
Lo intempestivo viene a ser aquello que resulta inoportuno para el tiempo en que se vive, que se muestra como extemporáneo porque se manifiesta fuera de plazo.Y si nuestro tiempo es el de la pandemia del COVID-19 ,lo intempestivo se configura en este caso como lo que trata de lo inoportuno y fuera de plazo pandémico.
Aun así en estas «Intempestivas pádémicas» que van saliendo , se pretende dar cuenta de algunos fenómenos colaterales que están emergiendo y que acaso pueden estar esbozando algunas lineas del dibujo del futuro post-pandémico que nos espera, sin pretender, por supuesto, apartar la atención de las obligaciones y protocolos que implica la gestión de salud pública.
Y ,a más de las analizadas en columnas anteriores, otra de estas lineas es una radical transformación en el mundo del trabajo, sobre todo a raíz de su vinculación con la opción telemática.
Esta opción viene de años atrás- probablemente desde la crisis económica del 2007 – pero ha experimentado una aceleración insospechada con el paso de la epidemia a la pandemia y las consecuentes medidas de confinamiento y perimetración, tal y como ha ocurrido en otros ámbitos.
En principio, el trabajo on line , en los sectores económicos en los que se podía llevar a cabo, se percibió con un cierto alivio por parte de las empresas que de alguna manera podían así mantener un ritmo productivo adecuado, y también por parte de muchos trabajadores y trabajadoras que veían la posibilidad de armonizar su vida laboral y familiar.
Pero, como ha ocurrido en momentos históricos anteriores, los cambios tecnológicos han generado paralelamente otros cambios psico-sociales como, en este aspecto, la deslocalización publico/privada en el domicilio y una mayor conversión del tiempo de vida en tiempo de trabajo, hasta generar lo que Ursula Huws ha denominado cybertariado y que se caracteriza por una disponibilidad de 24 horas durante los 7 días a la semana , el 24/7, según Jonathan Crary: las jornadas laborales de grandes despachos, bancos de inversión y consultoras que llegan a trabajar hasta doce horas diarias pueden ser significativas del modelo al que se está apuntando.
Y en esta situación, frente a la conculcación de derechos laborales duramente adquiridos a lo largo del siglo pasado, será previsible una nueva adaptación que se dilucidará entre la fuerza sindical que recabe este nuevo cybertariado , las propuestas empresariales y una acción de gobierno que será muy diferente según el signo político-social a que se adscriba.
Pero, mientras tanto, el tele-trabajo ya está ahí, creciendo y expandiéndose a la sombra de la pandemia…








