Domingo 11 de enero de 2026
El abogado brasileño Felipe Hasson, especialista en Derecho internacional, ha compartido su opinión sobre la intervención norteamericana en Venezuela.
Vale la pena leerla.
Muchas personas me preguntan mi opinión sobre la cuestión de los EE. UU. y Venezuela, como profesor de derecho internacional que vive hace 10 años en los EE. UU.. En lugar de responder uno por uno, decidí poner aquí lo que pienso. Para quien tenga interés y paciencia para leer, aquí va.
Mi opinión es que el debate sobre Venezuela ha sido secuestrado por una lectura selectiva —y profundamente hipócrita— del derecho internacional. Se invoca la «soberanía», la «no intervención» y el «orden jurídico internacional» como si estos conceptos existieran para proteger a los gobiernos, y no a las personas. Como si la soberanía estatal fuera un escudo moral absoluto, capaz de justificar el hambre, la persecución, la tortura, el exilio masivo y la supresión completa de la voluntad popular. No lo es.
La soberanía no es un fin en sí misma; nunca lo fue. Es un instrumento funcional, condicionado al cumplimiento mínimo de los deberes del Estado para con su población. Cuando un régimen transforma a su propio pueblo en rehén —empobrece deliberadamente a la sociedad, destruye instituciones, persigue opositores, defrauda elecciones y elimina cualquier posibilidad real de alternancia de poder—, ese régimen pierde la legitimidad que da sentido a la soberanía que alega defender.
El derecho a la vida, a la dignidad humana y a la autodeterminación de los pueblos no son «valores occidentales» opcionales ni retórica política. Son normas centrales del orden jurídico internacional contemporáneo. Un gobierno que viola sistemáticamente estos derechos no puede exigir que el mundo cierre los ojos en nombre de una abstracción jurídica conveniente.
Venezuela no es un caso de «divergencia ideológica»; es una tragedia humanitaria. Millones de personas se han visto obligadas a dejar el país. Las que se quedaron conviven con la escasez, la represión y el miedo. No hay elecciones libres. No hay prensa independiente. No hay un Poder Judicial autónomo. No hay canales internos efectivos para que el pueblo se libere por su propia cuenta. Defender que ese pueblo «resuelva solo» su situación es, en la práctica, defender la perpetuación del sufrimiento.
Por eso, la ayuda externa —incluida la militar, cuando sea necesaria para proteger vidas y no regímenes— no es una violación moral del derecho internacional. Es la afirmación de su núcleo ético. La comunidad internacional existe precisamente para evitar que se cometan atrocidades detrás de fronteras convenientemente cerradas.
La reacción de muchos venezolanos deja esto claro. Mientras comentaristas extranjeros, cómodamente distantes, condenan las intervenciones en nombre de una soberanía abstracta, quienes viven la desesperación real celebran. Celebran porque ven una oportunidad concreta de liberación. Celebran porque saben que el «respeto a la soberanía» fue, durante años, la excusa perfecta para la inercia internacional.
El paralelo histórico es inevitable. Si en la Europa de los años 1940 las potencias hubieran decidido no liberar los campos de concentración para respetar la soberanía alemana, hoy esa omisión sería recordada como complicidad. Ningún orden jurídico serio puede exigir neutralidad ante crímenes masivos contra la propia población.
Invocar el derecho internacional para defender a dictadores es una perversión intelectual. Es transformar un sistema creado para proteger a los seres humanos en un argumento de conveniencia para proteger a los opresores. No hay nada de progresista en ello. No hay nada de humanista. Solo hay el consuelo moral de quien nunca ha tenido que elegir entre soberanía y supervivencia.
El derecho internacional no existe para blindar regímenes autoritarios. Existe para recordar que ningún gobierno —absolutamente ninguno— tiene el derecho de destruir a su propio pueblo en paz.
Otro argumento recurrente —e intelectualmente perezoso— es el de que la intervención no sería «humanitaria», sino movida por intereses económicos. Aunque existan intereses estratégicos o económicos —como casi siempre han existido en cualquier acción relevante en la política internacional—, eso no invalida, ni de lejos, la legitimidad moral del resultado cuando este atiende a una demanda real y explícita del propio pueblo oprimido.
El criterio central no es la pureza de las motivaciones externas, sino la realidad vivida internamente. Y esa realidad es inequívoca: los venezolanos, en su mayoría, celebran y apoyan la intervención porque saben quién es el verdadero agresor. Fue el propio régimen dictatorial el que, al elegir preservar el poder a costa del hambre, de la represión y de la destrucción social, abrió la puerta a una respuesta externa.
Cuando un gobierno ataca sistemáticamente a su propio pueblo, él mismo elimina cualquier autoridad moral para cuestionar los motivos de quien interviene para poner fin a ese sufrimiento. En este escenario, incluso una acción impulsada por intereses no exclusivamente humanitarios se vuelve necesaria, legítima y moralmente correcta, porque la alternativa concreta sería la continuidad de la opresión.
Por lo tanto, la fundamentación de aquellos que colocan la ideología por encima de todo —y que después rebuscan en el derecho internacional frases, conceptos y principios que sirvan a la respuesta que ya decidieron dar— es, como mínimo, lamentable. No es una defensa seria de la legalidad internacional, sino un ejercicio de cinismo selectivo, hecho a la distancia y sin ninguna empatía por quien vive el colapso en carne propia. Cuando la ideología viene antes del ser humano y la soberanía es invocada para justificar la miseria, el derecho deja de ser instrumento de justicia y pasa a ser apenas retórica vacía al servicio de la indiferencia.
*Felipe Hasson*
Global Attorney | Ph.D, M.Sc, LLM, FCIArb


Iñaki, una pregunta, si Trump acepta la propuesta de Repsol, cuántos puestos de trabajo se crearían? Habrá merecido, entonces, «besarle el culo» a la zanahoria bailona o no? . Mejor así que el «bailoteo en alegre biribilkea»que se marcaron alguno/algunas, dejando el país como lo dejaron, y eso ha sido anteayer mismo. Ojalá medre la propuesta de Repsol ( que no de Imaz) y podamos ver el resurgimiento de un gran país, porque se lo merecen. Agur.
kaixo Iñaki, no seré yo sospechoso de alimentar o apoyar la dictadura venezolana. Pero, si puedo decirte que la ley del más fuerte, a veces parece que va bien, pero otras no.
Sí imagina que Trump restaura la democracia en Venezuela, en lugar de ser él quien dice ser ahora presidente de Venezuela. Imagina que no ha ido a por el gas y petróleo. Imagina que instaura la democracia en Irán (donde tampoco seré sospechoso de defender el islamismo como modo de vida, de gobierno y de castigo)
pero Iñaki, mañana Trump decide invadir Groenlandia y que decimos? Mañana Putin dice que Bulgaria también tiene que invadir y que decimos? Y si China invade Taiwan y Corea del Sur?
Es decir, que no te discutiré la crueldad y la dictadura de muchos estados, y cuanto más comunistas son, generalmente, más crueles son. Tampoco los Ayatolás religiosos me van un pelo. Y es verdad, que surge siempre una pregunta, no hay una fuerza internacional que pueda instaurar las democracias? pero las respuestas son confusas, quien es esa fuerza internacional? está de acuerdo el mundo en esto?
Y si mañana Abascal y Ayuso deciden quitar la autonomía a Euskadi por sus santos huevos y lo que tenga la Srta Ayuso? es decir, que el empleo de la fuerza, no es una buena consejera.
Te puede gustar o no mi opinión, y sabes que te aprecio. pero es coherente con mi vida y pensamiento.
Me ciño a Venezuela.Con Groenlandia no hará nada. Y que te parece que acabe en Iran con una dictadura tan feroz?.Pue es más grave lo de Venezuela.
Que yo sepa no le besó nbada. Le invitan y va. Tenía que ir. Y si restituuye la industria petrolera en Venezuela,además dela spetroleras y de él mismo ,quien sale ganando es el ciudadano venezolano. Es que la alternativa era regalarlo a Cuba ,venderlo alos chinos y rusos que esos no te dan nada por nada.Se te meten en casa.
Si, si. Lo han dicho. Parodiando de forma burlesca el saludo y la presentación. Yo le vi como tenía que estar. Correcto y sabiendo lo que quiere .
Parece que Europa empieza a sentir ( al margen de su capacidad de defensa) en sus propias carnes, lo que sentían los pueblos que colonizaron por todo el mundo, y a lo largo de los siglos.
María Corinna ha entregado al emperador su medalla del Nóbel de la Paz.
Me parece de una indignidad y un servilismo galopantes.
Creo que la Academia Sueca debería elimimar ya esta categoría de sus premios y nos evitamos historias (la paradoja es que Suecia va a enviar soldados ante la amenaza de invasión militar que supone quien ahora tiene en su casa el Nobel).
Larry.Demuestra que es una señora lista y que la democracia en Venezuela pasa por la presión que este loco le haga a tu admirada hiena,Delcy Rodriguez. Y le hace la pelota como tu se la haces a Maduro y al chavismo. Esta señora está perseguida y el Comité del Premio NObel se lo ha dado tras estudiar sus méritos. Les voy a decir te lo den a ti.
No pensaba volver sobre el tema, pero el gesto de Corina Machado entregándole el Nobel a Trump no tiene nombre.
No era de ella, dijo que el premio era de «los millones de venezolanos que arriesgaron».
Decidió que todos estarían de acuerdo. No se que hará la oposición ante este comportamiento.
Mientras lo entregaba, el director de la CIA se entrevistaba con Rodriguez, para seguir acordando.
Hasta cuando la oposición venezolana va a seguir justificando a Trump???
Hasta donde la humillación????
Medio mundo está contra Trump, y creo que es ahí donde deberían estar, y trabajar para asegurarse una próximas elecciones justas.
La Academia Sueca se cabrea, se les avisó pero hace tiempo que toman decisiones difíciles de justificar, y como se dice «recoges lo que siembras.»
Joe Rogan es un famoso podcaster de EEUU, su programa se ha mantenido numero 1 en las listas de Spotify con 20´.6 millones de suscriptores en You Tube.
Tiene otros 20 millones de seguidores en Instagram.
Joe Rogan apoyó a Trump en la últimas elecciones, y acaba de comparar a la ICE con la Gestapo.
Rogan es parte de un circulo de Podcasters conservadores, que hicieron campaña por Trump. Ahora muchos han cambiado de opinión.
Nadie va a parar a Trump desde fuera, o es desde dentro o vamos jodidos.
Su deriva cada vez se parece mas a la de cualquier dictador.
No respeta los cargos institucionales, el último el presidente de la Reserva Federal.
Cierra bibliotecas o requisa libros, uno de ellos Cien Años de Soledad.
Amenaza públicamente y actúa contra periódicos y periodistas.
Reprime con muerte a sus propios compatriotas.
Cárceles para personas sin delitos.
Se huelen que pretende cambiar la constitución para seguir gobernando.
Intentó un golpe de estado cuando perdió las elecciones.
Crea una policía paralela la ICE, armada hasta los dientes que mata con la impunidad que le da Trump.
Envía al ejercito a los estados demócratas y amenaza a sus gobernadores……..
Igual nos llevamos una sorpresa con su decisión con Maduro, lo digo por lo de «Dios los cría………