JOSÉ ANTONIO VISTO POR MARÍA TERESA Y JUAN MARI AGUIRRE

Domingo 4 de octubre 2026

Iñigo Camino le hizo a su hermana María Teresa una entrevista en la que hablaba de su hermano de la siguiente manera:

La familia Aguirre procedía del guipuzcoano pueblo de Bergara. EI abuelo y patriarca familiar, también de nombre José Antonio de Aguirre, creó una industria de chocolates y se instaló en Bilbao. El abuelo Aguirre era un hombre de ideas modernizadoras, que falleció  en 1907. Su hijo Teodoro estudió la carrera de abogado y fue uno de los primeros seguidores de Sabino Arana, colaborando con el padre de Manuel Irujo en su defensa ante las acusaciones contra el funda­dor del nacionalismo vasco.

El 6 de marzo de 1904 nacía, en Bilbao, José Antonio de Aguirre y Lekube. El Lehendakari sería el mayor de diez hermanos. Su madre, Bernardina Lekube, jugaría un papel muy importante en la vida de José Antonio. Bernardina era, al propio tiempo, enérgica y compren­siva para con sus hijos, y José Antonio siempre se sintió muy unido a ella. Murió en 1950, en San Juan de Luz. Su hija Teresa recuerda una frase que, en multitud de ocasiones, repetía al Lehendakari: “No olvides que te debes a tu pueblo y a Euzkadi».

A punto de ahogarse con cuatro años

Uno de los aspectos poco conocidos de la vida de Aguirre es que estudió en la que fue, tal vez, primera ikastola de Euzkadi. Su padre Teodoro, exigía que en casa tan sólo se utilizara el euskera y José Antonio asistió, entre los cuatro y los diez años de edad, a una ikasto­la situada en la bilbaína Plaza Nueva. Aguirre solía recordar emociona­do que, cuando fue nombrado alcalde de Getxo, recibió un hermoso ramo de flores de la que había sido su primera andereño, la señora de Anuncita.

Otro pasaje curioso de su infancia ocurre cuando apenas tiene cuatro años de edad. Un día de verano, José Antonio pasea con su «aya» por Santurtzi. De repente, el niño se escapa y, jugando, cae a las aguas de la ría. Un conocido y elegante solterón de la zona, Ramón Aras Jauregi, tendrá que tirarse desde la orilla y salvar de morir ahogado al que luego fuera Lehendakari de Euzkadi.

José Antonio, como luego sus hermanos, estudia el Bachiller en el Colegio de Nuestra Señora de la Antigua de Orduña. Siempre buen estudiante, recibe numerosos primeros premios en las asignaturas de historia, literatura y música. El álgebra y las matemáticas nunca le gustarían demasiado, y en estas materias se tiene que conformar con tercer y cuarto accésits.

Tocaba el violín, oboe y fiscornio

La sensibilidad y afición musical era una de las peculiaridades de la familia Aguirre. Los seis hermanos mayores llegaron a formar un sex­teto doméstico. José Antonio tocaba el violín y también el oboe y el fis­cornio. Gran aficionado al canto, formó parte del «Bihotz Alai» de Getxo y con un grupo de amigos, ya en la juventud, solía dar improvi­sados recitales en la punta del muelle en Algorta.

Cuando José Antonio tiene dieciséis años fallece su padre. A partir de entonces, él se convierte para los hermanos menores en el sustituto del aita y en el ejemplo a seguir. «Durante años, José Antonio no se acostaría sin dar un beso a los pequeños», recuerda su hermana María Teresa.

Con la muerte del padre y los estudios en colegios no euskaldunes, en la casa Aguirre el euskera pierde fuerza. Sin embargo, José Antonio, durante muchos años se carteará, casi diariamente, en la lengua vasca con un sacerdote de Durango. Aquellas cartas eran para él una espe­cie de «cursillo por correo» de euskera con lecciones y correcciones diarias por parte del cura euskaldun.

Abogado y deportista

El chico inquieto y un poco nervioso, pero «muy responsable y que no hacía barbaridades», según su hermana Teresa, elige la carrera de Derecho y, en cuatro años, logra brillantemente el título de abogado. Terminados los estudios abre, frente a las Calzadas de Mallona, un despacho profesional.

Otra faceta importante de su personalidad es su gran afición al depor­te. José Antonio era un gran jugador de pala, deporte que practicaba, sobre todo, en las temporadas veraniegas cuando la familia iba a la casa de Bergara. Por otro lado, como ya es sabido, fue jugador del Athletic de Bilbao.

Profunda religiosidad

La religiosidad completaba el carácter del joven Aguirre. Presidente durante varios años de las Juventudes de Acción Católica de Vizcaya, realizaba todos los años ejercicios espirituales en Loiola. Su padre murió siendo presidente de la «Adoración Nocturna» y José Antonio será, durante toda su existencia, un hombre profundamente religioso.

En 1925 viaja con su madre a Roma, con motivo del «Año Santo». De vuelta, efectúan un viaje de casi un mes por Europa. En Montecarlo, tras una anécdota curiosa surgida como consecuencia de no llevar cor­bata, José Antonio juega en el casino y gana una jugosa cantidad de dinero. Es ésta una de las pocas veces que tiene suerte en los «nego­cios, para los que, según su hermana, jamás valió y, además, nunca le interesaron».

Pionero de reformas sociales

Su faceta empresarial se circunscribe a la labor realizada en la fábrica familiar. «Chocolates de Aguirre» se había asociado con otras casas en 1920 para formar «Chocolates Bilbaínos». En 1924, cuando José Antonio termina la carrera, le hacen consejero de la fábrica. Su her­mano Juan Mari, que había estudiado en la Comercial de Deusto, actúa como director.

«Chocolates Bilbaínos» va a ser pionera en el terreno social. Una comi­sión de trabajadores forma parte de la Junta de Accionistas e, impulsadas por José Antonio, se realizan medidas innovadoras. Manuel de Irujo, en una biografía del Lehendakari, decía que «José Antonio puso en prácti­ca las normas social-cristianas que mantenía desde la Presidencia de las Juventudes Católicas: el salario familiar, la asistencia facultativa gratuita, las vacaciones pagadas, la habitación y participación de los trabajadores en los beneficios de la empresa. Aquella labor le imprimió carácter, pues se anticipó en varios lustros a medidas similares apli­cadas con posterioridad o que constituyen aspiración».

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