LA AMNISTÍA DE GLADYS Y EL INTOCABLE DERECHO INTERNACIONAL DE JUANJO ÁLVAREZ.

Lunes 2 de febrero de 2026

La posible transición de la dictadura a la democracia en Venezuela parecería va a tener más velocidad que la que tuvo en el estado español.

Acabamos de ver a la presidenta encargada anunciar en la Corte Suprema una pronta ley de amnistía que vaciará las prisiones de presos políticos. En España algo parecido ocurrió en octubre de 1977, año y medio después de fallecido el dictador. Aquí, al mes.

Aunque parto de la base que de Amnistía nada, ya que los presos actuales no han cometido ningún delito. Los delitos los han cometido los chavistas contra ellos.

Ahora veremos si a esa decisión se la acompañe con una total libertad de expresión y no persecución de las ideas políticas de quien discrepe. Es la clave. Y de que se den los pasos para instaurar un sistema democrático con garantías.

No le habrá sido fácil a la Sra. Delcy  Rodríguez y a su hermano anunciar tales medidas habiendo escuchado a Maduro, solo un mes antes, todas sus balandronadas y amenazas a quien osara discrepar. Todavía recordamos a Maduro bailando y amenazando. No había más que ver la cara del policía Diosdado Cabello al escuchar semejante anuncio. Su cara lo decía todo. Era como obligarle a tomar aceite de ricino en público y en directo.

De hecho, la cónsul de Venezuela en Bilbao, Glenna Cabello, sigue hablando del “secuestro de Maduro” cuando ya en Venezuela se omite cualquier mención en ese sentido, en abierta contradicción  cuando Bildu, Sumar y Podemos con apoyo de la cónsul han presentado  en el Parlamento Vasco una iniciativa para condenar (ellos que no condenan nunca su violencia) la acción militar estadounidense que llevó al usurpador de las elecciones del año pasado, Nicolás Maduro y su compañera, Cilia Flores a una cárcel en Brooklyn.

Ya veremos los argumentos que emplean, seguramente parecidos a los utilizados cuando nos describieron al espía Pablo González, al que Putin recibió en el aeropuerto.

Y hay que destacar, de cara a un melifluo PSOE, que los casi 1.500 presos que están en las cárceles venezolana resulta que ahora son descritos como “presos políticos”. Una democracia no tiene presos políticos y Rodríguez Zapatero lo único que ha hecho estos años, aparte de llenar sus bolsillos, ha sido blanquear una cruelísima dictadura.

Yo estuve con otros tres senadores tres horas de pie ante la puerta del centro de tortura del Helicoide, y no nos dejaron entrar. Ahora anuncian su cierre. Pronto sabremos de las horribles torturas que se ejercieron en semejante penal.

Por otra parte la economía venezolana, al comenzar a normalizarse la producción y venta de su petróleo comienza a tener unos ingresos fundamentales para el pago de pensiones así como para reactivar una  economía de subsistencia y para que compañías petroleras como Repsol y su refinería Petronor puedan trabajar holgadamente.

Antes solo lo hacían Rusia, China Irán y una Cuba que vivía de la teta petrolera de Venezuela. Entiendo pues  el disgusto de Arkaitz Rodríguez y compañía, así como las parlamentarias Fullaondo y Urrea, grandes admiradores/as de la dictadura chavista y que cuando murió Fidel Castro le organizaron un funeral, puño en alto, en el puerto donostiarra. Y veremos que hacen con sus acuerdos firmados recientemente en La Habana.

Nadie desea violencia alguna aunque le sugeriría al catedrático de derecho internacional Juanjo Álvarez que leyera un artículo de don Manuel de Irujo titulado “Violencia útil, violencia inútil” dirigido en 1962 contra la dictadura de Franco.

Al Sr. catedrático, no le gustó lo que escribí sobre la intervención estadounidense pues le critiqué su asepsia académica intolerable para mí y para los venezolanos de bien y tras decir que apoya cualquier transición a la democracia, no lo dudo, y que Maduro era un dictador sentenciaba como jurista internacional que “un fin legítimo no justifica la intervención militar que hizo el 3 de enero Donald Trump”.

No tengo la menor simpatía por Donald Trump a quien no votaría nunca de poder hacerlo. Nunca. Sus acciones con el Cei en Minneapolis, sus amenazas a Groenlandia, su apoyo a Netanyahu, su fanfarronería y estilo soez me repatea, pero le critiqué a Juanjo Álvarez porque con el derecho internacional en la mano me sonó su argumentación al abandono de un derecho de subsistencia de millones de seres humanos. A mí me sonó así.

Y recuerdo que  aquel Comité de No Intervención, perpetuó a Franco en el poder y porque ante una situación absolutamente bloqueada, el derecho internacional no da salida alguna, más que pedir a los ciudadanos de un país que emigren en  la cifra  de 9 millones, que no cobren pensión, que vivan sin libertad de expresión, que sufran una economía de supervivencia, que si discrepan vayan a la cárcel y  sobre todo que se aguanten, porque el derecho internacional está por encima de todo.

Entiendo que una persona a la que no hemos visto en ninguna manifestación pidiendo libertad para aquel país, se ponga la toga y pontifique con un derecho que no se lo da a los ciudadanos sino a las fronteras.

El chavismo lleva más de 25 años ejerciendo un poder despótico y, Álvarez, desde su torre de marfil da este tipo de consejos, que son muy fáciles de dar, tratando de tapar la boca a quien no ponga en su altar su concepto de un derecho internacional que no contempla para nada la defensa de la Declaración Internacional de los Derechos Humanos.

Conozco la Doctrina  del Derecho Internacional del Padre Vitoria. He viajado en treinta años cuatro veces a Naciones Unidas a estudiar su posible reforma y sobre todo un Consejo de Seguridad con veto, siempre he estado en la Comisión de Asuntos Exteriores, Defensa y Asamblea de la Otan del Congreso y Senado y he visto de todo. He sido Observador en Venezuela ante unas elecciones amañadas y simplemente me pareció escandalosa la frialdad de un catedrático que me merecía, hasta su declaración, para mi inhumana, todo el respeto al anteponer los derechos de un Maduro, que no es ni era un presidente legítimo sino un sátrapa, a las de un país condenado a la explotación de una dictadura.

Y encima, al poco, dos páginas en el Grupo Vocento reiterándose, en para mi, su  increíble frialdad.

Veremos cómo va esta transición ya iniciada y tutelada pero podemos decir que a un mes de la acción  contra Maduro, Venezuela está mil veces mejor  que si siguiéramos de rodillas ante un derecho internacional que no defiende los derechos de los seres humanos ni de los pueblos.

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