TRES AÑOS DESPUÉS

Viernes 29 de agosto de 2025

Una lectora me manda esta reseña del libro Palabra de Iñaki que escribimos al alimón Iñaki Anasagasti y yo hace tres años

Iñaki Errazkin.

La lectora, escribe lo siguiente:

Palabra de Iñaki es mucho más que un libro, es un cruce de caminos entre dos voces que, aunque distintas en tono y trayectoria, comparten una inquietud profunda por la verdad, la justicia y la identidad vasca.

Iñaki Anasagasti, veterano político del PNV, e Iñaki Errazkin, periodista incómodo y provocador, se embarcan en un diálogo sin filtros que recorre la monarquía, la transición, el nacionalismo y la memoria histórica.

Lo que más me ha gustado es que no buscan el consenso fácil. Cada uno defiende su postura con firmeza, pero sin caer en el dogmatismo. Anasagasti aporta experiencia institucional y una mirada crítica desde dentro del sistema, mientras que Errazkin dispara desde fuera, con ironía y una rabia lúcida que incomoda y despierta.

El formato (una conversación por WhatsApp) le da frescura y cercanía. No hay capítulos largos ni discursos densos, sino intervenciones breves, punzantes, que invitan a pensar y a cuestionar.

Algunas frases se quedan resonando, como cuando Errazkin dice que “la verdad en España sigue secuestrada por los vencedores”, o cuando Anasagasti afirma que “la monarquía española es una anomalía democrática”.

Es un libro ideal para quienes no se conforman con el relato oficial y quieren entender las tensiones que atraviesan el País Vasco y el Estado español desde dentro y desde fuera. No es neutral, ni pretende serlo. Es palabra con intención.

El TIEMPO SE ACABA PARA MADURO (Y SUS CÓMPLICES)

Jueves 28 de agosto de 2025

Reproduzco el buen artículo de Amaia Fano escrito el miércoles en el Correo. Resume en pocas líneas una situación que desgraciadamente o es silenciada o es manipulada como en el puño con la bandera venezolana que adjunto a este  texto para que se compruebe  la agresiva y vacía retórica del viejo comunismo  de  la revolución permanente para quienes  no existen ni los 8 millones que han tenido que salir de su paraíso carcelario, ni las torturas y represión continua, ni el robo de unas elecciones, ni el empobrecimiento de un país que podía haber sido el más rico de América, ni las mentiras y bufonadas de un dictador apoyadas por un indigno José Luis Rodríguez Zapatero que sigue sin reconocer la victoria en las urnas de Edmundo González Urrutia y María Corina Machado.

Amaia Fano

La situación que se está viviendo en aguas del mar Caribe, con la flota de guerra estadounidense desplegada frente a la costa venezolana, no es una operación rutinaria contra el narcotráfico. Es un mensaje de advertencia. Y Nicolás Maduro parece haberlo recibido alto y claro.

Si este es el paso previo a una invasión militar o se trata de un farol para forzar su renuncia sin que se dispare un solo misil, está por ver. Pero, por primera vez, la figura del presidente venezolano se proyecta, no como la de un jefe de Estado legítimo -una vez acreditado que cometió fraude electoral-, sino como la de un peligroso delincuente internacional, el presunto líder de una organización llamada el Cartel de los Soles, contra quien pesan cargos por “conspiración para importar cocaína y narcoterrorismo” en el Estado de Nueva York.

Desde 2020, Maduro y su lugarteniente, Diosdado Cabello, han sido investigados por la DEA y el Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Pero, hace unas semanas, la administración Trump aumentó la recompensa por información útil para su detención de 15 a 50 millones de dólares (lo que supera la cifra ofrecida por Osama Bin Laden), tras designar al Cartel de Soles con “una organización terrorista global”. Lo que cambia por completo la visión de la jugada y faculta a la Policía, el Ejército y la justicia estadounidense para incautar sus bienes (ya se han intervenido más de 4.000 millones de dólares a su nombre en 20 países) y ponerle bajo arresto.

La reacción del régimen venezolano ha sido, como era previsible, atrincherarse tras el discurso de la soberanía nacional, movilizar a los reservistas y reforzar a las milicias invitando a la población civil a alistarse para resistir al “invasor americano”. Pero el contexto ha cambiado.

Ya no es solo Washington. La ONU documenta torturas, represión, desapariciones y detenciones arbitrarias. La OEA habla de ruptura del orden democrático. Y sus aliados tradicionales -China – Rusia e Irán- se mantienen expectantes, sin reivindicar a Maduro, al que le quedan pocos amigos. Ni siquiera los líderes del Grupo de Puebla (con los que se reunió Pedro Sánchez) se alinean ya con el tirano venezolano, temiendo correr su misma suerte y que este sea el deshonroso final de la fábula del «Socialismo del siglo XXI».

Parece improbable una invasión militar inminente, al estilo de Afganistán o Panamá, pero si se anticipa un cambio de escenario en la región. El mundo se prepara para el día después de Maduro, al que nadie se imagina muriendo por la patria si le dan a elegir la cárcel o el exilio en su lugar. Y la pregunta entonces será inevitable: ¿dónde estarán el Gobierno de España, Rodríguez Zapatero y algunos de los dirigentes de la izquierda vasca y española que han defendido la no injerencia y el chavismo durante años, sirviendo como lobistas y asesores a sueldo de la mal llamada revolución bolivariana, cuando al fin se abran las cárceles y los centros de tortura, y se demuestre que ha sido un régimen corrupto, sanguinario y criminal?

MERECIDO HOMENAJE AL CAPELLÁN DE BAKIO Y A SU AITA.

Miércoles 27 de agosto de 2025

Jon Aingeru Goikoetxea nació en Zeanuri el 27 de mayo de 1936. Me encontré con una placa en su recuerdo frente a  la capilla de Bakio. Bautizó a mis hijos Iker y Naiara en  Andra Mari, arriba. Un tipo jatorra. Un cura  de pueblo de los de antes. De los que daba gusto hablar con ellos.

Quise saber más de él, lamentando no haber hablado más con Don Jon y, al saber que era de Zeanuri, le pregunté a Iñaki García Uribe que se lo sabe todo de la zona, del Gorbeia, de su Cruz, de las piedras molares y del sursum corda. Es como Leizaola que sus compañeros, los Consejeros del primer Gobierno Vasco del 36 decían que si le preguntabas la hora, te contaba  la historia del reloj. Y el bueno y erudito de Iñaki  García Uribe me contó la historia del cura y de su aita Eleuterio.

Es una buena fotografía de nuestros antecesores, de su tiempo, costumbres y penalidades. Y a la vez de las gentes del EAJ-PNV.

Me dijo ésto:

Hubiera cumplido 80 años. Fue ordenado presbítero en la parroquia de Ntra. Sra. del Carmen, de Bilbao, el 29 de junio de 1960 y su primer destino -1960 a 1964- fue como coadjutor de Dima. Posteriormente, fue ecónomo de Apatamonasterio y encargado de Arrazola y en años sucesivos, coadjutor de Santa María de Durango y encargado de La Magdalena; también coadjutor de Abadiano, de Lekeitio, de Arbaiztegi, Gerrikaitz, Murelaga y párroco de Meñaka y de Larrauri, y, hasta su jubilación, párroco de Santa María de Bakio.
Los que le han conocido de cerca destacan su lado humano “era un hombre de muy buen carácter y muy querido por todos”, explica Andoni Gerrikaetxebarria, compañero suyo presbítero. Andoni cuenta que sus condiscípulos cuando le saludaban le decían “Jon Aingeru: el mejor carácter del curso” y, los últimos años, él respondía, con una sonrisa: “Y mejorado”. Esta puede ser una las anécdotas que retratan a un hombre “encantador y muy querido por todos”. En Bakio, donde permaneció los últimos 20 años “era toda una institución”, explican quienes le trataron con asiduidad.

El abade era hijo de Eluterio Goikoetxea, alcalde del EAJ-PNV en la república en Zeanuri. El que construyó el primer refugio montañero de altura en Euzkadi.

El pasado 9 de julio, sábado, se cumplieron 100 años de la inauguración del refugio-hostería de Egiriñao (Gorbeia). Con motivo de este aniversario, el Ayuntamiento de Zeanuri recordó aquel hecho y rindió homenaje a su promotor: Eleuterio Goikoetxea. A los actos de Egiriñao acudieron  representantes de los tres clubs de montaña, actuales propietarios del refugio: Arnotegi Mendi Taldea, Bilbao Alpino Club y Juventus S. D.

Este es el refugio que construyo su aita. Cota 110 m de altitud. Allí tenemos la ermita más alta, también la levanto el aita del cura, de las 464 que nos quedan en Bizkaia.

Esta es la ermita de Nuestra Señora de las Nieves que el aita del abade levantó pues construyo el refugio en 1922 y no existía cultura de ir a comer y menos dormir en el monte y estaba sin huéspedes. Era un adelantado el alcalde peneuvero. Al año siguiente levanto esta pequeñita construcción que le costaría tres días hacerla y apalabró  a un cura de su pueblo y los domingos daba misa a  los pastores, cientos entonces, de Orozko y Zeanuri, iban a misa y a comer huevos con chorizo y una arroba de vino. Ahí empezó a facturar.

ELEUTERIO: UN PIONERO

Eleuterio Gokoetxea, aita del cura de Bakio, puede ser considerado como un pionero del turismo de montaña. 

A principios del siglo XX el montañismo estaba cobrando gran fuerza, y sobre todo durante el verano las sociedades de montaña organizaban numerosas excursiones a las cumbres de Euzkadi  y de los territorios vecinos. Algunos escritos de la época destacaban la naturaleza no competitiva de este deporte y su idoneidad para mejorar su condición física y moral.

Observando la cada vez mayor afluencia de excursionistas que, atraídos por el monte Gorbeia, se acercaban en el tranvía de Arratia a Zeanuri o Areatza/Villaro, Eleuterio Goikoetxea vio la oportunidad de mejorar sus ingresos abriendo un refugio-hostería en Egiriñao (Gorbeia), a 1.200 metros de altitud y cerca de la cruz del Gorbeia. Será el primer albergue de montaña de Euzkadi . Así, en el primer número de la revista Pyrenaica, que comenzó a publicarse en 1926 por la Federación de Montaña, aparecía el siguiente anuncio: “Refugio alpino del Gorbea (1.200 m.) (pensionado completo). Primera hostería-alpina en la Región Vasca. Dormitorios generales, literas sueltas y habitaciones separadas. Considerables rebajas en concurrencias numerosas. Domingos y festivos, misa en la gruta anexa. Pídanse catálogos: propietario, Eleuterio Goicoechea. Ceanuri (Vizcaya)”.

Además, muchos de estos excursionistas eran de personas con  posibilidades económicas. El refugio de Eleuterio ofrecía la posibilidad de pasar días en el Gorbeia, donde encontraban cobijo, comida y cama. José P. De Duñabeitia y Menchaca, socio número 1 de la Federación, decía en 1926: “Actualmente resulta muy cómoda, y siempre agradable, la estancia de varios días seguidos en este monte, pues merced al refugio-hospedería instalado en Iguiriñao, no hay que preocuparse de transportar las viandas alimenticias, ni de buscar chabolas, chozas, o refugios naturales en que guarecerse durante las noches, o por causa del mal tiempo, como nos veníamos obligados a hacerlo anteriormente”.

En el año 1924 Eleuterio amplió el refugio y según explica Antonio Ferrer en su libro “Nuestras montañas”, publicado en 1927, presentaba el siguiente aspecto: (…) Tiene el refugio la forma de una cruz y consta su interior de 16 camas para uso general y cuatro reservadas para la Diputación, un espacioso comedor y cocina al estilo vasco, además de un fogón corriente. También posee agua potable, que por medio de una tubería ha sido traída de la fuente de Lekuotz”.

Durante la guerra civil el refugio sufrió daños y el propio Eleuterio fue primeramente encarcelado y posteriormente desterrado; en total pasó siete años fuera de su pueblo y fueron su mujer, Guillerma, y sus hijos quienes tuvieron que hacerse cargo del negocio.

En 1942 la Delegación Vasca de la Federación Española de Montaña le propuso la compra del refugio y Eleuterio lo aceptó: la Federación adquirió dos partes y Eleuterio continuó manteniendo la propiedad de otra. La Federación le pagó 10.000 pesetas, utilizó otras 12.000 para el acondicionamiento y renovación de las partes adquiridas y lo reinauguró el 11 de julio de 1943.

Mientras tanto, Eleuterio y su familia continuaron con el negocio en la parte que quedó en su propiedad.

Eleuterio falleció el 1 de mayo de 1956 y en 1957 la familia vendió su parte a Bilbao Alpino Club: la viuda, Guillerma, y su hija Begoñe firmaron las escrituras de venta.

El mismo año 1957 la Federación puso en venta las dos partes que estaban en su propiedad: una la compró Juventus S. D. y la otra, Iberdrola.

Lo que en otra época fue el refugio de Eleuterio sigue hoy en día en Egiriñao, dividida en tres partes: una de ellas propiedad de Arnotegi Mendi Taldea, otra de Bilbao Alpino Club y una tercera de Juventus S. D. 

Popular entre sus vecinos

Aspecto que presenta actualmente el refugio de Egiriñao

Además de entre los montañeros, el refugio de Eleuterio —conocido en  su pueblo como “Eleuterioren txabola”— gozó de una gran popularidad y renombre a nivel local, como lo atestigua esta canción que sus amigos le cantaban en un tono jocoso.

Es una canción que conocen la mayoría de los vecinos de Zeanuri:

Zeanuritik baraurik

Urtetzen badezu

Gorbeiera orduko

Damutuko jatzu

Damutuko jatzu

Damutuko jatzu 

Zeanuritik baraurik

urtetzen badezu

Eleuterioren txabolan

Gosea franko izango da

Baita bere egarrie

Dalako gizon baragarrie

Eleuterio, Eleuterio, 

Eleuterio, Eleuterioren txabola.

ELEUTERIO GOIKOETXEA:

Eleuterio Goikoetxea Goikuria nació en Zeanuri el 1 de septiembre de 1888, en la casa de Zubiate, propiedad de la familia Rotaetxe, donde vivió. Su padre, Felipe Goikoetxea, fue administrador de los Rotaetxe, cargo que heredó Eleuterio. También trabajaba como constructor y como tasador de fincas, y fue empleado de la Junta de obras del Puerto de Bilbao. En su municipio era una persona respetada y a menudo le llamaban para hacer labores de mediador en conflictos vecinales.

El 23 de septiembre de 1915 contrajo matrimonio con Guillerma Uriarte y tuvieron 10 hijos: Andoni, Iñaki. Karmele, Mikel, Arantza, Elisabete, Begoñe y Jon Aingeru, y otros dos que fallecieron al de poco de nacer. 

Era un hombre con profundas convicciones religiosas —fue secretario de la Junta de Acción Católica de Zeanuri— y con inquietudes culturales —fue  representante de la agrupación “Zeanuriko Dantzariak” —.

Era miembro del PNV. En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 fue el candidato más votado y elegido alcalde entre los 10 concejales de diferentes ideologías que constituyeron el nuevo ayuntamiento, con 9 votos a favor y un voto en blanco. Por lo tanto, fue el primer alcalde de la II. República en Zeanuri. 

Durante la guerra civil, fue detenido y encarcelado en la cárcel de Larrinaga, donde permaneció tres años, tras los cuales fue desterrado de su pueblo,y estuvo en Oña (Burgos). En total, vivió siete años alejado de Zeanuri.   Tras la ocupación del bando militar sublevado, el informe que el nuevo ayuntamiento de Zeanuri remite a la “Comisión Provincial de Incautación de Bienes” del Gobierno Civil de Vizcaya, se daban los siguientes datos sobre Eleuterio Goikoetxea: “(…) durante el alzamiento desempeñó la alcaldia de Ceánuri y el cargo de Presidente del llamado Comité de Defensa que llevaba anejo el de Jefe de Orden Público. Fue separatista siempre y director de esta tendencia en su pueblo y por ello bien visto y consideradísimo en las altas esferas antiespañolas. La solvencia económica del mismo conocida consiste en la propiedad de una especie de Hotel de verano llamado refugio sito en el monte Gorbea que se estima unas 5.000 pesetas y otras 20.000 que se le suponen en metálico y esto aparte de los rendimientos que le dieran sus cargos de administrador de todos los Rotaetxes y su empleo de la Junta de obras del Puerto de Bilbao”. 

Se le puede considerar el precursor del turismo de montaña, ya que en 1922 inauguró en Egiriñao (Gorbea) el primer refugio de montaña de Euskal Herria.  En el año 1924 viendo la buena respuesta que estaba teniendo el refugio, lo amplió. Tanto para la construcción como para la posterior ampliación contó con subvenciones de la Diputación.  A pocos metros del refugio construyó también una pequeña ermita, existente actualmente, la ermita de Nuestra Señora de las Nieves, donde en verano, los domingos y festivos los pastores, y montañeros podían oír misa. Se trata de un pequeño edificio de cemento, a modo de bóveda de cañón, empotrado en una ladera rocosa. Mide 3 x 2,25 y está cerrado por una pequeña verja de hierro que rodea la puerta de acceso.

Eleuterio Goikoetxea falleció el 1 de mayo de 1956, con 68 años, de un ataque al corazón.