Alguien va a pagar los platos rotos. Los resultados electorales del 20D y el desbarajuste provocado tienen un culpable. Sí, la televisión. Ahí, en sus pantallas, se ha fraguado durante estos años, tertulia a tertulia, a golpe constante e implacable de crítica antisistema y desmedido protagonismo de la izquierda alternativa y poética, la quiebra del bipartidismo y el principio del fin del viejo modelo surgido de la transición. Hay que parar este desastre, claman los dueños del tinglado. Esto ha ido demasiado lejos, repiten, mientras clavan su enojada mirada en la Sexta, esa cadena irresponsable, hija descarriada de la derecha editorial, que ha jugado a la revolución y se les ha ido de las manos. La orden es precisa: hay que desactivar ese canal y extirpar en el resto el caldo de cultivo del populismo que favorece la infección institucional y cuestiona la unidad del Estado y la libre economía.
¿Y cómo se llevará a cabo esta operación sin que se perciba la censura? Tendrá que ser poco a poco. La Sexta ha alcanzado su récord histórico, con el 7,4% de cuota y la oferta de programas referenciales. ¿Desenchufar al corrosivo Wyoming? Lo despedirán con algún pretexto, porque sus mofas no variarán de rumbo. ¿Detener el eficaz discurso de Évole? Tal vez lo desvíen hacia asuntos irrelevantes, al modo de Bertín con la farándula. ¿Enmudecer los debates de Ferreras y poner sordina a Pastor? Cambiarán el plantel de opinantes, con más y mejores marhuendas e indas y con menos y peores rojos de diseño. A nuestro Iñaki López, con quien comenzó Iglesias su vida pública y predicación, le moverán a conveniencia la escaleta de los temas.
Pero el proyecto de derribo no contaba con que Podemos y sus marcas vaciaran el morral de votos de la izquierda abertzale y ganase también en Catalunya. Este mérito español favorece que la tele continúe su juvenil travesura subversiva hasta que el fin de la crisis la desactive por sí sola. Los más inteligentes de Atresmedia piensan que la Sexta ha hecho un gran servicio a la democracia y debe sobrevivir.
Más que de balance, lo que vamos a exponer es el horizonte de la tele para este próximo año, 2016, que tendrá, como bisiesto, un día más de contenidos. Resumiré en cinco pinceladas lo que, a mi juicio, será el nuevo año televisivo:
a) Seguirá y se agudizará el “bipartidismo” mediático
La tele, ya lo hemos dicho, se parece mucho a la competición del fútbol en el Estado: hay dos grandes, que cada vez se separan más del resto de cadenas, y luego están todas las demás. Es un duopolio Real Madrid-Barça, es decir, un Antena 3-Telecinco. Y esto es así, porque su poder económico es el que les permite hacer producciones que las demás cadenas no se pueden permitir y eso, a su vez, les proporciona cada vez más ventaja. Su capacidad de producción e inversión en series, realities, compra de derechos deportivos es lo que marca su diferencia con el resto de cadenas y esto se traslada a las diferencias en audiencia.
b) Año deportivo
En el 2016 habrá dos eventos deportivos muy importantes: en junio, la Eurocopa de fútbol, con sede en Francia; y en pleno agosto, las olimpiadas de Río. Esto marcará la tele desde mayo hasta otoño y determinará el liderazgo, aún mayor, de los grupos empresariales como el de Telecinco (Mediaset) y el de Telefónica-Movistar, que es el propietario de casi todo el mercado de la televisión de pago.
c) Seguirá la tele muy alterada por la política
Habíamos pronosticado que la televisión, tras las elecciones, perdería fuelle en lo referente a debates y presencia política. Esto ocurrirá, pero será después del primer trimestre del año, que va a continuar con mucho debate y mucha tertulia a propósito de pactos de gobierno y de la posición de acuerdo tácito de unos partidos frente a otros. Después de los pactos que ocurran, el debate político se reducirá, entre otras razones por el interés de los propietarios de los dos grandes grupos de reducir el protagonismo de Podemos en la tele. Por así decirlo, se les ha ido de las manos.
d) Más series
Las series seguirán siendo el plato fuerte de la tele. Habrá muchas más, no solo las de procedencia americana, como la gran triunfadora de estos últimos años, Juego de Tronos, sino otras nuevas. Es la gran apuesta de la tele por su rentabilidad y porque ya existe una industria artística y profesional para producir series, sin avergonzarse de hacer “mal cine”. En esto entra también la oferta de la nueva plataforma Netflix, cuyos primeros resultados en España son espectaculares.
e) Seis nuevos canales de TDT
Antes de abril tienen que estar en funcionamiento los seis nuevos canales de TDT que autorizó el Gobierno central en octubre. Algunos ya están en emisiones de prueba. Son los siguientes: Atreseries. Es un canal de Antena3 exclusivo para series, que sigue la estela los canales temáticos americanos y europeos. D10. Es el nuevo canal de la productora Secuoya. Su apuesta será de televisión familiar, que es el hueco que, según los expertos, existe en la oferta televisiva. Canal Real Madrid. Obviamente un canal para hinchas de este canal, que ya existe dentro de los canales de pago de Canal Digital Plus y que ahora entra en abierto. Kiss TV. Este canal ya está en prueba y no será solo musical, como se deduce de su raíz de la emisora de radio Kiss. Canal Mediaset. Aún no se sabe qué hará el grupo Telecinco con este canal, pero se habla de un canal de contenido infantil. Ya veremos. Y finalmente Canal 13 TV. Es otra licencia para la Iglesia y no sabemos en qué consistirá.
2. El impacto
Arde Euskadi
Los incendios forestarles de Berango, Sopelana y Bermeo han incendiado la tele. Esto se ha notado en los informativos y en la información meteorológica en este otoño e invierno tan atípicos que llevamos en Euskadi. Las imágenes de los incendios de estos lugares y los trabajos de extinción han sido las grandes protagonistas de estos días en la tele. Y ya se sabe: ¿de qué habla la tele? De lo que habla la gente, y no al revés. Además, todo el mundo tiene una teoría, a cual más conspiranoica, con el origen de estos incendios. Incluso el del cambio climático.
3. Audiencias. Lo que nos gusta y lo que no
Audiencias y datos de 2015
2015 ha sido un buen año para la tele, en audiencia y ganancias. Ha crecido la inversión publicitaria y la tele sigue siendo el gran medio de comunicación de masas. Ya lo hemos visto con ocasión de las últimas elecciones: todo ha girado en torno de la tele.
Telecinco es la cadena más vista, por cuarto año consecutivo. Obtiene el 14,8%, por delante de Antena 3, que se lleva el 13,5% de cuota. Antena 3 no encuentra la manera de obtener el liderazgo, en lo que hay en juego miles de millones de inversión en publicidad y en cotizaciones bursátiles. Las cadenas que más han subido han sido: 13TV, 24H, las Temáticas de Pago, Divinity, Cuatro, FDF-T5, T5, laSexta, Paramount Channel y Clan. Y las que registran mayores descensos son: Disney Channel, Boing, Nova, La2, Autonómicas, La1 y Antena3.
Por otro lado, ha sido un pésimo año para ETB y, en general, para las cadenas autonómica. ETB2 cae al 8% de media y pierde un punto porcentual. ETB1 también baja al 1,9% y pierde una décima. La situación de nuestra televisión pública es delicada y debe encontrar la manera de recuperar el apoyo perdido. Tenemos que preguntarnos por qué la televisión más vista en Euskadi es Telecinco, la cadena de la telebasura. A ver si nos lo hacemos mirar de una vez.
En 2015, el consumo de televisión fue de 3 horas y 54 minutos al día (5 minutos menos que el año anterior), por persona y día. Ha bajado un poco, pero sigue siendo mucho, sobre todo en la franja de las personas mayores.
Lo que más ve la gente en la tele es ficción, es decir, cine y series, en torno al 30%. Después está la información (telediarios y debates) y los programas de entretenimiento, es decir, realities y concursos.
4. La buena publi
Euskaltel pone palabras a la Navidad
La operadora de telefonía y TV vasca Euskaltel siempre ha sido un referente en buena calidad publicitaria. ¿Cómo no recordar sus míticas campañas? Sin embargo, últimamente, estaba un poco apagada en buenos anuncios. En esta Navidad, nos ha regalado una campaña muy emotiva, basada en testimonios de personas corrientes, que regalan de esas cosas que son gratuitas y que tanto bien pueden hacer frente a la tragedia del silencio: las palabras. Con esta idea ha montado una serie de anuncios, protagonizados por personas de diferentes edades y tipos, que dicen lo que quieren decir, regalando eso, la maravilla de las palabras: palabras de amor, de apoyo, de recuerdo, de amistad…
Un anuncio que se deja ver un montón de veces.
5. Recomendaciones para el fin de semana
Las uvas:
La mayor parte de las personas y familias toman las uvas con la tele, ya se sabe. Y hay donde elegir. Generalmente, gana TVE, con Ramón García y su capa, que vuelve. Pero también ha crecido la oferta de Antena3 y la Sexta, así como la de Telecinco. La elección de ETB estará marcada por la capitalidad de Donostia como ciudad de la cultura europea, y en eso se centrarán las uvas: en el éxito de Donostia de este año.
Luego estarán las celebraciones con canciones, bailes y humor, sobre todo con el programa de Mota en TVE. En eso, yo les recomiendo que esta noche pasen de la tele a la música y la radio una vez se hayan tomado las uvas. Póngase a bailar entre ustedes y levanten el culo del sillón. Bailen, canten y jueguen entre ustedes. Hagan el ganso por un día.
El resto del fin de semana es de cine, sobre todo:
– El viernes, 1 de enero, si no nos levantamos para el famoso concierto glamuroso pero pijo de Año Nuevo en Viena, podemos esperar hasta las 16 horas, para ver en Telecinco “Titanic”, un peliculón romántico para activar los deseos de vivir en el nuevo año. Allí veremos a Di Caprio en todo su esplendor y a una inmensa Kate Winslet.
– El sábado, 2, una película de dibujos en 3 dimensiones para ver con los niños: “Hotel Transilvania”, cuya segunda edición se está estrenando estos días en las salas de cine. Esta es la primera. Una excelente producción animada, para ganar un poco de ingenuidad en el nuevo año. Fe en lo que creemos e imaginación para crear lo imposible es lo que hace grande nuestra vida.
La tele es lo efímero -emociones, noticias, acontecimientos- y son escasos sus productos duraderos. Algunos se mantienen durante cinco años, incluso diez, y son raros los que alcanzan más de esa edad. Y están las obras geniales que, además de seducirnos por estética y discurso, marcan un hito cultural que trasciende de la pantalla al mundo. Los Simpson es uno de esos fenómenos superlativos. Toda una maravilla artística, al mismo tiempo compleja y llana, conservadora y revolucionaria, inteligente y vulgar, influyente y asimilable. Todo cabe en su universo amarillo. Y todo es intencionado y sutil. Iniciada su vigesimoquinta temporada, sigue más fuerte que nunca con su gracia corrosiva, su feroz crítica social, su sátira de la familia y su capacidad transmisora de contravalores. Hay una filosofía simpsoniana. Irwin, Conard y Skoble, autores del monumental ensayo «Los Simpson y la filosofía», sostienen que la creación de Matt Groening “revela niveles cómicos que van mucho más allá de la simple farsa: hay en la serie numerosos estratos satíricos, dobles sentidos, alusiones a la alta cultura y la cultura popular por igual, gags visuales, parodia y humor referencial”. Aún se quedan cortos.
Es incuestionable que Los Simpson solo funciona en la televisión. Al cine fue de excursión comercial y no cuajó. La tele permite a sus cientos de personajes ir y volver, viajar por el pasado y el futuro e incorporar a capricho músicas, citas y celebridades de todo género, actuales y de otras épocas. Ninguno de sus valores es más relevante que la inexistencia de la bondad. Quizás Lisa es perfecta en inteligencia, pero repelente. Así es Springfield, como el mundo mismo: grosero, violento, traidor, falso, mezquino, lastimoso… y por eso cómico y solo rescatable por el sarcasmo. No se hizo para darte gusto, sino para salvarte por la risa y el ridículo. Para inmortalizarnos deberíamos tener nuestro retrato simpsonizado, más que wharholizados en cuadrantes psicodélicos. Vernos alucinando en amarillo, narizotas y ojos saltones. Inermes y casi dignos.
El otro empacho navideño: horas y horas de los niños ante las pantallas
Con las Navidades llegan las vacaciones para los niños y niñas. Y es verdad que tienen como oferta los parques infantiles y los desfiles de Olentzero y Reyes Magos. Pero el verdadero consumo de su tiempo es ante las pantallas: la televisión, los móviles, las tabletas y los videojuegos. Este exceso plantea muchas incógnitas y algún quebranto educativo a los padres y madres. ¿Qué hacer con el tiempo de los menores ante las pantallas?
Normalmente, los padres optan por fijar unos límites en el número de horas, por la mañana y por la tarde, de tal a cual hora. Y es una opción razonable. Sin embargo, el pediatra Dimitri Christakis, uno de los mayores estudiosos del mundo en esta materia, y director del Centro de Salud, Comportamiento y Desarrollo Infantil del Children Seattle Hospital (uno de los más prestigiosos del mundo) nos aporta otras opciones.
Sostiene este pediatra que durante los primeros años de vida el cerebro de los críos está en pleno desarrollo, multiplicando por tres su tamaño. Según Christakis, la exposición al vertiginoso ritmo que le ofrecen las pantallas les producirá una sensación de “lentitud” cuando se enfrenten al mundo real -que no gira a la misma velocidad que la televisión- y en muchos casos les creará problemas de aprendizaje y de déficit de atención.
Para este investigador, tabletas y smartphones cuentan con una gran diferencia respecto al televisor: la interactividad. Mientras que la tele es para el niño una experiencia pasiva, en las ‘touch screens’ se produce un interesante efecto de “lo he hecho yo”. Según sus primeros estudios, todo parece indicar que esa capacidad de interactuar tendrá efectos diferentes sobre el desarrollo y la cognición del cerebro infantil.
La recomendación de la Academia Americana de Pediatría cuantifica el tiempo de ocio de calidad de los niños delante de las diferentes pantallas en media hora diaria para menores de 3 años, una hora para los niños entre 3 y 5, y dos como máximo para los chavales de entre 6 y 18 años.
Christakis va más allá y se atreve a añadir que, además de este “tiempo de conexión”, es importante atender al tiempo diario de nuestros hijos apartados de todas las pantallas, es decir, el “tiempo de desconexión”: al menos dos horas diarias de completa desconexión entre niño y dispositivo.
Es decir, que es importante que exista al menos un tiempo de desconexión de dos horas entre el momento en que dejan una pantalla y vuelven a ellas. Es una recomendación muy interesante, más allá de las limitaciones en el tiempo de uso para su mejor formación y educación.
2. El impacto
Ridículo en la elección de Miss Universo.
Esto es como un reality, pero de verdad. Es la valoración que hace una comentarista de la televisión al contemplar lo que estaba sucediendo en la elección de Miss Universo. El presentador del espectáculo, celebrada en Las Vegas, proclama como ganadora a Miss Colombia. Y es coronada. A los cinco minutos es destituida porque todo había sido un erro y la ganadora real era Miss Filipinas. Impresiona la dignidad con que la chica destituida acepta el error. Esto es auténtica televisión: el ridículo no puede ser mayor.
3. Audiencias. Lo que nos gusta y lo que no
La Sexta se impone en la noche electoral
La Sexta ha sido la ganadora de las elecciones. Habrá que hacer un estudio algún día de cómo esta cadena se fue posicionando desde hace cuatro años como la cadena de la izquierda y de los indignados. Este posicionamiento es el que le ha permitido captar la atención de este sector social, ganador moral de las últimas elecciones general.
En la noche electoral, el programa “Al rojo vivo: Objetivo La Moncloa’ obtuvo un 17.6% y 2.758.000 espectadores, casi un millón más que TVE, que alcanzó 1.860.000 espectadores. Por su parte, Telecinco se quedó en el 9.7% y 1.461.000 espectadores, y la Cuatro, 5.2% y 934.000 espectadores.
Nueva temporada del gran fenómeno cultural de televisión.
Ayer, la familia de los hombrecillos amarillos, Los Simpson, uno de los fenómenos sociológicos y culturales de la televisión de todos los tiempos, estrenó su vigesimoquinta temporada en Antena 3.
En su regreso obtuvo un gran 15.5% y 1.772.000 espectadores. Es un valor seguro.
Tendremos que pararnos un día a analizar el porqué de su éxito en todo el mundo desde hace un cuarto de siglo. Porque la serie de dibujos es mucho más que dibujos animados.
4. La buena publi
Otra vez, Campofrío nos sirve una pequeña maravilla
La marca de embutidos sigue marcando su liderazgo en comunicación con este nuevo anuncio navideño. La película, de tres minutos, porque una pequeña película es, ha sido dirigida por Iciar Bollain y tiene como protagonistas a Enma Suarez y Tristan Ulloa. “Despertar” es precisamente la historia del despertar de un hombre que llevaba en coma varios años. Al regresar a la vida normal tiene que ir descubriendo, con asombro, todas las cosas de la vida que había olvidado. Y en esa explosión de la vuelta a la vida es donde está su impacto. Mientras nosotros olvidamos, por la rutina, las maravillas de cada día, el protagonista nos dice al final: “»El mundo no ha cambiado tanto, pero hay demasiadas cosas cada día por las que merece la pena abrir los ojos, levantarse y salir a vivir». Un mensaje obvio, es cierto, pero demoledor.
Hay que felicitar a Campofrío porque esta maravilla.
5. Recomendaciones para el fin de semana
Mucho cine en este fin de semana. Tenemos la repetición constante de la saga genial de Star Wars y mucha película de temática familiar.
Más allá de esto, me permito haceros dos recomendaciones:
– El domingo La Sexta estrena el concurso “¿Y tú qué sabes?”, a partir de las 21:30 horas, con nuestro Oscar Terol como presentador. Vamos a ver cómo es este concurso.
– Y hoy y mañana y mañana, Los Simpson. Creo que la familia amarilla es ya uno más de nuestras familias. Así que vamos a abrir la puerta y que nos haga reír con sus ironías.
Lo que no os recomiendo, para esta noche, es el mensaje del Rey de España, que para quien no lo quiera ver tiene la opción ETB, que un año más, con gran dignidad democrática, nos evita a los ciudadanos vascos el bochorno de un mensaje aburrido y previsible, además de obligatorio.
¿De verdad alguien cree que bailar, cantar y mostrar su lado jocoso ante las cámaras han ayudado a los candidatos en sus resultados? ¿Era esta la solución para que la política recuperara su prestigio? ¿La proliferación de debates, junto con los nuevos formatos de entretenimiento, han aproximado a los dirigentes a la ciudadanía? ¿Se da por hecho que la tele ha sido decisiva en estos comicios y que al mayor uso del medio audiovisual hay que atribuir el aumento de la participación y el reparto de los votos? Que los asesores de imagen, tan despistados como sus clientes, validen este modelo de comunicación es normal; pero que la democracia haya pretendido salvar el desapego popular así, auxiliada por el espectáculo ridiculizante, es dramático.
Tras la batalla llega la evaluación de daños. Si la corrupción, los recortes, los desahucios, el empobrecimiento y la descomposición democrática no han sido impugnados en las urnas es que todo ha sido un pueril pasatiempos y la indignación ha quedado neutralizada por el miedo. Es relevante el fracaso estratégico de La Sexta, con sus tertulias a todas horas, ocurrentes ironías y aires renovadores, finalmente inútiles. Évole, Wyoming, Pastor, Ferreras y Mejide son los nombres del hundimiento de la utopía. Ganan Bertín Osborne, la Campos, Mariló, TVE, Pablo Motos… El triunfo es de Inda. Almudena Grandes se podría haber ahorrado «Los besos en el pan», formidable canto a la dignidad de un barrio cualquiera ante la ferocidad de la crisis. ¡Qué ingenuidad haber imaginado el poder revolucionario de la tele!
A partir de hoy, cautivo y desarmado el cambio de sistema, los canales reducirán sus espacios de debate y las entrevistas de enfoque humano y la clase política volverá a sus despachos a gestionar los mandatos de Bruselas. Comienza el régimen de la derecha reciclada, el neocentralismo y la izquierda multicolor. ¿Será por eso que la imagen fija de esta campaña era la de los candidatos aplaudiendo a sus electores? Nos daban las gracias, anticipadamente, por dejar las cosas más o menos igual.
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