
Nomadland es el film más «pandémico» que se puede ver en la actualidad pues todo transcurre en la distancia ( social) ,sobre el fondo de un paisaje en el que no se sabe si se está ante el comienzo de un nuevo mundo o ante su final definitivo.
Por lo demás, se trata de una película de extricta militancia norteamericana pues en ella se manifiestan todos los tópicos más recurrentes, acumulados desde el momento fundacional de los Estados Unidos de América. Así no falta ni la apología de los pioneros – convertidas sus caravanas en auto-caravanas- , ni el buenismo de las comunidades hippies de los 60 con sus gurus barbudos, ni el tímido toque beatnik del Jack Kerouac de En el camino, ni, por supuesto, la presencia de la lata de sopa Campbell.
Todo ello ordenado según el esquema narrativo de la road movie – otro típico tópico -y bajo el protagonismo severo de una Frances McDormand, siempre despeinada y mirando hacia horizontes lejanos, que no sucumbe ni por un momento a las decorosísimas aproximaciones de David Strathairn y que va de aquí para allá en compañía de lumpen-mujeres que trabajan temporalmente en Amazon porque «pagan bastante bien» (sic).
Y es este último detalle el que permite darle la vuelta a la tortilla, pues en el texto original en que se basa la película – Surviving America in the Twenty-First Century, de Jessica Bruder- Amazon salía muy mal parada.
Así que, una vez dada la vuelta a la tortilla por este aspecto aparentemente tan insignificante , Nomadland puede ya contemplarse como un modélico producto hollywoodiense , y , como tal , candidata avant- la- lettre de todos los premios posibles admitiendo explícitamente los valores de lo políticamente correcto, a expensas de no denotar la menor tensión política ni la menor tensión emocional : todo está tramado desde la lejanía operativa, tanto respecto a lo que pueda ser USA ad intra y ad extra, como de los mismos personajes cuyos encuentros aparecen enmarcados algorítmicamente como si dependieran de bien programadas plataformas digitales.
En fin, que por mucho que se le quiera sacar la punta a todo esto, Nomadland no deja de ser una americanada nostálgica con un salpimentado postmoderno articulado en pequeñas dosis de aburrimiento e incitaciones al sueño que no a la ensoñación ( que hubiera dicho Jaime Gil de Biedma). Un producto por lo tanto perfecto para esta etapa pandémica, distribuido ( y no se sabe hasta qué punto producido) por The Walt Disney Company que, como ya es conocido, fue, ha sido y es la gran generadora de todas las fantasías fantasiosas de yanquilandia…








