Domingo 27 de septiembre de 2026
Joseba Díez Antxustegi
Salvo esos días previos en los que un grupo de voluntarios y voluntarias da lo más valioso que tiene, su tiempo, para que todo salga perfecto (eskerrik asko danoi!), puedes ir cualquier otro día del año y no verás nada. Una campa donde campa, preciosa, la calma. Tierra, cultivo y un molino mudo. Y el silencio del campo: un perro ladrador, el sigilo del río Zaia, el murmullo acompasado de las hojas de los árboles enfilados y apretujados al fondo y, de cuando en cuando, el brum, brum del tractor que manda callar a todos. No verás ni escucharás nada más. Y, sin embargo, esa campa de Foronda está llena; llena de un día que dura todo el año.
El primer abrazo en Aralar
En 1977 yo no estaba. Pero el Alderdi Eguna de San Miguel de Aralar (patrón de Euskadi), el primero, tuvo que ser increíblemente emotivo. Así lo recuerdan aún. Y basta tener presente el momento histórico para imaginarse, y acercarse a sentir, lo que fue. La idea se la trajo Iñaki Anasagasti de Venezuela. Le inspiraron los encuentros que realizaban los partidos venezolanos AD y Copei en el parque de los Caobos de Caracas. Un día al año, el parque se llenaba de música, besos, alegría, abrazos, asados y política en un ambiente de partido familiar. La fiesta duraba un día; su efecto, todo el año.
Esa fue la propuesta de Anasagasti al EBB: un día para reunir a la gran familia de EAJ-PNV. Al Euskadi Buru Batzar le pareció una buena idea, así que el último domingo de septiembre de 1977 se reencontraron en Aralar, como hacía demasiado tiempo que no les dejaban, todo el cuerpo del Partido, exiliados que volvían a casa tras demasiado tiempo en el destierro, gudaris, aitites, amamas, jóvenes, todos deseosos de un futuro mejor, de una Euskadi libre capaz de decidir su propio futuro… El momento, la necesidad humana de sentirse, abrazarse, contarse, reír y compartir el sueño de esa nueva Patria, hizo el resto.
Dicen que no es sencillo encontrar las palabras que recreen el ambiente de ese día en su exactitud conmovedora. Que todas y todos los que subieron a Aralar esa mañana bajaron por la tarde siendo distintos. Otros y otras. Seguramente más felices, más convencidos y convencidas de no estar tan solos, de ser parte de algo mucho más grande, una gran familia dispuesta a defender junta la libertad y la identidad que les habían arrebatado y volvían a abrazar con la misma fuerza y necesidad con la que abrazaban a los viejos amigos.
El Alderdi Eguna es eso: un gran abrazo, el abrazo más fuerte de Europa. Y ese primer abrazo (todos esos abrazos) de 1977 es el hilván que une todos los Alderdi Eguna, desde Aralar a la campa de Foronda donde se posó la celebración en busca de más espacio para que cupiese tanta gente. Y tantas historias, tantos momentos imborrables por más que pase el tiempo. En esa campa he disfrutado mucho, muchísimo. Con las acampadas de los viernes; las charlas de EGI los sábados; la intensa y rica actividad política, llena de debates, charlas y tantos años de mítines de la mano del tándem Lehendakari Urkullu-Ortuzar; y, claro, con el colofón a la gran fiesta del Partido cerrando el domingo en la txosna del GBB.
Una campa llena de encuentros
Todos y todas tenemos archivados en la pupila los momentos de los Alderdi Eguna que hemos vivido, porque los Alderdis se viven. Cada uno los suyos; todos compartidos. En esa pequeña campa (porque es grande, pero se queda pequeña para acoger a la familia más grande de Euskadi) pasan cada año cosas muy grandes. Y no hay nada más grande que encontrarse con amigos y amigas (una fusión de generaciones única que nos recuerda que tenemos un gran pasado, un gran presente y un gran futuro) a las que no ves tanto como te gustaría el resto del año por lo de siempre, porque se nos olvida demasiadas veces lo realmente importante: lo bueno que es pararse, bajarse un momento de la vida y charlar un rato, o más de un rato.
Y en el Alderdi hablamos, hablamos mucho. De qué tal aita y qué tal ama, de los ‘txikis’ que ya van creciendo, del trabajo, de los estudios de las y los chavales que vienen pegando fuerte, del verano que es un vago recuerdo que no retiene ya ni la piel, que blanquea. Recordamos a los que ya no están, pero nunca nos han dejado. Y hablamos de política, claro, porque la política nunca falta en un encuentro familiar.
Discutimos de política (sí, el discuss de los ingleses que tiene que ver con analizar, debatir y contrastar), que no es otra cosa que hablar de las cosas que nos pasan, las que no nos pasan, lo que nos preocupa y, sobre todo, lo que nos hace sonreír, que si lo pensamos un poco, esos 30 segundos que dicen que son necesarios para enfriar una opinión demasiado visceral, es mucho más que lo que nos duele.
Lo que pasa es que lo que duele es siempre un actor principal en nuestra película diaria y a veces nos hace creer (unos y otros nos quieren hacer creer) que el viento nos da de cara todo el rato y no avanzamos, cuando en realidad, avanzamos, claro que avanzamos, porque todas y todos nosotros juntos seguimos empujando a diario para que Euskadi siga adelante.
Ante los que todo les parece mal, los que siempre lo ven todo peor y los que están en contra de todo, nosotros solo vamos a favor, siempre a favor. Aurrera, aurrera beti! A favor del viento. A favor de este País. A favor de lo que nos ha traído hasta aquí, de lo que somos y de lo queremos seguir siendo mañana. Atzokoan finkatuz gaur biharkoa bultzatu.
Un refugio para el presente y el futuro
El Alderdi condensa toda esa fuerza e ilusión, la de un vendaval de viento que sopla a favor, a favor de Euskadi. ¿Que tenemos retos? Sí, siempre los tendremos. Los teníamos, y mayúsculos, aquel domingo de septiembre en Aralar, los hemos tenido durante estos 50 años y los tenemos ahora que nos toca defendernos de la amenaza de los que esperan con ansia la oportunidad de destruir todo lo que tanto esfuerzo nos ha costado construir durante décadas: el autogobierno y la identidad vasca, nuestra identidad, y nuestro bienestar. Eso está en juego. El presente, pero también nuestro futuro como País.
Ante el lobo que sopla y sopla para derribar nuestra casa, nosotros ponemos enfrente los cimientos más sólidos de Europa: una democracia, un Gobierno y un partido que se muestran eficaces para resolver los problemas diarios de las personas. No solo eso, ponemos enfrente lo más valioso que tiene este País: su gente. Personas que trabajan juntas para mejorar la vida de las personas. Ese compromiso individual por el bien colectivo es nuestra gran fortaleza, lleva instalado en EAJ-PNV desde su creación y ha permanecido inalterable hasta hoy, sin titubear en los momentos más críticos que hemos vivido, sin grietas, juntos y juntas. Bat gara.
Y vamos a seguir siéndolo ahora que nos rodea la incertidumbre que provocan la inestabilidad geopolítica, económica y social del mundo y las familias, las empresas y los y las trabajadoras buscan y necesitan sentirse seguras y protegidas. Necesitan un refugio y Euskadi y EAJ-PNV lo son. Un refugio de estabilidad y bienestar para hoy, pero también para el futuro. Un refugio que cabe en una campa de Foronda. Es solo un día, es solo un abrazo, pero su fuerza dura todo el año.
Nos vemos, y nos abrazamos, en esa campa. Gora Euzkadi!


Que nuestra sociedad, sea más multiétnica, multicultural y multirreligiosa es bueno.
La diversidad es una fortaleza, no una debilidad.
El tema es como les integramos y como se integran en nuestra
cultura bilingüe y en nuestra soberanía de los territorios del conjunto de Nafarroa. En las dos vertientes de nuestro Pirineo
Occidental. 🎺🎺🎺