara a cara entre los dos candidatos, Rajoy y Sánchez, había otro reto: saber si este debate ganaría o no al celebrado, a cuatro bandas, una semana antes. Y ganó por medio millón de votos el debate a dos. En concreto, sumando las audiencias de todas las cadenas que quisieron emitirlo, el cara a cara obtuvo 9.728.000 espectadores, frente a los 9.233.000 que vieron hace una semana el debate a cuatro.

No obstante, el debate electoral más visto hasta ahora es el celebrado entre Rajoy Rubalcaba en las elecciones generales de 2011, con 12.005.000 espectadores.

 

4. La buena publi

Armani tira de glamour

De entre todos los anuncios de perfumes que estamos viendo estas navidades en la tele, este podría ser representativo de su contenido habitual: una estrella de cine, en este caso, la actriz Cate Blanchett; unas imágenes sensuales, sin más historia; y un discurso netamente emocional, que apelan a conceptos como libertad, amor, etc. Y proclama: Sí a los sueños, Sí a la libertad, a la vida, la seducción, la emoción, la locura, el amor, Sí a un nuevo comienzo, a la serenidad, a la fuerza, Sí a nosotros dos y finalmente Sí a mí misma. Lo que no entiendo porque en medio de es conceptos tan románticos incluye Sí al silencio. No lo entiendo. El silencio es una catástrofe vital y en este anuncio está fuera de contexto.

El anuncio no es nuevo, pero este año tiene una nueva versión. Es de lo mejor en anuncios de perfumes. El día que, como se ha informado, exista la tele con capacidad para ofrecer olores y otras sensaciones, los perfumes serán aún más reyes de la tele, en Navidad y todo el año.


5. Recomendaciones para el fin de semana

Domingo electoral

Este fin de semana está marcado por las elecciones generales del domingo. Por lo tanto, la noche de este día 20 de diciembre va a ser larga y todas las cadenas se esforzarán en ofrecer la información más rápida sobre los resultados.

Mi recomendación es que se pongan delante del televisor no antes de las 21:30, porque los datos hasta entonces serán especulativos. Y la mejor opción sería ETB a nivel de Euskadi, porque sus datos y valoraciones serán más fiables e inmediatos. Y a nivel de estado yo optaría por TVE, porque es la cadena que más medios va a poner este domingo electoral al servicio de la información pública.

Será la noche en la que todos son ganadores. La noche de los datos, de las galletas de colorines y, aunque no se vea, la noche de las lágrimas, quizás de sonrisas y lágrimas.

¡Feliz semana!

Tele tricornio: la Guardia Civil también hace campaña

Tele Tricornio

Si quieres cambiar el relato de la historia, encarga una película o una serie. Solo hay que tener cierta desvergüenza y algo de presupuesto. Se ha hecho siempre así y a este viejo cinismo se ha aferrado la Guardia Civil para proyectar una realidad falsificada de su pasado y su presente. También puedes impedir por la fuerza que se sepa la verdad, si esta se presenta incómoda y sangrienta. Hubo que esperar dos años para que se estrenara «El crimen de Cuenca», que narraba las salvajes torturas sobre dos inocentes. ¡Hace un siglo! El film lo realizó Pilar Miró, posteriormente nombrada directora general de TVE, el mismo canal que ahora contribuye a la mixtificación de la Benemérita (sic) con la serie «Olmos y robles». La imagen divertida y leve de los tricornios no parece chirriar en la memoria colectiva, ni sus víctimas se han alzado de las tumbas.

La interminable lista de crímenes al servicio de la dictadura no solo no fue razón suficiente para su abolición, sino que se ha normalizado el horror de su historia. En este contexto cabe situar las andanzas del cuerpo militar en «Mar de plástico», en Antena 3, y sus cuatro millones de espectadores. La culminación es el nuevo espacio de laSexta, emisora de la izquierda, que ha parido «Comandancias», donde dicen que allí ya no cuelgan retratos de Franco, ni se enaltece a Galindo y el coraje levantisco de Tejero. Todo es, falazmente, moderno y democrático. Incluso como programa de publirreportajes es una infamia.

Hay que tener poca imaginación para creerse lo que cuentan las pantallas. Al menos las películas y series norteamericanas sobre el FBI y la CIA no nos han dejado un retrato idealizado de estas agencias. Han mostrado, a veces y con alguna honestidad, sus crímenes y miserias. A la Guardia Civil, cuya continuidad es una de las muchas concesiones de la transición española, aún no le ha llegado la hora de la verdad. Los muertos siguen por miles en las cunetas, mientras en la tele se alaban las hazañas de sus represores. A la verdad le gritan: ¡Alto a la Guardia Civil! Y disparan.

Feliz regreso a la radicalidad

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Que seamos una sociedad contradictoria, compuesta por personas regularmente incoherentes, no quiere decir que esta sea una realidad aceptable, ni siquiera inevitable. Más bien es una excusa para justificar nuestra inconsistencia y su larga lista de paradojas. ¿Qué piensan y, sobre todo, qué sienten los ciudadanos sobre la radicalidad como actitud política en el seno de la sociedad democrática? ¿Nos hemos consolidado como comunidad conformista en el fondo y blanda en la forma? ¿Hemos adquirido el miedo a cambiar por no arriesgar lo poco que tenemos? Lo que creo es que hay un gran equívoco no ya semántico, sino conceptual sobre el término de radicalidad y el enfoque de la rebeldía y su ejercicio positivo. No, no me refiero al significado de radical, ir a la raíz de los problemas, eso ya lo sabemos; y que ser radical no es sinónimo de extremista, fanático o intransigente. Esta confusión sería un problema de penuria de lenguaje en los medios de comunicación o una manipulación interesada. Lo preocupante es que se acepte que la democracia implica el repliegue de la radicalidad y la renuncia de los grandes objetivos de libertad e igualdad y la utopía de la humanidad satisfecha.

Es fácil reconocer que la idea de rebelarse (“oponer resistencia a algo o alguien, o no someterse a ciertas costumbres o imposiciones de la sociedad o el ambiente en que uno vive”) ha quedado atrapada en el relato romántico, estéticamente obsoleto, o destinada a la retórica de la publicidad para el estímulo de cambio de marcas y hábitos entre los consumidores. Y que radicalidad suena a exceso operativo y peligro de conflicto. Es que ahí está la cuestión: que se huya de los conflictos, como si estos aludieran a hechos indeseables. Y no. Los conflictos son lo mejor que tenemos, si la comunidad se concibe como una realidad perfectible, en la medida que existen injusticias, abusos y desequilibrios graves que enmendar. Ser rebelde no es quitarse la corbata, un nuevo protocolo. El problema no son los problemas, sino su rechazo o ceguera ante ellos. En este marco de valentía moral y entusiasmo por la libertad y otras liberaciones no alcanzadas es en el que hay que situar el sentido de la radicalidad como metodología y la rebeldía democrática como misión.

Nuestro Parlamento expresó hace poco una de las contradicciones que habita entre los vascos, fruto de la subcultura ideológica -la de los gestos- infundida desde las élites dirigentes. Convulsionados por los atentados de París, los partidos se obcecaron en una declaración conjunta de condena y solidaridad a partir de la exaltación de la unanimidad como ideal o tótem idolátrico. La unanimidad está sobrevalorada. Porque no es más importante que el caudal de las diferencias que mantenemos en la evaluación de los problemas. Somos una sociedad plural y no nos hace más democráticos, ni siquiera más dignos como colectividad humana poner de relieve que convivimos entre profundas divergencias. Es maravilloso discrepar. ¿Por qué hay que coincidir en un texto simbólico si no concordamos en el análisis de su contexto? Vale más una armonía crítica y precaria que una convivencia de acuerdos solemnes e infértiles. La radicalidad es el abrazo a la verdad y el repudio de la libertad a medias, además de la convicción de que los sueños son alcanzables si no renunciamos a sus altas metas. Y es también la aceptación de la complejidad de las cosas y la inherente dificultad de la lucha por lo imposible. Es una ética de autenticidad.
Hacia la sociedad-membrillo

Con la crueldad de nuestro mundo y las carencias de Euskadi, no es posible aspirar a su remedio sin ser radical. La actitud radical parte de esta insatisfacción y de que hay poderes, ocultos y tácitos, a los que oponerse con severidad para lograr su sometimiento a los poderes democráticos. La radicalidad es consecuencia de poseer criterio propio y bien informado sobre la realidad y sus causas. Lo radical rechaza el pensamiento eslogan y la credulidad de la que se nutre la ignorancia popular, tutelada desde las más altas instancias. No podemos vivir felices y engañados por lo poco que tenemos y lo mucho que nos negamos. Y eso nos lleva a la rebelión, a la agitación del cambio y a una actitud de crudeza que puede ser mal entendida. Ese es su riesgo y su valía.

Temo que vamos hacia una sociedad-membrillo, con líderes light, impulsada por programas sin ambición transformadora, con una cultura de empacho rápido, de ciudadanos ensimismados en su pequeña isla individual y hacia el ideal de una comunidad ingenua que se planta en sus límites y que, como mucho, apuesta por un reformismo parsimonioso dentro del sistema y sus penurias estructurales y viciadas en origen. Nuestra democracia no puede ser la gestión de lo tristemente viable y la negación de las inéditas posibilidades comunes. ¿Dónde está la radicalidad del Gobierno vasco, dónde el entusiasmo que cautive colectivamente y responda a objetivos arduos pero revitalizadores? Gestionar una crisis parece muy escaso proyecto. Al realismo del gobierno nacionalista, cuyo mérito reconozco, le falta la osadía de metas radicales que remuevan los cimientos de un Estado fallido, equilibren las desigualdades económicas y sitúe a los ciudadanos frente a sus contradicciones y mezquindades, que también esto forma parte de las obligaciones del liderazgo. Los radicales nos cuestionamos todos los días.

Cataluña nos ha dado una soberana lección en este sentido. Sí, se ha complicado la vida con una insuficiente mayoría independentista, pero le ha dado un meneo volcánico a España y su pacata Constitución. Se ha atrevido a plantar cara a las restricciones legales, pasando de las emociones a la acción y desestabilizando el presente para crearse otro futuro. Ha cruzado el Rubicón y no hay vuelta atrás que pueda ser peor que el infortunio pasado. Se supone que Euskadi no necesitaba ejemplos como este para traspasar similares fronteras. ¿Cuándo es el momento, si siempre aparece una oportuna disculpa para prorrogarnos?

Cuidado con la moderación

De lo peor que se puede calificar a una persona es de templado o moderado. Es un insulto a sus capacidades intelectuales. En el instante que nos sintiéramos asimilados por la falsa tranquilidad del sistema deberíamos acudir a las barricadas de nuestra grandeza como seres humanos y volver a rebelarnos por las mismas causas que en otras épocas de lucha. ¿Por qué Podemos va a quedar aminorado (así lo apuntan las encuestas) en su proyecto transformador del paradigma político? Porque ha perdido la radicalidad y se ha moderado. Se ha dejado la ilusión de mucha gente en su viaje al centro amembrillado.

Creo que no se ha entendido bien la radicalidad de ELA. Aunque su acción sindical y política sea en exceso egoísta (el beneficio de sus afiliados y no tanto el del conjunto de los trabajadores), sus métodos a veces crispados y sus desplantes en el diálogo con empresarios e instituciones tienen sentido si se pondera justamente la desigualdad en el pago de la factura de la crisis entre las partes. Un sindicalismo mendicante no se corresponde con una democracia respetable, por lo que es necesario una dialéctica distinta, en la que las personas sean el centro del negocio, no una herramienta. ELA se equivoca en su virulencia, pero acierta en el rechazo del actual modelo de relación (básicamente paternalista) entre empleados y empleadores. En la cuenta de resultados de las empresas nunca está el cálculo de la felicidad profesional de su gente.

Lo más inteligente es el regreso a la radicalidad, la de las ambiciones de una nación consciente de sus potencialidades, esas que hemos ido dejando en el camino a medida que desistíamos de nuestros sueños y admitíamos más límites de los existentes. Ser radical es más urgente que nunca. El temor a perder lo poco conquistado nos ha hecho cómplices de este mundo desencantado, ruin y violento; pero todas las estrategias de éxito se resumen en una sola: no rendirse.

 

 

Ikea, Tous y la publicidad maravillosa

En Onda Vasca hablamos de televisión

10 diciembre 2015

 

1. A debate

En el ecuador de la campaña: ¿Qué está ocurriendo en esta campaña electoral?

La campaña electoral del 20 de diciembre ha llegado a su ecuador. Y por vez primera en muchos años, está llamando la atención sobre determinados contenidos y formas. En realidad se dan dos circunstancias específicas:

– Hay un mayor interés político respecto de otras elecciones, porque el panorama político se ha visto alterado por la aparición de nuevos partidos.
– La televisión se ha convertido en el gran escenario político.

Y diría que hay un tercer aspecto:

– El desprestigio de la clase política ha llevado a los políticos profesionales a desviar el foco hacia su lado personal, a mostrarse como personas antes que como líderes y vendedores de ideas determinadas.

Estos tres hechos unidos es lo que ha determinado la orientación de la campaña. Las elecciones se juegan en la tele, porque la tele ha cambiado la política en los últimos años, de la que son producto Iglesias y Rivera. La tele les ha proporcionado formatos nuevos para dirigirse al ciudadano. Estos espacios son:

El Hormiguero, los espacios de Bertín Osborne, Maria Teresa Campos, el programa de Jordi Evole, el de Wyoming, incluso Sálvame. Aquí pueden mostrarse como personas y no tanto como políticos. Es acaso una frivolización de la política, pero es la oportunidad que se les ha presentado. La tragedia es que los políticos han perdido la calle. Eluden el contacto y prefieren la seguridad de la tele.

Contra lo que se ha dicho, no han sido los jefes de campaña de los partidos los que han optado por estas vías, no. Ha sido la evolución de la televisión quien les ha proporcionado esta oportunidad. Han sido los nuevos formatos de la televisión quien ha marcado la orientación de la campaña. No es que la política española se haya “americanizado”. Ha sido casual.

La secuencia es esta: la crisis y sus efectos creó un interés político nuevo, con los desahucios, el paro y la corrupción como los tres grandes motivadores, que la televisión supo orientar. De este nuevo interés político surgieron Podemos y también Ciudadanos, que han movido el mapa político como productos derivados de la tele. Y la tele, siguiendo este camino ha creado nuevos formatos, más personales, por medio de los cuales los partidos están canalizando la campaña. Y esto es lo que hay: una fe excesiva de los políticos en la tele, que pasará muy pronto. Y un pronóstico: si la crisis remite, todo volverá a la calma. La tele dejará de ser la solución.
2. El impacto

Donald Trump, el político friki

Los frikis son un producto de la tele. Son esos personajes que, pese a su indigencia cultural y su escaso sentido del ridículo, están dispuestos a cualquier cosa con tal de convertirse en personajes, en famosetes. Son esos hombres y mujeres que quieren dejar de ser personas para convertirse en personajes. Los conocemos bien. Está en los programas de cotilleo y en los realities. Suelen acabar mal, porque la televisión les utiliza y finalmente los devora.

Lo que no habíamos conocido hasta ahora es al político friki. Este también es capaz de cualquier cosa por ganarse la popularidad y los votos. Donald Trump, el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos (cuyas elecciones se celebrarán en noviembre del próximo año) es un político friki. Ignorante, maleducado, agresivo, deslenguado, frívolo, demagogo y fascista. Su ventaja es que tiene mucho dinero, lo que le permite reírse del sistema democrático y jugar a pequeño tirano. Podría llegar a competir por la Casa Blanca y llevar sus ideas a la política real, como la de impedir a los musulmanes, por el mero hecho de serlo, su entrada a suelo norteamericano. Comparadas las cosas que ocurren aquí en campaña electoral con este tipo, son meras anécdotas.

El político friki es el nuevo peligro. Y la tele es su aliado.

 

3. Audiencias. Lo que nos gusta y lo que no

¿Hartos de tanto programa de cocina?

La baja audiencia de Master Chef junio en TVE el pasado martes, con un mínimo histórico en el estreno de su nueva temporada, con un 11.7% y 1.953.000 espectadores, puede indicar el hartazgo de la audiencia de los programas de cocina, mitad concurso, mitad reality. Es solo un dato, pero la saturación de estos programas, unido a que llevamos con ellos varios años seguidos, puede llevarnos al fin de los programas de contenido gastronómico, una moda más de la tele. Habrá que verlo.

Por cierto, que ayer, miércoles, los tres conductores de Master Chef (Pepe Rodríguez, Jordi Cruz y Samantha Vallejo-Nágera) fueron los invitados de Bertín Osborne en su espacio “En la tuya o la mía”, que ayer fue relegado al late-night porque había que poner por delante el debate a nueve que hubo en la cadena pública. Como consecuencia de ello el registro del programa de entrevistas de Bertín tuvo una audiencia del 17.5% y 2.001.000, inferior a lo normal. El debate por su parte tuvo un 10.9% y 2.102.000 espectadores.

 

4. La buena publi

Dos anuncios:

a) Tous no hace algo mejor que anuncios: cuenta historias

Hemos dicho aquí muchas veces que el ideal de la publicidad, como el de la información periodística, no es vender ni ofrecer mera información, sino contar historias. La marca de joyería Tous ha logrado este ideal y viene realizando una campaña extraordinaria, con historias concretas que superan la referencia al producto y sus cualidades específicas.

Este anuncio de hoy es el tercer episodio de estas historias. Ocurre en París, la ciudad de la luz que es la patria del amor. Los acontecimientos recientes han revitalizado el protagonismo de París, donde me quedaría a vivir.

El anuncio es más que un anuncio. Es una pequeña película, de extraordinaria calidad, que toma las formas del cine de Woddy Allen, en su versión europea, con un doblaje impresionante, una música divina y una historia muy emotiva. Y no es de amor convencional entre hombre y mujer, sino un reconocimiento del amor de una hija hacia su padre. Por cierto, que la dueña del negocio, Rosa Tous, hace un pequeño cameo y tiene una aparición estelar en el anuncio.

Sencillamente, magnífico.

https://www.youtube.com/watch?v=71ZtofFlb3U

 

b) Ikea vuelve a maravillarnos

La marca sueca vuelve a maravillarnos con su publi. Aquí subraya su lado social al denunciar la mucha comida que se tira a la basura en Navidad, el 25% de lo que compramos, casi nada. Lo hace a través de un coro real de 64 trabajadores de la recogida de la basura, para lo que hicieron un casting entre 200 trabajadores de este sector. Una verdadera maravilla de mensaje y de formato:

https://www.youtube.com/watch?v=iRTtTEQ3QVM&feature=youtu.be

5. Recomendaciones para el fin de semana

Este fin de semana no toca tele. Toca ponerse en casa, con tu pareja y con tus hijos o hermanos, las personas que amas, a poner el árbol de navidad y el belén. La gente que se quiere hace estas cosas juntos.

Descansad de tanta televisión e id también de tiendas a comprar vuestros regalos.

¡Feliz semana!

 

Muerte y sonrojo en Telecinco

Toño

Si tu mala fortuna es mi buena suerte, no hay duda: soy un miserable. A Sálvame, cumbre de todas las miserias de la tele, le cayó el premio gordo el pasado viernes. Como tantas veces ocurre en las desgracias humanas, una persona intenta autodestruirse y a punto está de conseguirlo: los médicos le libran de la muerte en el hospital. Si este hombre es Toño Sanchís, mánager hasta ahora de Belén Esteban y otros muchos frikis de la farándula española, el hecho adquiere dimensiones siderales, más aún si la noticia llega al comienzo de la emisión del programa. Y sucedió; pero en vez de suspender la función del despellejamiento público por las presuntas irregularidades del representante y aplazarlo a otro día, en vida y salud del acusado, decidieron -porque la buena estrella hay que aprovecharla- desollarlo in artículo mortis. Fue un espectáculo digno de esa España podrida de la que los políticos eluden hablar en campaña entre bailes, guitarras y partidas de futbolín.

No hubo un juez al que se recurriera para impedir semejante bellaquería. Nadie llamó al 112 de la decencia social. La noche siguió su curso como cualquiera y más de tres millones de espectadores se asomaron al entierro más cutre de la historia a ver en qué deparaba, si en oportuna tragedia que incrementase la audiencia o se procedía en su defecto a la destrucción de un pobre hombre que pugnaba por sobrevivir. Y como la Parca quiso ser compasiva, Belén transitó del inicial sentimiento de culpabilidad a sus bajezas habituales, porque Toño le había robado. Sí, allí se hablaba de dinero y lo demás, también la frágil vida de un hombre, son tonterías.

Antes la Esteban amagó con irse del plató, cuando todos la señalaban como inductora moral de la desesperada decisión de su viejo amigo; pero como el show debe continuar, allí se quedó la princesa del pueblo dirigiendo el coro de la mala baba compuesto por Jorge Javier, Hormigos, Matamoros, Mila, Patiño, Arnau y otros veinte héroes de la tele y de la tela. Pregúntele a esa gente dónde está el límite de la vergüenza.