EL VERANO DE LA DERROTA.

Sábado 2 de mayo de 2026

Se van a cumplir 90 años de aquellos hechos y a riesgo de que nos llamen pelmas, conviene refrescar  estas situaciones límite vividas por nuestros antecesores, ya que a Euzkadi se le venció militarmente, se le bombardeó, se le hizo imposible la convivencia. Y estas no son son batallitas  del abuelo cebolleta, sino lecciones de vida.

Porque no  solo se llenaron las carreteras que conducían al oeste de vehículos y personas con sus enseres; desde días antes de la caída de la Villa de Bilbao el 19 de junio sino   los muelles de la ría vieron cómo los pesqueros y demás barcos allí amarrados calentaban motores para partir hacia puertos santanderinos o de Lapurdi. Entre los que aprovecharon las horas de confusión y la orden de evacuación de la zona portuaria para huir de Bilbao y de sus responsabilidades en el ejército y en la administración autónoma estaban Gerrikaetxebarria, jefe de la Artillería; José María Pikaza, jefe de la Policía Motorizada; Bruno Mendiguren, responsable de relaciones con la prensa extranjera; Unzeta, jefe de la Sanidad Militar y Naranjo, oficial del Estado Mayor agregado al Departamento de Defensa.

En aquellas últimas jornadas de Bilbao, Leizaola, como se ha dicho, se impuso a sí mismo la obligación de poner en libertad a los presos internados en las cárceles bilbaínas. Éstos se agrupaban, fundamentalmente en dos grupos. Por una parte, los que se hallaban en las instituciones penitenciarias de Begoña y, por otra, los que se encontraban realizando labores de fortificación en el área de Pagasarri.

Ciertamente, pesaban mucho sobre la conciencia del consejero de Justicia los asaltos a las cárceles ocurridos el 4 de enero, en los que fueron pasados por las armas 224 internos. No fueron estos incidentes los únicos que tuvieron lugar en Euzkadi contra las vidas de personas presas, pero sí en contra de prisioneros que se hallaban bajo la tutela del Gobierno de Euzkadi. El asalto a las cárceles del 4 de enero fue una mancha indeleble en la actuación del ejecutivo de Agirre, que intentó, de alguna manera, subsanarla con la denuncia de los hechos y la apertura de un sumario para clarificar, procesar y, en su caso, castigar a los responsables, pero que no pudo llevarse a cabo por falta material de tiempo.

Y en ese momento final en el que Bilbao estaba a punto de ser ocupado, Leizaola pensó en resarcirlos de alguna manera poniéndolos a salvo y alejándolos de una potencial amenaza de venganza de última hora.

La entrega de los presos de Larrinaga fue una de las últimas acciones que se realizó en Bilbao antes de la entrada de las tropas franquistas. Tras un primer intento fallido de traslado de los prisioneros por Pagasarri desde un punto defendido por un batallón nacionalista el día 17,  los presos  pudieron ser entregados a su bando desde Egirleta. Esto ocurría en la noche del 18 de junio. Poco después se volaron los puentes sobre el Nervión.

Tras la entrada de los franquistas y en este ambiente de desconfianza contribuía, apuntaba el cónsul italiano, la severidad con la que se imponía la Justicia, impartida sin criterios de objetividad o de imparcialidad y sin garantías judiciales.

Relataba Cavallettiel caso de la depuración de los funcionarios municipales, cifrados en varios cientos, que solo después de unas investigaciones personales llevadas a cabo tras llamar a los vecinos a denunciarlos, eran readmitidos en sus empleos.

No se olvidó el diplomático italiano de citar las palabras pronunciadas por José María Areilza, alcalde de la villa, en las que describía la toma de Bilbao como una conquista. Ni de citar las campañas propagandísticas de la prensa local. Sin embargo, para Cavalletti este esfuerzo había tenido un resultado modesto y para probarlo citaba varios episodios ocurridos en Bilbao: banderas españolas desgarradas, exposición de ikurriñas, pitadas a los himnos franquistas y a las películas franquistas, etc.

Finalmente, Cavallettire forzaba su argumentación con las palabras que le dijera Antonio Urbina Melgarejo, marqués de Rozalejo y gobernador de Gipuzkoa, quien le comentó que, con ocasión de la festividad del 18 de Julio, había recibido órdenes de Salamanca para hacer vibrar a San Sebastián y celebrar el aniversario de la sublevación  y que lo había logrado, pero que no veía cómo lo fuera a hacer su colega bilbaíno. El marqués de Rozalejo auguraba que el problema nacionalista vasco iba a perdurar bastante tiempo.

Las palabras del alcalde Areilza citadas en el informe diplomático italiano no eran otras que las pronunciadas el 8 de julio en el Coliseo Albia, en una función organizada por la FET y de las JONS en homenaje al ejército y milicias nacionales. Tras descalificar a los nacionalistas y socialistas, Areilza negaba que Bilbao se hubiera rendido. Al contrario, afirmaba que había sido conquistada por las armas y que, en aquel acto, había «caído vencida, aniquilada para siempre, esa horrible pesadilla siniestra y atroz que se llamaba Euzkadi y que era una resultante del socialismo prietista, de un lado, y de la imbecilidad bizkaitarra».

Este discurso del primer alcalde franquista de la villa venía precedido de una medida administrativa aliñada con todos los ingredientes de una venganza. El 23 de junio de 1937 Francisco Franco había firmado en Burgos el Decreto-ley abolitorio del Concierto económico para Bizkaia y Gipuzkoa, por entender que, además de ser el Concierto «una prodigalidad que les dispensó el Poder público», el sistema concertado, en materia económica, «entrañaba un notorio privilegio por la amplísima autonomía de que gozaban, y por el menor sacrificio» al que se sometía a los contribuyentes vascos. A pesar de disfrutar de todas estas ventajas, Bizkaia y Gipuzkoa, según el Decreto, se «alzaron en armas» contra el Movimiento Nacional, «correspondiendo así con la traición a aquella generosidad excepcional». No era, pues, admisible que subsistiera aquel «privilegio sin agravio para las demás regiones» y se dispuso su abolición desde el primero de julio de 1937.

El Ejército de ocupación cumplía con su labor, someter a las provincias que habían cometido traición y no mostraban síntomas de adaptarse a la «Nueva España». Como apuntaba Arteche en su diario en la entrada correspondiente al día 6 de julio, los bilbaínos hacían ver claramente a los nuevos gobernantes que se sentían en verdad sometidos: «Desfiles en la Gran Vía de dos batallones de Infantería. Exceptuando las demostraciones de una mujer, a quien el poco público que había, miraba con hostilidad, ni un aplauso, ni un viva. Esto sigue como el primer día». Y es que Arteche observaba que, «los que han vivido aquí, aquellos con quienes he podido conversar, hablan con veneración de la persona de Aguirre».

NUESTRO AMIGO MARITAIN

Viernes 1 de mayo de 2026

Un 23 de abril de 1973, fallecía a los 91 años, Jacques Maritain.

Filósofo francés contemporáneo  figura entre los amigos de los vascos con motivo de la guerra de 1936. Nació en París en 1882. Fue educado en el protestantismo liberal por su madre, hija de Jules Favre. Poco tiempo después de haber obtenido el doctorado en Filosofía se convirtió al catolicismo, con su mujer Raissa Oumancoff, hija de judíos rusos.

Dedicó sus afanes al estudio de Santo Tomás de Aquino. Su primer libro, La Filosofía Bergsoniana, publicado en 1914, reacciona de manera contundente y frontal contra el bergsonismo. Con posterioridad  publicó muchas obras filosóficas, de moral, lógica y metafísica. Antes de aquel libro había escrito un notable artículo en 1910, titulado “La ciencia y la razón, en defensa de la inteligencia”. Son sus obras más conocidas Primacía de lo Espiritual de 1917; Arte y Escolástica de 1920; Tres Reformadores, Fronteras de la Poesía de 1926; Respuesta a Jean Cocteau de la misma fecha; Religión y Cultura de 1930; El Sueño de Descartes de 1932, Automoderno de igual fecha; Humanismo Integral de 1947, Carnet de Notas y Cristianismo y Democracia de 1943 y El Paisano del Garona, que aún no ha dejado de estimular comentarios y objeciones. Sus colaboraciones en diversas revistas son notorias.

Es Maritain, con Etienne Gibson, el reintroductor del tomismo en Francia y en el mundo de habla francesa, frente a los inmovilistas del tradicionalismo sistemático y a los renovadores de vanguardia y temperamento. Separado del bergsonismo entre los años 1908 y 1910, puede ser reputado como el filósofo de la existencia, ya que no del existencialismo. Sobre el plan político, todos los libros de Maritain giran alrededor de la persona y de la libertad, animando un «ideal histórico de una nueva cristiandad». Desde su conocido punto de vista participó  en todos los grandes problemas de nuestro tiempo. Maritain es la pluma de filosofía católica más brillante en el curso de varios siglos de historia. Embajador de Francia ante el Vaticano en el primer Gobierno De Gaulle, Maritain, al enviudar, se retiró al convento de los Hermanos del P. Foucauld, donde finalizó su existencia, después de profeso. Fue enterrado en Kolbsheim, Bajo-Rin, junto a su mujer. El lehendakari Aguirre fue su amigo cordial, en París y en Estados Unidos, en el curso de la Guerra Civil española y en el de la Guerra Mundial y con posterioridad. Como escribe Pedro Gringoire, «Maritain había sido, como Bernanos, como Mounier, como el P. Ducatillon y otros prominentes católicos franceses, un defensor abierto de las libertades del pueblo vasco aplastadas por el nazi-franquismo. El gran filósofo tuvo la alegría de volver a Francia liberada. Con motivo de la destrucción de Gernika por la aviación alemana al servicio del general Franco, escribía Maritain: «A los católicos, sin distinción de partido, corresponde levantar la voz en primer lugar para que no se produzca en el mundo el implacable asesinato de un pueblo cristiano. Nada justifica, nada excusa bombardeos de ciudades abiertas, como el de Guernica». Suyas son también estas acusaciones insertas en el prólogo a la obra de Mendizábal Orígenes de una tragedia santa, reaccionando contra los crímenes cometidos en ellos por ambas contiendas, dice:

«Es un sacrilegio horrible matar a los sacerdotes -aunque sean fascistas, son ministros de Cristo- por odio a la religión; y es otro sacrilegio, horrible también, matar a los pobres -aunque sean marxistas, son el pueblo de Cristo- en nombre de la religión.

 Es un sacrilegio patente quemar las iglesias y las imágenes santas, a veces con furor ciego, a veces, como en Barcelona, con frío método anarquista y odio sistemático; y es otro sacrilegio -en sentido religioso- cubrir a los soldados musulmanes con imágenes del Sagrado Corazón para que ellos de tal guisa maten santamente a los cristianos, y pretender mezclar a Dios en las pasiones de una lucha donde el adversario es contemplado como indigno de todo respeto y de toda piedad.

Es un sacrilegio profanar los lugares santos y el Santo Sacramento, perseguir aquello que está consagrado a Dios, deshonrar en la tortura a los religiosos, exhumar cadáveres para hacer chacota de ellos; y es un sacrilegio fusilar, como en Badajoz, cientos de hombres para festejar el día de la Asunción, o aniquilar bajo las bombas de los aviones como en Durango -porque la guerra santa odia más ardientemente que al infiel a los creyentes que no la sirven- las iglesias y el pueblo que las llenaba y los sacerdotes que celebraban los misterios; o como en Guernica, una villa entera, con sus iglesias y tabernáculos, persiguiendo con ametralladora a las pobres gentes que huían. Los horrores rojos, con lo que ellos han revelado de salvajismo, han sido motivo de reiteradas menciones…

Los testimonios comienzan a llegar sobre el terror blanco, y lo que ya se sabe permite pensar que ha alcanzado un nivel de crueldad y desprecio de la existencia humana de una rara elevación. En nombre de la guerra santa es llevada a cabo bajo los estandartes de la religión. La Cruz de Jesucristo brilla como un símbolo de guerra sobre la agonía de los fusilados. Y ni el corazón del hombre ni su historia pueden soportarlo. Un hombre que cree en Dios sabe que no hay peor desorden que ése. Es como si los huesos de Cristo, que los reos del Calvario no pudieron tocar, fueran quebrados sobre la cruz de los cristianos».

Fue miembro del Comité de Socorro a los Vascos, junto con monseñor Mathieu, obispo de Dax, y Claude Bourdet, publicista. . 

NO LE DEJAN ESTUDIAR LOS IDIOMAS COOFICIALES. TOTAL ¿PARA QUÉ?.

Jueves 30 de abril de 2026

Ya ven. La Srta Leonor de Borbón quiere estudiar euskera pero no le dejan. Ella se da cuenta que saber catalán, gallego o euskera es más importante que  acudir a desfiles militares, pero las telarañas mentales de la Casa Real no le permite  estudiar lo que ella quiere. Y ha sacado este cartel reivindicativo. Como era de esperar, han censurado la noticia.

Y es que así, como  diseñaron la educación  al  padre, al abuelo, al bisabuelo y al tatarabuelo, le han hecho pasar por los distintos cuerpos del ejército, con viaje oceánico en el Juan Sebastian Elcano incluido. Normal. La unidad de España, según el artículo 8 de la Constitución no se basa en la voluntad popular sino en  la salvaguarda que hace  el ejército, garante de la misma. Buenos son los militares españoles para estas cuestiones. Por menos de eso se sublevaron hace 90 años. La Unidad de la Patria, patria única e indivisible, está por encima de todo.

No se acuerdan que cuando Franco agonizaba, el llamado Príncipe de España, su abuelete, el de Abu Dabi, militar como su hijo y nieta, se fue al Sahara a decirles que España no se quedaría sin esa parte africana de su unidad. Eso fue todo. No le sirvió de nada todo lo aprendido pues con el rabo entre piernas, España abandonó al pueblo saharaui a su suerte. Tanta Academia militar en Zaragoza, San Javier y Marín, para eso.

Eso si. Juan Carlos se ha chupado miles de desfiles y hay que reconocer que lucía  bien el uniforme. Y en el mar, era un regatista temible con su Bribón y con su  Fortuna. La educación cuartelera sirve para algo.

Tres años ha estado la Srta Borbón perdiendo el tiempo de su formación académica en estudios militares conociendo como  son las maniobras  de unos señores que viven de eso, o los intríngulis de un avión copilotado o las dimensiones de un portaviones, el único, y afortunadamente no usado  nunca y que además no le va a servir de nada, porque al primer tiro, la meten en un bunker del tipo que tiene Trump en la Casa Blanca.

El  estado mayor no está para cumplir órdenes de gentes que no se dedican a la guerra sino solo para  desfiles militares, y para eso no hace falta pasarse tres años de estudios. Y menos ahora que lo que pide Europa es un ejército propio y altamente tecnificado ,donde, ¡miren por donde!, no tiene cabida la Infanta, ni ninguna Casa Real europea. Los tiempos de Carlomagno ya pasaron, aunque en La Zarzuela no se han  enterado.

La noticia es que  Leonor Borbón estudiará Ciencias Políticas en Getafe, en la Universidad Carlos III, en la mimada Universidad fundada por el socialista Gregorio Pérez Barba, con lo que la derecha hispana no está muy de acuerdo porque más les gustaría una reina clásica, pendiente del Hola y de las bodas de sus homólogos royales,con Peñafierl hablándonos de sus novios. Pero para vendernos las excelencias de esta nueva monarquía, con los vicios del pasado intacto, nos dicen que la Universidad es pública.

No está mal que estudie Ciencias Políticas a ver si se entera de la anomalía democrática que supone en el Siglo XXI, una monarquía no elegida por nadie sino sucesora de una dictadura que masacró y anuló  un régimen republicano elegido pero abolido por una guerra y con un dictador instaurando de nuevo, algo tan anómalo como una Monarquía apoyada por las bayonetas. Pero les mola. Leonor va a tener la  representación de un estado, mientras nos dicen que “arbitra y modera”. Lo que si tienen claro es que es símbolo de “unidad y pertenencia”.La de ellos.

En 1978 no pudo abordarse si el pueblo soberano quería ese sistema  o volver al republicano, mientras nos restriegan que la Constitución dice que vivimos una monarquía parlamentaria, cuando no se abordó en 1978, un referéndum sobre monarquía o república, porque como le dijo Suárez a Victoria Prego, las encuestas decían que ganaba la República.

Ahora bien, tan defensores que son de la Constitución y se olvidan de lo que es un estado con nacionalidades, y éstas con lengua propia, y con regiones, y, como no puede ser menos, sin tener en cuenta que además del castellano hay tres idiomas cooficiales, el euskera, el catalán y el gallego que al parecer tienen menos importancia que saber usar una escopeta.

Vi en la Sexta a los profesores  de la Carlos III, Luis Orriols  y a Pablo Simón felices de la vida pensando en pasar a la historia  y bueno  para su currículum porque en breve serán profesores de la Srta Borbón, sin importarles un pito este pequeño detalle de los idiomas cooficiales.

Uno preguntaba si le van a tratar de usted o de alteza. Sería mejor le tutearan para que no se creyera está por encima de los demás alumnos, porque a fin de cuentas y si algún día llega a ser reina de esta España madrileña, acabará como todos  los  de su estirpe en el pudridero de El Escorial.

Y ya que nos restriegan que la Carlos III (nombre de un rey muy madrileño pues hasta decían de él era el mejor alcalde de Madrid) que la  Universidad  es pública, ese plus de notoriedad que adquirirá esta universidad madrileña lo empleen en enseñar que la visión que tienen de que España es Madrid, la suavicen con una buena y necesaria  educación, que los Borbones no tienen.

Imagínense que hubieran elegido una Universidad gallega, vasca o catalana, que también las hay, para ir mentalizando a la Srta Borbón que las cosas no son como las cuenta ni su abuelo ni su padre y menos su madre.

Esa hubiera sido la noticia. No que vaya a estudiar a Getafe.

Pero eso lo que hay, sra marquesa. La España eterna. Ejército, unidad y castellano a ritmo de IA, pero conservando las esencias.

A la Srta Borbón ,la del cartel, no le van a hacer caso y no le van a enseñar ninguna lengua cooficial sino, desde Madrid, que España es Una, Grande y Libre.

Total, ¿para qué?.