La Gabardina Chesterfield de Bárcenas y la del PP

Jueves 28 de febrero de 2013

Un comentarista de televisión nos decía que ese tipo de gabardina con terciopelo en las solapas de Bárcenas las utilizaba Al Capone en Chicago. Bárcenas también las usa. Recordaba que cuando detuvieron a Capone y la policía lo llevó en andas, llevaba su gabardina Chesterfield. No es que todos los que usen este tipo de gabardina y de abrigo sean mafiosos pero curiosamente estos dos mencionados si lo son. Y funcionan con el chantaje.

¿Y quién es el chantajeado?. Claramente el PP, claramente Rajoy. Y esto ya no es un problema menor. Se trata del partido del gobierno que miente, edulcora las cosas, crean figuras inexistentes como esa del finiquito en diferido de la cesantía y cada vez más está contra las cuerdas. Y todo porque a Rajoy le gusta que las cosas se pudran, pero esta estrategia se puede llevar a cabo cuando no se está a la defensiva. Y en este momento el PP está a la defensiva y con incipientes problemas internos.

María Dolores de Cospedal, no solo secretaria general del PP sino presidenta de Castilla La Mancha (con lo que demuestra que al PP esta autonomía le importa un pito) se enfrentó con Bárcenas desde el primer momento desconociendo que las relaciones de éste coa Trillo, con Cascos y con Arenas venían de antiguo y de muchos conocimientos.

Cuando Cospedal ha querido tirar por la calle de en medio y denunciar al antiguo tesorero del PP e incluso ha pedido le retiren el pasaporte, Luis Bárcenas ha empezado a enseñar sus cartas y en dejar al descubierto al PP. Verle esta semana a Cospedal balbuciendo, hablando de simulaciones y desdiciéndose, fue algo patético. Y es que el PP no sabe cómo salir del chantaje porque si informa la verdad del caso Bárcenas se arma la de Dios es Cristo.  La Vanguardia lo describía muy bien.

Luis Bárcenas, empleado del Partido Popular durante tres decenios, dos de ellos como ge­rente nacional o tesorero (de 1990 a 2009), protagonizó el lunes dos noticias relevantes. Ambas hubieran sido ya sonadas de producirse en fechas distintas. Pero su coincidencia les agregó un matiz chocante. Por la mañana, al prestar declaración ante la Audiencia Nacional por posible delito fiscal, Bárcenas admitió que la fortuna de origen desconocido y no declarada que tiene a buen recaudo en la banca suiza asciende a 38 millones de euros; y no a 22, como hasta entonces había reconocido. Ese mismo día trascendió que el extesorero del PP había demandado a esta forma­ción por despido improcedente, y había aclarado que ha cobrado de ella, durante los últimos tres años, 21.300 euros mensuales por asesorías. La sincronía de ambas informaciones provocó sorpresa, chascarrillos e indignación entre la mayoría de los españoles. Es bien comprensible que así fuera. Este país atraviesa una crisis aguda, y correrías como las de Bárcenas no contribuyen, precisamente, a serenar los ánimos colectivos.

Estos últimos episodios encarnados por Bárcenas enlazan con eslabones de una larga cadena. Entre ellos, quizá el más pesado fuera hasta la fecha su imputación en el caso Gürtel. Fue esta relación con la trama corrupta la que determinó su abandono del cargo de tesorero del PP en marzo del 2009, y se concretó con la imputación en julio del mismo año. Ahora bien, el caso Bárcenas entró en efervescencia a mediados de enero, cuando el extesorero reveló que tenía 22 millones de euros en Suiza. Se complicó al desvelarse las listas de su contabilidad secreta, que recogía presuntos y reiterados pagos a miembros de la cúpula del PP. Y quedó ya fuera de control cuando forzó, en fechas recientes, a la secretaria general de PP, Dolores de Cospedal, a entrar en un carrusel de declaraciones sobre los pagos del PP a Bárcenas, que este rebatió al poco.

Dice el extesorero del PP que su fortuna es fruto del buen ojo para el comercio de arte y para el juego bursátil. Pero a medida que pasan los días y la niebla sigue espesándose (salvo en lo relativo al pulso planteado por Bárcenas a la dirección del partido), los rumores sobre las dimensiones y salpicaduras finales del caso arrecian. Mención aparte merecen los modales del ex tesorero, ilustrados con la peineta que dedicó a los medios a su vuelta de unas vacaciones en la nieve canadiense: una mezcla de zafiedad, insolencia y desfachatez que no anuncia nada bueno.

Las investigaciones e imputaciones que afectan a Bárcenas son graves. Sus consecuencias para el PP podrían no ser menores. De entrada, han dañado ya la credibilidad de Cospedal, atrapada en una diabólica espiral de declaraciones y réplicas en la que no lleva la iniciativa. Constituyen una amenaza latente para Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, que fue quien confió la tesorería del PP a Bárcenas. Han tenido efectos divisorios en el seno de dicho partido y han tensado las relaciones entre este y el Gobierno. Y, por encima de todo, están teniendo efectos demoledores sobre el ánimo ciudadano, hastiado ya de tanta corrupción.

La situación es ciertamente compleja. Pero puede llegar a serlo más. El PP ya sabe -lo viene constatando- que toda solución que no esté guiada por el afán de esclarecimiento total del caso Bárcenas será, tarde o temprano, una mala solución; una solución de consecuencias quizás demoradas, pero muy graves.

 

Se olvidan que Ernest Lluch fue portavoz del PSC

Martes 26 de febrero de 2013

El Partido de los socialistas de Catalunya no es el PSOE. Nació de la fusión de dos almas socialistas catalanas pero a diferencia del Partido Socialista de Euzkadi, que es PSOE hasta las cachas. El PSC no lo es, aunque en los últimos años han votado todo lo que el PSOE les ha propuesto. La única diferencia que han tenido ha sido a la hora del reparto de puestos. El PSC siempre tiene un cupo en las Mesas, en las Comisiones, en los Ministerios, en los altos Cargos. Un cupo territorial. Únase a esto que el PSOE si quiere gobernar necesita a los socialistas catalanes. Si ocurre lo contrario siempre va a ser un partido de oposición.

Y la gente olvida que tanto el PSE vasco como el PSC catalán tuvieron Grupo propio en el Congreso en 1977. Ernest Lluch lo fue del catalán y Solchaga del vasco. Luego los subsumieron y anularon pero ese debate y reivindicación siempre ha estado encima de la mesa.

El PSC no puede desligarse de la opinión pública catalana y se desmarca con buen criterio del PSOE que es un rodillo al que se le va la fuerza por la boca hablando de federalismo pero nunca asumiéndolo. Tiene ahora un problema Rubalcaba por no haber liderado él este planteamiento democrático que jamás asumirá el PP porque es un partido centralista. Lo asumió de mala manera con UPN en Navarra pero cuando ésta se desmadró juega ahora de nuevo con su propia sigla en el viejo Reino.

El problema es que el PSOE no termina de asumir la pluralidad del estado español y el que no puede seguir tratando a Navarro como si fuera un paria. Le reconvino por lo que dijo sobre el rey. En el fondo Rubalcaba y Chacón solo quieren un PSC domesticado. Y así les ha ido.

Jamás haría el PSE vasco lo que está haciendo Pere Navarro. Ellos son muy vascos pero pactaron con el PP, algo que nunca haría el PSC. Y en el Senado, forma parte de la Entesa donde están el PSC e Iniciativa. Viven separados del PSOE aunque en cuartos contiguos.

España tiene efectivamente un problema por haber apostado por irrealidades. Por una corona, manchada por el dictador e impuesta. Por una corrupción que no ha querido atajar. Por un estado que no quiere reconocer que es plural. Por un socialismo de hotel de cinco estrellas.

Si no rectifica, les van a rectificar. Como lo que acaba de hacer el PSC. Con buen criterio. Los partidos se deben a los ciudadanos y no a cúpulas de poder.

 

Zarzalejos echa una mano a la monarquía

Lunes 25 de febrero de 2013

José Antonio Zarzalejos, un periodista español nacido en Bilbao y monárquico hasta el caso de Botswuana tiene la teoría de que el rey ha de abdicar, pero con cuidado y salvando la primogenitura de Felipe de Borbón. Y ha escrito en El Confidencial que el rey, si no queda impedido por la operación de su hernia discal y ha de andar en silla de ruedas, no abdicará.

Zarzalejos, al que Jiménez Losantos le llamaba Carcalejos, desde la dirección del ABC fue el clásico mayordomo baboso y pelota que le rió todas las gracias al rey. Cuando en Vocento le dieron afortunadamente la real patada se convirtió en un tipo bilioso que por meterse con todo quisqui se metió hasta con quien hasta la víspera había protegido y hecho mil reverencias. Éstos son ahora los cortesanos de la Villa y Corte de Madrid, los que se dicen influyentes en esa falsísima Corte de los… Una desgracia para un país tener semejantes cortesanos. Sus ideas son estas:

  • No está dispuesto a marcharse por imposición… nacionalista o mesetaria.
  • Pero la nueva operación es aún más delicada que la anterior.
  • En resumen, si recupera la movilidad hay rey para muchos años.
  • Y para recuperar el papel perdido de ser una referencia moral de los españoles.
  • Encima, su abdicación se une al finiquito del régimen constitucional del 78, algo que resulta especialmente peligroso a día de hoy.

El artículo de José Antonio Zarzalejos ha echado leña al fuego. Que los nacionalistas catalanes y vascos, más o menos republicanos, pidan la abdicación del Rey de España es lógico. Ellos tratan de romper la unidad del país y Juan Carlos I es la imagen de esa unidad y tiene el mandato legal de velar por la misma. Pero que lo pida un, por otra, parte gran periodista, mesetario, como José Antonio Zarzalejos, resulta mucho más impactante.

Es cierto que Juan Carlos I no salió bien de sus operaciones anteriores. Ni sus piernas ni sus caderas soportan su peso y en la siguiente intervención del 3 de marzo se la juega. Si todo sale bien puede estar fuera de circulación durante más de un mes. Si sale mal puede perder la movilidad de forma permanente. Entonces sí, si se plantearía la abdicación en su hijo, SAR Felipe de Borbón.

Pero será por razones médicas. El Rey no está dispuesto a marcharse por imposición de los políticos nacionalistas o mesetarios.

Y lo peor es que la abdicación real se liga a un cambio de régimen. El eslogan actual en España es éste: el régimen Constitucional de 1978 se ha terminado. Por tanto, debe darse por terminada, o bien la Monarquía borbónica, o, al menos, el reinado de Juan Carlos I. Ojo, porque algunos defensores del eslogan pretenden una constitución más centralista, mientras otros prefieren la independencia.

Además, el asunto tiene sabor a contradicción. Si se pretende cambiar la Constitución y abrir una nueva etapa, no parece buena idea pedir la abdicación del forjador de ese régimen, que debería utilizar toda su autoridad moderadora para empujar el cambio, que ningún partido, ni probablemente la unión PP-POE, podría lograr. El futuro Felipe VI no posee -ni puede poseer- la autoridad que da los casi 40 años el Reinado de Juan Carlos I. Y menos en tiempos de crisis, donde no conviene distraer la atención. Además, cuando la unidad del país está amenazada, no parece una buena idea prescindir del principal factor de unidad que sostiene el entramado.

Pero lo que sí es cierto es que los escándalos que salpican a la Monarquía han mermado esa autoridad arbitral y, aún más, la autoridad moral -el principal arma de un monarca en el siglo XXI- de Juan Carlos I. El Rey ha dejado de ser esa referencia moral, basado en unos principios de antropología cristiana que constituyen la esencia de España.

Pero la abdicación, aquí y ahora, depende, sobre todo, de la movilidad del Rey. Sin movilidad, no puede reinar.