8-M, yo también

Llego a esta columna como quien va al diván, lo confieso. Ténganlo en cuenta, si vale el contradiós, para no tenérmelo en cuenta. Quizá me comprendan mis compañeros de género, palabra que ya ni sé si cabe en un diccionario que apunta maneras de catecismo. En un día como este me siento incómodo, como el belga por soleares de Sabina. Y no crean que es por machito fuera de sitio en una fecha donde el achique de espacios, supongo que justo y necesario, nos convierte a los tíos en secundarios.

Ni ganas, se lo juro, de hacer como esos otros concienciadísimos seres con colgajo entre las piernas que en ocasiones como esta sacan a paseo su buenrollismo condescendiente, que es uno de los machismos más estomagantes del catálogo. Qué asquito, esos fulanos perdonavidas que se ponen blandiblubs y creen que por decir “nosotras” están contribuyendo a la redención del sexo que en su fuero interno toman por débil. Qué ascazo, los menganos tocaculos, maltratadores sin matices o babosazos verbales que ya ayer se pusieron el avatar morado en Twitter y Facebook y andan dando lecciones de una igualdad que no distinguirían, valientes cabrones, de una onza de chocolate.

¿Ven? Por ahí va mi descoloque, en la incapacidad de subirme al carro de los topicazos repetidos hasta la náusea. O de hacerme el ciego y el mudo ante quienes han hecho de todo esto una fuente de pingües ingresos y de ensanchamiento del ego. Por no hablar de la descaradísima institucionalización de lo que supuestamente es un movimiento contestatario y de rebelión ante el sistema. ¡Joder, que hasta la reina Letizia hace huelga! Bueno, y por decirlo todo, yo también.

2 comentarios sobre “8-M, yo también”

  1. Pues ya que mentas la realeza, me gustaría oír a alguna de las partes convocantes manifestarse sobre la máxima expresión de machismo institucional en España, cual es nada menos que el jefe del estado, o sea, un rey que está ahí por puro derecho testicular, pasando por encima de la primogenitura de sus dos hermanas solo por ser el macho de la prole.

  2. Cuando veo una huelga o manifestación que la apoyan y aplauden todos los partidos políticos, empresarios, medios de comunicación, todo cristo y la policía va marcando el camino y hora que eligen los anteriores, me suele oler a «borregada».
    En la huelgas que algunos participamos antes y después de la transacción por los derechos de todos los trabajadores esos mismos nos amenazaban con toda clase de represalias y nos mandaban a la policía que solía ir detrás y no precisamente para marcar camino, si no otras partes de la anatomía.

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