Podemos, lección magistral de símbolos y gestos

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Hablamos de televisión

14 enero 2016

 

1. A debate

La política de los gestos en la tele

Ayer fuimos testigos del comienzo de la temporada política, por así llamarla, con la constitución del Congreso de los Diputados en Madrid. La tele se volcó y varias cadenas lo dieron en directo: TVE, la Cuatro, la Sexta y ETB. Aparte de los hechos políticos, en los que no voy a entrar, la de ayer fue una sesión muy rica en imágenes. Fue, de hecho, un empacho de gestos y símbolos, como hace muchos años no habíamos visto.

Fue una mañana muy icónica. Entre los gestos más destacables: una diputada negra, políticos que llegan en bici, una txaranga de acompañamiento, fórmulas creativas e imaginativas de juramento que traspasaban la típica y tópica fórmula de siempre, diputados con rastas, las lágrimas de Pablo Iglesias en el recibimiento a la puerta del Congreso, muchos gestos. Por cierto, casi todos provenientes de Podemos. Y este es un dato muy significativo, porque nos habla de la inteligencia de este grupo político para hacer uso de las imágenes y del poder de la televisión.

Y por encima de esto, el bebé de Carolina Bescansa, que marcó la sesión. Espectacular. Sobre este hecho se han hecho muchas interpretaciones: exhibicionismo, demagogia feminista, uso de un bebé para el espectáculo, etc. A mi modo de ver, juicios de intenciones, porque seguramente la diputada no pretendió nada de esto. En mi opinión, el gesto es muy valioso, aparte de lo muy eficaz que fue, porque consiguió seguramente pretendía la protagonista. Es valioso por lo que aportó:

Una humanización de la política, al aportar la ternura de la presencia de un bebé en sitio tan estirado y frío. Los gestos tiernos de Pablo Iglesias con el bebé son muy valiosos.

Una llamada a la problemática de la conciliación, que es fácil para un político que cuenta con guardería, pero muy complicado para la gran mayoría de mujeres.

Un símbolo de cambio. Frente a las momias de la política, un niño en la bancada.

Es un mensaje renovador.

Podemos ha demostrado, más allá de las valoraciones particulares, que sabe combinar con mucha inteligencia el poder de las imágenes y el poder del mensaje de las emociones. El bebé de Bescansa es símbolo de todo eso. Y trae consigo no solo una gran notoriedad, puesto que todos, millones de personas, hablamos de esto ayer y hoy. Nunca se consiguió tanta notoriedad tan fácilmente. No tiene precio en términos de comunicación. Y para Podemos, la disputada y Pablo Iglesias esta escena es de enorme importancia para su proyecto. La vida real son emociones, no mensajes aburridos y tediosos. Y un gesto maternal, corriente, espectacularmente producido, dio otra imagen, renovadora de la política en España.

 

2. El impacto

El demoledor mensaje sobre Hacienda

Junto a los hechos de comienzo de la nueva temporada política, el otro gran acontecimiento en la tele ha sido el juicio contra Cristina de Borbón, Iñaki Urdangarín y otros presuntos delincuentes implicados en el llamado caso Nóos. En este proceso judicial, ha causado un enorme impacto unas palabras demoledoras sobre el sentido de la Hacienda pública. Un escándalo de efectos terribles. No las dijo uno de los acusados, sino Dolores Ripoll, abogada del Estado y que supuestamente está presente para defender los intereses de la ciudadanía. Sus palabras desmintiendo la validez de “Hacienda somos todos” son la constatación del pudrimiento del sistema.

Decir que el lema “Hacienda somos todos” no debe ser creído al pie de la letra y que fue creado para el mundo de la publicidad es todo un tratado de justificación de lo poco creíbles que son los mensajes públicos y que esconde la realidad de la desigualdad, en este caso fiscal, de los ciudadanos, con la existencia de personas privilegiadas respecto de las demás. Estas palabras, unidad al hecho de que el fiscal, Pedro Horrach, defienda a la infanta Cristina de Borbón, son muy significativas.

No obstante, vale mucho el hecho de ver sentada a la hermana del rey de España en el banquillo de los acusados, aunque sea provisionalmente.

https://www.youtube.com/watch?v=9gK10CJI3ss

 

3. Audiencias. Lo que nos gusta y lo que no

El Conquistador del fin del mundo vuelve a triunfar en ETB

Comenzó el lunes el programa de más éxito de la televisión pública vasca desde hace más de una década. El Conquistador del Fin del Mundo es una combinación de concurso y reality, con situaciones extremas y exposición de caracteres y personalidades humanas en estados de máxima exigencia física y emocional.

Es todo esto lo que lo hace atractivo. Volvió el lunes, con su escenario en el Amazonas. Y lo ha hecho con una gran aceptación de público. Obtuvo un 17.1% de cuota de pantalla, con más de 140.000 espectadores. Además, fue Trending Topic en Twitter, que es otro de los elementos que permiten conocer el seguimiento en directo de un programa en la tele.

El espacio de los lunes se combina con el debate de los miércoles, que presenta Patxi Alonso, cuya audiencia ha sido mucho menor debido a la competencia de Bertín, que ha arrasado en Euskadi con el 20%.

En mi opinión, esta edición es de las más maduras y de calidad que hemos visto. El ritmo es muy potente y la calidad de los competidores es muy elevada. La realización es excelente y no se han escatimados medios en la producción. Un gran éxito, que merece su reconocimiento.

 

4. La buena publi

Una gracia atrevida, pero éticamente dudosa

Los medicamentos son, en esta época del año, de los anuncios más importantes que vemos en la tele. Hay muchos y variados, sobre todos los referidos a los males del invierno, gripe y resfriados. Uno de ellos es Propalgina Plus, de la multinacional alemana Bayer, la creadora de la aspirina de nuestros dolores. En este anuncio se llega a un punto muy discutible, éticamente.

En este anuncio vemos a un señor mayor enfermo con gripe, un viejo potentado, atendido por su joven esposa, que tiene un amante ambicioso. Ambos esperan que de ese mal se mueran. Así lo sugiere ella al decir a su amante: “No aguantará mucho más”. Todo esto se muestra, obviamente, en clave de comedia. Lo que es muy discutible es que se frivolice con los efectos de la gripe que cada año mata a miles de personas mayores que tienen sus defensas muy bajas, siendo la gripe un mal letal, aunque no la causa remota de la muerte. Siendo esto así no me parece muy ético que se frivolice con la gripe. Y esto es lo que hace este anuncio. Que sí, que es muy bueno, pero que se ha equivocado con este enfoque de comedia con los males colaterales de la gripe.

Creo que Bayer se ha equivocado y hay que pedir, cordial pero contundentemente, que retire este anuncio y lo sustituya por otro que no frivolice con un hecho tan dramático como la muerte por gripe, que es una realidad dramática. Háganlo, por favor. La buena publicidad no se merece este esperpento.

https://www.youtube.com/watch?v=hlmmrW2eKgQ

 

5. Recomendaciones para el fin de semana

El domingo vuelve Évole

Este domingo, en la Sexta, vuelve Jordi Évole, con su programa Salvados. Este espacio es probablemente uno de los que más han contribuido a una nueva conciencia política, con la crisis y los abusos del poder político como contrapuntos. Es también el programa que mejor ha canalizado la indignación social. Y lo ha hecho con criterio, sin demagogia, con valentía y actitud constructiva.

Es interesante saber cómo va a ser el enfoque y las prioridades del programa tras los cambios políticos que se han producido en el Estado. La madurez del programa es un hecho y nos interesa mucho comprobar sus avances. Este domingo, a partir de las 21:30 horas, en la Sexta.

Una película para el sábado

Survivor (superviviente). En Antena 3, a las 22:00. Un thriller de acción, con Pierce Brosnan y Milla Jovovich. Peli de espías, mucha acción, bastantes tiros e intriga política.

¡Hasta el próximo jueves!

2015, annus horribilis para ETB

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La directora general de EITB no es Isabel II, pero tiene en común con la reina británica la dignidad de mostrar la amargura de los momentos críticos. Otros líderes escapan a las cuentas de la adversidad. Las cosas no están bien en nuestra televisión pública. De hecho van muy mal. Su audiencia “puede que sea la peor de la historia”, ha reconocido Maite Iturbe. Es una certeza y la referencia es 1992, cuando comenzaron las modernas técnicas de medición, que tantos gustos y disgustos causan en este volátil negocio. Aquel fue el annus horribilis de la familia real inglesa, al igual que 2015 para ETB. Nunca habíamos caído tan bajo. Existen explicaciones y no todas justifican el pésimo balance.

Los males de ETB son los de las cadenas autonómicas: han perdido cuota. En Andalucía y Canarias el descenso es mayor que aquí, lo que no es ningún consuelo. Allí no gobierna el PNV, si se buscan culpables políticos. El problema hay que situarlo en el contexto del mercado. La duopolización (Atresmedia y Mediaset), que es una centralización mediática brutal, destruye la periferia. Debe recordarse que EITB es el organismo público que más recortes ha sufrido en la administración vasca. Y con un 30% menos de presupuesto es difícil competir con los monstruos italianos y el insaciable imperio de Movistar. Nuestra televisión, a su escala, se salvará por igual motivo que preservamos las cajas de ahorros, mientras se hundían en todo el Estado: por buena gestión.

Pero ha fallado la otra solvencia: la creatividad, la osadía de proyectos imaginativos y contar con los profesionales de siempre, desaprovechados. Ha faltado intensidad, épica, experiencia. Los malos resultados son culpa de los gestores y las circunstancias que conspiran; pero habrá que preguntar a los ciudadanos por qué Euskadi tiene a Telecinco como canal preferido y por qué consumimos más telebasura que los españoles. No nos pongamos exquisitos. En términos de calidad de país, necesitamos a ETB tanto como a Osakidetza. De momento, hoy regresa El Conquistador. Buena señal para remontar.

 

Cristina Pedroche y la causa de las mujeres

Hablamos de televisión

7 enero 2016

Contenidos de mi intervención en Onda Vasca, programa de Begoña Beristain.

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1. A debate

Pedroche y la tele como reflejo social

Hemos hablado aquí muchas veces del papel influyente de la televisión en la conducta de las personas y de que, a su vez, lo que se ve en las pantallas es el reflejo de lo que es la sociedad en su conjunto. Es una discusión recurrente y tiene su punto de verdad, por mucho que suene a tópico.

En este sentido, cabe referirse a lo que hemos visto este año en las campanadas de Antena 3, protagonizadas por la actriz, modelo y presentadora de la Sexta, Cristina Pedroche. La Pedroche y su vestido no es el debate. Ni siquiera lo es si el modelo en cuestión (un vestido a base de cristales, transparente en todo menos en “sus partes”) es una mala imitación de otros modelos, de si llevaba o no bragas o de si costó, como se ha dicho, 100.000 euros, lo que sería un insulto para un país empobrecido. Esa no es la cuestión. Como tampoco lo es que Cristina adopte esta estrategia de notoriedad para su carrera, para lo que tiene plena liberta de hacer lo que quiera, así como Antena 3 de montar el show como sea de su antojo. Aquí todo el mundo es libre, incluso para hacer el ridículo. No cabe duda de que Cristina tiene argumentos de belleza para lucirse y dejarse admirar.

La cuestión de fondo es si una sociedad como la nuestra, que quiere potenciar los valores de la igualdad entre las mujeres y los hombres, una meta que está muy lejos de estar a nuestro alcance, puede o debe plantear un espectáculo televisivo en el que el cuerpo y el vestido de una mujer sea el factor determinante. Porque las campanadas de esta última Nochevieja han sido el vestido y el tipazo de la Pedroche. Y esta mujer se ha prestado con mucho gusto al show. ¿Ayuda este espectáculo a la igualdad? ¿Por qué es polémica el vestido y el cuasi desnudo de una mujer en televisión, y no otras cosas más sustanciales? ¿No es esto el reflejo del machismo de nuestra sociedad? ¿Por qué se le llena la boca de mensajes de igualdad a las cadenas de televisión, en este caso a Antena 3, y luego lo desquician con este bochorno?

Llama la atención que sean las mujeres, algunas, las que lo estropeen todo en el camino a la igualdad. Insisto en que Cristina Pedroche puede hacer lo que le venga en gana: pero debería preguntarse si su carrera como presentadora necesita semejante espectáculo y ser su cuerpo y su vestido el tema de debate. Queramos o no esto es lo que hay: una sociedad contradictoria, que apela a unos valores, al menos teóricamente, pero que su conducta pública, sobre todo en los grandes medios de comunicación, los tira por tierra, con prácticas de evidente machismo. La mujer, según la tele, sigue siendo un cuerpo, un vestido, y no una persona con la misma dignidad y derechos que los hombres. Efectivamente, la tele la hacen los hombres y algunas mujeres ayudan a que las cosas no cambien.

 

2. El impacto

Ir a la tele y hacer el ridículo

Lo malo que, a veces, tiene ir a la tele es que se puede hacer el ridículo y dejarte en evidencia. Eso es lo que les ocurrió la víspera de Reyes al dúo musical adolescente Los Gemeliers. Estos dos chicos andaluces fueron a jugar a Pasapalabra, en Telecinco. La cosa tendría mayor importancia si no fuera porque el concurso demostró que una cosa es equivocarse y otra demostrar la ignorancia.

A lo largo de su participación, estos adolescentes dejaron bien clara su ignorancia, que nada tiene que ver con su mejor o peor talento musical en su participación en el programa “La Voz Kids”. No sé si Los Gemeliers son ídolos musicales para los adolescentes españoles; pero no son ejemplo de formación y cultura. Y ahí es donde está el problema. Que los ídolos de nuestros chicos tienen los pies de barro.

A los managers de este dúo no les queda la menor duda que la participación en Pasapalabra fue un desastre. Y que es mejor que canten, y que solo canten, para no hacer el ridículo con su pésima formación educativa.

https://www.youtube.com/watch?v=LqJNduZl0Uk

 

3. Audiencias. Lo que nos gusta y lo que no

Una niña gana el concurso MasterChef Junior

A la tercera, ha sido una niña la que ha ganado el concurso gastronómico. Antes habían ganado los chicos. La final en víspera de Reyes, obtuvo una audiencia de 22.6% y 3.346.000 de espectadores, récord de la temporada.

Este dato final parece que indica que el programa, en su versión infantil, tiene futuro; pero la media del programa en todas sus emisiones ha descendido respecto de las dos anteriores. El declive de los programas de gastronomía, entre otras razones porque hay muchos, es imparable, pero será lento.

Lo cierto es que María, de 11 años, la ganadora, ha causado sensación, por su desparpajo y entusiasmo; pero también por sus creaciones culinarias. El premio, por cierto, lleva aparejado un curso de cocina en el Basque Culinary Center, de Donostia; por cierto, una de las ideas institucionales más inteligentes de esta ciudad, que la convierte en uno de los polos de referencia en la formación de la alta cocina.

 

4. La buena publi

Adolescentes: los tópicos se vienen abajo

Este anuncio es todo un tratado sociológico. Es mucho más que un anuncio. Pone en la superficie los tópicos y prejuicios de los adultos sobre los adolescentes de hoy, y derriba la falsa idea de que esta generación es una generación perdida.
Se trata de un largo anuncio de fondo social, firmado para todo el mundo por una agencia de publicidad madrileña, dirigida por Luis Bassat, para la sociedad financiera ING y el organismo de la ONU Unicef. El anuncio tiene tres partes: en la primera, diferentes adultos de todo el mundo ofrecen sus testimonios sobre los adolescentes, que son unánimes en su prejuicios: los chicos y chicas son egoístas, agresivos, mal educados, etc. En la segunda parte, se muestran a adolescentes de todo el mundo que han demostrado un gran desarrollo intelectual, artístico, científico y humano. Casos reales. Y en la tercera, vemos cómo los adultos reconocen sus prejuicios y se muestran dispuestos a reconocer la valía de esta generación.

Sencillamente, magnífico.

https://www.youtube.com/watch?v=VO7R4t3DC-0

 

5. Recomendaciones para el fin de semana

Empieza la nueva temporada

Terminado el paréntesis navideño, arranca la nueva temporada de televisión, que nos llevará hasta un verano muy deportivo.

Hoy mismo, comienza el programa de telebasura “Gran Hermano VIP”, en Telecinco, que es eso, lo más cutre del famoseo español, encerrados en una casa durante semanas, para demostrar su enorme nivel personal. En esta edición, se cuenta con Rosa Benito, un referente social; Rappel, el vidente de las estrellas. Carmen López, concejala de Podemos en el Ayuntamiento de Castilleja de la Cuesta (Sevilla), todo un fichaje para la nueva política de los partidos emergentes, que se desnuda en Interviu. Carlos Lozano, presentador de televisión. Raquel Bollo, otro referente social. Laura Matamoros, cuyo mérito es ser hija de Kiko Matamoros, otro referente social. Otro es Julián Contreras Jr., hijo de Carmina Ordóñez, que anda flojo de pasta y se va a recaudar fondos a esta pocilga. También estará un joven llamado Sema, cuyo mérito es haber sido novio de la hija de Isabel Pantoja. Y así, con el este nivelón, el resto de famosos. El que quiera basura, aquí la tiene y de la buena.

Hoy también, arranca la nueva temporada de “Cuéntame lo que pasó”, en TVE, el relato de la historia del postfranquismo y años siguientes a través de la familia Alcántara, con toda su evolución social, política y económica, cuyo protagonista principal es Imanol Arias. La serie después de 16 años se mantiene a flote, pese a que ha ido declinando por el paso de los años. Van a cumplirse 300 capítulos y esto es mucho más que un culebrón venezolano. La serie es buena, pero demasiado correcta en lo político, al gusto del relato de eso que se ha venido en llamar de la “ejemplar transición española”. Esta noche, a partir de las 22:00 horas.

Para el fin de semana, una película:

El sábado, a las 22: horas, tenemos una buena película, “Qué esperar cuando estás esperando”, comedia de lujo basada en el libro del mismo título, que vendió millones de ejemplares en su día. El reparto es de primera, con Cameron Diaz, Matthew Morrison, Dennis Quaid y Jennifer Lopez, entre otros. Perfecta para estos últimos días de fiesta.

Y un programa muy interesante sobre el mundo del Hollywood.

En la Segunda Cadena de TVE, “El glamour de Hollywood”, a las 23:45 hasta las 01:35 horas. Tienes dos partes. En la primera, se centra en la figura de Elizabeth Taylor y su particular elegancia. En la segunda parte, el documental se centra en la importancia del vestuario en el cine y el trabajo de los principales diseñadores en la época dorada de Hollywood. Estas prendas convirtieron en objeto de deseo a estrellas como Marilyn Monroe, Rita Hayworth o Katherine Hepburn.

¡Feliz año 2016!

Epidemia de doctores: Euskadi, la enferma imaginaria

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Hay epidemia de doctores. Da igual que sean curas, sociólogos, políticos, periodistas, escritores, filósofos o gente sin oficio conocido; pero tienen en común el afán de pronosticar la enfermedad de nuestro país: “Euskadi es una sociedad enferma”, advierten. Nadie sabe con qué instrumentos, bajo qué fórmula de diagnóstico, en qué circunstancias realizaron la auscultación y quién les ha pedido la exploración de la salud de la comunidad. Sin embargo, todos se creen capaces y autorizados para emitir un juicio, condicionados por una perspectiva subjetiva de la realidad social y con una intencionalidad personal tan hostil que anula la validez de su dictamen, atrevido e indemostrable. El último en emitir su parecer ha sido el obispo de Donostia, José Ignacio Munilla, habitualmente severo con quienes discrepan de las posiciones conservadoras de la fe católica. Tomando como referencia las elecciones del 20 de diciembre, el prelado ha dicho que “estos resultados reflejan una profunda crisis. Son el retrato de una sociedad enferma”. ¿Y por qué le disgustan? ¿Por radicales, por dispersos, por insensatos? ¿En qué síntomas del voto se atisba su trastorno? ¿Qué datos hubieran sido los óptimos para que no existiera patología?

Entiéndase que el sombrío diagnóstico sobre la salud de la comunidad no se refiere al estado físico de las personas. No habla de nuestra excesiva dieta o falta de cultura preventiva. Ni siquiera apela a las patologías psíquicas de la gente, a la propensión a la fantasía, angustias, paranoias o enajenaciones recurrentes. Quienes como Munilla hablan de la sociedad enferma están señalando el mal moral de todos o la mayoría, lo que hace menos creíble este diagnóstico. ¿Qué tipo de comportamiento malvado define la insalubridad espiritual de un país? ¿Qué proporción de ese pueblo debe ser éticamente corrupta para que el estigma sea generalizable? ¿La mitad, dos terceras partes, más de 10%? ¿Cómo se determinan esas magnitudes? ¿Quién posee el barómetro de la malignidad? ¿Existe la exacta ciencia moral? Sólo desde posiciones inquisitoriales y de una inexistente superioridad ética, autoatribuida por gurús y chamanes públicos, cabe sostener el trastorno subjetivo de Euskadi. Es ridículo insistir en semejante estipulación. Si ya es aventurado calificar con criterio una conducta personal, imaginen lo complicado de la evaluación de toda una colectividad humana.

Doctores tiene la sociedad

En Euskadi estamos acostumbrados a estos diagnósticos tras años de convivir con la violencia, por un lado, y los vigilantes de la verdad absoluta, por otro. Nos endosaron una responsabilidad y connivencia con el terrorismo que no existieron más que en una parte pequeña del país. Nos culpabilizaron por ello a fin de ocultar la ineptitud de los políticos. Intentaron quebrarnos ideológicamente para acusar al nacionalismo vasco de aquel drama. Hicieron trampas con la verdad. Nos llamaron cobardes, nos atribuyeron el miedo, nos manipularon. Nos maniataron la opinión con la excusa de las acciones de ETA. Nos calificaron entonces, como ahora, de ser una sociedad enferma.

Deberíamos guardar memoria de aquellos embustes. Están escritos sobre el barro de la miseria. Aurelio Arteta, catedrático de Filosofía Moral y Política de la UPV, declaró en su momento que “no basta con el fin de ETA para que Euskadi deje de ser una sociedad enferma”. Consuelo Ordoñez señaló en su día, y quizás aún lo mantiene, que “no me gusta en lo que se está convirtiendo la sociedad vasca. Creo que es cobarde y está enferma”. La catedrática y periodista Ofa Bezunartea se enrocó en igual diagnóstico al proclamar que “en el País Vasco hay una gravísima crisis moral propia de una sociedad enferma”. Gorka Maneiro, diputado de la cuasi extinta UPyD, nos regaló esta perla: “Euskadi es una sociedad abducida y enferma. Lastrada por ETA y sin apenas capacidad de levantar cabeza para cambiar radicalmente las cosas”.

También Alfredo Tamayo dijo en fecha dada, inspirado por sus hábitos de jesuita y la gracia divina, que “la sociedad vasca está enferma todavía, o al menos que hay muchos enfermos en la sociedad vasca y la patología que los genera es una determinada concepción nacionalista”. Sara Buesa, hija del asesinado dirigente socialista Fernando Buesa, afirmó hace poco que “somos una sociedad enferma con valores frágiles”. Del escritor Jorge Martínez Reverte recojo estas declaraciones: “Yo pienso que Euskadi alberga una sociedad enferma”.

Alfredo Retortillo, uno de los responsables del Euskobarómetro, también se adhirió al gran jurado del alma vasca al decir de Euskadi que “es una sociedad enferma, acostumbrada a vivir amputada, capaz de funcionar al margen del sufrimiento que tenga una parte de ella”. Y por supuesto, Joseba Arregi, muy desdibujado ahora en su rol de pontífice ético de nuestro país, a quien la evolución política ha dejado sin argumentos para sus filípicas, compartió muchas veces la visión de Euskadi como sociedad enferma. En esto solo le supera el filósofo Fernando Savater, quien decía que “en el País Vasco, la sociedad está putrefacta, no enferma”. La gran hemeroteca de Google nos proporciona un caudal inacabable sobre las proclamas de los inquisidores, que confundían sus disgustos políticos y personales con los avatares de una colectividad compleja como la vasca, cuya enfermedad era no comportarse de acuerdo con el buen juicio y santidad ideológica de los vicarios de España. Y así, hasta hoy.

Crítica de la sociedad contradictoria

Nada ni nadie puede sostener con certeza la enfermedad moral de Euskadi, ni ahora ni antes, porque ese pronóstico es cabalmente irrealizable. Cualquiera podría hacer un diagnóstico de la sociedad vasca, pero tendría que aceptar la precariedad de sus conocimientos y, en todo caso, la inexactitud de su resultado, tan desenfocado como la lupa del microscopio de su ideología. Quienes emiten esos juicios generales sobre nuestra salud no tienen ninguna intención clarificadora, sino agresora, al lanzarlos como piedras sobre los ciudadanos, a los que pretenden separar en pabellones de buenos y malos, tras un cordón sanitario. Solo faltaría que, además, decretasen sobre los segundos la obligación de superar una cuarentena y vacunarlos contra el virus de su solvencia democrática y libertad de pensamiento.

Es posible que seamos una sociedad contradictoria, con valores que se afirman y que en la práctica se niegan. ¿Acaso no es esta, la dificultad de la coherencia, condición común de los seres humanos? Somos como casi todas las comunidades modernas del mundo, tan capaces, tan paradójicos, tan frágiles… Puede que los mismos que prescriben nuestra enfermedad piensen que el planeta entero es un gran hospital de infectados.

Lo que veo, y no es un diagnóstico sino la mirada de un curioso impertinente, como el cervantino, es una sociedad a cuyos individuos les cuesta mucho comunicarse y expresar sus emociones. Somos un pueblo de tímidos, que confunde la discreción con el temor, un país de excesivas desconfianzas y agresivo en el trato y las relaciones. Esta patología social nos conduce a la soledad, a reducir nuestros vínculos y compromisos y a consolidar el individualismo como sistema vital, el mal de nuestra época. El prestigio de la soledad es el fracaso de la libertad: no podemos soslayar los riesgos de su ejercicio y vivir con el temor a sus errores.

Somos en exceso críticos con los espacios comunes y nuestras instituciones, de la familia a la política y la economía. Más preocupante es la propensión de los vascos a las apariencias en menoscabo de la autenticidad. El primer problema de identidad no lo tenemos con España, sino con el espejo y los escaparates. Nos ha enganchado la cultura de la imagen. Yo la conozco bien, con todas sus ramificaciones en la estética personal y su complicación en las relaciones afectivas. Por lo demás, la enfermedad del alma que nos imputan es imaginaria: no existe más que en la mente dolorida de unos doctores que no nos quieren sanos, sino indecentemente dóciles.

Operación de Estado: desactivar La Sexta

Sexta

Alguien va a pagar los platos rotos. Los resultados electorales del 20D y el desbarajuste provocado tienen un culpable. Sí, la televisión. Ahí, en sus pantallas, se ha fraguado durante estos años, tertulia a tertulia, a golpe constante e implacable de crítica antisistema y desmedido protagonismo de la izquierda alternativa y poética, la quiebra del bipartidismo y el principio del fin del viejo modelo surgido de la transición. Hay que parar este desastre, claman los dueños del tinglado. Esto ha ido demasiado lejos, repiten, mientras clavan su enojada mirada en la Sexta, esa cadena irresponsable, hija descarriada de la derecha editorial, que ha jugado a la revolución y se les ha ido de las manos. La orden es precisa: hay que desactivar ese canal y extirpar en el resto el caldo de cultivo del populismo que favorece la infección institucional y cuestiona la unidad del Estado y la libre economía.

¿Y cómo se llevará a cabo esta operación sin que se perciba la censura? Tendrá que ser poco a poco. La Sexta ha alcanzado su récord histórico, con el 7,4% de cuota y la oferta de programas referenciales. ¿Desenchufar al corrosivo Wyoming? Lo despedirán con algún pretexto, porque sus mofas no variarán de rumbo. ¿Detener el eficaz discurso de Évole? Tal vez lo desvíen hacia asuntos irrelevantes, al modo de Bertín con la farándula. ¿Enmudecer los debates de Ferreras y poner sordina a Pastor? Cambiarán el plantel de opinantes, con más y mejores marhuendas e indas y con menos y peores rojos de diseño. A nuestro Iñaki López, con quien comenzó Iglesias su vida pública y predicación, le moverán a conveniencia la escaleta de los temas.

Pero el proyecto de derribo no contaba con que Podemos y sus marcas vaciaran el morral de votos de la izquierda abertzale y ganase también en Catalunya. Este mérito español favorece que la tele continúe su juvenil travesura subversiva hasta que el fin de la crisis la desactive por sí sola. Los más inteligentes de Atresmedia piensan que la Sexta ha hecho un gran servicio a la democracia y debe sobrevivir.