Estudio concienzudo de la promisología política

Viernes 10 de julio de 2020

Un grupo de estudiantes de la UPV-EHU aca­ba de concluir un extenso e intenso estudio de esa nueva ciencia —o tal vez simplemente ar­te— que se ha instalado en Euzkadi y que ellos llaman promisología. Es la ciencia, el arte, la destreza, de hacer promesas electorales sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, ni mucho menos decir cómo se podrían pagar sus ofertas. Si Winston Churchill prometió “Sangre, Sudor y Lágrimas”, estos ofrecen el oro, el moro, mucho incienso y mucha mirra gratis et amore. El micrófono lo aguanta todo.

La tesis tiene un título muy largo: “Ana­tomía y Fisiología del Fenómeno de la Pro­misología en sus Relaciones con la Ética Inestable”. El “research» es extraordinario… Han recopilado todas las promesas que han hecho los  candidatos durante la campa­ña y han llegado a conclusiones devastadoras. Las Sras. Iriarte y Gorrotxategi, como es natural, van  a la cabeza de ellas. Los estudiantes han reunido nada menos que 2.456 promesas. ¡Fabuloso!.  A mucha distancia se encuentra con solo una el pobre Carlos Iturgaiz, un candidato rodeado de paracaidistas de la meseta que no suele abrir la boca para prometer nada salvo que con él, la España del Cid Campeador no se romperá nunca. El Sr. Becerra ha hecho 245 promesas. Mendia  anda por las 678. Los del Pacma  tienen  453 y Urkullu un librote de casi 500 páginas. Lo malo, para los opositores de Urkullu, es que este irá a los plenos con su tomazo para decirles, raca raca, a los del Frente Popular de que manera está  cumpliendo sus promesas y el presupuesto para hacerlo de donde lo saca. Ya estoy viéndole a Casanova (que es el que manda) levantando la mano y pidiendo la palabra.

En la abultada tesis sociológica aparecen reseñadas todas las promesas. Faltan las del sindicalismo jurásico, pero estos no se presentan a las elecciones. Lo de ellos es la pancarta, la huelga por la huelga, no ir a las reuniones y los piquetes en la calle. Hay también algunos candidatos que no se han tomado el trabajo de prometer nada. No porque no sean serios sino porque saben que son candidatos de atrezzo.

Ahora bien, ¿qué es eso de la ética ines­table?. La conclusión  que sacan los estudiantes es sencilla: mientras más promesas hace un candidato, menos calidad política tiene, menos experiencia, más de­ficiente es en  su ética política y en su conocimiento del medio. Es decir, está mintiendo al electorado. Le está  tomando por el pito de un sereno.

Eso es correcto. La promisología, o lo que podríamos llamar la promisofilia, está en razón directa a la desesperación del candidato. Como se ve perdida/o lo promete todo. “¡Ahí me las den todas!”, dicen enfáticos desde el tingladillo callejero  mientras Arkaitz Rodríguez levanta el puño y Carmen Garrido aplaude entusiasta a la nueva Rosa de Luxemburgo vasca.

En el caso de Urkullu lo que se ve es una cierta promisofobia, odio a las promesas insustanciales y gabonarabakas. Urkullu  parte de un principio rígido: hay que cumplir y yo no prometo lo que no voy a poder cumplir. Y yo no puedo decir que haré esto y lo otro si no digo como se va a pagar. Eso  es bueno. Está dentro de los lineamientos de su temperamento. Es un hombre serio y riguroso que opera men­talmente dentro de unas coordenadas mora­les inflexibles. Se respeta a sí mismo y respe­ta a sus conciudadanos. «Mejor es quedarme corto que pasarme de rosca”, podría decir. Es como los que te invitan  a chiquitos  y pagas  la ronda tú, aunque Urkullu solo beba agua.

Ahora bien, en este vasto océano de prome­sas hay algo que no se ve. Ninguno de ellos ha dicho lo que va a hacer si pierde la presiden­cia. Mucho menos Maddalen Iriarte a la que le ha encantado le llamen Lehendakari.

Gorrotxategi, a quien todos le hacen la pregunta porque se le ve el perfil de perdedora, se niega a responder. «Yo voy a ganar de todas mane­ras, no me haga esa pregunta”. ”Yo en esta campaña  he sembrado la semilla del Frente Popular vasco-español y eso en si ya es una gran victoria, aunque me quede en chasis” suele decir bastante enfadada y eso que le gusta la mermelada de naranja. Es una respuesta que a Pablo Iglesias le gusta mucho. Mucho más a Monedero que se ha pasado la campaña poniendo pringando al PNV.

Nadie le pregunta a Urkullu lo que va a ha­cer si pierde. Primero, porque se estima que no va a perder. Y segundo porque hay un ingrediente racional en Urkullu  que permite suponer que si pierde se quedará tan tranquilo en su casa de Durango. Ya de hecho, hace tiempo que no vive en Ajuria Enea como le pirraría hacerlo a  Maddalen y a Gorrotategi. Lo primero que harían sería quitar  los cuadros de Aguirre y pondrían los del Che y de Mao ¡Menudos  saraos revolucionarios organizarían!. ¡Le invitarían hasta a Maduro a la toma de posesión en Gernika!. En resumen. Iriarte y Gorrotxategi son como Cristóbal Colón que cuando salió no sabía a donde iba, cuando llegó no sabía donde estaba, cuando volvió, no sabía de donde volvía y además lo hizo con el dinero de los demás. Amén.

Los indecisos

Jueves 9 de julio de 2020

En un electorado de menos de dos  millones y pico, una pequeñez que va menguando de elección a elección y va a menos, no llega al veinte por ciento el sufragante adscrito a un partido político. La gran mayoría de los vascos son  Independientes y pertenecen  al llamado país nacional. No quiere decir que sus votaciones anteriores, su historia familiar y las campañas no le condiciones pero podríamos decir que ningún partido es dueño del voto de nadie. Hay que ganárselo.

Y si desde luego ha de ir a votar en base a debates encapsulados donde si tienes delante, como ha sucedido hoy, en Radio Euzkadi a un candidato como Iker mintiendo descaradamente e interrumpiendo todo el tiempo a Erkoreka manipulando la realidad, no queriendo abjurar de su sucio pasado, y haciendo  gala de una prepotencia inusitada, el ciudadano no puede ver esto con satisfacción sino con desapego.

Este tipo de debates en los que no te aclaras de nada, echan para atrás. Y es que para jugar, tener juego y meter goles necesitas jugadores disciplinados, limpios y bien intencionados. Lo demás es muy frustante. Cuando el Lehendakari dice que no va a haber recortes y Maddalen Iriarte y Casanova   dicen lo contrario, el espectador se queda confundido porque uno no miente y el otro sí. Y tú te tienes que fiar de la credibilidad de los emisores. Ocurrió  con la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia  del País Vasco en relación con el comportamiento de Osakidetza  que es  clarísima y ETB te la manipuló, hecho que les ha servido a los de Bildu para machacar al PNV.

Esa mayoría silenciosa que no participa en la lucha política, que trabaja, estudia, produce, piensa y se preocupa del destino de Euzkadi, pero que no tiene un carnet de partido, es la que votará el domingo 12. En este vasto sector hay más de un tercio de electores, que siguen el curso de la campaña electoral, leen diarios, oyen la radio y ven con frecuencia la televisión. Euzkadi  es un país moderno en sus medios de comunicación social aunque su televisión pública está muy condicionada por unos informativos de tendencia izquierdista. No hay causa marginal que no tenga espacios que para sí quisieran otros asuntos de enjundia.

Hasta el más primario baserritarra o arrantzale, que ya no quedan, en los más apartados rincones de Euzkadi, escucha las noticias y los programas políticos en sus móviles y transistores. Nuestra democracia representativa es conocida  por su alto grado de participación popular. Los ín­dices de abstención son relativamente  bajos,  en los resultados electorales. Ni en los Estados Unidos, ni en Gran Bretaña, ni en Francia, ni en Italia, ni en la España del año pasado el electorado  se movilizan t de la misma manera en los procesos electorales y ejercen el derecho de sufragio como en Euzkadi. De ese hecho sociológico y político de­bemos estar algo satisfechos porque no es lo habitual. Aquí la elección delos distintos parlamentos, incluyendo el europeo  es un plebiscito y a nadie se le ha ocurrido hasta ahora impugnar un resultado electoral por la presun­ta comisión de fraude y de irregularidades. Es el más rele­vante atributo social del sistema institucional vasco.

Es obvio que entre los millones de electores del país nacional exista un porcentaje de votantes indecisos. ¿Por qué siempre ha habido indecisos en nuestros procesos elec­torales?. Conozco el caso de algunos indecisos. Es una cues­tión de psicología colectiva y de psicología personal. No todos vemos con claridad la perspectiva política. Hay in­decisos porque no les satisface el sistema político o porque consideran imperfectas las campañas, las ofertas, la no discusión de los programas, la animadversión a los candidatos aunque no a la idea que defienden, o no  les gusta el régimen de  listas o planchas cerradas o no quieren verse arrastradas por la propaganda de los partidos

Es el caso también del aldeando, que citaba Unamuno en tiempos de la República espa­ñola, que manda en su libre albedrio y quiere ir contra la corriente. Además, en la sociología lvasca el individualismo es una altiva herencia  de otras luchas de una idiosincrasia particular. No voto porque no me da la gana. Hay que colocar al indeciso en ese vasto sector de electores que se deciden a última hora, des­pués de un minucioso análisis de la realidad del país y de las diversas alternativas políticas.

Pero no para insultarlo, como acaba de hacerlo la candidata de Elkarrekin Podemos diciendo que no hay derecho que un país de izquierdas vote un gobierno de derechas. No deja de ser una frase propia de una cabeza vacía, pero repetida varias veces en televisión quizás haga duda a alguien al que la rotundidad de la señora puede epatar.  Fue una apreciación ligera y peyorativa de Gorrotxategi con respecto a las personas que no han querido expresar en las encuestas por quién van a votar. Es como un severo reproche al portador del secreto del voto, que es una garantía constitucional; y es también una calificación despectiva de un importante sector electoral que no milita en partidos, ni participa activamente en la política, pero que vota como un buen ciudadano.

La experiencia democrática enseña —a través de nues­tros procesos electorales desde 1977— que el indeciso vota por el mejor candidato, por el aspirante presidencial que merece mayor confianza, por el líder que otorga mayores garantías de estabilidad, desarrollo y progreso. No vota por agradecimiento sino busca seguridad, futuro, seriedad y a veces vota esperanzado ante unas promesas que las considera posibles de ejecutar.

El  triunfalismo de Bildu  ha llevado a su candidata a des­deñar e insultar a los Indecisos. Mientras Urkullu y Ortuzar tratan de convencer a los indecisos atrayéndolos con argumentos  con razones válidas; mientras Urkullu  lo respeta en un fuero interno y le des­pierta motivaciones importantes, las candidatas de Bildu, Podemos y el del PP no lo toman en cuenta y se dirigen a ellos como si fueran parvulitos. El indeciso es tan importante que su voto va a decidir los comicios del próximo 12 de julio. El indeciso vo­tará por el EAJ-PNV en alta proporción porque no quiere un cambio político incierto, radical y  tenebroso  porque no quiere ver gentes sin experiencia tratando de experimentar y jugar con fuego cuando la situación económica es la que es. Su fracaso estratégico de los años de la salida de la dictadura a la democracia nos dice que siguen sin ser creíbles ni como gestores ni como políticos. La gente anhela ver normalizada la economía y el empleo, a través de un ré­gimen serio y responsable, encabezado por un gobierno de coalición como el que hemos tenido pero con mayoría absoluta.

La gran diferencia entre un debate español y un debate vasco

Miércoles 8 de julio de 2020

“Tengo una idea” dijo en 1992 Craig Smith cuando los responsables de la campaña de Bill Clinton se estrujaban el cerebro para encontrar la forma de sacar rentabilidad electoral a la negativa de George Bush padre a participar en un debate televisivo en Michigan. La idea era sacar una persona disfrazada de gallina a la calle para hacer evidente el mensaje de que el presidente tenía miedo de Clinton. ”Como la cosa funcionó en Michigan en los días siguientes llenamos de gallinas todos los mítines republicanos del país”.

Eso ha cambiado y ahora en USA los debates previos son de todos contra todos y en campaña de los dos candidatos principales. En España, siendo una “monarquía parlamentaria” se excluye de los debates “grandes” a los partidos periféricos en los medios públicos, aunque luego en la legislatura sacan adelante la investidura y leyes gracias a esos “despreciables” periféricos.

Los debates de los “grandes” son con amplia trompetería, llegada del coche, recibimiento de todos los directivos de la televisión, declaraciones, asesores que están con el jefe en el atril, descanso y mucha parafernalia antes y después. Todo esto sin olvidar que la Sexta es la que marca la pauta y apuesta por la victoria de unos de los candidatos y sus imágenes se te meten en casa sin que tú les des permiso. No se ha llegado al caso de las gallinas del equipo Clinton pero podía haberse llegado en el pasado porque a ningún candidato ganador le interesa  caer en el riesgo de cometer alguna pifia cuando todos los boletos le dan a él como subidor del podio. Un candidato ganador siempre tiene algo que perder frente al segundo que siempre tiene algo que ganar.

En Euzkadi vimos el debate de ETB  ayer. Todo muy sobrio, bien orquestado, los tiempos tasados, con un debate en euskera y otro en castellano, y mucha formalidad y una buena dirección de García  Ramsden. El país avanza. Solo se echa de menos debates cruzados. Me hubiera gustado un debate entre Urkullu e Iriarte sobre todo lo que nos jugamos para que con datos el lehendakari hubiera desmontado todas las falacias de una señora insegura cuando le sacas del tópico, de la consigna y de la descalificación al PNV.

Lo mismo con Miren Gorrotxategi (sin EGI para no molestarle con EGI) que es un peso pluma de la política vasca y que le faltan tablas y datos, aunque la muy osada se atribuyó el éxito de la RGI, una iniciativa de Arrieta que lleva funcionando 31 años.

Iturgaiz está muy desentrenado de debates de este tipo y como ya no tiene a ETA ha de sacar de la  plaza de la Cibeles argumentos que aquí no cuelan o gráficos hechos por la factoría de Genova 13 para demostrar que el lehendakari tardó seis días en visitar el vertedero de Zaldibar. Todo muy prefabricado para tapar los agujeros de una argumentación cansina, débil y dirigida a los ciudadanos de Albacete. Me consta que gentes que votaban al PP lo harán por Urkullu ante la caricatura de candidato que tienen. Y todo es bueno para el convento.

José Ramón Becerra tuvo su minuto de gloria en ese debate donde perdió la oportunidad de desmarcarse de Elkarrekin  Podemos, partido que les ha dado la patada. Sabemos que es uno de los verdes pero no marcó bien su terreno. Fue uno de los que votó en contra de los presupuestos de Urkullu. Becerra estuvo demasiado  educado y generalista  aunque sería muy bueno que sacara su acta de parlamentario. Me parece que con sus planteamientos  constructivos puede hacer mucho más que con la dispersión y el trueno de la Sra. Gorrotxategi que como le dijo el Lehendakari se entera de muy poco.

Idoia Mendia no estuvo muy  entusiasta con la defensa de lo hecho en estos últimos cuatro años por los consejeros socialistas para que no le digan que votar al PSE es votar al PNV pero le puso a Iturgaiz en su sitio a la hora de hablar de identidades y de víctimas que el candidato del PP, al que se le juntan los platinos al hablar, le soltó de manera demasiado fresca.

El formato de debate vasco a diferencia de los debates españoles son de todos contra todos, sin medios privados que pudieran haber organizado debates sectoriales que hubieran sido del mayor interés. En un debate de este tipo el candidato del PNV se convierte en el Gary Grant de “Solo ante el peligro” o en el Hombre Orquesta que tiene que responder a todo, tocar todo, explicar todo y desmontar todas las manipulaciones. Fue lo que le tocó hacer ayer a Urkullu.

Urkullu ha cogido muchas tablas, tiene toda la información del mundo, apabulla a datos, es difícil cogerle en renuncio, tiene credibilidad y lo hizo como Belmonte que paraba, templaba y mandaba. Solo le faltó decir que la manipulación ante los datos de la sentencia del TSJPV sobre las denuncias contra Osakidetza la gente no tiene la misma percepción que defendió con razón y datos o por culpa de una ETB que manipuló la información como lo hizo con todo lo que se refiere a Zaldibar. Urkullu ha sido víctima constante de la desinformación de un medio público que ha ido dando munición a la oposición con sus manipulaciones, pero lo aclaró bien y a pesar de tener todo en contra va a ganar el domingo.

Lo que si me pareció prescindible fue el debate posterior con cuatro analistas y no por la calidad de los mismos, que la tienen y sobrada, sino porque después de un debate de esa entidad ¿a qué venía poner en solfa lo que decían unos y otros?. Para eso está el telespectador que no es un niño de párvulos para hacer su propia reflexión y actuar en consecuencia. Esa muleta puesta frisando la madrugada y en un ente público sobraba. A pesar de ello me quedé escuchándola porque algunos dijeron cosas de interés.

Un debate no gana una campaña, pero un mal debate te puede hacer perder una elección.