En el nombre de Alá

Un profesor de secundaria es degollado en París por haber enseñado a sus alumnos unas caricaturas de Mahoma cuando impartía una asignatura llamada Libertad de expresión. Un completo horror sin lugar a los matices, ¿no creen? Pues se equivocan. Es verdad que en el primer bote las reacciones fueron de espanto entreverado de esa tonta incredulidad que todavía nos producen las cosas que no son en absoluto excepcionales; como si hubiera algo de sorprendente en la enésima atrocidad cometida en nombre de Alá. Sin embargo, muy pronto al lado de los silencios atronadores de rigor, empezaron a brotar los peroesques.

Y así, los dueños de la moral verdadera fueron formando fila para sermonearnos. No les parecía bien del todo cortarle la cabeza a alguien, “pero es que” ese alguien había ofendido los sentimientos profundos de toda una comunidad. O, en una versión un grado más repugnante, el maestro asesinado se había extralimitado en sus funciones docentes y, en consecuencia, se había buscado su trágico final. Lo tremebundo es que tales comentarios vomitivos llevaban la firma de los habituales y muy contumaces detectores infalibles de amenazas contra la libertad. Ni se huelen los muy cretinos (o sea, no quieren hacerlo) que no hay amenaza mayor que la que supone el islamismo radical al que tantas loas componen.

6 comentarios en «En el nombre de Alá»

  1. El problema está en que la extrema derecha pesca luego en los caladeros que provocan los «peroesques» y seguimos sin reaccionar no vaya a ser que piensen que…..Soy ateo pero no ciego, imaginemos que ésto lo provoca un seguidor ultraconservador de la Iglesia Católica ¿ Habría peroesques?
    Si más.

  2. Es curioso qué susceptibles son algunas comunidades y qué sentimientos tan profundos y respetables tienen. Hasta después de un crimen tan horroroso como ese decapitamiento tenemos que tener mucho cuidado de no criticar su fe, que según ellos no tiene nada de violenta.
    Me recuerdan a los políticos que nunca sabían nada los actos de corrupción que tienen lugar dentro de su partido, incluso en su misma oficina. Ni un político denuncia corrupción dentro de su partido, ni un religioso denuncia fanatismo dentro de su religión.
    Y no hablo solamente de la comunidad musulmana radical. Hablo de las sectas mágicas en general, llámense opus dei, islam o iglesia católica. No les gusta que se hagan chistes con ellos; no les gusta que se les critique por nada; no les gusta que pongamos en duda sus dogmas de fe, que son suyos pero no nuestros.
    Esas sectas de seres humanos tan sensibles repletos de sentimientos tan delicados son las que sin dudarlo han lapidado o quemado gente en la hoguera por decir la verdad y han mandado a los jóvenes al matadero en tantas guerras. Aquí la última vez fue en el 36….no sé yo si habrá sido la última.
    Señores de la iglesia católica: ¿juran ustedes que no volverán a hacerlo?

  3. Tantas veces ya y tantísimas ocasiones perdidas para poner en su sitio ese fascismo prehistórico llamado islamismo que en numerosas ocasiones comprendo y hasta me regodeo (perdón, pero así es) cuando Marine Le Pen y sus huestes sacan pecho y les brilla su mejor amueblada cabeza.

    No sé de dónde coj…se sacan la supuesta intelectualité de izquierdas la obsesión por volver vegano a un canibal, salvo que estén enmascarando un no reconocido complejo de superioridad respecto a moros, chechenos, pakistanis y otras culturas, ejem,
    «diferentes» protegiendo y arropando con proclamas vacías lo que no es más que cobardía por ambas partes.
    Cobardía de la izquierda chachiprogre y cobardía también por parte de esos millones de obedientes y sumisos fieles que no son más que esclavos de un régimen absurdo, corrupto e irracional donde nadie es libre.
    Y cobardía también de los gobiernos y autoridades que, teniendo ocasión, deber e instrumentos legales y de todo tipo se limita a aplicar las normas de la Civilización para gentuza que no tiene ningún interés en pertenecer a ella, tan solo de dinamitarla.

  4. Espinoso tema en cuya discusión interviene tanto el miedo a los terroristas y a los defensoresvde la «libertad» mal entendida.
    Yo no siento ningún aprecio por ninguna religión y menos aún apor una que es tolerante con el asesinato de quienes no piensan como ellos, aparte de los ataques internos entre sus múltiples sectas fratricidas que provocan el dolor entre sus propios fieles.
    Los fundamentalistas musulmanes consiguen con muy poquitos medios imponer el miedo a los «infieles» y se saben amparados por estadosgarantistas que sobreprotegen los derechos de quienes no dudan en matar para alcanzar su paraíso.
    Todavía no se ha celebrado el juicio por los atentados del 2017 en Barcelona. No hablan de ello los medios y este tipo de terrorismo preocupa al ciudadano más bien poquito a pesar de los 200 asesinados en 2004.
    Según una encuesta publicada hoy, el 40% de los españoles cree que ETA sigue actuando.
    El terrorismo islamista sigue ahí, invisible y organizado.
    Un atentado, una procesión de lamentaciones y hasta el siguiente asesinato.

  5. Es la consecuencia de la colisión entre ideologías “fuertes” con ideologías “débiles”. Los islamistas están CONVENCIDOS de su religión, las pretendidas democracias occidentales NO tienen ni convicciones ni valores por los que consideren que merezca la pena morir… o matar. Probablemente tienen razón los demócratas, pero eso no garantiza que el resto del mundo acepte sus valores. Me gustaría hacer una pequeña encuesta y que cada cual se la conteste cada cual a sí mismo: teniendo en cuenta que el enemigo está a las puertas (Siria, Irak, Arabia Saudí, Libia, Argelia?, Marruecos?,… ¿cuantos de los que se rasgan las vestiduras por hechos como el que nos ocupa, o lo ocurrido en Barcelona, etc, están dispuestos a aumentar el gasto en defensa, policía, etc? Pues eso, ya se sabe, “esto” se cura con más educación y más asistentes sociales.

  6. Y no es que el profesor asesinado no fuera sensible con el tema. Antes de enseñarles las caricaturas les avisó a sus alumnos y pidió a los musulmanes que pudieran sentirse ofendidos que salieran de clase. Pero ni por esas. Algunos disfrutan ofendiéndose.

    Y luego está el problema gordo. Que el régimen saudí, que promueve y financia ese tipo de islamismo criminal, es nuestro «aliado» (por las razones históricas que sean). No es sólo que sean amiguitos de nuestros reyes, que también, sino que controlan empresas importantes, bancos y sociedades de todo tipo, financieras, culturales y hasta deportivas. A estas alturas están tan involucrados en nuestra sociedad que a ver quién es capaz de arreglar esto.

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