Jone, entrega en la Fundación, el Grunding donde se transmitió el primer programa de Radio Euzkadi.

Viernes 14 de octubre de 2022

Este pasado jueves se presentó en la Fundación Sabino Arana el libro CLANDESTINA escrito por Koldo Anasagasti, utilizando como hilo conductor, la biografía de un viejo gudari que se pasó  doce años cuidando las instalaciones y poniendo en marcha los motores que tenían por nombre Pedro y Pablo. Solo pidió unas gallinas, un gato y un perro en su particular isla de Robinson  Crusoe en la selva venezolana. Su historia es increíble. Hubo mucha gente. Casi 130 personas. Se hubiera llegado a las 150 pero coincidió el día con las asambleas municipales y muchos de los apuntados tuvieron que estar en sus asambleas. Pero por ejemplo estuvieron los vicelehendakaris Erkoreka y Jon Azua, el ex Diputado General Josu Bergara, el concejal Asier Abaunza, y personas muy significativas, entre ellos voluntarios que trabajaron en el proyecto de radio clandestina y familiares de personas ya desaparecidas que fueron nombradas y estuvieron en primera fila en un acto bien organizado por la Fundación Sabino Arana. Los cincuenta libros que se llevaron, se vendieron todos y es mucha la gente interesada en su adquisición. Libro apasionante que se lee fácil y descubre una historia con todos los elementos para una película de espías.

Me dio pena que DEIA no estuviera presente, cuando tantos actos públicos reseña con negritas, desde una cata de quesos a la presentación de un cantante y a las mil  fiestas de este país tan poco agradecido  y Deia nació en 1977 para dar voz a lo que había estado silenciado por la dictadura. Tanto Ajuriaguerra, como Garaikoetxea y Arzalluz estuvieron, tras su cierre, en las instalaciones de aquella quijotada, porque siempre valoraron aquel esfuerzo inmenso y altruista cuando la dictadura condenaba a morir en silencio al gobierno vasco en el exilio y al PNV. Estoy absolutamente seguro que hoy estarían entristecidos porque comprobarían con estos silencios  lo óxido que es el tiempo y la poca valoración que tienen conductas referenciales en esta sociedad kleenex.

Puedo hablar mucho del acto pero me quedo con una escena, para mi impactantes, como fueron  las palabras de la nonagenaria  Jone Insausti, recientemente viuda de Alberto Elosegui, el cerebro editorial de la radio y de la revista clandestina Gudari  así como de toda la propaganda  del PNV durante la resistencia al gobierno de Franco. Falleció en agosto y su trabajo “Una Voz con Mil Ecos” fue fundamental para ahormar todos aquellos impactos resistentes desde la película Los Hijos de Gernika a ediciones de todo tipo cuando había hambre de conocimiento.

Jone nos contó que donaba la grabadora Grunding a la Fundación, que recogió su presidenta Mireia Zarate, aparato que había servido para la primera emisión de Radio Euzkadi, no sabiendo lo que podía durar aquella iniciativa tan difícil de llevar a cabo. Nos dijo que se hizo en casa de Isaias Atxa aprovechando que su mujer y nueve hijos estaban en Euzkadi. Recordaba el dato de que se puso encima de una  tabla de planchar, por un lado el apartado y por otro el micrófono donde ella leía las noticias, pues era Jone una de sus locutoras. Nos contó que bajaba al parque con su hermana y los niños y le decía a su hermana que tenía que hacer recados, siendo esto mentira ya que no se podía conocer el lugar en el que se encontraba la radio, y le dejaba el cuidado de sus hijos mientras iba a grabar la cinta del día. Ella estuvo expresamente ayer en la Fundación, viviendo en Donostia y siendo acompañada por su hija nacida en Iparralde en tiempos del refugio de sus aitas.

Fueron pues un cúmulo de sensaciones y visiones de una etapa de la historia reciente de Euzkadi, apenas conocida, que fue muy aplaudida por los presentes y recordada por los que vivieron aquel empeño de luchar sin violencia reivindicando lo que es la esencia de una democracia, su libertad de expresión.

Guggenheim. La gran apuesta del PNV

Jueves 13 de octubre de 2022

Malos tiempos para que nadie reconozca nada. Ni la IA condenar aquel asesinato del ertzaina Txema Agirre. Aquella inauguración se quería sangrienta y dando la vuelta al mundo en su horror. HB calló. Ahora no dice nada. Txema lo impidió.

Y pongo ese titular pues la iniciativa de construir el Guggenheim fue de distintos responsables del EAJ-PNV, siendo su cabeza más visible, Juan Luis Laskurain y lo repito, Juan Luis Laskurain, sin olvidarnos de Tomas Uribeetxeberria, que aguantó el chaparrón en Juntas Generales día sí y día también pidiendo la paralización de las obras, Joseba Arregui, Jose Juan  González de Txabarri y hasta del presidente del EBB, Xabier Arzalluz, todos gipuzkoanos, sin que nos olvidemos  tampoco del Lehendakari Ardanza, Josu Ortuondo, Josu Bergara, Alberto Pradera y aquel EBB que dio luz verde a la  del Museo en una reunión realizada en una bodega de la Rioja Alavesa.

Era una locura construir un museo en un lugar donde ETA actuaba, y se evidenció dramáticamente el asesinato de Txema Aguirre. Era una locura construir un museo en una zona en declive. Era una locura construir un Museo en un lugar donde no lo visitaba ni un solo turista. Era una locura, teniendo a todos los galeristas, ayuntamientos y mucha gente en contra. Era una locura.

Y sin embargo se hizo. Eso es liderar una sociedad. Algunos utilizaron un argumento muy sencillo. Se construyen veinte kilómetros de carretars, ¿Por qué no una apuesta por la cultura y demostrar que si se erige un Museo en ese lugar, se envía el claro mensaje de que ese sitio es un lugar  válido que no solo tienen la infraestructura industrial y los elementos para construirlo sino un grupo humano que lo quiere llevar adelante.

Kosme de Barañano, crítico de arte, escribió una de sus frases redondas: “Es lo menos nacionalista que han hecho los nacionalistas”.

Rompíamos el esquema de bodegones, bucolismo de taberna y poco más. Al parecer lo de los nacionalistas vascos solo es una carreta de bueyes, un arrantzale con su familia, un rompeolas  y para de contar. Lo decía nada menos que en un experto en Ucelay. Pero lo dijo.

Y en eso llegó el Guggenheim, construido íntegramente por personal de la casa, es decir, por toda la memoria industrial de Euzkadi que abordó trabajar el titanio como si lo hiciera con hierro de la Orconera. Y ahí está y todos ahora  poniéndose medallas. Si por ellos hubiera sido, si por ETA y HB, si por el PP hubiera sido y si por un PSE que lo redujo en dimensiones no se hubiera construido.

Pero se hizo. Gracias a la gente del EAJ-PNV.

La sociedad debe valorar por este referente internacional y por quien apostó por construirlo teniendo todo en contra. Eso fue tener las ideas claras. De eso se trata. Y a los del NO a todo, al Muro de las Lamentaciones. Si les dejan acercarse.

Este jueves se presenta Clandestina

Miércoles 12 de octubre de 2022

Este miércoles Xabier García Ramsden le ha entrevistado a Koldo Anasagasti, autor de la  historia novelada, CLANDESTINA. Ha tenido el buen detalle de recordar que antes de la actual Radio Euskadi, funcionó en Bilbao, Barcelona  y Bayona y por lo tanto cumpliendo 86 años, cuarenta en esta última etapa.

Entre 1965 y 1977, a fin de contrarrestar las mentiras de la dictadura del general Franco y poner voz al silencio de todo aquello que el régimen franquista no quería contar, emitió desde Venezuela la estación clandestina Radio Euzkadi.

Un grupo de jóvenes pertenecientes a EGI (Euzko Gaztedi Interior), alentados desde Donibane Lohizune por Joseba Rezola, vicepresidente del Gobierno vasco en el exilio, y dirigidos por Jokin Inza, diseñó e instaló a 60 kilómetros de Caracas, en plena selva, dos transmisores, un grupo electrógeno y una gigante antena romboidal. Vigilando y operando ese precario dispositivo estuvo durante esos doce años un antiguo gudari, Ixaka Atutxa, hombre recio donde los hubiera, quien se ofreció a proteger, incluso con su propia vida, la emisora que hacía llegar al mundo, cada día, la voz de la Resistencia Vasca.

Este logro fue posible gracias a la entrega y al arrojo de los partícipes, a la connivencia de los diferentes gobiernos venezolanos y a la aportación económica de la comunidad vasca en ese país del Caribe.

Se imponía la discreción. Ninguna persona fuera del grupo debía conocer su ubicación, por eso se referían a la emisora con el nombre de “La Txalupa”, queriendo hacer ver que estaba situada en una embarcación en alta mar, y llamando Macuto al lugar físico donde se hallaba.

“Clandestina” es una gesta real, narrada en forma novelada. Un libro que relata un acto de resistencia frente a la dictadura que, a la vez, fue un ejercicio de libertad de expresión frente a la mentira oficial, durante doce años.

Este jueves se presenta a las siete en la sede de la Fundación Sabino Arana. Hay interés por la historia y por reconocer un trabajo que fue silenciado. Habrá mucha gente y estarán varios de sus protagonistas. Te esperamos. No será una sesión plúmbea sino ágil y muy interesante.