Una entrevista light al Rey para evitar el desplome

Jueves 3 de enero de 2013

Todo en este glorioso estado español está asentado en la mistificación y en la manipulación. Lo vamos a ver este sábado 5 de enero cuando Jesús Hermida, en plan condescendiente y riéndole las gracias, le haga por primera vez en 37 años de reinado una entrevista a su Majestad. En 37 años, en esta España tan moderna de la que alardea, el jefe del estado español no ha concedido una sola entrevista a la televisión. Pero, ¡eso sí!: será una entrevista pactada y por tanto amañada. Nada de Urdangarin, nada de Corina, nada de su distanciamiento de la reina, nada de elefantes, nada comprometedor para un señor que vive del erario público, no da cuentas ante nadie, y encima ha hecho en 37 años de su capa un sayo. Pero un sayo de armiño, y en Ferrari.

Esta es la ejemplar democracia española que cuenta con un partido socialista que tras la entrevista saldrá diciendo lo magnífico que ha estado el rey y lo claro de su exposición. Eso sí, nada de preguntar sobre Alfonso Armada en relación con el 23-F. En el avance que han dado dice el rey que como estaban los golpistas bajo sus órdenes los mandó al cuartel. Curioso, porque desde Milans hasta Armada, pasando por Tejero efectivamente todos su sublevaron en su nombre, pero él jamás dio cuenta de ello en el juicio de Campamento que fue una vergüenza democrática que Felipe González avaló. No así Suárez, que escribió aquella carta titulada “Yo disiento”, porque aquel juicio había sido una burla más. Pero de estas cosas no preguntará Hermida. Solo de bobadas y generalidades que responderá el periodista con cabezazos de lacayo.

Esta noticia se une con otra que podía ser incluso más escandalosa si las preguntas que hace el CIS y Sigma Dos no fueran tan complacientes ni tan poco comprometedoras.

Y es que la Monarquía española no vive su mejor momento, especialmente salpicada por los escándalos del rey y de algunos de sus miembros. Y este desapego queda constatado en las encuestas. La realizada por Sigma-Dos para El Mundo deja en evidencia que la Corona está en mínimos históricos.

De hecho, el apoyo a la Monarquía cae seis puntos en tan sólo un año, tiempo marcado por los escándalos de los duques de Palma o la famosa cacería de elefantes en Botsuana en la que el Rey se rompió la cadera. Tras ésto, sólo el 54 por ciento se muestra favorable a este sistema mientras que el rechazo ha subido hasta ocho puntos situándose en el 41 por ciento de la población. Creo que son muchos más.

Del mismo modo, un 44,7% de los encuestados considera que el Rey debería abdicar ya en el Príncipe Felipe. Mientras, un 40% cree que don Juan Carlos debe seguir reinando.

La imagen del Rey ha caído estrepitosamente en este año y el Príncipe Felipe mantiene el tipo y sólo cae siete puntos en este año. Un 62,3% de los españoles tiene una buena o muy buena opinión sobre el heredero.

Por su parte, la imagen de la Reina se mantiene como la mejor de la Casa Real puesto que el 66,7% tiene una buena o muy buena imagen de ella. No tiene tanta suerte Letizia Ortiz, que consigue la aprobación de algo más de la mitad de la ciudadanía.

Donde casi hay unanimidad es en la opinión sobre Iñaki Urdangarín. Un 96% tiene mala imagen de él mientras que el 70% cree que la Casa Real ha gestionado mal el caso del duque de Palma.

Es normal que Urdangarin tenga tan mala acogida. Es el malo de la película, el chivo expiatorio de la obra de teatro por hacer lo que su suegro lleva haciendo 37 años. Si la información sobre el rey hubiera sido tan clara como la de Urdangarin, hoy Juan Carlos viviría en un adosado en Chamartin. Y en relación al hijo, Felipe, normal. Tiene una diaria campaña de imagen que para sí quisiera Rajoy.

Pero ésto es lo que hay en esta España embustera que quiere creerse sus propias mentiras. Nada nuevo bajo el sol, señora baronesa.

Aquella boda en el Kursaal entre Jaime y Nicolás

Miércoles 2 de enero de 2013

El partido socialista anda desnortado. Se pregunta a sí mismo quien es, y nadie responde. “¿Hay alguien ahí?”, se preguntan los de la Casa del Pueblo de Portugalete, y en vez de responder Patxi López, nacido en la calle Cascajales, responde Aznar. “¡Ostras!. Lo que nos faltaba” se dicen los viejos metalúrgicos que nunca han entendido el por qué tanto el PSE, el hijo de Nico, Zapatero, Rubalcaba y demás, han podido pactar con el PP cosas de comer con las que no se juega. “¿Y luego os preguntáis lo que os pasa?”. “Es eso lo que os pasa”.

Lo acaba de escribir el ex presidente en su libro. El fin justificaba cualquier tipo de medio para acabar con Ibarretxe. Había precedentes. En 1978 el PSE pactó con UCD para quitarle a Juan de Ajuriaguerra, del PNV, y ponerle en la presidencia del Consejo General Vasco a Ramón Rubial. Lo de Patxi López con Basagoiti tenía pues antecedentes, pero nunca una ceremonia tan fastuosa como la oficiada en el Kursaal de San Sebastián el 28 de abril de 2001. Gobernaba en Madrid, con mayoría absoluta, José María Aznar López. En Euzkadi, Juan José Ibarretxe.

El principal animador de aquel acto fue Fernando Fernández Savater. Presentaban las intervenciones Maite Pagazaurtundua y José María Calleja. Se hizo el silencio y los focos se dirigieron hacia el centro del escenario. Allí aparecieron Fernández Savater, Nicolás Redondo y Jaime Mayor Oreja. Era una boda laica. Juntaron sus manos y el público enfervorizado se puso a gritar: ¡España!, ¡España!, ¡España!.

Un mes después, los que se tildaban de constitucionalistas perdieron las elecciones. Aquella foto había resucitado a los muertos. Un sudor corrió por las espaldas de la gente normal. No querían a ETA, ni a su brazo político, pero tampoco aquel españolismo de garrafa. El 13 de mayo, perdían las elecciones. Mayor Oreja acabó en Bruselas tutelando con el mando a distancia a María San Gil. Nicolás Redondo en el Consejo de las Koplovitz. Salió ganando. Tiene ahora una Fundación que da labeles de democracia.

Cinco días antes que el Ejecutivo de Ibarretxe aprobara el proyecto de libre adhesión Redondo y Mayor Oreja, en el 2003 volvían a presentarse juntos. El marco era el Club Siglo XXI y la chapa la daba don Jaime. Le presentaba el hijo del sindicalista, Nicolás jr.

Todo ésto me ha venido al recuerdo al ojear el libro que acaba de editar Aznar y que reconoce en el 2012 lo que sabíamos o intuíamos el 2001. Antes la España Roja que la España Rota. Nada nuevo por otra parte.

“Jaime (Mayor) sería presidente del Gobierno Vasco los dos primeros años y Nicolás (Redondo), los dos últimos”. De esta forma desvela el expresidente del Gobierno, José María Aznar, en sus memorias, un dato iné­dito y desconocido: el “acuerdo” que habían alcanzado en 2001 el PP vasco y el PSE-EE para desbancar a Juan José Ibarretxe de la Lehendakaritza.

Según el libro que Aznar ha presentado, Mayor y Redondo Te­rreros habían pactado repartirse el mando del Ejecutivo autonómico vasco pero la clarísima victoria de PNV-EA frustró una “operación política de gran envergadura”, en palabras de Aznar, que “de haber tenido éxito habría cambiado el rumbo político del País Vasco y del conjunto de España. Pero no salió como todos deseábamos”. ¡Menos mal!

Éste es uno de los extractos de la obra Memorias I, que el exlíder del PP presenta estos días por diferentes localidades de España. El pasaje se sitúa en el capítulo “Mi decisión más difícil, que aborda la elección de Mariano Rajoy en 2003 como sucesor de Aznar al frente del partido y como candidato a la presidencia del Gobierno. Como se ha publicado, la primera alternativa en la que pensó Aznar fue Rodrigo Rato, pero su negativa le hizo decantarse por el actual presidente. El tercero en esa liza era Jaime Mayor, expresidente del PP vasco y candidato a Iehendakari en las autonómicas de 2001, en las que populares y socialistas coincidieron en su intento de desbancar al PNV, en pleno final del pacto de Lizarra entre abertzales.

A la hora de exponer las razones por las que no eligió a Mayor como candidato a La Moncloa, Aznar recuerda que “el problema era que había apostado muy fuerte en una partida arriesgada”, las elecciones vascas de mayo de 2001, según recoge la obra. “Si Jaime hubiese conseguido desalojar al PNV del poder con el apoyo de los socialistas creo que él mismo habría presentado su candidatura al liderazgo del Partido Popular”. Todo perfectamente calculado. Pero no contaron con Ibarretxe.

Es aquí, donde Aznar desvela un pasaje desconocido basta ahora. Relata que Mayor “había alcanzado un acuerdo con Nicolás Redondo Teneros que le despejaba el camino en sus aspiraciones nacionales: en caso de sumar los escaños suficientes para gobernar el País Vasco, Jaime sería el presidente del Gobierno Vasco los dos primeros años y Nicolás, los dos últimos”. En esta segunda parte de la legislatura, según se deduce de la narración de Aznar, Mayor se habría dedicado a pelear por la sucesión de Aznar y dar el salto a La Moncloa desde la plataforma que suponía ser el primer Iehendakari no nacionalista vasco, en plena ofensiva de ETA y con las formaciones “constitucionalistas” y el PNV inmersas en un descarnado enfrentamiento.

Dura campaña

La entente de Mayor y Redondo siempre se simbolizó en la fotografía conjunta en el Kursaal donostiarra, junto al filósofo y miembro de la plataforma cívica ¡Basta ya! Fernando Fernández Savater alzando los brazos de ambos. En aquella época se daba por hecho que la suma PP-PSE, en este orden, superaría a la de PNV-EA y EB, y que el entonces secretario general de los socialistas se convertiría en el vicelehendakari de Mayor. Según desvela ahora Aznar, los planes iban mucho más allá.

No obstante, Ibarretxe y el PNV lograron movilizar al electorado nacionalista frente a la entente constitucionalista con un incontestable triunfo de 33 escaños y un récord histórico de 600.000 votos. El PP logró el mejor resultado de su historia, con 19 escaños, pero insuficiente ya que el mal resultado del PSE-EE, con 13 asientos, no sumaba la mayoría precisa. Euskal Herritarok, fuera del juego de pactos tras el final de la tregua de ETA, se descalabró hasta quedar en siete escaños, la mitad de los que poseía, mientras que EB sumaria su único parlamentario a PNV y EA.

De todas formas, en el libro Aznar elogia la acritud de Mayor tras conocer que no sería su sucesor, “Las cosas fueron más fáciles (que con Rato)”, señala. Su reacción fue de “absoluto respeto, colaboración y lealtad”, sin “el más mínimo reproche”. A Aznar no se lo hizo. Se lo sigue haciendo éste al PNV. ¿Por qué?. Porque le ganamos.

 

Prieto no pasaba del Boga-Boga

Martes 1 de enero de 2013

Si Eva llega a ser vasca, con la manzana hubiese hecho compota.

Manu Sota.

El primer mensaje de Gabon (Navidad) de un Lehendakari se produjo en 1936 desde Radio Bilbao que funcionaba en la parte trasera del Carlton (la entonces Lehendakaritza). Fue editado. Era un discurso de esperanza a pesar de la dureza de la guerra. El siguiente mensaje el Lehendakari Aguirre lo redactó en Barcelona donde estaba refugiado. El siguiente en París y, el más complicado, en 1940 cuando huyendo a través de Berlín, su mensaje sirvió para que los vascos y los franquistas supieran que estaba vivo. Y en todos aquellos años su obsesión fueron los presos y los asesinados por la represalia franquista y el marcar un camino de ilusión.

No se puede banalizar las angustias que pasan las familias con todos sus elementos en paro, pero como país, no está nada mal echar un poco la vista atrás para conocer cómo pasó el fin de año del año 1941 el lehendakari Aguirre y su familia. Vivían en el exilio de la ayuda externa, y su obligación era mantener la llama a una Euzkadi aherrojada, perseguida, sometida a una dictadura feroz, cutre y viviendo una total pobreza, mientras la guerra mundial comenzaba a apuntar un repunte de los aliados. Y ahí estaba Aguirre con su mensaje de esperanza.

Permítanme por tanto reproducir de su Diario personal la narración de aquellos días navideños de fin del año 41 para tener una cierta perspectiva de esta larga cadena de lucha de generaciones ilusionadas en un futuro mejor. Escribió el lehendakari Aguirre:

“29 de diciembre de 1941.

Llego a la Delegación por la mañana, donde trabajo hasta la una. Llegamos al restaurante Jai-Alai de don Valentín Aguirre, en el que Prieto nos obsequia con una buena comida. Aquello ha tenido más sabor nuestro. Después de comer se ha cantado. Prieto no pasa del Boga Boga. Si esto lo supiesen en Bilbao, no terminarían los comentarios, ni las murmuraciones. La amistad Prieto-Aguirre ha preocupado mucho, incluso a correligionarios míos. Gente de poca vista quien tiene esas preocupaciones. Una cosa es la amistad incluso con adversa­rios políticos y otra muy distinta la lucha política. Jamás pactamos con Prieto nada. Antes bien, somos nosotros quienes le hemos derribado de su pedestal político al cual subió en Euzkadi con la ayuda de quienes nos critican. Hoy en Euzkadi no hay lugar para el espíritu extraño de Prieto o de Franco y sí sólo para el espíritu nacional vasco.

30 de diciembre de 1941

Por la mañana sigo trabajando en casa. Por la tarde voy a la Delegación. Poco después llegan los ingleses para seguir estudiando la organización de la propaganda y servicios en Sudamérica con nosotros. Los puntos de vista que les explico son aceptados. Han pasado un mal rato cuando les he mostrado mi disgusto, porque no tengo noticias de Londres, de que hayan recibido unas cuantas cartas, que para Manuel y Ortuzar y luego para Manuel y Pi i Suñer, les envié por la valija de los ingleses. En estos tiempos todo es posible. Da miedo pensar que en medio de una guerra como ésta puedan existir enemigos en los centros diplomáticos ingleses y americanos. Y sin embargo es así. Los jefes ingleses estaban muy preocupados, pero yo lo estoy más, pues en las últimas cartas iba expuesto todo el plan de acción vasco-catalán. Me prometieron enterarse bien de lo que ha podido pasar. Vuelvo a casa. El buen amigo Intxausti está naturalmente preocupado con lo que sucede en Filipinas.

31 de diciembre de 1941

Hoy termina este año lleno de emociones y de aventuras. Termina bien a Dios gracias. Hemos pasado el día en casa por la mañana, dedicado, yo a mis tareas ordinarias. Por la tarde he ido a Nueva York, y por la noche nos hemos reunido todos en casa de Ganboa, invitados a pasar allí el Gabon Zar. Recuerdos de tantas cosas pasadas… son el tema obligado de estas reuniones entre compatriotas. Oímos por la radio las doce campanadas que acompañamos con una oración privada para que el próximo año sea menor en desgracias y en cambio anuncie ya con claridad el porvenir que esperamos cada día con mayor firmeza. Poco después de las doce salimos para tomar el tren, que una media hora más tarde nos dejaba en White Plains, en pleno primero de enero de 1942.

Termino 1941 entre dolores y esperanzas. Comenzado en Lovaina, concluye en Nueva York, después de haber atravesado media Europa en guerra, un mar lleno de peligros y el continente americano de sur a norte. Aquí me ha recibido el cariño y afecto desbordante de los compatriotas y amigos, allá hemos dejado, en la incertidumbre de una larga separación, madres y hermanos. Más allá aún quedan amigos entrañables, que sufren bajo los barrotes de la prisión por el delito horrible de amar a su Patria. Yo no tengo más que motivos de bendecir al buen Dios que me llevó de su mano. No fue otra mi petición constante, si ello fuera a su gloria y al bien de mi Patria en libertad. Pienso con seguridad en el final victorioso, pero en el camino encontraremos aún mucho trabajo y dolor. El año 1942 será mejor que el pasado, a pesar de todo. Esforzándome así con la misma fe de siempre.

1 de enero de 1942

Comenzamos felizmente el año nuevo. Hemos asistido a la misa solemne de nuestra pequeña iglesia. En casa de Intxausti celebramos la fiesta dignamente. Están invitados Manu y Ramón Sota, que también se quedan a cenar. El árbol de Navidad está iluminado, los pequeños disfrutan mucho. Nosotros olvidamos que hay muchos que no pueden disfrutar como nosotros estas fiestas tan de hogar. Familias separadas, amigos queridos encarcelados, otros pasando privaciones en el exilio. Nos consuela pensar que todos estos sacrificios no serán inútiles.” Hasta aquí parte del diario de Aguirre”.

Premios a dos trayectorias

Y como estos días de lo que se habla es de cenas, hagámoslo de la que tuvo lugar en El Palace el martes 18 organizada por la Asociación de Periodistas Parlamentarios. Esa noche entregan premios anuales. Desde al mejor orador, al azote del gobierno, al azote de la oposición, al más activo,  al senador del año; la pregunta más o menos ingeniosa. Cosas así.

Este era el fondo. El hecho concreto fue una mala noche de febrero 2011. Me asomé al despacho de Joseba Zubia y le pregunté a las 9:30 porqué no apagaba la luz y nos íbamos a tomar una cervecita. Me dijo que tenía que revisar aún el proyecto de reforma del estatuto de Extremadura. Al poco se levantó para consultar un dato en el Aranzadi y se quedó con los ojos borrosos. Un ictus maldito le visitó. Cuando al día siguiente fuimos a visitarle al Ramón y Cajal, el jefe de planta nos dijo: es una mezcla de estrés, y tensión alta. Un palo. En el senado también hay estrés. Pero Joseba se recuperó estupendamente, salvo en su visión. Ve muy bien de lejos a una chavala de 18 años, pero de cerca, en los laterales, su visión se resiente. Ante esto le dijo al EBB que sintiéndolo mucho no contaran con él como senador autonómico. Desde entonces ha seguido activo  y en el último pleno del año le corrigió al presidente diciéndole que había mandado votar dos veces una enmienda de CIU. Pio García Escudero le dio la razón, le felicitó por lo detalladamente que llevaba las votaciones y toda la Cámara, desde el PP a IU, le aplaudió.

Con esa idea Erkoreka y yo fuimos donde todos los portavoces parlamentarios de ambas cámaras, con sus presidentes y letrados mayores y todos a la primera firmaron la petición de un premio para Joseba esa noche ya que Zubia ha sido diputado y senador y, como Erkoreka hoy, Consejero del Departamento de Justicia y Desarrollo Autonómico. “El informe Zubia”, nombre con el que le bautizó Kepa Bordegaray era un informe de las transferencias que quedaban por cumplir en 1995. Hasta Rosa Díez, consejera de Ardanza con Zubia, nos firmó encantada la papela de petición del premio.

En resumen, que esa noche la APP le dio a Joseba Zubia el premio al trabajo de toda una vida y a Josu Erkoreka el premio que iba a ganar, pero que en virtud de su dimisión como diputado le dieron uno especial. Hubo palabras de ambos. Destacó el cariño y la entrega de la gente hacia los dos. Y allí estaban desde Rubalcaba a Soraya Sáenz de Santamaría, el presidente Jesús Posada, diputados, senadores y periodistas de todo pelaje. Sin prensa, no hay democracia. En Madrid el Grupo Vasco tiene prestigio y en el nuevo gobierno vasco hay tres exparlamentarios madrileños (Erkoreka, Tapia y Gatzagaetxeberria) que saben a qué puerta dirigirse y eso es un plus para este ejecutivo presidido por Urkullu. ¡Zorionak eta Urte Berri On!.