
El catedrático del MIT Daron Acemoglu comentaba en un escrito reciente que ante la crisis global generada por la pandemia del COVID- 19, se abrían cuatro opciones.
La primera es continuar como si nada hubiera ocurrido intentando volver a la normalidad anterior , a pesar de que se la denomine pomposamente «Nueva normalidad». Se incluirían aquí manifestaciones varias como la insistencia en retomar un modelo económico basado en el consumo desaforado, el turismo y la especulación inmobiliaria, sin alterar los vínculos laborales precarios, y , por supuesto, sin fortalecer «el papel del saber experto y de la ciencia en la toma de decisiones».
La segunda es recurrir al autoritarismo estatal de corte hobbesiano, tomando como referencia el modelo chino, supuestamente el más eficiente en momentos de crisis como la que se ha padecido, sin preocuparse de «la pérdida de privacidad y la vigilancia, y permitiendo un mayor control de las empresas privadas», así como generando instancias paralelas de poder policiaco-político.
La tercera opción es el abandono progresivo de las competencias estatales en manos de las compañías tecnológicas que, como Appel y Google, ya han mostrado su disponibilidad para rastrear a la ciudadanía en su actividad cotidiana, añadiendo a esta «servidumbre digital», la mediación en la actividad económica través del teletrabajo, y finalmente «presionando a favor de un ingreso básico universal, escuelas privadas con subsidios públicos y la expansión del gobierno digital».
Finalmente, la cuarta opción es la apuesta por un a modo de «Estado de bienestar 3.0» que renueve el surgido tras la Segunda Guerra Mundial y que se deterioró en los años ochenta con las políticas neoliberales privatizadoras. Esta opción implica «una red de seguridad social más fuerte , mejor coordinación, unas regulaciones más inteligentes, una gobernanza más eficaz, así como una mejora significativa del sistema sanitario público», todo lo cual implicará un aumento del gasto así como una provisión de liquidez que «en algún momento también deberá incluir un aumento de la tributación».
Es cierto que puede haber otras opciones, incluso algunas mixtas, pero también lo es que todas las apuntadas serán más fáciles de experimentarse en una comunidad política de menores dimensiones ya que al cabo, y aún con sus limitaciones, operan como pequeños Estados.
Así que sería ilustrativo que las fuerzas políticas, más allá de sus entusiasmos y alharacas tan puntuales como electorales, se posicionaran con un mínimo de claridad sobre las mentadas opciones…








