Lo que nos decían los del PP sobre los sueldos parlamentarios

Lunes 4 de febrero de 2013

Con unos medios de comunicación vigilantes, y con una justicia como Dios manda y un Tribunal de Cuentas con consejeros vitalicios y sin estar al albur de los partidos, la corrupción en España no hubiera alcanzado las actuales dimensiones siderales.

¿Alguien se acuerda de lo que le pasó al juez Baltasar Garzón por meter sus narices en el caso Gurtel?. ¿Alguien cree que en un país democrático los tesoreros y conseguidores del PP como Rosendo Naseiro y Sanchís hubieran seguido libres y forrándose?.

Y una experiencia personal.

La transición comenzó pagando a diputados y senadores cuatro perras. No era bien visto que de la política se viviese. Esa era la mentalidad del franquismo donde todo se complementaba y completaba con Consejos de Administración y otras canonjías.

Y para ir subiendo los sueldos se fueron añadiendo conceptos varios que dejaran un sueldo bien apañado, pero completado con dietas por vivir o no en Madrid, ser portavoz o no de una comisión, presidir una ponencia, ir a un viaje, cosas así.

Nosotros reivindicábamos, desde siempre, sincerar esta cuestión. Que la gente supiera lo que se ganaba y que además se dijera que la política democrática debía estar bien pagada para que a ella fueran los mejores y que no había que tener complejo por ello.

Todos los intentos chocaban contra el muro del PP. ¿La razón?. Había dos tipos de parlamentarios. Los de la base y los grandes elefantes que recibían sobresueldos y lógicamente estos no querían que nada se tocara. Rato, Trillo, Mayor Oreja, Arenas, Acebes, Cascos, Rajoy… todos los que estaban en primera y segunda fila de asientos del hemiciclo. No me extraña pues que el concejal del PP de Galdakao dimita. Él era un “pata a la llana”, frente a los “patas negras”. Los que cobraban.

Y esto ha funcionado así por dos razones.

Por unos medios de comunicación sobornados y por un poder judicial corrupto, incluyendo a un Tribunal de Cuentas que ha sido un Tribunal de Cuentos chinos.

Ha sido el trabajo de la picaresca española a tope y una transición política de la democracia a la dictadura, de vergüenza. Menos mal que ha hecho crisis.

 

El Rey no es un gran comercial. Es un comisionista

Domingo 3 de febrero de 2013

El pasado sábado estuve en el Gran Debate, el programa de Jordi González con Pilar Rahola, Carmona, Alcazar, Esteban y Gundin. Tras la controversia sobre el caso Bárcena y la presencia de Balbín, nos tocó de madrugada hablar de la posible abdicación del rey, de la imputación o no de la Sra. Cristina de Borbón, alias La Infanta, y del error de la Casa Real de mantener al secretario García Revenga hasta el 23 F. Sabe demasiado y así como a Bárcena, Mariano Rajoy ni lo mentó el sábado. Con García Revenga pasa algo parecido. Cuidado, que tiene púas.

Ya muy tarde volvió a salir la matraca de la utilidad del rey por ser un «gran comercial». A mí esta reflexión me indigna porque en ninguna parte de la Constitución habla del trabajo de «gran comercial» asignado al rey y si así fuera, debería estar controlado por el legislatiuvo. ¿A cuenta de qué un señor tan poco transparente como éste anda por el mundo haciendo de gran comercial, cobrando comisiones supermillonarias y no siendo controlado por nadie?.Y encima, esa parte imbécil de la política y el periodismo español lo alaba. Como si a Al Capone en su día vendiera bien la Marca Italia en el Bronx.

Me dirán. «No exageres». Y les contesto. «Déjenme ver las cuentas, los negocios y el patrimonio actual del rey y luego hablamos».

Ante la ausencia de un Tribunal de Cuentas de verdad, ante la imposibilidad del Parlamento de controlar absolutamente nada, ante la inexistencia de un órgano en el que el rey de cuenta de sus arbitrarios actos, no sé cómo todavía se tiene el tupé de decir que «es un gran comercial». Lo que es, de verdad, un gran comisionista. Me gustaría saber con lo que se quedó de su gestión en la elección árabe del tren de Alta Velocidad entre la Meca y Medina. Aunque algo ya sabemos. De hecho su amante Corina le organizó a cuenta de esto y con un príncipe árabe, la cacería de Botsuana.

Pero lo malo de todo esto es que el PSOE no dice ni mú. Ahora le tenemos a Rubalcaba calentito con el caso Bárcena, pero pierde toda credibilidad permitiendo lo que hace el rey. Es tan responsable como el monarca de sus fechorías, porque su obligación es impedirlo. Y nunca lo han hecho.

Finalmente.

Se habló de la abdicación del rey. Por mí, que se vaya de una vez y se convoque un referéndum sobre el sistema de representación. Pero antes hay que aprobar una ley orgánica que contemple que hacer con el ex rey. Y ahí debe estar la madre del cordero, no vaya a ser que, como en el caso de Chirac a cualquier honrado ciudadano se le ocurra imputar al rey por sus innumerables delitos económicos. Que no estaría nada mal. ¿No habíamos quedado que nadie está por encima de la justicia?.

 

 

La más absoluta impunidad

Sábado 2 de febrero de 2013

La democracia es un régimen de Opinión Pública. Y la opinión pública ha de estar alimentada de noticias veraces y argumentos consistentes. Si ocurre lo contrario, se deforma la realidad y se construyen imágenes y hechos sobre bases de barro sin contar lo que de manipulación irreconocible de la realidad se obtiene gracias a ese fraude que es la mentira compulsiva, continua y hecha a sabiendas con el objetivo puesto en construir una Opinión Pública hecha de cascotes.

Digo esto porque llegaba el domingo 27 de enero de un largo viaje y en el avión me entregaron varios periódicos, entre ellos La Razón. En su contraportada Alfonso Ussia escribía lo siguiente:

“Javier Arzallus, culto, inteligente y malvado como pocos, se presentaba en La Zarzuela como el referente de lealtad en el País Vasco del Señor de Vizcaya, es decir, el Rey.

“Engañó a todos. A Suárez, a Calvo Sotelo, a Felipe González y a José María Aznar. Mientras se deslizaba por las alfombras de La Zarzuela y Moncloa, animaba a los comandos de la ETA a dar “más caña” con el fin de urgir las transferencias políticas pendientes. Esto lo dejó escrito Juan María Bandrés en sus memorias de la agonía. En la espera de una audiencia del Rey, Arzallus le hizo una confesión a Sabino Fernández Campo. “Creo que hemos equivocado el camino, eligiendo el Estatuto de Guernica y renunciando a la lucha armada”. Aquello de que “unos menean el árbol y otros recogemos los frutos”. Sabino se disculpó y se presentó en el despacho del Rey. Le informó de lo que acababa de oírle a Arzallus, y el Rey no dudó ni un segundo:

“Despáchalo tú, Sabino”. Fue la última vez que Arzallus visitó La Zarzuela”.

Todo este párrafo escrito en la ocasión de la próxima visita del presidente de la Generalitá al rey, es de principio a fin falso. Burdamente falso. Gravemente falso. Pero ahí queda escrito en un periódico madrileño cuyos lectores son propicios a comulgar con ruedas de molino.

Fue Arzalluz quien en 1978, en plena discusión constitucional formuló desde la tribuna del Congreso la propuesta del Pacto con la Corona, que era su forma de argumentar sobre un Pacto con el Estado. Y en esta primera intervención debió de estar tan claro y contundente que a raíz de la misma una delegación del PNV (Arzalluz, Garaikoetxea, Galdós, Unzueta) se reunió el 16 de abril en el despacho del jefe de monitores de la estación de Candanchú con el rey para explicarle de qué iba aquello. Y es que aquel fue el planteamiento del PNV ante la Constitución. Posteriormente se ha visto de qué sirvió y aunque posteriormente hube de hacer de mensajero de una nota de Arzalluz al rey en tiempos de un implacable Aznar, jamás se produjeron las cosas entre Arzalluz y el rey como tan frívolamente cuenta Ussia.

La última vez que Arzalluz habló con el rey fue a cuento de una visita del presidente del EBB a la Moncloa en 1998. Estando en ello le llamó el rey a Aznar y éste le puso al teléfono a Arzalluz. Quedaron en verse. Hasta hoy. Nada que ver con esa novela del oeste que cuenta Ussia.

¿Qué hacer ante esta evidente falsedad?. ¿Denunciarlo?. Ya lo hizo Arzalluz en su día ante unas declaraciones de Tasio Erkizia siendo sobreseída la reclamación por considerar el juez que este tipo de demasías son propias de la dialéctica política. Y también ocurrió ante una denuncia del entonces diputado Jaime Mayor Oreja. Es decir, aquí se puede decir lo primero que a uno se le pase por la cabeza con la seguridad de que no va a ocurrir absolutamente nada.

Lo malo de este sujeto, Alfonso Ussia, es que funge de chambelán de la figura del padre del rey a la que ha manipulado, dándole el título de Juan III y tras apoderarse de ella pretende, como con el CID ganar batallas después de muerto usando indebidamente su nombre. Eso sí. Para eso hay que mentir, intoxicar, manipular, decir cosas que no son verdad, hacerse el gracioso, y desde ese minarete arrear a todo lo que se mueve tratando de hacer más difíciles las relaciones entre unos y otros.

Como he dicho al principio, la tesis de Ussia es que el rey no le reciba a Artur Mas. Ussia se pregunta si el rey está obligado institucionalmente a aguantar a un presidente de la Generalitá que según él quiere cargarse con su plan soberanista y su derecho a decidir la unidad de España. “Mas se apresta a visitar al rey de España para decirle que Cataluña, unilateralmente y saltándose todas las leyes habidas y por haber, va a independizarse de España y crear un nuevo estado soberano. En una palabra, visita al rey para insultar la figura del rey y el rey lo recibe para ser insultado. Está muy claro”.

De ahí que Ussia mienta sobre Arzalluz, se invente una historia falsa y rocambolesca y como conclusión le pida al Jefe de la Casa Real que despida a Artur Mas sin que el rey le reciba.

Esto es lo que hay en un Madrid que todavía no se ha enterado que las cosas ya no son como antes. Ni lo serán. Y que si el PP y el PSOE siguen riéndoles las gracias a tipos como el descrito, será imposible muy en breve tener una mínima relación sobre nada.

Conclusión: Tenemos una casta política palaciega en la Villa y Corte que no merece ni tan siquiera el nombre de tal y junto a esto no tenemos mecanismos de defensa ante abusos de esta índole. Es preferible ni moverse ante la manifiesta impunidad de unos escritores tirapiedras que buscan solo la confrontación, la apertura de abismos, la pelea por la pelea. Malos tiempos para la lírica. Y para la verdad.