Viernes 16 de agosto de 2019

Nos contaba Arzalluz que muy poco antes de aprobarse la Loapa se entrevistó con Felipe González que le comentó que Andalucía no era una Comunidad política como tal y que lo procedente sería, en aquel momento, organizar una mancomunidad de Diputaciones, lo mismo en Andalucía que en otras regiones pues el sentimiento nacional de Catalunya y Euzkadi no se tenía en otros lugares. ”Córdoba no puede ver a Sevilla, Cádiz va a su aire y Huelva quiere le dejen en paz” le comentó.
Y era verdad en ese momento y Bono lo ha reconocido varias veces aunque hoy sería imposible echar marcha atrás al estado autonómico, aunque no sepan como sufragarlo, y por eso debe desaparecer como reivindica Vox. Desde luego, a nadie en ese año de la aprobación de la Loapa, se le hubiera ocurrido ,el 30 de junio de 1982 merced al pacto UCD-PSOE, que Madrid debería ser una autonomía con Parlamento, bandera vietnamita estrellada, himno con una letra absurda y sede en la Puerta del Sol, pues Madrid era la gran capital de las Españas que no necesitaba de esas florituras.
Era y es el kilómetro cero de todo, la sede de los Ministerios, Museos, embajadas, organismos oficiales y un aeropuerto como el de Barajas que da trabajo a casi medio millón de personas. Se hizo, como escribió Joaquin Leguina en su libro de recuerdos de esa fecha y como primer presidente de todo ese tinglado, fundamentalmente, porque tras el golpe de estado del 23 de febrero de 1981, que no tuvo otro motivo que evitar la “desunión de España” los militares así lo impusieron.
Había que descafeinar a las llamadas autonomías singulares y homogeneizar todo el proceso y se puso en marcha porque la unidad de la patria bien valía crear semejante artilugio de gasto y protocolo pues Madrid es la quintaesencia de España como hemos visto funcionar esta semana con la entronización de su presidenta Isabel Díaz Ayuso gracias a un pacto del PP con Ciudadanos y vergonzantemente con Vox. Los trillizos de oro.
Seguí el debate pues me había llamado la atención el menosprecio que el PSOE había hecho de la candidata junto a Mas Madrid, y quise saber cómo explicaba la bisoña nueva dama de hierro del PP su acceso a los altares gracias al dedazo antidemocrático de Casado que se cargó de una tacada a toda la vieja guardia putrefacta de Gurtel y Púnica puesta allí junto al candidato al ayuntamiento, pesos plumas del PP en ese momento.
Fue curiosa la reiteración en el mensaje de la bajada de impuestos que promete realizar la Señora para terminar de convertir Madrid en un auténtico Paraíso Fiscal. Se les llena la boca hablando de los privilegios vascos, del Cuponazo y de nuestra supuesta insolidaridad y son ellos quienes practican todo lo que nos critican, injuriosamente por cierto ,no siendo nada de ello verdad ,aunque sí lo del paraíso fiscal madrileño.
Hay que reconocer que la candidata no es muda, aunque sea de pocas lecturas, y habrá que ir mentalizándose sobre este nuevo liderazgo de chulapona de verbena así como estar preparado para vendernos la moto de su oasis pues ésta señora está dispuesta a todo para lograrlo y vendernos como marca de fábrica semejante mensaje insolidario. No sé como va a pagar todas las inversiones prometidas ni quien va a ser
quien sufra las estrecheces de su política neoliberal porque este miércoles en el parlamento madrileño no hubo un debate serio sobre un programa de gobierno sino sobre generalidades y ataques personales. Si Errejón fue un soberbio, que lo fue, ella no le fue a la zaga llamándole traidor traidor a su jefe Iglesias anunciando lo que este caballero pretende con su Más Madrid, que no es precisamente la carta a la abuela de Caperucita, sino hacerse con los restos de un Podemos que ayudó a crear y está comprometido a no dejar piedra sobre piedra del proyecto aquel de la conquista de los cielos sin el de Galapagar y sin la Casta primigenia del invento. Eso sí, con ayuda de la Sexta como se vio en todo momento.
La intervención de Gabilondo desentonaba en aquel ambiente de guardería y de jóvenes que aludían a todas horas al relevo generacional mientras Gabilondo hablaba del madrileñismo sin la menor convicción y como un abuelete a sus nietos o como un profesor de metafísica. El hijo de un gudari donostiarra lo hacía con tan poca convicción, que no convencía a nadie, y peroraba de la ciudad del Oso y del Madroño mirando al techo sin ninguna credibilidad como si hablara de la Concha y del monte Urgull. ¿Se habrá hecho del Real Madrid?. Gabilondo está deseando dejar la citada guardería e irse al ministerio de educación o a la defensoría del pueblo cuanto antes y sin despedidas. Desentonaba.
Este mercenarismo político le quitó credibilidad al acto y a los protagonistas de aquel patético sainete televisado que fue ampliamente promocionado en este agosto veraniego, que curiosamente fue superado este jueves 15 en la Verbena de la Paloma donde la Sra. Presidenta se enteró que el tránsfuga del PP a Ciudadanos, el sucesor de Cifuentes, el ex presidente Garrido iba a ser su consejero de Transportes. A la dama de hierro madrileña, después de las carantoñas del hemiciclo por parte de Ciudadanos, ese día le metieron el primer cuchillo y el primer gol y se tuvo que tragar ese sapo con cáscara y todo, ya que Rivera y los suyos pusieron en práctica la estrategia de los Médicis como aperitivo en día tan señalado para marcar ben el terreno y decir que el centro derecha son ellos y no la designada por Casado.
Rocío Monasterio, la parlamentaria de Vox, estuvo en su papel de bruja del cuento de Blancanieves. No se esperaba otra cosa y no defraudó. Tampoco Cayetana Álvarez de Toledo que prepara minuciosamente sus “improvisaciones” con su sonrisa de plástico para que lo que dice muy agriamente ante las cámaras sea al día siguiente un titular. Ella y Rocío Monasterio son dos gotas de agua en esa ciénaga que dicen vienen a limpiar.
Como conclusión podemos decir que fue un debate vacío, sin la menor altura política altura, propio de un ayuntamiento de tercera con protagonistas de tres al cuarto pero que nos ilustró lo que la derecha y extrema derecha van a hacer con ese Madrid, resumen burocrático e icónico actual de lo que es España.
Y, mientras, Sánchez de vacaciones en Doñana.
España es así, señora baronesa.
