La lotería de Estrasburgo

Se me aparten, por favor, que vengo con un jarro de agua helada. Y no es por falta de ganas de unirme a la conga de Jalisco, o sea de Estrasburgo, que está celebrando la sentencia de sus ilustrísimas señorías europeas sobre el caso Bateragune. Cenizo con trienios acreditados, me ocurre que no soy capaz de ver los motivos de la algarabía. De entrada, porque, aunque les convenga a mi discurso y a mi tranquilidad de espíritu, no me gusta pasar por alto ciertos hechos incómodos, como que el ahora sacralizado Tribunal de Derechos Humanos es el mismo perpetrador de otras decisiones no precisamente felices. La bendición de la ilegalización de Batasuna, por ejemplo. O la convalidación del mantenimiento de la dispersión penitenciaria. O, anteayer como quien dice, el respaldo a no computar las penas en cárceles francesas. Conclusión: estamos ante una suerte de siniestra lotería judicial.

Para más inri, esta vez ni siquiera es esa pedrea de multar con diez mil eurillos a España por hacer la vista gorda con las torturas. Y mucho menos es el reintegro, que ojalá hubiera modo humano de devolver a los encarcelados los seis años y medio en el trullo. Todo el premio ha consistido en dictaminar lo que hasta el menos simpatizante de Otegi y sus compañeros de viacrucis sabía: que fueron juzgados y encarcelados por la puñetera cara. De acuerdo, ahora eso se recoge en papel con membrete oficial. Lástima que ahí se añada que el mero reconocimiento es sanción suficiente y no cabe ninguna acción para compensar a los damnificados. Vayan preparándose los dirigentes soberanistas catalanes para su futura (¡e inutil!) victoria moral.

3 comentarios sobre “La lotería de Estrasburgo”

  1. A ver… no. Con todos los respetos, no.

    Lo único que hace Estrasburgo es juzgar si en un proceso dado un Estado dado ha violado los preceptos de la Carta Europea de Derechos Humanos.

    No es una violación de un Derecho Humano ilegalizar un partido que sistemáticamente se dedicó a aplaudir, proteger y jalear una banda que con mucho gusto nos habría metido una bala en el cráneo a cualquier disidente. No es una violación de un Derecho Humano nocumplir condena cerca de donde has residido, siempre que existan medios concretos para evitar esa situación: separarse del pasado (que incluía asesinar, por favor). No es una violación de un Derecho Humano el descuento o no de un tiempo penado por unos delitos cuya identidad automática es un motivo de disputa: ¿Si ordenas secuestrar a alguien desde Irlanda a una persuna en Francia, queda con tu condena en el primer país por líder de una banda de malhechores acreditado el cumplimiento de la pena? Y, ojito, que esto significa que los líderes de mafias de diverso pelo no cumplirán ni la mitad de lo que les correspondería, seguro que entonces hay mucho rechinar de dientes.

    En cambio, sí es una violación clara el no tener un jues que ni aparente imparcialidad.

    Los criterios son claros. Otra cosa es que nos gustaría (como ahora mismo les gustaría a fachas de un tipo u otro) que siempre estuviera de nuestro lado.

  2. ¿Victoria moral? Puede que quede exclusivamente en eso, o ya veremos… Otras victorias de las de verdad eran quimeras imprevisibles hasta que se materializaron tras una serie de estériles victorias morales.

  3. Lo que no acabo de entender es la expresión tanto en Natalia Rojo (ejecutiva del PSE), como del magistrado Ibarra (TSJPV) de que “eso demuestra que la Justicia funciona”.
    ¿Funciona?.
    ¿Un juicio con una juez no imparcial es signo de funcionamiento?
    ¿Un Tribunal Supremo que enmienda sentencias de él mismo cuando perjudican al poderoso?. Y más…
    Para mí que funciona mal.
    Y deseamos que funcione bien. Por lo menos en un estado de derecho.
    Dada la unanimidad de la aseveración en los entrevistados orgánicos, habrá que ir pensando que “la justicia” está montada para que funcione así.
    Haberlo dicho.

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