ALEXANDER ANASAGASTI, ATLETA: “ESTÁ BIEN QUE ENTRENAR SEA UNA MODA. LO QUE FALTA ES LA CULTURA DEL ESFUERZO”

Lunes 26 de octubre de 2026

El deportista donostiarra es una de las figuras más admiradas del CrossFit. Tras convertirse en el hombre más en forma de España, se ha bajado de la alta competición para compartir sus enseñanzas: «Era la persona más vaga del mundo hasta que vi resultados».

Alexander Anasagasti, de 35 años, es atleta y entrenador.

Cristina Galafate

Un deportista pionero, inspirador y buena gente, según coinciden quienes lo conocen. Alexander Anasagasti (Donostia, 16 de octubre de 1991) fue ese chaval rebelde que encontró en el entrenamiento su disciplina. Salió de la sala de musculación que lo forjó físicamente para engancharse a boxeo, kick-boxing y, sobre todo, CrossFit. Hasta el punto de convertirse en el primer atleta masculino de la historia en representar a España en los CrossFit Games.

Asegura que se ha reinventado unas cuantas veces en estos 20 años de alto rendimiento que tanto le han hecho crecer personalmente. Las barras, los discos y las pesas rusas dejan muchas lecciones que ahora transmite en redes sociales (donde paradójicamente se llama Mr. Weak, aunque su trayectoria lo describa como alguien que para nada es débil). Además, entrena en la plataforma online TrainCult.

Comparte para ayudar a otras personas a moverse mejor y a mantener la constancia, aunque pertenece a esa generación analógica que, si pudiese, viviría sin perfil de Instagram. Pero, lejos de la arrogancia, siempre ha proyectado una imagen muy cercana y energía positiva. De ahí que su impacto vaya más allá de levantar pesas o hacer los WODs a una velocidad increíble. Se ha ganado el cariño de la comunidad, el respeto y la admiración de quienes vinieron después.

Puede que el detonante de tu dolor de espalda no sean esos 30 minutos de CrossFit, sino tu estilo de vida sedentario

Alexander Anasagasti

¿Cómo es un día de tu vida?

Bastante normal. Ahora mismo tengo un pie fuera de la competición. Estoy probando disciplinas como Hyrox [ha participado en Valencia recientemente], porque es fácil, entre comillas. No es como una de CrossFit, en la que tienes que estar tres días fuera, con el viaje y los nervios de no saber qué toca. Disfruto, puedo hacerlo por parejas y en hora y media estoy fuera. Así que mi día es bastante normal. Lo primero que hago al despertarme es tomar unos mates. Después desayuno, trabajo hasta el mediodía, hago una pequeña pausa para comer y sigo trabajando hasta las seis de la tarde, más o menos. Entonces hago una sesión de entrenamiento de una hora y media aproximadamente.

¿Entrenas a clientes ahora?

Daba clases en CrossFit Zurriola, pero con la competición tuve que dejarlas porque me quitaban mucho tiempo, y si quería dedicarme profesionalmente a ello necesitaba sacrificar cosas. Me resultaba más cómodo hacerlo digital: trabajo desde casa, me consume menos energía y me recupero mejor entre sesiones. Así fue como empecé a trabajar online.

¿Cuántas horas entrenabas antes y ahora?

Antes priorizaba mucho dormir todo lo que pudiera. Me levantaba a las ocho o nueve de la mañana. No era un madrugón, pero tampoco supertarde. Quedábamos en el gimnasio a las 10:30, y hasta las 12 hacíamos una pequeña sesión. Descansábamos un poco y, si tocaba, hacíamos otra hasta la una y media del mediodía. Luego nos íbamos a casa a comer, o nos quedábamos en el gimnasio o por los alrededores, y por la tarde había otra sesión de un par de horas. Ahora unas dos horas al día. Estoy más calmadito.

¿Cómo te han afectado las lesiones?

He pasado por varias, y un par bastante gordas que me han condicionado mucho. Tuve una lesión de cadera y una hernia dorsal que me ha incapacitado bastante durante los últimos tres años. No fue el motivo por el que me retiré, pero sí algo que impulsó bastante mi decisión.

En tu experiencia con la hernia, ¿cómo vives que te digan que no entrenes nunca más en la vida?

He tenido suerte: nadie me ha dicho eso. He contado con buenos fisios y mi padre es médico, de los que no te dan la pastilla a la primera de cambio, sino que intentan enseguida los remedios más naturales. Siempre te recomienda que te muevas y te da alternativas para curarte de forma activa. Nadie me ha dicho que no hiciera ejercicio ni que de esta no me iba a recuperar. Creo que es súper importante que la gente que tienes alrededor te dé objetivos realistas, que tenga experiencia y que te diga que las cosas tienen solución.

¿Nos asustaríamos de lo que comes en un día?

No. En redes la gente se piensa que soy más grande. Peso 77 kilos y mido 1,75 metros. Soy un tío normal, no como una barbaridad. De hecho, la tendencia del deportista de CrossFit hoy en día es ser más grande. Depende de cómo se programe y de quién, pero el crossfitero medio es cada vez más grande: antes pesaba entre 75 y 85 kilos y ahora ronda los 90, o casi los 100. Yo soy un crossfitero de la vieja escuela. Cuando competía mucho intentaba comer bastante, pero no creo que asustara a nadie.

Pero sí haces recena, ¿no?

Sí, sí. Después de cenar, un bol de cereales no me lo quita nadie. La gente se piensa que los deportistas estamos obsesionados con la comida, que somos unos locos. Hay que comer bien, pero cuando entrenas tantas horas no pasa nada por algún exceso, porque hay que meter calorías en el cuerpo.

¿Hay que mantener un cierto orden y pesar la comida?

Sí, cierto conocimiento de lo que te conviene y lo que no, pero tampoco hace falta hilar tan fino. Si por la noche el cuerpo te pide comer algo, lo haces. Hay diferentes perfiles de atleta. Algunos tienen un nivel de obsesión muy grande, pero eso no es sostenible. En mi caso intentaba cuidarme bastante, pero no llevaba la alimentación de una manera que me impidiera disfrutar de la comida. De hecho, ahora que no compito ni entreno tanto, cuido más los excesos que antes. Antes pensaba que mañana iba a entrenar mucho, así que me daba más margen.

¿Qué suplementación te ayuda?

Creo que es otra cosa que la gente tiene idealizada de los que competimos. Hay que comer bien y eso incluye hidratos. Necesitas energía para poder asimilar los entrenamientos, y eso es superimportante. Con los suplementos soy un desastre. Me cuesta muchísimo tomarlos y se me olvidan. Los dejo en un lugar visible de la cocina, porque si no soy un desastre, es impresionante. Los que no fallan nunca son los básicos, como la creatina o el omega 3, y sobre todo en los momentos de competición beta-alanina.

¿A qué achacas el éxito tan brutal que está teniendo Hyrox?

Punto número uno: es un formato de competición muy accesible. Cualquier persona que practique deporte con regularidad puede hacer un Hyrox, sea en parejas o individual, con muy poca preparación. Además, no es una carrera en la que solo corres. Compartes la prueba con tu compañero o compañera y eso da cierta sensación de estar más en forma, y hace que la carrera sea un poco más divertida. Otro de los motivos, comparado con el CrossFit, es que es un evento de un solo día. Puedes ir, y en un par de horas estás fuera. Y sabes a lo que te enfrentas.

¿Y eso de que sea siempre la misma prueba no puede jugar en su contra y llegar a cansar?

Ese argumento sirve también para las carreras y la gente sigue yendo a maratones y 10K. Se viaja con la excusa de ir por el mundo haciendo competiciones, en vez de elegir el destino de sus vacaciones. Y ahora han salido otras tendencias, como la ATHX, que es una competición por partidas. También es un evento de una hora o de un día, con carrera y fuerza. A nivel mediático y de marcas Hyrox lo está haciendo bien, las cosas como son. Hay inversiones, no sé qué futuro tendrá, pero todavía no se ha profesionalizado al cien por cien y no se puede vivir de ello. No sé hasta dónde llegará.

En Madrid cada semana abren estudios nuevos de Barre, de Pilates reformer, de entrenamiento con infrarrojos… Se siguen todas las tendencias. Tú que llevas tantos años en esto, ¿qué se mantiene y qué merece la pena de lo que viene?

Sinceramente, creo que hay mucha crítica hoy en día hacia el fitness, como si estuviera de moda entrenar. ¡Pues qué buena moda! Es una moda que no le hace mal a nadie. Lo que sí creo es que la gente está perdiendo la cultura del esfuerzo. En redes sociales caben vídeos de Instagram superépicos, pero forjarse de verdad no es bonito. La gente abandona enseguida y piensa que conseguir las cosas es fácil. Está muy bien que las redes animen a mucha gente a salir a correr, pero muchos no son conscientes de lo que cuesta conseguirlas.

Hablo de lo que de verdad funciona, pasen los años que pasen y vengan las modas que vengan.

Depende mucho del objetivo de cada persona. Lo que sí tengo claro es que una persona es capaz de corregir sus errores, y que tanto ella como el entrenador son responsables de que alguien se lesione o no. Hay que ser capaz de parar cuando toca y de atender a las correcciones. Imagínate a alguien que se pasa el día trabajando sentado en una silla, se agacha a atarse los cordones y dice que la culpa es del CrossFit. Puede que el detonante de tu dolor de espalda no sean esos 30 minutos que dedicas al ejercicio, sino todo lo que haces fuera, en tu estilo de vida sedentario.

Ahora se dice que lo óptimo es ser atleta híbrido, ¿estás de acuerdo?

El entrenamiento híbrido está bien, el running está bien, todo está bien. Lo que no me gusta, y no se lo recomendaría a nadie, es hacer únicamente gimnasio con el objetivo de ganar músculo y ya está. Eso solo nos convierte en buenos delante del espejo, pero no en gente en forma de verdad, que se siente cómoda y es capaz de subir unas escaleras sin que le falte el aire.

¿Y qué papel juega el ejercicio en la gestión del estrés, ahora que vivimos inmersos en un hacer, hacer, hacer, sin llegar a nada ni disfrutar del presente?

Para mí, el ejercicio es la terapia. Tenemos muchas preguntas que hacernos y mucho trabajo introspectivo por hacer, pero el deporte es una herramienta antiestrés muy fácil de llevar a cabo. No creo que sea la única solución, porque el estrés te lo llevas allá donde vayas. Sin embargo, entrenar nos ayuda a desestresarnos por dos motivos: porque gastamos energía y porque durante una hora de nuestro día no pensamos en otra cosa. Además, sales del entrenamiento con la satisfacción del deber cumplido. Has decidido ir, has hecho algo difícil y te sientes mejor contigo mismo. Eso también elimina el estrés, porque te hace sentirte realizado. Existen otras herramientas, como la introspección más profunda, pero son mucho más tediosas. Entrenar, en cambio, es una forma muy fácil de canalizar ese estrés.

Si tuvieras que decirle a la gente cómo conseguiste ser así de disciplinado, ¿qué consejos les darías?

La disciplina es un hábito. Tengo tendencia a obsesionarme con las cosas, pero antes de llegar a ese punto yo era la persona más vaga del mundo. De pequeño siempre me lo decían. No fue hasta que empecé a tener algo de consistencia y a ver resultados cuando pensé que el esfuerzo funciona. Ahí me enganché. La disciplina aparece de forma progresiva: cuanto más esfuerzo y dedicación, mejores resultados, y cuantos más resultados te llegan, más ganas tienes de sacrificarte. Eso es lo que la hace sostenible. A quien no tiene determinación ni constancia y quiere empezar algo, le diría que tiene que tomar acción y aguantar un tiempo, porque no es fácil. Hay que esforzarse un poco, pero de forma sostenible: si entrenas cero días, empieza por dos y ve subiendo poco a poco. Lo importante es tomar las riendas y enfocarse.

¿Qué te ha enseñado el entrenamiento que puedas aplicar luego en tu vida fuera de él?

Me ha enseñado a aceptar la disconformidad para conseguir cosas en el futuro. También me ha enseñado disciplina: con disciplina y persistencia se consiguen las cosas. Y sobre todo me ha dado mucha paciencia.

¿Te ayudan los dispositivos o crees que estresa y desconecta de las sensaciones eso de medir el sueño, las calorías…?

Siempre me he guiado mucho por las sensaciones, que son muy importantes, y no hay que medirlo todo. Pero es muy útil tener ciertas referencias para compararte con tus resultados. Ahora tengo un reloj Suunto y gracias a los ritmos de carrera sé si he mejorado en seis meses, así que me parece magnífico. También miro los pasos que doy al día e intento llegar a los 10.000.

¿Y cuál es tu relación con las redes sociales, tienes algún hater?

Mi relación con las redes ha cambiado mucho en los últimos años, a la vez que he ido cambiando yo y pasando por diferentes momentos y transiciones en mi vida. Hoy en día no me gusta la dirección que están tomando: la gente se vuelve muy superficial, se compara mucho, se distrae y va perdiendo capacidad de análisis y de profundidad. Yo también caí en ese círculo y estoy intentando corregir el rumbo. Siempre que subo algo intento que aporte algo a alguien. Comparto mi experiencia personal, a mi manera. De vez en cuando verás alguna foto mía que subo porque me veo bien, y eso no lo escondo, aunque cada vez menos. No soy psicólogo ni fisioterapeuta: tengo las herramientas que he ido desarrollando con el tiempo. E intento responder a todos los mensajes que me escriben, los siete días de la semana. Haters no tengo ninguno. Quizá a mis espaldas sí haya alguno, pero a la cara, y a la pantalla, entre comillas, muy pocos. Creo que es buena señal.

¿Por qué caes bien a atletas y principiantes, es tu sentido del humor?

Lo que comparto empatiza con las personas, y no doy motivos para el odio porque nunca soy tajante. Puedo dar mi opinión, pero siempre estoy abierto a la de los demás. Mis verdades no son absolutas: te comparto desde mi experiencia. Ahora que dejo de ser atleta, tengo que ganarme la vida con ciertos productos y servicios que vendo, y uso mis redes como altavoz para eso. Pero las veo una distracción muy grande.

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