La
transmisión de mando no suele ser fácil. Pregúntenle a Biden con Trump. Esta
foto muestra una transmisión tranquila. Y lo es porque fue hecha entre personas
respetuosa a pesar de que José Luis Berasategui, a la izquierda, era el alcalde
no elegido por los ciudadanos de Bilbao. A la derecha está Jon Castañares
elegido democráticamente en 1979. Obtuvo 75.791 votos frente a Santi Brouard de
Herri Batasuna con 33.315, Adoldo Careaga deUCD, 33.187 y el batacazo de José Luis
Ibañez por el PSE con 26.888. Este candidato se las veía muy felices y
minusvaloró a Jon Castañares, ya que se había enfrentado en el pasado con la
alcaldesa de Bilbao, Pilar Careaga. El candidato del PNV con el lema “Castañares
arregla esto”, Castañares, el hombre capaz”, ganó por goleada y por una campaña
magnífica.
Jon
Castañares con once años fue uno de los “niños de la guerra” que fue a Londres,
era economista y puso en limpio unas cuentas de un Bilbao en bancarrota. No
tenía un duro. Bizkaia seguía castigada como “provincia traidora” y el
Concierto Económico solo funcionaba en Araba y el Convenio en Navarra. La
recuperación medioambiental de la Ría de Bilbao comenzó bajo su mandato.
José
Luis Berasategui por su parte era un bilbaíno, intendente mercantil que había
participado en la creación de la facultad de Ciencias Económicas. En la guerra
había resultado gravemente herido en las Filas del Tercio carlista de Lácar. Fue
alcalde de 1975 a 1979.
Desde
dos mundos distintos, los dos sabían bien que Bilbao necesitaba una
remodelación de arriba abajo. La fotografía es amable y conviene resaltar el
fair play que existió en aquel relevo.
El
Bilbao de hoy nada tiene que ver con el de 1979 pero es bueno recordar desde
cuando se produce el cambio y quienes lo han hecho.
Esta fotografía me la
envió J. M. Esparza diciéndome que es de las Emakumes de Leitza. Es muy bonita
foto. Preciosa. Demostrativa de la presencia del EAJ-PNV desde hace más de 117
años en el viejo reino. Incluso antes ya que Sabino Arana estuvo en la Gamazada,
en Castejón recibiendo a los diputados navarros en 1894.
Nuestro
partido cometió el inmenso error de ir en 1977 en las elecciones del 15 de
junio formando parte de una candidatura que se llamaba Unión Autonomista
Navarra (UAN). No sacamos ni un diputado. La memoria recordaba al PNV, no a una
plataforma heterogénea, donde primaba ESB. Si salió D. Manuel de Irujo para el
Senado donde fuimos con el PSOE y ESEI en el Frente Autonómico. Tras aquel
fracaso no sacamos nuestra sigla histórica hasta 1982, años en los que UPN
ocupó parte del espacio jeltzale. Por su parte, Telesforo Monzón con su Marcha
por la Libertad, hizo el resto. Asustó al navarro medio mientras ETA
acrecentaba sus atentados. Decisiones de esta índole se pagan. Lo recordó José
Antonio Urbiola cuando recordamos el aniversario de la salida del PNV de la
clandestinidad.
Este sábado
Uxue Barkos saca a la palestra Geroa Social Verde. Unai Hualde, el
presidente del Napar Buru Batzar y del Parlamento navarro recordaba en Radio
Euzkadi el largo historial del PNV en Navarra y apuntaba la inconveniencia de
que este nuevo partido utilice el nombre de Geroa porque induce a confusión. Geroa
Bai gobierna hoy con éxito en Navarra formando una plataforma con varios
partidos e independientes donde está el EAJ-PNV. Uxue Barkos no ha tenido a
bien considerar lo que le ha propuesto el PNV. Y es una pena, porque
todas las iniciativas en Navarra tienen que sumar y hasta ahora la fórmula
Geroa Bai había sido una fórmula de éxito. Ojalá la siga siendo. Pero no es
bueno tensar la cuerda entre colaboradores. Nadie por otra parte ha puesto en
cuestión el liderazgo de la ex presidenta del Gobierno de Navarra.
Vuelvo a la
fotografía. Me gusta. Ojalá en Leitza y en toda Navarra el EAJ-PNV ocupe el
espacio que debe ocupar en virtud de su historia y de su oferta que asimismo es
social verde, vasca y progresista.
En la fotografía vemos en el Centro Vasco de Caracas al pelotari de Mutriku, Satur Barrenetxea, muy asiduo los fines de semana al Centro y que solía hacer de juez en las series de Jai Alai. En el centro está Martín de Ugalde, Presidente del Centro Vasco de Caracas. El señor de la derecha no sé quien es.
Tuve la suerte de conocer a Martin Ugalde, el ilustre escritor y la
ilustre personalidad vasca de Andoain. Exiliado
con su familia en Venezuela fue el primer presidente de Euzko Gaztedi del
Centro Vasco de Caracas, representación que ocupé asimismo pero veinte años
después. Y hablamos mucho de aquellos años. Gran escritor, gran periodista, militante
del euskera, Consejero del Gobierno Vasco en el exilio en junio de 1983 le tocó, en nombre de los
exiliados vascos, hablar en una reunión en Euba (Bizkaia). No lo pudo hacer y
envió sus reflexiones que he encontrado estos días y que me place
reproducirlas. Son éstas:
“He solido mencionar el hecho de la
existencia de dos exilios: el exterior y
el interior. Es difícil generalizar y medir comparativamente su dureza; estoy
seguro que a cada cual le ha sido duro el suyo y ¡le basta!, tan duro es morir
de este dolor de sentirse un extraño en su propia casa como caer en el camino
de regreso sin llegar al reposo de su tierra.
Pero el
exilio resultó más esperanzador dentro y fuera gracias a las instituciones
políticas de nuestro país.
En el día
en que estamos rindiendo un homenaje de agradecimiento a la andereño,
que quiere abarcar a todas aquellas jóvenes que estaban al servicio de
lo más inocente y desprotegido de nuestro pueblo en una guerra que se le impuso
brutalmente, quiero recordar el hecho de que ninguna de estas instituciones de
atención social y de dirección política después, de aliento político, que
funcionaron sin respiro, muchas veces sin esperanza, algunas en momentos de
gran desaliento, sin esta responsabilidad que los hombres que dirigieron la
vida vasca no hubieran sabido afrontar con decisión, con valentía y también con
un ejemplar sentido de la responsabilidad política y patriótica.
Ha habido
otros pueblos que en el mismo exilio tuvieron Gobierno y sin embargo, no
acertaron a resolver estas dificultades.
Y no sólo
a ésta de la atención de sus compatriotas, dentro y fuera del país, sino que
extremaron su generosidad y su trabajo responsable al representar a nuestro
pueblo en las más altas instancias políticas en Europa y América con un sentido
de responsabilidad, de acierto, que nos ha venido enorgulleciendo a todos los
vascos. Este es el capital de prestigio que el Gobierno vasco supo ganar y
mantener en las condiciones políticas más adversas. Este pueblo que
representaron supo responder después ofreciéndole su colaboración espontánea;
con su dinero los que podían hacerlo, y su apoyo político en todos los campos
del trabajo y la conducta de los vascos, en el exterior y el interior, para dar
al mundo la imagen del Gobierno con pueblo y pueblo con Gobierno, que se ha
venido reconociendo por propios y extraños durante estos largos y terribles
años de desierto político que tuvieron que atravesar nuestros hombres, con
algunos que han ido quedando en el camino, como el primer lehendakari que
tuvimos los vascos: José Antonio de Agirre, como Javier de Landaburu, como Manuel de Irujo, como Rezola, Ciaurriz, Aznar, Monzón, Juan «Gracia,
Eliodoro de la Torre, Alfredo de Espinosa, Juan de los Toyos, José M.a
Lasarte, y que saludamos hoy en los que los sobreviven, como Gonzalo Nardiz, Astigarribia,
y el segundo lehendakari del Gobierno: Jesús M.a de Leizaola.
Hasta lograr entroncar institucionalmente aquel primer Gobierno de
Euzkadi con éste presidido hoy por Carlos Garaikoetxea. Esta hazaña es vasca.
Y es porque nuestro pueblo ha sabido apreciar y sentir el valor de las
instituciones políticas como el camino de andar los pueblos sin ruptura, con
responsabilidad.
He pensado muchas veces que el exilio de los carlistas vascos, después
de cada una de las dos derrotas militares, fue mucho más amargo que el nuestro,
porque estos vascos carecieron de las instituciones vascas que se responsabilizaran
de su suerte, que les marcara un norte capaz de convertir la derrota en sólo
una batalla perdida.
Así, con este ejemplo fácil de aplicar para observar la diferencia
entre dos momentos vascos importantes, me
resulta honroso decir, con los exiliados que estamos agradecidos a nuestras
instituciones políticas y de Gobierno que supieron cumplir tan dignamente con
su deber con su promesa de servir al pueblo que supo confiar en ellas”.
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