Demagogias eléctricas

De los deseos a la realidad hay un buen trecho. A mí también me gustaría, como a todos, meter en cintura a las todopoderosas y abusonas compañías eléctricas. La cuestión es cómo y con qué consecuencias. Cuando el atribulado Gobierno español puesto entre la espada y la pared anunció su intención de dar un bocado a los beneficios de los emporios que nos suministran la luz, no me fue difícil imaginar el siguiente capítulo. Y creo que a nadie, porque es lo que vienen haciendo los proveedores de servicios básicos cada vez que se encuentran con una disminución de las ganancias. Simplemente, trasladan el mordisco a los consumidores. En un mercado medianamente libre, los sufridos paganos buscarían una oferta mejor. En este caso no hay tutía. Da lo mismo a quién le paguemos el recibo. Nos la clavan igual porque estamos cautivos.

Con todo, esta vez los taimados semimonopolios han hilado más fino. En lugar de endiñar el zurriagazo a los particulares que ya van ahogados de sobra, lo han hecho sobre las empresas. El hostión ha sido tan espectacular, que algunas de las firmas industriales más potentes han tenido que parar la producción. Imaginen cómo lo estarán pasando las más pequeñas. La moraleja, por más que nos pese, es que lo del cacareado hachazo no fue tan buena idea. Al final, el remedio es peor que la enfermedad y en el cómputo global salimos palmando mucho más. Bueno, no todos. Hay quien gana porque nunca pierde. ¿Las eléctricas? Ellas, claro, y a su lado, los demagogos que piarán a dos carrillos contra el tarifazo y contra la pérdida de empleo de las empresas que no pueden pagar la factura.

Sigue el timo eléctrico

Hoy llega al pleno del Congreso la convalidación del Decreto-placebo que rebaja el IVA del recibo de la electricidad. Obviamente, menos da una piedra, y sería del género bobo votar en contra, pero habremos hecho un pan como unas hostias si todo se queda en este parche chapucero para la galería. Como estamos comprobando entre la incredulidad y el horror, cada día se bate un nuevo récord del precio, partiendo siempre de cantidades estratosféricas que resultan, amén de una burla, un abuso intolerable. Y lo peor es que, según nos alertan los que entienden algo de esta suerte de nigromancia, la escalada vertical va a seguir durante meses, como se refleja en los mercados de futuros. El gas natural, señalado (confieso que no sé con qué base) como culpable de los sablazos que nos atizan, no dejará de subir.

¿Y qué hay que hacer? Evidentemente, no se lo va a decir este humilde e ignorante juntaletras. Lo que sí tengo es memoria para recordar cómo en tiempos de Mariano Rajoy, los dos partidos que componen el Gobierno español de coalición se quejaban amargamente de que nadie pusiera coto a las eléctricas y parecían tener clarísima la receta para hacerlo. Ahora, sin embargo, se limitan a encogerse de hombros, pontificar que es una cuestión muy delicada, y, como mucho, dictar rebajas como esta que al final no la pagarán las compañías sino que son recursos que dejan de ingresar las arcas públicas. Mientras, al otro lado de la línea ideológica, Casado, Maroto, Teodoro, Ana Beltrán y toda la troupe pepera susceptible de ocupar silla en un consejo de administración de una firma del sector energético se lo pasan en grande.

Mariano desencadenado

Una de Rajoy. Despúes de haber sacado a patadas a Rita Barberá del PP, asiste a un acto en recuerdo de la doña difunta. Por si no fuera bastante con la desvergonzada hipocresía, tuitea: “El homenaje que hoy rendimos a Rita Barberá es también para todos los concejales y para tantos a los que el terrorismo arrebató la vida”. ¡El terrorismo!

Otra. El mismo día en que los ciudadanos recibimos la factura del sablazo eléctrico de enero, con hostias medidas en euros que no las arrea ni Mike Tyson, el gachó se queda más ancho que largo piando que hace dos años la luz costaba más. Lo suelta en el Congreso, y todavía tiene el desahogo de hacerse el ofendido. “Es increíble que tenga que explicar que la lluvia influye en el precio”, rezonga.

Una más. El día anterior, y en el ya mentado clima de cabreo cósmico por la saña de los señores de la energía, nos enteramos de que el exdirector de la Guardia Civil, amén de amigo íntimo y paisano de Tancredo, Arsenio Fernández de Mesa, engrosará el Consejo de Administración de Red Eléctrica Española. Hasta el líder del felpudo naranja en que se refocila Rajoy califica como dedazo el nombramiento del antiguo baranda verdeoliva.

¿Que por qué las gasta así y peores el presidente del gobierno del reino de España? Simplemente, porque puede permitírselo. Va sin cadena por la pista política. Recién reelegido tras aplastar a sus rivales por desgaste, mire a donde mire, no encuentra nada parecido a una oposición. Todo lo que hay son dos partidos, PSOE y Podemos, entregados en cuerpo y alma a sus feroces reyertas internas. Dentro de un tiempo se dirá: “Así se las ponían a Mariano”.