Lunes 5 de enero de 2026
Una de las estrategias de la Izquierda Caviar (Bildu, Sumar, Podemos, ELA y LAB) es la de poner el foco en el “imperialismo yanqui”. Nada nuevo. Y el culpable no es un terrorista de estado como Maduro sino el sicópata de Donald Trump. Puestos a elegir y con los dedos en la nariz me quedo con el segundo, que tiene fecha de caducidad. Pero insisto, el problema es Maduro, no Trump y aunque no esté de acuerdo con injerencia alguna éste macarra de Maduro tenía pinta que iba a acabar como Franco en la cama de no haberse producido el 3 de enero.
Y está muy bien hablar de la legalidad internacional olvidando lo que acaba de hacer Sánchez con el Sáhara y mirar al techo sobre la legalidad democrática venezolana argumentos vacíos que llena las tertulias.
Este lunes, salvo el acertado análisis de Lurdes Pérez, oírle en Radio Euzkadi al fanático bildutarra Jonatan Martínez defender a Putin y criticar a Trump o a Juanjo Álvarez hacer un discurso absolutamente vacío sobre la legalidad internacional y a la periodista conductora del programa actuar con la exquisita equidistancia de los elegidos para opinar desde el sofá obviando el inmensísimo dolor venezolano y olvidando a los dos bilbaínos encarcelados o al asesinado Gaizka Etxearte, sulfura y mucho sobre todo, no a mí, sino a los 40.000 venezolanos que viven por nuestros lares porque el maravilloso chavismo ha arruinado un país riquísimo. ¡Que va!. Eso no importa. Lo importante son los gringos y su abuso del poder. El otro no importa.
Traigo aquí lo escrito hoy en La Vanguardia por Joaquín Luna, antiguo corresponsal de este periódico en la ONU, para tratar de contrarrestar tanto argumento vació o hipócrita sobre lo que está pasando en Venezuela. El artículo tiene un titular fantástico que hago mío y que lo viví ayer en la manifa de Bilbao, algo que nuestros exquisitos comentaristas a la violeta no lo huelen ni a cien millas. Dice así:
Los ciudadanos saudíes viajan por el mundo en hoteles de cinco estrellas; los venezolanos o, para ser más precisos, ocho millones de ellos han tenido que emigrar durante el chavismo. Y 1,3 millones han solicitado asilo político en el extranjero, según Acnur. Es decir, uno de cada cuatro venezolanos ha tenido que abandonar…. El primer país del mundo en reservas petrolíferas.
¿Alguien puede sorprenderse de la alegría con la que han recibido la captura de Maduro? ¿Acaso este “detalle” es irrelevante, como la invisibilidad de las calles de Caracas de los simpatizantes de un régimen que había hecho de las manifestaciones callejeras su fuente de legitimidad (e intimidación)?.
La intervención estadounidense es preocupante y, al mismo tiempo, una buena noticia para las supuestas “víctimas”. Para los venezolanos – ¿se trata de eso, no? – supone una oportunidad única de revertir la putrefacción de un régimen capaz de convertir la mayor potencia petrolífera del planeta en un gran exportador de inmigración. Tiene mérito.
El chavismo, a diferencia del franquismo, logró que su Arías Navarro prolongase doce años el régimen, pese a la escasísima capacidad intelectual del sucesor Maduro, tan campechano como incompetente. A modo de detalle, fue el único presidente del mundo que se dejó fotografiar con una estelada en los años del procés, en un encuentro con la asociación Ítaca, como si se tratase de una imagen de Camarón de la Isla presentada por una peña flamenca de Dos Hermanas.
A diferencia de Irak o Libia, Washington no abre una transición excluyendo al aparato del régimen caído. Algo han aprendido. Tampoco Donald Trump o Marco Rubio lo presentaron como una “transición democrática” y fueron más despiadados (o sinceros): a cambio de petróleo, estamos dispuestos a enfangarse en la tutela de una transición que –y no es nimio- abre una esperanza al pueblo venezolano, que parecía condenado a vivir sin libertad ni empleo, como avalan las cifras migratorias. Muy mal tienen que estar las cosas para que uno de cada cuatro ciudadanos abandonase Venezuela y hallase la esperanza en países como Chile o España. Y no se trataba de la élite, sino de lo que quedaba de clase media, triturada por 26 años de chavismo.
La acción unilateral es inquietante, pero me sorprende la idealización del pasado y de un orden basado en un organismo tan ineficaz como las Naciones Unidas, cuya actividad cubrí unos años desde la corresponsalía de la Vanguardia allá por los noventa. Dudo que la atmósfera en la Renfe fuese más estimulante…..
¿Acaso hemos olvidado las innumerables intervenciones armadas, golpes militares y tropelías varias cometidas por Estados Unidos en su hemisferio en aquel mundo bipolar que hoy, nostalgia obliga, ponemos de ejemplo? Por cierto, la doctrina Monroe fue estrenada en el trasero de España con la guerra de Cuba de 1898. ¿Y la catastrófica invasión soviética de Afganistán de 1979, por no recordar el aplastamiento de las revueltas populares de Praga de 1968 o Budapest en 1956? Conviene recordar también las injerencias en África o la interminable guerra de Vietnam. La legalidad internacional siempre ha sido la ley del más fuerte; no estamos ante una novedad. La gran diferencia es que el presidente de EEUU, las formas se la traen al pairo. Y las formas importan.
Para los venezolanos, el sábado fue un día de alegría. Su esperanza no está en las torres de marfil desde las que pontificamos periodistas, politólogos y académicos – por cierto, el chavismo fue pródigo en invitar a profesores españoles a vacaciones pagadas-, sino en que alguien hiciera algo para derrocar –o descabezar- un régimen tiránico. Que les cuenten a ellos si no prefieren una intervención ilegal en términos del derecho internacional a una vida de miseria y opresión…. ¿Cuántos cubanos no estarán deseando hoy que alguien se apiade de ellos, aunque sea el “amigo americano” y saltándose la idealizada legalidad?


