La (pen)última de Garzón

No será porque no se les advirtió, con especial fogosidad desde este trocito del mapa donde aún padecemos las consecuencias de las acciones del siniestro personaje. Pero ni caso. Entre la natural benevolencia —madre de tantos desastres— de los que levitan más que pisan por la izquierda-izquierda y sus dedos hechos huéspedes al barruntar que por una vez en la vida sumaban en lugar de restar, acogieron en su seno con inusitado alborozo al ya ex-juez campeador. Menudos caretos, el domingo, al desayunarse en el periódico que fue de cabecera y ahora solo de referencia a regañadientes con el titular que anunciaba la defección: “[Baltasar] Garzón y exdirigentes de IU se ofrecen al PSOE para derrotar a la derecha”. Como en los malos vodeviles, los últimos en enterarse de que llevaban cornamenta. En labores de celestinaje, el trasgo Gaspar Llamazares, que se apresuró a desmarcarse… igual que hizo cuando participó activamente en la demediación del antiguo quinto espacio vasco; Judas, un aprendiz.

Una vez más, la penitencia venía adosada al pecado, que en este caso fue de candidez, pero también un tanto de soberbia. Algunos se creyeron capaces de domesticar al escorpión que tenía acreditado haber picado a cuantos le habían agasajado con pasta, premios y sonrisas. Pensaban en serio que el tipo que salió rebotado de cada pesebre en el que abrevó se quedaría a vivir para los restos allá donde estaban dispuestos a darle calor de hogar y una cabeza de lista en las europeas, si se terciaba. Pues toma desengaño cruel y canalla. A la primera de cambio, la criatura de pelo cano se vuelve a una de las madrigueras que ya dejó manga por hombro y donde ahora —cómo de grande será la necesidad del PSOE— lo reciben cual hijo pródigo.

La parte positiva de esta triste y previsible historia es que, inmediatamente después del sofocón, se abrirá paso el alivio por haberse quitado de encima a semejante individuo.