
Las últimas consideraciones aquí manifestadas sobre algunos aspectos de la respuesta que se está dando a la pandemia del COVID-19 han generado , como era de esperar, una cierta polémica.
Con el ánimo de sintetizar las lineas generales de lo anteriomente expuesto se proponen las siguientes sugerencias:
- Valorar la oportunidad de incluir en los comités asesores de las autoridades políticas a profesionales de la Economía, la Sociología, la Psicología y la Politología, dado que,tras un año, la crisis generada por la pandemia no es ya solo sanitaria.
- Reflexionar sobre el liderazgo que acaso debería abrirse hacia un estilo más positivo y dinámico, abandonando la negatividad y la admonición monocorde, sin que necesariamente deba coincidir con la jerarquía política que, por otro lado, no debería tomar la situación como una ocasión para abducirse en autoritarismo autónomo.
- Tener en cuenta que el poder ejecutivo, en cualquiera de sus niveles, es un poder más, sometido siempre a la sanción del poder legislativo, y vigilado, en todo momento, por el poder judicial, ante el cual, desaparecida la figura clásica del «desacato», cabe la crítica razonada, nunca ad hominem, como también la reprobación o el recurso, pero en cualquier caso desde el más exquisito respeto, como corresponde a un sistema verdaderamente democrático.
Es de esperar que lo anterior aclare algunas de las dudas y comentarios suscitados y que se suponga, siempre, la buena fe.








