
Decía Stendhal que no era suficiente con apuntar , que había que disparar ,y de la misma opinión era Franz Kafka aunque pudiera parecer inverosímil. Por supuesto ambos se referían al oficio de escribir y hoy en día estas afirmaciones parecen tener si cabe un mayor calado.
Viene lo anterior a que no me gusta abordar determinados temas , en su sentido etimológico de «insistencia», cuando el tono general recuerda a la luchas religiosas del Antiguo Régimen. Pero , como historiador y sociólogo, no puedo evitar reflexionar en alto – y desde cierta indignación.
El «tema» es el décimo aniversario de la declaración de ETA renunciando a la lucha armada , que ha generado una amplia panoplia de comentarios ,comunicados y reacciones diversas.
La mayoría de ellos ha tomado como eje las palabras de Arnaldo Otegi dirigidas explícitamente a las v´íctimas :»Queremos trasladarles nuestro pesar y dolor por el sufrimiento padecido. Sentimos su dolor y desde ese sentimiento sincero afirmamos que el mismo nunca debió haberse producido, a nadie puede satisfacer que todo aquello sucediera, ni que se hubiera prolongado tanto en el tiempo el sufrimiento…», palabras que tirios han considerado insuficientes y troyanos un gran paso hacia adelante.
Sin embargo , más allá de estas legítimas opciones ideológicas y políticas, la dinámica de la polémica ha tomado en ocasiones un rumbo inaceptable para cualquiera que tenga unas referencias históricas de nivel de la ESO.
Así, la cadena de televisión oficial autóctona ha tildado el aniversario como «la celebración del fin de la mayor tragedia de la historia vasca » , afirmación ciertamente excesiva con tan solo tener en cuenta la última Guerra Civil- por no mentar las anteriores.
Otro sí, unas declaraciones afirmando que «ETA fue un error desde el principio», en un brindis al sol histórico, al constatar que cuando se produjeron las primeras acciones armadas todavía coleaba el rastro del maquis republicano que se había enfrentado al franquismo a punta de fusil. Y sin mencionar que en aquellos primeros años sesenta del siglo pasado lo que luego se llamó terrorismo era una referencia en las luchas de liberación y descolonización – como bien se puede ver en Vasconia (1963), una obra clave de Federico Krutwig, de quien este año se celebra el centenario de su nacimiento.
Por no hablar de quienes continúan pensando que los militantes de ETA eran simplemente unos asesinos patológicos. Y sí, asesinos habría, pero como en cualquier organización y en cualquier sociedad ( ¿ Nadie se acuerda ya de Queipo de Llano o del general Mola responsables de 100.000 ejecuciones, o de Gonzalo de Aguilera, tan amigo de los escarmientos del tiro en la nuca, como recuerda Paul Preston en su libro Arquitectos del terror?)
En fin , para comenzar, hay que admitir que ETA existió, que surgió en unas circunstancias históricas concretas, que se nutrió de las referencias ideológicas y organizativas contemporáneas, que prolongó su actividad en la convicción de que la situación politica en la que había nacido no había cambiado sustancialmente. Y que probablemente ,por intereses entreverados y que algún día saldrán a la luz, no fue capaz de admitir a tiempo su derrota militar como otras organizaciones similares y reconvertirse políticamente.
Y , finalmente ,que no debería haber ninguna «batalla por el relato» de todo aquello, sino un gran, grandísimo, esfuerzo de reconciliación, como, por otra parte se llevó a cabo en los estertores del tardo-franquismo. Y para ello será necesario llevar a cabo un plan ambicioso de información y formación, de poner en comunicación los diferentes registros de la memoria, de las víctimas y de los victimarios, individual y colectivamente…Y dejar de intentar sacar tajada política táctica de cada movimiento del contrario, asumiendo una estrategia global y desarrollando todos los gestos posibles de acercamiento y comprensión en el sentido más weberiano del término, pues todas las «explicaciones» son y serán siempre legítimas pero interesadas…Ten Years After!








