Domingo 1 de febrero de 2026
El pasado uno de enero se cumplieron 45 años del fallecimiento en Lizarra del político navarro más importante del siglo XX, Don Manuel de Irujo. Su funeral y entierro fue multitudinario, y el dolor por su pérdida, palpable y expresivo. Allí estuvieron todos. El escritor Pablo Antoñana recordaba que en Navarra había “vasquistas” e “Irujistas”. ”Sin la guerra civil la historia de ésta tierra hubiera sido distinta. Don Manuel hubiera sido un personaje principal, como lo fue como ministro de Justicia del gobierno republicano. En la guerra fue un Pimpinela Escarlata, que salvó muchas vidas arriesgando la suya, en aquellos días azarosos, y, los salvados le recordaron con gratitud. Se declaró navarro hasta las cachas”.
El 25 de marzo de 2002 el Gobierno Vasco creó el Premio Manuel de Irujo con la intención de reconocer a aquellas personas o colectivos que sean un ejemplo en “la defensa de la justicia y la promoción de sus valores”. El Lehendakari Ibarretxe calificó de magnífica la idea en una sociedad golpeada por la barbaridad y la injusticia de la violencia mientras agradecía al Departamento de Justicia y a su consejero Azkarraga la puesta en marcha de dicho premio, galardón que en tiempos de la Consejera Idoia Mendia, creo, se dejó de entregar ,aunque pienso sigue vigente. Fue un acuerdo de Gobierno.
Hoy el Departamento está regentado por la Consejera de Justicia y Derechos Humanos, María Jesús San José que pienso no tendrá el menor inconveniente, asi como el Lehendakari Pradales, de retomar éste galardón. Solo recordar que Irujo fue ministro con los presidentes de los gobiernos socialistas de Largo Caballero y Negrín y que cuando le propusimos al ministro Belloch un cuadro de Don Manuel para la galería de ex ministros, inmediatamente nos atendió. Fueron Margarita Robles y María Teresa Fernández de la Vega, secretarias de estado, quienes encargaron el cuadro a un pintor navarro organizando la develación del cuadro en el ministerio de Justicia en presencia de Ramón Rubial, Xabier Arzalluz y todos los diputados y senadores del PSE y PNV de la época. Y es que Irujo es una figura que trasciende a los partidos. Posteriormente y bajo mandato de la ministra de justicia socialista Pilar Llop y a petición nuestra se editó el espléndido trabajo sobre Don Manuel Irujo “Cristiano, Demócrata y Vasco” del historiador Patxi Agirre que está disponible en la web del Ministerio de justicia y puede ser descargado gratuitamente.
En la rueda de prensa aludida del Lehendakari Ibarretxe, cuya fotografía publicamos, vemos como telón de fondo en letra pequeña un pensamiento de Irujo que dice así. ”Como hombre soy cristiano, demócrata y republicano. Como ministro de Justicia vengo a guardar y hacer guardar las leyes. Gentes de toda condición social han sido víctimas de la represión criminal. Levanto mi voz para oponerme al sistema y afirmar que se han acabado los llamados paseos. En adelante solo podrán juzgar los tribunales. Manuel de Irujo. Mayo de 1937”.
EL PRECIO DEL ESTATUTO.
Hace pues 45 años que se apagó la recia voz de un hombre de quien el sacerdote en la homilía de su funeral dijo: «Hombres como estos justifican toda una generación». Y acertó. Hijo de Daniel Irujo, el abogado defensor de Sabino Arana, estudió en Deusto y se licenció como abogado. Parlamentario foral, creador de la Caja de Ahorros de Navarra, diputado en el Congreso, Ministro de Justicia y sin Cartera de los gobiernos de Largo Caballero y Negrin, Delegado vasco en Londres, presidente del Consejo Nacional Vasco, escritor, músico, historiador, humanista, pero por sobre todo, exiliado. «Cuarenta años de exilio os contemplan» exclamó cuando pisó el aeropuerto de Noain.
D. Manuel de Irujo fue además un gran parlamentario. Si Aguirre era la cara visible de la lucha en las Cortes por el primer estatuto de Autonomía, Irujo era quien llevaba el día a día del Grupo parlamentario siendo numerosísimas sus intervenciones. Orador fogoso y cargado de datos, ponía fuego en sus intervenciones y nada de lo vasco, ni de lo humano en general, le era ajeno. Puertos, corralizas, vías férreas, cierres de periódicos, tribunales y grandes debates. En 1935, tras la famosa frase de Calvo Sotelo en el Frontón Urumea de San Sebastián diciendo que más prefería “una España roja que rota”, el siguiente paso del líder de Renovación Española fue pedir la ilegalización del PNV. Y fueron Aguirre, Picavea, Monzón e Irujo quienes protagonizaron un debate sensacional en el que Irujo le llamó a Calvo Sotelo «el último godo». Fueron tiempos muy difíciles, tiempos de aguda parcialización y enfrentamiento que desembocaron en una guerra espantosa que D. Manuel trató de humanizar, visitando en Madrid las morgues, votando siempre en contra de la pena de muerte, tratando de legislar en favor del más débil, regularizando el culto religioso, allí donde pudo, y todo esto en momentos de pasiones desatadas.
Irujo solía decir que él había sido el precio del Estatuto de autonomía de 1936.. Desgarrado por la desafección de su Navarra a causa de un cambio de actas fraudulento, cuando en setiembre de 1936 Largo Caballero quiso un ministro del PNV en su gobierno, el EBB del PNV le dijo que sí, pero antes quería que en el pleno del Congreso se aprobase el Estatuto que ya estaba dictaminado en comisión. El presidente accedió y el 1 de octubre de 1936, Manuel de Irujo, desde el banco azul, aplaudía la votación favorable a aquel articulado cuya tramitación había costado cinco largos años. No es ocioso recordar que en esos mismos momentos, el nuevo ministro, tenía a su madre, su hija, dos hermanas, su hermano menor y una cuñada encarcelados en Pamplona por los militares sublevados. Afortunadamente pudieron ser canjeados.
EL INFLUENCER VASCO POR EXCELENCIA
Autor de numerosos libros no sé que hubiera sido hoy Irujo con Internet ya que escribió miles y miles de cartas. Los archivos están llenos de ellas. Y como decía Leizaola de él, ”nunca dejaba una carta sin contestar”. Todo un lujo hoy donde no se estila el respeto a quien se comunica por escrito. En 1976 nos informó que en Salamanca reposaban cientos de mensajes suyos escritos en su época de ministro. Hoy con Internet hubiera sido el campeón de los blogueros y el número uno de todas las nubes, el “influencer vasco” por excelencia, porque lo mismo felicitaba un cumpleaños o enviaba un pésame, que escribía un artículo sobre el alcalde de Ojacastro o coordinaba con portugueses, gallegos y catalanes la edición de un libro sobre la «Comunidad Ibérica de Naciones», o daba cuenta de su valiente toma de postura el 18 de julio de 1936 logrando la rendición de los militares sublevados en el cuartel de Loyola, algo de lo que por cierto se acuerdan muy poco en Donostia. Y lo hicieron los diputados vascos..
A Don Manuel tuve la suerte de conocerle en Caracas. Tenía hermanos y sobrinos en la capital de Venezuela y solía venir cada cierto tiempo a visitarles terminando el periplo en Buenos Aires donde su hermano Pello dirigía Tierra Vasca y su hermano Andrés, la editorial Ekin, y allí le exprimíamos. Nos escribía artículos muy radiofónicos y de actualidad para la clandestina Radio Euzkadi bajo el seudónimo de Lizarraga y, en 1975, designado por la Junta Directiva del Centro Vasco como su Socio de Honor, el año en el que se avizoraba la muerte de Franco, lo movimos como se mueve a un líder de su envergadura por todos los medios políticos y periodísticos del país, causando un impacto extraordinario. Su verbo, su elegante presencia, su humanidad, su traje negro desde que quedó viudo, sus chispeantes comentarios, su ironía y humor y sobre todo el bagaje moral de una persona tan fiel a sus principios, dejó a todos con la boca abierta.
LOS CONVERSOS ¡A LA COLA!.
Fallecido el dictador y saliendo el PNV de la clandestinidad en 1977 me tocó en nombre del EBB viajar a París para invitarle a regresar del exilio aprovechando la gran Asamblea del PNV en Iruña. Tras la aprobación de nuestras ponencias y la renovación de los cargos, la llegada de Irujo a Pamplona constituyó el remate de oro de aquella Asamblea boreal mientras conservábamos el gobierno vasco en el exilio hasta tanto no lográramos aprobar el segundo estatuto.
Irujo, cuando le planteé su regreso y le dije que su llegada a Iruña la pensábamos organizar tras alquilar un pequeño avión, me dijo: «No me parece serio, pero en toda mi vida no he hecho más que obedecer, por lo que procedan como crean conveniente». Y así logramos traerle por aire, con escala en Hondarribia y llegada por los cielos a Noain, donde fue recibido apoteósicamente. Al día siguiente, el alcalde en funciones, Tomás Caballero, le recibió con toda cortesía en el ayuntamiento de Pamplona.
En su cuartito de la rue Singer parisina, en aquella ocasión, me contó lo que en su día había hecho cuando tanto Dionisio Ridruejo, falangista, soldado en la División Azul y uno de los letristas del “Cara al Sol”, así como José María de Areilza, alcalde de Bilbao y embajador franquista en Buenos Aires, Washington y París, tras su abandono del franquismo escribían, se entrevistaban y opinaban sobre cómo debería ser la transición de la dictadura a la democracia. Y él les dijo con todo respeto que era muy bueno evolucionar, reconocer errores y trabajar por la democracia pero que a los exiliados de fuera y de dentro de España, lecciones, las justas y contundentemente les decía con claridad su frase redonda de: ”¡Los conversos, ¡a la cola!.”. Frase que he escuchado se la atribuyen a otros no siendo verdad. Es de Don Manuel.
EUROPEISTA DE VANGUARDIA
Al término de la II Guerra Mundial, el Lehendakari Agirre y Don Manuel, fervorosos europeos, concurrieron al frente de un nutrido grupo de vascos a La Haya donde los tenores de aquella Europa post guerra pusieron en marcha el Movimiento Europeo. Allí se encontraron con personalidades demócratas de todo el continente. Los vascos llevaban en la mente y en el corazón la Europa de los Pueblos, pero la que nacía era la Europa de los estados. Para Agirre y los suyos el dilema planteado no era el de una Europa u otra, sino el de la Europa de los estados o ninguna. Y aceptaron el órdago sin dejar de reivindicar su visión de aquella Europa federal sin fronteras, con moneda única, ejército europeo, realidades territoriales reconocidas y un mercado común. Consecuencia de aquella realidad fue la constitución del Consejo Federal del Estado español del Movimiento Europeo quedando constituido en la Delegación Vasca de la Av. Marceau.
En el cuarenta y cinco aniversario de la marcha de aquel gigante, el recuerdo cariñoso hacia un hombre que desde el PNV, fue ante todo, un gran humanista, un gran cristiano y un gran político y la necesidad de que su llama no se apague. Los muertos solo mueren de verdad, cuando se les olvida.
