Y ahora, a por Duque

No todo el mundo ha nacido para la política. Y menos, para formar parte de un gobierno a la numantina, sometido por tierra, mar y aire a un cerco inmisericorde, donde vale igual como munición la mentira que la verdad entera o a medias. Pregúntenle al ministro Pedro Duque, el cuarto negrito del Gabinete Sánchez (o quinto, si contamos al propio presidente) en ser convertido en pimpampum desde la inopinada llegada a Moncloa hace algo más de tres meses.

El trago que pasó ayer el titular de Ciencia, Innovación y Universidades explicando su presunto chanchullete inmobiliario fue del nueve largo. Nada que ver con las comparecencias de chúpame la punta que estamos acostumbrados a ver en la inmensa mayoría de los últimos pillados con el carrito del helado. Allá donde los anteriores enmarronados se engallaban o montaban el numerito del ofendido, Duque solo fue capaz de sudar la gota gorda, temblando como una gelatina, aferrado a un endeble argumentario que repetía como una letanía ante unos miembros de mi oficio que olieron el miedo y se cebaron con la puya.

Confieso que me faltan datos y conocimiento de leyes para discernir el tamaño del renuncio. Intuitivamente, diría que hizo exactamente lo que la mayoría de los mortales que se hubieran encontrado en sus circunstancias. De boquilla, todos somos muy dignos. ¿Debe dimitir por eso? Ateniéndonos al altísimo nivel ético cacareado por Sánchez, seguramente sí. Y aquí es donde surge otra vez la tremenda paradoja, porque en nombre de una limpieza moral que en el bando de los acosadores ni está ni se la espera, los ciudadanos perderíamos un gestor de lo público muy solvente.

3 comentarios sobre “Y ahora, a por Duque”

  1. De acuerdo que no todos hemos nacido para la política porque hacer política es gobernar con honestidad y eso está muy muy caro.
    Si además tu jefe ha puesto el listo tan alto para otros cuando creía que su equipo no iba a tener ninguna posibilidad de poder intentar el salto, ahora que apechugue con las consecuencia de no haber sabido elegir los saltadores.
    No se si la salud del Sr. Duque es grave o gravisima pero sano de todo no está.
    Lo que si es grave es una fiscal haya andado en la basura de las cloacas y sea ahora política y que a medida que sale más basura la salpica la mierda por todos los lados.
    ¡Como para creer en la política, el poder judicial o ejecutivo!
    Hispanistan en estado puro!

  2. Lo más grave, a mi parecer, es la constatación de que hay ciertas tramas de la opinión publicada entremezcladas o al servicio de la clase política, o vaya Vd. a saber qué grupos de poder, que tienen una lista de asuntillos y personal afectado, y que la manejan a su servicio discrecional en tiempo y oportunidad como si se tratara de un arma con cargador. Van tirando balas, y van cargando más. Y lo tienen tan fácil como sacar en cualquier primera página de su elección cualquier traspiés non santo del interfecto, para cambiar gobiernos, contrarrestar mociones de censura, quitar ministros, etc..
    Prensa cloaquera, policías paralelas, espías de lo propio y ajeno.. que tres poderes? ni cuatro.. La mafia chantajista, corrupta y corruptora es la que gobierna los países.
    Nadie se pregunta si Duque ha tenido alguna inspección fiscal, alguna sanción, si ha contravenido alguna ley…, nadie critica la existencia de dicha ley que permite hacerlo ( y si no lo permite, la falta de inspección). Lo grave es que tiene sus dos casas en una sociedad patrimonial. Y ahora publican que se ha ahorrado ¡150.000 €! en los años que lleva teniendo sus bienes en ese modelo fiscal. Que bestialidad! Mientras, hay gerentes y jefes de departamento de empresas que cobran 5 y 10 veces esa cantidad por mandar al paro a 200 trabajadores y rebajarles sueldo y cotizaciones un 20 %.
    Y todo ello legalmente, lo de Duque también. Pero la ética…
    No existen prejuicios éticos para un juez, ministro del interior, que ha hecho vista gorda en casos de presunta tortura, pero para un astronauta que mete sus casas en una sociedad patrimonial…
    ¡Me parece que aquí se juega!

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