Reproduzco dos comentarios de personas sensibles que, me imagino ,no les gusta la figura de Trump, pero a la hora de elegir defienden el derecho de los venezolanos a que no les usurpen las elecciones, dejen de sobrevivir para poder vivir,no tengan que emigrar, dejen de sufrir y puedan vivir en libertad, aunque quienes pretenden taparnos la boca, a cuenta del derecho internacional, entre dos derechos eligen el del sátrapa.
Es así. Venezuela lleva 27 años de dictadura y no hay manera legal de salir de ella. Pero éste dato no les importa.
Reproduzco dos reflexiones. La de Ander Elortegi, bermeano, joven y exitoso profesional Director General del Hotel Palacio de Arriluze y la de Eretza. Aquí están:
ANDER ELORTEGI
Informarse de lo sucedido ayer en TVE o ETB fue lo más parecido a hacerlo con Telesur. Cero empatía por el pueblo venezolano, todo dentro de un prisma donde les preocupaban los derechos de un dictador pero nada los de sus víctimas.
Analizaron lo que sucedió como si hubieran derrocado a un líder de un país democrático y no a un tirano sanguinario.
La ideología antioccidental y nuestras fobias anti-imperialistas siempre por encima del drama que han vivido y viven millones de venezolanos
ERETZA
¿De verdad nuestras extremas izquierdas habrían protestado porque en 1945 una operación militar aliada hubiera depuesto a Franco?. Me dirán que no es lo mismo. Nunca es lo mismo, aunque la muerte el secuestro, la tortura sean las mismas.… ¿Se puede tiranizar un pueblo con un régimen absolutamente opresivo, destruir la economía de un país y llevarlo a la miseria, provocar el exilio de ocho millones en una nación de 25 millones y robar unas elecciones a la luz del mundo, del pasado 28 de julio de 2024 y nuestras izquierdas extremas bien pensantes y alfombronas no dirán ni pío… siempre que se trate de un régimen que ellos consideran de «izquierdas», aunque la verdadera izquierda, teóricamente luche por la justicia.
Tratándose de un «régimen izquierdista» todo eso y más está justificado, todo sea por acabar con la oligarquía capitalista (todos los que se opongan al régimen), frenar el imperialismo (el yanqui o europeo, claro, otro no hay) y lograr la igualdad (aunque sea por abajo, todos iguales en la miseria …).
Ni toser, oiga, a acabar con todos los derechos que en la decadente Europa nuestros reivindicativos izquierdistas reclaman en todo momento. Pero si alguien (y me da igual quién lo haga) depone al tirano y abre la posibilidad de un cambio de régimen, nuestras izquierdas más exquisitas ponen el grito en el cielo y piden que vuelva al poder el tirano. Penoso.
Ya he dicho que no me gustó nada la rueda de prensa de Donald Trump en el despacho Oval de la Casa Blanca. Habló de una operación quirúrgica impecable porque no había habido ningún muerto estadounidense obviando a los 32 cubanos muertos. Podía haberse condolido y dicho que se demostraba el tutelaje de Cuba al chavismo, no a USA, pero demostró falta absoluta de humanidad. No habló ni de derechos humanos ni de democracia, faltó al respeto a María Corina Machado que en elecciones libres y si la oposición no se trocea, arrasará, e hizo especial hincapié en su interés por el petróleo venezolano dando alfalfa a esa izquierda caviar que puso su foco en ese punto móvil y que es verdad, pero es solo parte de la verdad. Lo hizo torpemente como un ególatra que es y demostrando una total falta de empatía e incluso de un mínimo en marketing, explicar para que te entiendan. Fue muy torpe y le dio alas a la izquierda caviar para que el foco pasara de Maduro al supremacista machista de Trump, que lo es y mucho. No nos olvidemos de su asalto al Capitolio. Y es que lo que ha hecho con una mujer valiente como María Corina, no tiene nombre. Año y medio perseguida en un zulo y una manifiesta tirria por algo tan de adolescente por que le ganó el Premio Nobel de la Paz demostrando que además de vulgar es un machista de libro.
Yo viví en aquella Venezuela plagada de compañías petrolíferas estadounidense donde trabajaban muy a gusto los vascos. Martin Ugalde en la Creole, la hija del Consejero Aznar, Esther, Ricardo Libano, locutor de Radio Euzkadi y presidente del Centro Vasco de Caracas y muchos más; así como Karmele Urresti, la viuda de Patxi Letamendi, en la Mobil, el ingeniero electrónico José Joaquín Azurza que se hizo con dos trasmisores de la Shell para que desde Venezuela se trasmitiera como Radio Euzkadi trece años, y muchos más. Y no veíamos esas petroleras como algo nefando, porque creaban muchísima riqueza para Venezuela.
Nacionalizado el petróleo por Carlos Andrés Pérez el chavismo arruinó la industria petrolera. Que se lo pregunten al presidente de Monómeros que vive en un pueblo de Bizkaia, o a Iker Anzola o a la familia de Alberto Guruceaga (GB) cuyo aita en la imprenta familiar hacia toda la propaganda clandestina del PNV y a personalidades así ,extraordinarios profesionales, que están dispersos por el mundo pues a cuenta de una huelga de los trabajadores de PDVSA, Hugo Chávez, expulsó en un solo día a 18.000 trabajadores sustituyéndolos por militares, militantes chavistas y gentes que no sabían distinguir una válvula de una tubería, mientras la cúpula robaba a espuertas el petróleo que además pasó de 10 euros por barril a 110 y Chávez repartía esa riqueza por países amigos como Cuba que luego lo comercializaba en el mercado negro. No sé de que van a vivir ahora.
¿Y qué pasó?. Tras arruinar por falta de mantenimiento y conocimiento una industria que funcionaba como un reloj, hoy la industria petrolera ha caído a extracciones mínimas de barriles siendo hoy sus campos cementerios de hierro oxidados. Chávez con su grito de “¡Exprópiese!” y de “¡Leales siempre, Traidores Nunca!” lo achatarró todo y Maduro con su ignorancia y negociación con China, Rusia, Turquía e Irán ha hecho que para que el petróleo de Venezuela pueda ser competitivo, ha de lograrse una inversión hipermillonaria que solo lo puede hacer con garantías las compañías estadounidenses que tienen experiencia no solo en los Estados Unidos sino en la propia Venezuela sin olvidarnos de Chevron con la que Maduro ha logrado acuerdos de explotación durante estos años, con lo que la acusación de que Trump quiere el petróleo es verdad, como lo quiere China, España, Rusia y Turquía siendo los estadounidenses los que mejor conocen el paño. El chavismo lo sabe bien pues no han hecho más que negociar con lo que llaman el imperialismo yanqui, que es muy malo al parecer para los demás, pero no para ellos.
¿Y Repsol no desea el petróleo de Venezuela?. Por supuesto. El chavismo tiene una deuda millonaria con esta compañía de bandera española que pasará dificultades si Sánchez sigue creyéndose el Che Guevara europeo y firmando acuerdos con los países más adversos a los Estados Unidos dejando el consenso europeo, que debería ser su papel, pero lo hace por pura demagogia.
El intelectual Arturo Uslar Pietri, quien abrió las puertas en 1939, al exilio vasco, decía que había que sembrar el petróleo, es decir, diversificar su economía. Hoy Venezuela a falta de talento vive malamente del poco petróleo que extrae y mal vende mientras sus cerebros petroleros que está en Texas, Kuwait, Inglaterra y Emiratos en relación al petróleo, pero asimismo en todos los renglones de la actividad económica, dispersos por el mundo, esperando muchos de ellos volver si el nuevo gobierno logra repatriar a tanto venezolano comprometido y con la formación y contactos suficientes para sacar adelante un país al que una dictadura basada en el terrorismo de estado les condena a la emigración deseando todos que pase al basurero de la historia cuanto antes.
Un país sin que a su población se le cure, se le enseñe, pero se le persiga es un país que no tiene futuro y aunque el torpe de Trump hable solo del petróleo, incluso en esa situación sería un millón de veces mejor que lo actual al recordar que cuando las compañías petroleras norteamericanas, los llamados gringos, explotaban “el excremento del diablo” se hacían hospitales y autopistas, se impartía educación, se innovaba, se bailaba salsa y joropo, se apostaba por el turismo y hasta por los concursos de misses machistas, pero era un país que no emigraba sino que recibía emigración y sonreía todo el día.
En resumen, a pesar de Trump y su imperialismo verbal (la realidad es otra), al no estar produciendo Venezuela petróleo por la desastrosa gestión de Maduro apoyada por Bildu y la izquierda caviar y la falta de inversiones, se está mucho mejor que hace una semana. Son necesarios muchos sacos de buena inversión internacional que no tiene aquel país y sí Europa y los Estados Unidos, así como concesiones privadas trabajan para recuperar la producción, el resultado generará inmensos ingresos que bien repartidos logrará bienestar a la sociedad venezolana hoy condenada al hambre y a la entrega de latas y una tartera para poder sobrevivir. Lo importante es que los europeos y americanos todos se hagan con las concesiones y evitar que las monopolice China. La víspera de la operación quirúrgica Maduro recibía a una delegación china que curiosamente estaba en ello (algo no criticable por la izquierda que apoya a Putin), pero para la izquierda caviar lo malo es si eso lo hacen los estadounidenses. Pagando nadie roba nada.
Y ahí enmarco las declaraciones del supremacista Trump.
Algo así ocurrió con el hierro de Bizkaia en el siglo XIX que está presente en toda la geografía de Gran Bretaña tras el descubrimiento del horno Bessemer, el nombre de un señor inglés de origen francés, no de Arratia, que revolucionó la producción de acero gracias al sistema de descarbonización del hierro en base al aire, Bizkaia despertó.
Sin los ingleses, que además trajeron el fútbol, Bizkaia no hubiera logrado su bienestar ni su poderío y Euzkadi menos sabiendo que un grupo pequeño de empresarios vascos se hicieron hipermillonarios e Inglaterra nos sacó hasta la última barra de acero, pero ¿se hubiera podido hacer lo que se logró sin aquella inversión inglesa?. ¿Alguien le protestó al señor Bessemer por su injerencia inventora ?.
Aquí la izquierda caviar lo hubiera hecho. Es preferible ser pobre en la choza, menos ellos con celebraciones en el txoko, a que todos podamos vivir mejor.
Y, en cuanto al derecho internacional, invito a leer el informe de la ex presidenta socialista y de izquierdas Michelle Bachelet sobre los derechos humanos bajo Maduro, sus asesinatos, sus torturas, sus robos, que dio origen a su denuncia en el Tribunal de la Haya. Al parecer esto no son derechos humanos ni legitimidad internacional. Y que pregunten a tanto venezolano emigrado qué opina de exquisitas reflexiones en el foro desde impolutas torres de marfil desconociendo flagrantemente el dolor humano.
En resumen. La culebra esta con media cabeza en una cárcel en Brooklyn. Solo falta ahora el resto de la culebra y que pronto la paz, la democracia, los derechos humanos y la riqueza fluya para todos en aquel gran país.
Una de las estrategias de la Izquierda Caviar (Bildu, Sumar, Podemos, ELA y LAB) es la de poner el foco en el “imperialismo yanqui”. Nada nuevo. Y el culpable no es un terrorista de estado como Maduro sino el sicópata de Donald Trump. Puestos a elegir y con los dedos en la nariz me quedo con el segundo, que tiene fecha de caducidad. Pero insisto, el problema es Maduro, no Trump y aunque no esté de acuerdo con injerencia alguna éste macarra de Maduro tenía pinta que iba a acabar como Franco en la cama de no haberse producido el 3 de enero.
Y está muy bien hablar de la legalidad internacional olvidando lo que acaba de hacer Sánchez con el Sáhara y mirar al techo sobre la legalidad democrática venezolana argumentos vacíos que llena las tertulias.
Este lunes, salvo el acertado análisis de Lurdes Pérez, oírle en Radio Euzkadi al fanático bildutarra Jonatan Martínez defender a Putin y criticar a Trump o a Juanjo Álvarez hacer un discurso absolutamente vacío sobre la legalidad internacional y a la periodista conductora del programa actuar con la exquisita equidistancia de los elegidos para opinar desde el sofá obviando el inmensísimo dolor venezolano y olvidando a los dos bilbaínos encarcelados o al asesinado Gaizka Etxearte, sulfura y mucho sobre todo, no a mí, sino a los 40.000 venezolanos que viven por nuestros lares porque el maravilloso chavismo ha arruinado un país riquísimo. ¡Que va!. Eso no importa. Lo importante son los gringos y su abuso del poder. El otro no importa.
Traigo aquí lo escrito hoy en La Vanguardia por Joaquín Luna, antiguo corresponsal de este periódico en la ONU, para tratar de contrarrestar tanto argumento vació o hipócrita sobre lo que está pasando en Venezuela. El artículo tiene un titular fantástico que hago mío y que lo viví ayer en la manifa de Bilbao, algo que nuestros exquisitos comentaristas a la violeta no lo huelen ni a cien millas. Dice así:
Los ciudadanos saudíes viajan por el mundo en hoteles de cinco estrellas; los venezolanos o, para ser más precisos, ocho millones de ellos han tenido que emigrar durante el chavismo. Y 1,3 millones han solicitado asilo político en el extranjero, según Acnur. Es decir, uno de cada cuatro venezolanos ha tenido que abandonar…. El primer país del mundo en reservas petrolíferas.
¿Alguien puede sorprenderse de la alegría con la que han recibido la captura de Maduro? ¿Acaso este “detalle” es irrelevante, como la invisibilidad de las calles de Caracas de los simpatizantes de un régimen que había hecho de las manifestaciones callejeras su fuente de legitimidad (e intimidación)?.
La intervención estadounidense es preocupante y, al mismo tiempo, una buena noticia para las supuestas “víctimas”. Para los venezolanos – ¿se trata de eso, no? – supone una oportunidad única de revertir la putrefacción de un régimen capaz de convertir la mayor potencia petrolífera del planeta en un gran exportador de inmigración. Tiene mérito.
El chavismo, a diferencia del franquismo, logró que su Arías Navarro prolongase doce años el régimen, pese a la escasísima capacidad intelectual del sucesor Maduro, tan campechano como incompetente. A modo de detalle, fue el único presidente del mundo que se dejó fotografiar con una estelada en los años del procés, en un encuentro con la asociación Ítaca, como si se tratase de una imagen de Camarón de la Isla presentada por una peña flamenca de Dos Hermanas.
A diferencia de Irak o Libia, Washington no abre una transición excluyendo al aparato del régimen caído. Algo han aprendido. Tampoco Donald Trump o Marco Rubio lo presentaron como una “transición democrática” y fueron más despiadados (o sinceros): a cambio de petróleo, estamos dispuestos a enfangarse en la tutela de una transición que –y no es nimio- abre una esperanza al pueblo venezolano, que parecía condenado a vivir sin libertad ni empleo, como avalan las cifras migratorias. Muy mal tienen que estar las cosas para que uno de cada cuatro ciudadanos abandonase Venezuela y hallase la esperanza en países como Chile o España. Y no se trataba de la élite, sino de lo que quedaba de clase media, triturada por 26 años de chavismo.
La acción unilateral es inquietante, pero me sorprende la idealización del pasado y de un orden basado en un organismo tan ineficaz como las Naciones Unidas, cuya actividad cubrí unos años desde la corresponsalía de la Vanguardia allá por los noventa. Dudo que la atmósfera en la Renfe fuese más estimulante…..
¿Acaso hemos olvidado las innumerables intervenciones armadas, golpes militares y tropelías varias cometidas por Estados Unidos en su hemisferio en aquel mundo bipolar que hoy, nostalgia obliga, ponemos de ejemplo? Por cierto, la doctrina Monroe fue estrenada en el trasero de España con la guerra de Cuba de 1898. ¿Y la catastrófica invasión soviética de Afganistán de 1979, por no recordar el aplastamiento de las revueltas populares de Praga de 1968 o Budapest en 1956? Conviene recordar también las injerencias en África o la interminable guerra de Vietnam. La legalidad internacional siempre ha sido la ley del más fuerte; no estamos ante una novedad. La gran diferencia es que el presidente de EEUU, las formas se la traen al pairo. Y las formas importan.
Para los venezolanos, el sábado fue un día de alegría. Su esperanza no está en las torres de marfil desde las que pontificamos periodistas, politólogos y académicos – por cierto, el chavismo fue pródigo en invitar a profesores españoles a vacaciones pagadas-, sino en que alguien hiciera algo para derrocar –o descabezar- un régimen tiránico. Que les cuenten a ellos si no prefieren una intervención ilegal en términos del derecho internacional a una vida de miseria y opresión…. ¿Cuántos cubanos no estarán deseando hoy que alguien se apiade de ellos, aunque sea el “amigo americano” y saltándose la idealizada legalidad?
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