Los 90 años de la interesante vida de Tere Gamboa

Viernes 23 de agosto de 2019

Esta primera foto la saqué este jueves en el hall de la casa de Tere Gamboa. Tere está sentada bajo el cuadro que Aurelio Arteta le hizo a los seis años. Cumplía este 22 de agosto nueve décadas magníficas de una vida muy interesante en la que ha tenido el privilegio de conocer a personalidades vascas de una humanidad increíble como el Lehendakari Aguirre, Jesús de Galíndez, Manu Sota, Indalecio Prieto y todo ese mundo de aquel segundo exilio en Nueva York que recogí en su día en la entrevista que transcribo a continuación. Tere trabajó en la Comisión de Exteriores del EAJ-PNV cuando teníamos la sede en el edificio Granada de la Gran Vía, entre otras cosas, por su magnífico conocimiento del francés y del inglés.

Casada con Ramón Vilallonga, quien fuera jefe de seguridad del Lehendakari Carlos Garaikoetxea y hombre de confianza de Luis M. Retolaza, tiene dos hijos que la miman, como debe ser. Juan vive en Barcelona y nos contó cómo ayudó a su tío José Mari dibujando la batalla de los Bous contra el Canarias en la batalla de Matxitxako. Su tío, junto a Joseba Aguirre y Jean Claude Larronde promovieron el Instituto Bidasoa que editó varios trabajos sobre aquella increíble batalla así como la de las Intxortas o la biografía de Manuel Intxausti, entre otras iniciativas.

Fue una velada muy agradable en su casa de Bilbao donde rodeada de amistades, algunas de ellas con esos apellidos que están en la historia más reciente de Euzkadi, Tere celebró su noventa cumpleaños.

Creo que le interesará leer estas páginas pues se trata de historia viva de lo ocurrido con fotografías y vivencias poco conocidas del Lehendakari Aguirre y sus más inmediatos colaboradores.

TERE GAMBOA: NAVIDADES EN NUEVA YORK CON EL LEHENDAKARI AGUIRRE.

Me encontraba un fin de semana de 2002 en casa cuando recibí un mensajito cuyo remitente era Gamboa. Pensé se trataba del mismo José Mari, pero cuando abrí el teléfono, me contestó Joseba Agirre, hijo del Lehendakari, para darme la pésima noticia del fallecimiento de José Mari. “Lo siento muchísimo Joseba” le contesté abrumado. “Creí que era el propio José Mari que me llamaba para convocarnos a la comida anual en su casa de Laurgain”.

Laurgain es una casa-torre sita en Aia, cerca de Zarautz., donde todos los años por esas fechas nos reunía el gentleman Gamboa para pasar revista a lo hecho por el Instituto de Investigación Histórica Bidasoa, y nos invitaba a comer en un coqueto comedor con bellísimo mirador, espléndidas vistas y pinturas de cacerías en las paredes. Todo eso terminó con él.

De izda a dcha: Joxe Joan González de Txabarri, osu ERkoreka, Jean Claude Larronde, Txomin Epalza, José Mari Gamboa, Josu Jon Imaz, Iñaki Anasagasti y Joseba Agirre.

José Mari (1926), junto con Tere eran los hijos supervivientes del matrimonio Gamboa formado por Marino Gamboa y María Ibargarai. Un tercer hijo Marín, había fallecido en Londres. Marino Gamboa fue un destacado naviero vasco de filiación nacionalista cuyo barco El Vita llevó el tesoro del JARE (Junta de Auxilio Republicanos Españoles) a Mexico. El, José Mari, fue un soldado vasco en el ejército norteamericano y que fue herido en Bastogne tras el desembarco de Normandia, ya que siguió el llamamiento del Lehendakari Agirre en el sentido de que había que ser beligerante y luchar por la democracia, en todos los frentes, frente al nazismo.

Para Aguirre estaba claro que la guerra en curso era también nuestra guerra, y que los vascos debíamos ayudar a Estados Unidos contra el nazismo.

Un día José Mari le había preguntado al Lehendakari que quería que hiciera. Y éste le contestó que ingresase en el ejército norteamericano, y que luego le llamaría para lo que fuese necesario en Euzkadi.

Con el tiempo Bill-Ross-Smith, representante del Intelligence Service británico en Norteamérica, le comunicó en una carta en 1980 que el nombre de Gamboa había sido considerado para posibles operaciones en Euzkadi, nunca llevadas a cabo.

Por eso se alistó en el ejército norteamericano. Un cuadro colgado en Laurgain con una carta le notificaba a su madre las heridas de su hijo en acción de guerra. Fue herido en Las Ardenas en enero de 1945.

A José Mari Gamboa le conocí por los años setenta en su casa de la Alameda Mazarredo en Bilbao. Yo había hecho en Venezuela varias entrevistas a marineros (gudaris) de varios bous (pesqueros) vascos y como él junto a Eugenio Goyhenetxe, Jean Claude Larronde, Joseba Aguirre, Luis Ruíz de Agirre, Txomin Epalza y varios más habían creado el Instituto de Investigación Histórica Bidasoa que trataba de ir recuperando la historia vasca de la guerra y del franquismo, esos trabajos les venían bien.

Cada año trataban de editar un libro y por eso son varios los trabajos que hicieron sobre los Bou, la batalla de Matxitxako, el Hospital de La Roseraie, sobre el mecenas Don Manuel de Ynchausti, la batalla de las Intxortas en José Mari Gamboa con el Lehendakari Aguirre en Nueva York Elgeta, sobre el Campo de Concentración de Gurs, sobre la Liga Internacional de Amigos de los Vascos, así como reediciones de libros editados en los tiempos difíciles de la clandestinidad y otras acciones tales como lograr que en el Palacio de Ajuria Enea cuelguen unos cuadros preciosos sobre la batalla de Matxitxako de unos diminutos bous contra el crucero “Canarias” encargados a un pintor inglés, David Cobb experto en acciones de guerra naval y ex oficial de la Royal Navy. Los de Bidasoa le encargaron al artista cuatro cuadros representando el combate en varias fases y posteriormente los donaron al Gobierno vasco.

José Mari Gamboa con el Lehendakari Aguirre en Nueva York

Gracias a su inquietud, en 1978 se improvisó entre Bermeo y Bakio un monumento a la gesta marina de aquellos cuatro bous poco armados que se enfrentaron al crucero Canarias, barco de guerra de la marina facciosa

Un día me llamó por si quería acompañarle en su reunión anual de su vieja y elegante casona familiar de Laurgain que poco a poco fue engrosando en número de asistentes con la presencia de Josu Erkoreka, Joxe Joan González de Txabarri, Txomin Epalza, José Mari Muñoa, Josu Jon Imaz, y algunos más quienes junto al núcleo duro del Instituto, Gamboa, Larronde y Agirre dábamos cuenta de algo que nos entusiasmaba y que él llevaba con disciplina casi militar.

En aquellas reuniones no se podía divagar. Había que lograr que el Gobierno Vasco instituyera una condecoración. Había que llevar a uno de los montes de Gernika una escultura con el fuego que recordara que allí se encendió la Villa Santa con su destrucción por parte de la Legión Cóndor al servicio de los militares españoles sublevados. Había que lograr que un historiador vasco escribiera sobre la guerra de Euzkadi un libro que todavía está por escribir. Había que erigir un monumento al Gudari desconocido.

Y nos ponía tareas todos los años por estas fechas con el repetido propósito de lograr promover por lo menos un libro sobre esa historia desconocida, heroica y gloriosa de los gudaris vascos y de la guerra en Euzkadi, recordando que era la primera vez que los vascos habíamos tenido un ejército como tal y que sería el primero y el último, habida cuenta de la construcción europea.

José Mari nos decía que ingleses y norteamericanos tienen lo que llaman “historias oficiales” de sus guerras, regimientos, marinas, escritas por comités de historiadores. Incluso tienen ministerios para los veteranos. Ya sé que aquí no tenemos esa dimensión histórica porque somos pocos, pero entre eso y nada, hay un abismo. Y debería haberlas ya que el Gobierno Vasco que era quien tenía presupuesto para hacerlo, teníamos la misión de despertarlo.

Igualmente incomprensible para él era la falta de interés en Euzkadi por un Archivo Nacional Vasco, por una Biblioteca Nacional Vasca, por un Museo de la Historia de Euzkadi análogo al que existe en Barcelona, sobre todo cuando se nos llena la boca hablando de nuestra singular identidad vasca. Y siempre repetía ésta incongruencia tan vasca.

Tras la reunión, de forma muy british, pasábamos a una sala con chimenea en la que nos servía champagne con txistorra y almendras, para comentar asuntos de actualidad y de allí por unas escaleras de goleta al comedor anteriormente descrito, donde una señora euskaldun nos ofrecía alubias y segundos platos con huevos fritos y carne picada. Cuidaba exquisitamente el protocolo, hacía las oportunas reflexiones históricas, preguntaba y realizaba una ronda con los comensales para que los asistentes opinaran, luego brindaba y nos despedía como lo que era: un gran señor vasco, con su chaqueta inglesa y su pañuelo en el bolsillo superior.

De estas reuniones salió la edición del libro de entrevistas hecho en su día por D. José Miguel de Barandiaran por cuenta de la Diputación de Gipuzkoa y del impulso de González de Txabarri. Es un libro magnífico. La tripleta compuesta por Gamboa, Larronde y Agirre mantenían el fuego sagrado de este Instituto que en condiciones normales debería haber sido el gran punto de encuentro de la historiografía vasca dedicada a rescatar de la fosa del olvido miles de historias que se han ido perdiendo en la niebla al desaparecer sus protagonistas.

Entusiasmados por esta puesta en escena y por la terquedad de Gamboa con la idea clara de que había que rescatar, dar a conocer y dignificar el inmediato pasado de la forma como lo hacen los europeos y norteamericanos la biografía de José Mari fue una de las diecisiete que hicimos Erkoreka y yo y que publicamos en el libro “Somos Vascos”.

Su desaparición dejó un vacío no cubierto. Desgraciadamente no se van a volver a repetir estas reuniones porque no solo se trató de la pérdida de un ser humano, que como me lo describía Mikel Aizpuru, era un caballero y un abertzale, sino la pérdida de un camino y de un irrepetible buen trabajo de recopilación histórica.

PREGUNTAMOS A TERE

Como he comentado, Jose Mari tuvo otros dos hermanos, Tere y Marín. Y a Tere que vivía en la Alameda Mazarredo de Bilbao y estaba casada con Ramón Villalonga Sota, jefe de seguridad del Lehendakari Garaikoetxea con quien había tenido dos hijos, Teresa y Xabier, le conocíamos de su actividad y presencia en el batzoki de Abando y en todos los actos públicos nacionalistas y, como se dice, de toda la vida y, además, como sabía un perfecto inglés y francés le fichamos para que nos echara una mano en la Comisión de Asuntos Exteriores del PNV, eso sí, sin cobrar un duro.

Y Tere venía todos los días a la sede el PNV que se encontraba entonces en la Gran Vía, cerca de la Plaza Elíptica, en el llamado entonces edificio Granada. Allí contestaba cartas, ordenaba papeles, atendía a visitantes, viajaba a las reuniones que teníamos en Bruselas y marcaba presencia. Nunca le agradecimos lo suficiente su dedicación.

Congreso del PPE. La Haya. 11 de febrero de 1986. Se pueden ver de pie: Gorka Agirre y Julio Jauregi. Sentados: Sabin Pujana, Pili Pujana, Iñaki Anasagasti, Koldo Mediavilla y Tere Gamboa

Muy circunspecta en lo relativo a su historia familiar, de vez en cuando nos hablaba del Lehendakari Aguirre en Nueva York, de Jesús de Galíndez, de Manu Sota, de Jon Bilbao y de aquella delegación del Gobierno Vasco en la Quinta Avenida así como de las familias exiliadas que se reunían en fiestas familiares después de la llegada del Lehendakari tras su huida, con falsa documentación, atravesando el Berlín en guerra.

Por fin, logramos con sacacorchos, que nos contara algo de sus experiencias personales que nos sirven para conocer otra faceta del exilio vasco y que logré obtener de ella hablando por mi parte como un sacamuelas. Como conclusión podemos decir que todas aquellas idas y venidas no le habían dejado el menor mal sabor de boca sino todo lo contrario. Estaba agradecida a las colectividades vascas, a aquel increíble entorno familiar con la vecindad de la familia Aguirre en Nueva York, el Lehendakari en el piso 14 y ellos en el 16, con la continua presencia de vascos de todo tipo, gudaris, pastores de Idaho y Reno, y aquella Delegación en la Quinta Avenida de Nueva York y de cómo habían ido a la boda de Marin, su hermano mayor en Buenos Aires, ella con su madre y como por ser mujeres les costó un mes llegar a la ciudad argentina ,porque saliendo de La Habana, en Panamá les sacaron del avión pues la prioridad era para los hombres en aquellos momentos de escasez de asientos en los aviones. Y les pasó lo mismo en Lima. Les bajaban y llevaban a un hotel céntrico con la buena suerte que el director era de Lekeitio y les atendió con ramos de flores y mucha cortesía, les enseñó la ciudad y allí estuvieron conociendo Lima hasta que llegaron a Buenos Aires, haciendo mucha vida en el Centro Vasco Laurak Bat de la calle Belgrano. Al volver se habían instalado en Biarritz y se había casado en 1955 y allí había tenido a sus dos hijos.

Todo el tiempo nos decía que la guerra es muy cruel y dura pero que ella no tenía trauma alguno porque su vida había sido muy interesante , lo había pasado bien y apenas tenía nada que contar. ¡Pues si lo hubiera tenido!

De izda a dcha: Telésforo Monzón, xx, Mari Zabala, José Antonio Aguirre, Manuel Intxausti. José María de Lasarte, Antton Irala y Jon Bilbao

Esta es la historia que nos contó:

Vivíamos en Madrid por razones de salud de mi hermano Jose, y los veranos íbamos a Lekeitio. El verano del 36 nos encontrábamos como siempre en Lekeitio, y aunque yo era muy niña, y no me acuerdo demasiado bien, mis padres comentaron muchas veces como vivieron la sublevación del 18 de julio. Mi familia tenía entonces pasaporte norteamericano, por haber nacido aita en Filipinas que era entonces una colonia norteamericana. La familia tenía plantaciones de azúcar en la Isla de Negros, y por vivir allí mis abuelos, aita y mis tíos, ellos nacieron allí. Mi bisabuelo había emigrado a Filipinas allá por 1850 y se instaló como hacendero. Sin embargo la familia no vivió en Filipinas sino que normalmente residía en el Pais Vasco. Por casualidad mi padre nació en Filipinas, pero vivió en Bilbao donde tenía diversos negocios. En Gorliz nací yo de donde era mi ama.

Marino Gamboa

En el verano del 36 aita (Marino de Gamboa) estaba fuera, no me acuerdo donde, por lo que nos encontrábamos en Lekeitio con ama, mis hermanos Marín, Jose y yo. Al complicarse la situación en Euzkadi después del 18 de julio el cónsul Marino Gamboa norteamericano nos avisó a todos los que teníamos pasaporte de este país, que sería conveniente salir del territorio español. A mediados de agosto se oyeron los cañonazos de los primeros bombardeos navales, y poco a poco empezaron a verse milicianos ya uniformados. Me contaba mi hermano que un día personal de un barco de guerra alemán rindió visita al alcalde de Lekeitio. Este les recibió en el Ayuntamiento, les invitó a té con pastas y luego se marcharon; sin duda, habían venido a informarse de cómo estaba la retaguardia republicana.

Ese mismo mes mi hermano Marín marchó a Londres y mi padre, a solicitud del PNV, se puso al servicio de la marina mercante vasca. Más tarde el gobierno Vasco junto al gobierno de la República le encargó la dirección de la Mid-Atlantic Shipping Company, una compañía con sede en Londres cuyo cometido era coordinar toda la flota mercante leal a la República.

Por esta razón nosotros salimos el 6 de setiembre de 1936 embarcando en Las Arenas en el destroyer S.S. Kane, (tenemos una foto de la llegada a San Juan de Luz, que encontró un amigo hace poco, en una agencia de prensa), rumbo a San Juan de Luz, donde nos esperaba aita.

Salimos mi madre, María Ibargaray, mi hermano José y yo. Mi hermano mayor Marín se quedó en Euzkadi. Lo único que me acuerdo es que el barco se movía mucho, y que le llevamos a mi padre unas peras de la huerta de Lekeitio.

En Lekeitio se quedó el gasolino «Abavon», que mi aita había puesto a disposición del Gobierno de Euzkadi, para evacuar a la gente, y que luego apareció al garete en aguas francesas con varios cadáveres de personas de Lekeitio, que por lo visto habían muerto por las emanaciones del gas producido por los motores.

EN BIARRITZ Y PARIS

Vivíamos en Biarritz, donde iban llegando poco a poco los refugiados que llegaban de Euzkadi, entre ellos numerosos Gamboas. Habitábamos en una casa grande, donde convivíamos unos 25 o 30 parientes. Mi padre, mientras tanto, se ocupaba de asuntos del Gobierno de Euzkadi tratando de ayudar a todos los que querían ir a América del Sur. Aita iba a menudo a Londres, y también a Barcelona, donde solía visitar y tratar con su compañero del colegio de los jesuitas de Orduña, D. Manuel de Irujo. Recuerdo que contaba que en una de estas visitas, en pleno bombardeo, estaba con D. Manuel, cuando éste se puso a tocar el txistu por los pasillos, y es que pocos saben que Don Manuel aparte de una grandísima personalidad política era un músico vocacional.

Como he comentado, en Londres, mi padre, se ocupaba de la Mid-Atlantic Shipping Co., fundada por el Gobierno de Euzkadi, donde había tres representaciones: de la República, del Gobierno Vasco y de Inglaterra. Mi aita representaba al Gobierno Vasco.

Después fuimos a París con la idea de pasar allí los inviernos. Marín, mi hermano mayor, que ya había salido de Euzkadi, estaba en la universidad de Cambridge, y José y yo íbamos al colegio en esta capital. Estando en esta ciudad se decidió comprar el edificio de la Ave. Marceau, en su nombre, con dinero enviado desde Mexico por Patxo Belausteguigoitia y luego a nombre de una sociedad inmobiliaria francesa, denominada «Finances et Entreprises». Al llegar los alemanes a Paris, fue ocupada por los franquistas, dirigidos por el teniente coronel Antonio Barroso y los policías que seguían las pistas de los exiliados republicanos .En 1944, tras la caída de Paris volvió a nuestras manos y en 1951, siendo Francois Miterrand ministro, por presión española que argumentaba que bajo ocupación alemana había sido puesta a la venta en el Tribunal del Sena, cayón en manos del gobierno franquista. ¡Como para haber ido a reclamarla!. Y ahí sigue en manos del gobierno español.

El yate «Vita» se compró por orden del Gobierno de Euzkadi en colaboración con el Gobierno de la República. Estaba a nombre de mi padre y tenía bandera norteamericana. Me acuerdo como hicimos un viaje, toda la familia, hacia 1938 o 1939, antes de la guerra mundial. Llegamos hasta Holanda y Bélgica, teniendo que volver antes de lo previsto por la situación prebélica de Europa. Este barco tuvo mucha historia. En él se embarcó en El Havre 120 maletas que contenían objetos incautados por la Caja General de Reparaciones durante la guerra civil y otros de diversas procedencias y objetos de valor en febrero de 1939 llevando un grupo de carabineros españoles leales al presidente del gobierno republicano, Juan Negrín. El Vita llegó a Veracruz un mes después y por carambolas del destino todo ese valiosísimo cargamento pasó a manos de Indalecio Prieto con lo que el enfrentamiento entro los dos políticos españoles fue terrible

La tripulación del «Vita» estaba formada en su mayoría por lekeitianos. El capitán era José Ordorika, el «Capi». Mis pocos recuerdos de aquella época son el piano de cola que había en el salón, y «Blanca Nieves y los 7 enanitos» que me regaló Juan Mari Aguirre, hermano del Lehendakari, en nuestra escala en Amberes.

En 1940 estábamos de nuevo en Biarritz. Mi hermano Marín se había ido a Estados Unidos a acabar sus estudios. En aquella época pasó mucha gente por casa: amigos de mis padres, judíos polacos que huían de los nazis y gente de todo tipo. Intentaban cruzar la frontera para ir a España, pero al encontrarse ésta cerrada decidieron pasar a la zona controlada por el gobierno de Vichy. En vista de la situación, propusieron a mis padres llevarnos a José y a mí con ellos. Mis padres decidieron que pasara lo que pasara, no nos separaríamos decidiendo que nos iríamos los cuatro juntos.

ESCONDIDOS EN BILBAO

El Consulado norteamericano avisó a mi padre que habida cuenta de sus actividades y relación con el Gobierno de Euzkadi, era seguro que los alemanes le entregarían a Franco, mientras le insistían que deberíamos salir de Francia con la última expedición de norteamericanos. Esta expedición debía embarcar en un barco de la Cruz Roja pero en el puerto de Bilbao. Insistían, en que, entre 300 o 400 pasaportes norteamericanos, el de Marino de Gamboa pasaría desapercibido. Así fue; cruzamos el puente de Hendaya entre todos los norteamericanos. Aita rompiendo documentos comprometedores y tirándolos al Bidasoa, y yo con mi muñeca.

Llegamos a Bilbao en autobuses, hospedándose la mayoría de los norteamericanos en el Hotel Carlton. Mis padres, por temor a ser reconocidos, optaron por un hotel pequeño de Algorta. Nada más llegar, la dueña se dirigió a mi padre, «Sr. Gamboa, ¿cómo por aquí?». En vista de esto, mis padres llamaron a Blas Abando, íntimo amigo de aita, pidiendo ayuda. Blas Abando no dudó y a pesar del peligro que suponía, nos llevó a su casa. El barco se retrasaba en salir por las minas que había en el mar, en la entrada del puerto de Bilbao. Total que estuvimos un mes escondidos en una habitación en casa de Blas de Abando. Solo mi madre salía al consulado norteamericano en busca de noticias del barco y a mi hermano y a mí nos llevaban a Artxanda a jugar…

Mi madre fue a visitarle a amama una sola vez para no levantar sospechas y se puso gafas negras creyendo que con eso ya estaba camuflada. Me acuerdo de la impresión que me causó, y nos causó a nosotros que veníamos huyendo de los nazis, ver banderas alemanas en las calles de Bilbao, para celebrar la victoria nazi, y la caída de Francia en manos nazis y con un gobierno colaboracionista como el del mariscal Petain.

Por fin salimos de Bilbao camino a Lisboa en un tren de noche. Embarcamos en el «Manhattan» que tenía unas grandes cruces rojas pintadas en sus costados y en cubierta, íbamos todo el tiempo con los chalecos salvavidas puestos por temor a los ataques de los submarinos alemanes.

LA COLECTIVIDAD VASCA EN NUEVA YORK

Llegamos a Nueva York, donde nos esperaban mi hermano Marín y Ramón Sota quedándonos allí un tiempo con idea de seguir viaje a Filipinas, pero en diciembre de 1941, Japón atacó Pearl Harbour y rápidamente conquistó todo el Pacifico. Filipinas cayó en manos japonesas y nos quedamos sin noticias y sin fondos.

En aquel tiempo el lugar de referencia para todos los inmigrantes vascos era el “Jai Alai”, un restaurant que era además hotel y agencia de viajes. Lo regentaba un personaje peculiar llamado Valentin Aguirre, que desde que había llegado a Nueva York en 1905 había sido policía, boxeador, agente de inmigración para los pastores, de todo….Era de Busturia y se había embarcado como voluntario en un barco de la Armada Norteamericana de los que combatieron contra España por la independencia de Cuba. Se había casado con Benita Orbe, cocinera vasca de la pensión en que vivía. En 1925 compró, junto a otros vascos, el número 48 de Cherry Street de Nueva York en la que, junto a un frontón y un restaurante, se instaló la Euskal Etxea. El decía que se había graduado en la Universidad del Monte Sollube, y era más listo y simpático que el hambre. Fue toda una referencia y le trató al Lehendakari con total respeto y admiración. Aquellos pobres vascos que pasaban por Nueva York eran sobre todo pastores con destino a Idaho y Nevada. No sabían nada de inglés y muy poco castellano, pero eso no era problema: se presentaban ante Valentín quien les daba cama en su hotel, comida en su restaurante y un pasaje en autobús hacia su lugar de destino. También les entregaba cien dólares diciéndoles, ”ya me los devolverás cuando puedas”.

A la gente le extrañaba que Valentín fuese tan generoso (entonces cien dólares era una cantidad importante), pero Valentín tenía un argumento de mucho peso:

“En veinticinco años no ha habido nadie que me haya dejado de devolver esos cien dólares”.

Nos instalamos en Nueva York organizando la vida de familia: Marín en la Universidad y José y yo en el colegio. Ama organizó una red de capitanes de barcos, casi todos de Gorliz, su pueblo y el mío, que se arreglaban para llevarnos dinero. Había mucha vida en la pequeña colectividad vasca de Nueva York. La familia Ynchausty en White Plains, Manu y Ramón Sota, delegado vasco en Nueva York junto a Jon Bilbao, Antón Irala, Roberto Echevarría y su mujer, María Luisa Elizalde y sus hijos, filipinos como nosotros, Valentín Aguirre, Julia Aguirre y su familia, que también habían pensado ir a Manila. Más tarde llegaron el Lehendakari Aguirre con su familia en 1941 y Jesús de Galíndez. Este fue el entorno vasco del Lehendakari Aguirre tras su odisea vía Berlín.

Cuando José Antonio de Aguirre llega a Nueva York, en noviembre de 1941, se había producido el ataque japonés a Pearl Harbour y Estados Unidos había entrado al fin en guerra. La familia Aguirre se instala provisionalmente en la casa de los Ynchausti. La sede de la Delegación Vasca se instala en un amplio apartamento de un edificio de la Quinta Avenida. Recuerdo que mi hermano Marin con su novia,Manu y Ramón Sota y los Intxausti recibieron a la familia del Lehendakari que llegaba en barco y subieron a él .El Lehendakari viajó en avión y fue parando en varios sitios y cuando llegó a Miami allí le recibió Jon Andoni Irazusta que había sido diputado con él en Madrid y repasaron todo lo que habían vivido aquellos años tan intensos. Cuando llegó Aguirre, D. Manuel Intxausti alojó a toda la familia en su casa de White Plains. Allí estuvo dos meses y tras esta estancia generosa pasó a una casita donde después de año y medio trotando por el mundo, ya podían decir que era una familia normal y con lo que se ahorraba en alquiler de la casa cuando estuvieron en casa de Insausti y con lo que ganaba en la Universidad pudieron amueblar modestamente la casa haciendo milagros, ya que la esposa del lehendakari, Mari Zabala consiguió un comedor por doce dólares.

En aquellos momentos el Lehendakari trabajaba mucho. Preparaba sus clases que le llevaban su tiempo, iba a clase de inglés porque el francés que sabía en Norteamérica no le servía, se iba a la Delegación, contestaba cartas y recibía gente y se acostaba muy tarde, a veces a las tres de la madrugada. Llevaba un tipo de vida de mucho trabajo, porque además y como Lehendakari, aunque en el exilio, tenía que ir a actos políticos de todo tipo así como de representación como aquella vez en la que mi aita le invitó a casa ya que daba un” cocktail party”, para celebrar la apertura de la propaganda y exhibición de un negocio de perfumes en América.

Aguirre pues, llevaba una actividad frenética. Acudía dos veces a la semana a la Universidad de Columbia, donde enseña “Historia Europea Contemporánea”. Las tenía que dar en inglés y eso para él supuso un gran esfuerzo pero no se arredraba y trabajaba su pronunciación y estaba contento pues le entendían cuando explicaba la “Historia de los cien últimos años de la península ibérica e influencia del pensamiento europeo en la formación política sudamericana”. Al Lehendakari le gustaba mucho la historia y compaginaba ser un hombre de acción con la reflexión que le suponía preparar sus clases, pero los vascos en general se tomaron las clases del Lehendakari como propias y le enviaban textos para que las preparara, por ejemplo, desde Argentina Ixaka López Mendizabal, que había sido alcalde de Tolosa y era un erudito, le enviaba sus aportes.

El Lehendakari aprovechaba sus explicaciones resaltando la presencia de lo vasco en América desde el P. Vitoria, padre del Derecho Internacional, hasta Simón Bolívar pasando por todos los fundadores de ciudades y religiosos como por ejemplo el obispo Fray Juan de Zumarraga que llevó a Mexico la imprenta o que lucharon contra la esclavitud. En ese trabajo de búsqueda de datos de presencia vasca le ayudaba mucho Manu Sota,al que también le encantaba escribir e investigar.

Y es que, además, el Lehendakari en esa faceta de profesor fue muy apreciado. Cuando el Departamento de Historia de la Universidad de Columbia celebró su sesión anual tuvo lugar una cena de gala con discurso del profesor Hayes, jefe del Departamento que le citó largamente, contando a los profesores compañeros todas sus aventuras. Fue un acto simpático pues el lehendakari tuvo que ponerse de pie y responder a los aplausos entusiastas de aquella buena gente. Pero no solo eso, fue nombrado miembro del Tribunal que habría de examinar a varios graduados para el título de Doctor en Filosofía por la Universidad de Columbia y al mismo tiempo le enviaron el aviso prorrogando por un año, hasta julio de 1943, su cargo de profesor en el Departamento de Historia.

Delegación del Gobierno Vasco en la 5 Avenida de Nueva York. De pie: Antton Irala, Telesforo Monzón, Santiago Aznar, Manu Sota. Sentados: Ramón Aldasoro, José Antonio Aguirre y Gonzalo Nardiz.

El Lehendakari estaba tan entusiasmado de aquella experiencia que no dejaba de tomar notas para lo que él quería fuera la Universidad Vasca que truncó la guerra. En Columbia, que en ese momento era la mejor del mundo, tenía una grandiosa biblioteca de más de tres millones de volúmenes. Y como se había inscrito como profesor de derecho tenía permiso para poder llevar los libros a casa, y entre eso, la posibilidad de comer en el club de la Universidad y el ambiente académico que respiraba, aquello le curaba de todas las calamidades que había pasado y por eso se fijaba en todo lo que veía obsesionado con tratar de llevar lo mejor que allí funcionaba a su futura Universidad Vasca.

Y, como decía Jon Bilbao, escribe centenares de cartas. Su principal preocupación era, en primer lugar, lograr mantener la unidad del Gobierno y del mundo vasco tanto en América como en Europa y dar contenido y efectividad a la organización de este mundo vasco en el exilio y en contacto con el llamado interior. Desgraciadamente no tenía a su lado a su taquígrafa y a los mecanógrafos de Euzkadi y Paris, los buenos de Secun y Ramón y por eso él lo escribía todo y eso le llevaba mucho tiempo pues contestaba todas las cartas y algunas eran kilométricas y entre carta y carta, por la guerra, había muchos vacíos de tiempo que los ingleses se prestaron a solucionar a través de la valija diplomática.

El Lehendakari José Antonio Aguirre con su esposa Mari Zabala

Al mismo tiempo, inicia personalmente contacto con las autoridades norteamericanas. Durante los primeros meses de 1942 viaja semanalmente a Washington. Por último, va a integrarse en un círculo de intelectuales católicos europeos exiliados en América. Hasta el verano de 1942, el peso del trabajo de la Delegación recae sobre José Antonio de Aguirre, Manu de la Sota y en 1942 Antón Irala. El Lehendakari tuvo en Nueva York contacto con el Comité de Coordinación de Información, la OCI, que unificaba los ocho servicios secretos estadounidenses y que preparaba informes para el Presidente Roosevelt, y lo mismo para Nelson Rockefeller que tenía un proyecto de propaganda en Sudamérica combinado con los servicios norteamericanos que dirigía el millonario bajo el nombre de Relaciones Interamericanas habiendo estado asimismo con el Vicepresidente de Roosevelt, Henry Wallace que le pidió hiciera un informe de su conversación con él, mientras mantenía reuniones con los servicios de Inteligencia ingleses y preparaba con Manu Sota la edición del libro “De Gernika a Nueva York” donde contaba todas sus aventuras y peripecias de escape vía Berlín. No paraba.

El sobrino de Manu, Ramón, solicitó su alistamiento en la Infantería de Marina de Estados Unidos, como luego hizo mi hermano José, y tanto mi aita, como Manu y Ramón que sabían un inglés de Cambridge, le echaron una mano preciosa ya que el Lehendakari sabía, como todos los de su generación, francés pero no inglés y se la pasó aprendiendo inglés, recibiendo clases y tratando de mejorar su pronunciación, pero ese fue su gran hándicap que él lamentaba mucho. Aguirre en Nueva York sabiendo inglés se hubiera comido el mundo.

Recuerdo la nochevieja de 1941.La familia Aguirre en pleno vino a celebrarla a casa en Nueva York y recibir allí el año con el consabido deseo de “el año que viene, en casa”. Las campanadas las oímos en la radio y luego una oración y los Aguirre en media hora de tren a White Plains, donde daba comienzo el año 42. Posteriormente los Aguirre vinieron a vivir a la misma casa en la que nosotros estábamos. La convivencia era muy intensa. Aintzane, hija del Lehendakari iba al mismo colegio que yo, y los veranos los pasábamos juntos en Hampton Bays, L.I., en dos casas vecinas. Me acuerdo como solían jugarse unas partidas de croquet estupendas. El Lehendakari José Antonio, aita, Manu Sota, José, mi hermano, yo, en fin, todos los que estaban por allí. Los domingos íbamos todos a misa al pequeño pueblo y Mari Zabala, la mujer del Lehendakari, le daba $1.00 a José Antonio para el plato de la colecta. Un domingo, en mayo del 42, con todos los críos y con el Lehendakari llegamos hasta la playa, que no nos gustó pues estaba muy sucia y paseamos por la costa y en unos grandes y pequeños acantilados disfrutamos recogiendo percebes, aprovechando la marea baja, ya que había cantidad y no se valoraban. Los llevamos a casa y los cocimos y comimos porque estaban muy buenos. Y recuerdo el año anterior cuando fuimos todos a casa del Lehendakari a celebrar su cumpleaños, cumplía 37, y allí estuvimos con los Intxaustis y con Manu y Ramón Sota, y todos le regalamos algo al presidente, que estuvo feliz aunque recordando a los que sufrían en Euzkadi. Eso era constante.

LA BUTACA DE PRIETO

La Navidad era un día de unión. Solía haber un árbol de Navidad en nuestra casa y siempre había corbatas para los solteros que vivían en la Delegación Vasca, y para los que estaban de paso por New York. José Antonio, el Lehendakari, siempre tenía un paquete con un par de guantes, pues siempre perdía uno en sus viajes a la Universidad.

Por casa pasaban todos los que venían a N.Y.C.; Prieto, Monzón, García Urtiaga, Cruz Marín, la familia Belausteguigoitia de México, Santiago Aznar, Ramón Aldasoro, y muchos más que no recuerdo. Las tertulias habituales estaban formadas por el Lehendakari, aita, Antón Irala y Manu Sota. El Lehendakari y Antón Irala eran muy aficionados al Benedictine, y las conversación que duraban largas horas acababan con la botella sin hacerles a ellos el menor efecto. Tenían mucho aguante. Indalecio Prieto vino varias veces a casa, y había una butaca que se le bautizó «la butaca de Prieto»; su hija Concha me hizo mi primer «kaiku». Con Prieto iba a comer Aguirre, ya que Prieto, enfrentado a Negrin, quería acabar con todas las Instituciones surgidas en tiempo de la República habida cuenta de su enfrentamiento con el presidente del gobierno D. Juan Negrin y como mi aita conocía a Prieto y fue el barco El Vita quien llevó el tesoro a Mexico, recuerdo varias comidas de Prieto, mi aita y Aguirre en casa de aita en Nueva York.

En las noches de Navidad siempre había un brindis, «Gabón en Euzkadi», «la siguiente Navidad en Euzkadi». Así fue pasando el tiempo; al grupo de la calle 86 se añadió un matrimonio australiano, Bill Ross-Smith y su mujer Scou. El marido creo era del British Intelligence Service. Estaban también Maurice Olivier, su mujer y varios refugiados franceses. También tuvo mucha relación con uno de los teóricos de la democracia cristiana, Jacques Maritain, y con Max Ascoli, director del Consejo de Coordinación de Sudamérica, con quienes almorzaba asiduamente. Me acuerdo haberle oído a mi madre contar el éxito que tuvo José Antonio como orador en un acto organizado en ayuda de los refugiados. La gente se puso en pie aplaudiendo al Lehendakari. Hablaba mal el inglés, pero era tal su calor humano y simpatía que se hacía entender perfectamente.

LA GIRA AMERICANA DEL LEHENDAKARI

Desde el punto de vista cultural, José Antonio de Aguirre va a tratar de impulsar los estudios vascos en todos aquellos países en que existen núcleos organizados de vascos. Tanto sobre la presencia vasca en dichas Repúblicas, la guerra civil y otros temas históricos, jurídicos, etc. El propio Aguirre impulsa una «Historia General de Euskal Herria». No se trataba que Aguirre redactase esa historia. Pretendía contar con la colaboración de historiadores vascos exiliados —Gurrutxaga, Zumárraga, Galíndez, Landaburu, Ixaak López, Mendizábal, Jon Bilbao, Justo Garate…, y él la firmaría como presidente de los vascos, convirtiéndola en una obra institucional. La obra nunca llegó a concluirse. Sin embargo, los estudios vascos en América experimentaron un desarrollo sin precedentes.

A mediados de 1942, la Delegación Vasca en Nueva York se refuerza sensiblemente. Llega desde México Anton de Irala. Asimismo se instala en la ciudad Jon Bilbao, que acaba de ser contratado por la Columbia University. Asimismo son contratados Andoni Aguirre e Irene Rentería al servicio de la Delegación.

También tuvo repercusión la gira americana de José Antonio de Aguirre por varios países de centro y sudamérica y que duró tres meses fue un éxito porque además de las finalidades mencionadas, trataba de conseguir la unidad de los vascos, al margen de sus ideologías. En gran parte lo lograría, al atraerse a los elementos moderados de la izquierda vasca, sobre todo a aquellos que no estaban directamente involucrados en las disputas del bando republicano, y especialmente a vasco-americanos de origen carlista o fuerista. Esto último se traducirá en un gran desarrollo de las organizaciones de tipo cultural. En segundo lugar relanza (y realza con su presencia) las Delegaciones y consigue financiación para mantener las instituciones en el exilio.

Reforzando algunas—caso de Chile— o creando otras nuevas —por ejemplo, Bogotá. Por último, va a ir estableciéndose el embrión de una Hacienda Vasca en América, lo que va a permitir cierta autonomía financiera para mantener en el exilio al Gobierno Vasco. Pero sobre todo iba a convertir a Nueva York y su Delegación en el eje del exilio vasco en el llamado Nuevo Mundo en aquellos años de guerra.

El 15 de diciembre de 1943 la editorial vasca Ekin, de Buenos Aires, publicaba la primera edición de «De Guernica a Nueva York, pasando por Berlín», sin duda la obra más universal del Lehendakari. Con aquel mensaje final “De Gernika a las Américas”. Pronto se agota, y el 14 de febrero de 1944 salía de la imprenta de Sebastián de Amorrortu la segunda edición. De la obra se harían al menos ocho ediciones: cuatro en Buenos Aires (la tercera fue distribuida clandestinamente en el interior), una en San Juan de Luz y otra en San Sebastián, como parte de sus «Obras completas». Las otras dos se editaron en Nueva York y Londres. La escritora judía Nea Colton fue la encargada de traducir la obra al inglés. La edición americana tenía título «Escapé vía Berlín». La inglesa, «Freedom was flesh and blood».

Este libro va a tener un amplísimo eco en los medios de comunicación de toda América. Y ello va a influir, aún más si cabe, en la popularidad de Aguirre.Es incomprensible que todavía no se haya filmado ninguna película con este tema.

Delegación del Gobierno Vasco en París. Avenue Marceau, 11.

HERIDO EN BASTOGNE

Mi hermano Marín había ido a trabajar a Buenos Aires, y aita hacía frecuentes viajes a México por los negocios que había montado allí.

En el año 1944, seguíamos en New York, y José, mi hermano, al cumplir los 18 años se alistó como voluntario en el ejército norteamericano. Fue destinado a infantería y después de terminar su entrenamiento fue enviado a Europa. No tomó parte en el desembarco pero luchó en Bastogne, última ofensiva nazi, donde fue herido. Un mortero estalló cerca de él mientras conducía a unos prisioneros alemanes por un bosque.

En enero de 1945, salíamos ama y yo hacia Buenos Aires para asistir a la boda de Marín con Jasone Gamboa, prima segunda que estaba en Argentina con su familia, refugiados como tantos otros. Nuestro viaje fue largo. Salimos de New York, hacia La Habana, donde ama iba a ser madrina de boda de Jon Bilbao y Marta Saralegui. Estuvimos allí unos días, y seguimos viaje, pero el estado de guerra hacía que los militares y personas importantes tuviesen prioridad en los aviones y por lo tanto a nosotras nos desembarcaban de todas todas. Así estuvimos diez días en Panamá, una semana en Lima, donde la colonia vasca le mandó un ramo de flores a ama, algunos días sueltos en Chiclayo, Antofagasta, Córdoba, hasta que por fin llegamos a Buenos Aires, donde nos esperaban aita, y Marín. Allí llegó el telegrama del Departamento de Guerra de los E.E.U.U. anunciando que José había sido gravemente herido en el frente europeo. A los pocos días, y a través de D. Manuel de Irujo, supimos que estaba en un hospital en Londres, relativamente bien.

Nos quedamos en Buenos Aires seis meses hasta setiembre de 1945, y allí celebramos la victoria aliada. Yo iba al colegio norteamericano, y, aunque más joven, era tolerada por los amigos de Marin y de mi cuñada Jasone. Así conocí a los Basterrechea, Cunchillos, Tellagorri, etc.Gente fantástica e irrepetible.

Regresamos ama y yo a Nueva York city y nos volvimos a encontrar con los amigos de siempre. José fue desmovilizado en el año 1946, y en junio de ese año hicimos nuestro primer viaje a Europa después de la guerra mundial.

Embarcamos en el «Uruguay», un grupo bastante grande, comenzando por la familia del Lehendakari, ama, José, y yo. Aita estaba en Londres y se reuniría con nosotros en París junto a Manu Sota, y Aurelio Arteche que venía de Venezuela. Aurelio era hermano de Luki, burukide del BBB que con Ajuriaguerra trabajaron en el Pacto de Santoña.

LA MESA DE LOS APÓSTOLES

El barco todavía funcionaba como transporte de tropas y nos colocaron en camarotes de ocho a diez personas. En el comedor nos encontramos que nos habían colocado en una mesa grande, donde todos estábamos mirando al resto del comedor. Manu Sota la llamaba la mesa de los Apóstoles. La comida norteamericana, «standard», para todos igual, hasta el día en que los cocineros, que resultó eran vascos, se enteraron que había un grupo de pasajeros vascos, con el Lehendakari al frente. Desde ese día nos preparaban siempre bacalao, y platos vascos. Llegamos a Le Havre, el puerto principal de Francia que estaba totalmente destruido. Esperaban al Lehendakari varias personas, entre ellas José Antonio Durañona.

Al terminar el verano del 46 nos fuimos a París, donde estuvimos hasta el mes de noviembre volviendo luego a New York. En París veíamos con frecuencia a la familia Aguirre, que vivía entonces en un piso en la Ave. Foch. La Delegación seguía en la Avenida Marceau. Le vi a Juan de Ajuriaguerra por primera vez en una cena en casa del Lehendakari, a la cual fui con aita y ama. Estando en París en el hotel, solíamos ir a menudo a comer comida casera a la pensión de las hermanas Anglade, familia de Gernika, refugiados. Allí solíamos estar todos juntos en una mesa grande, donde pasaba todo tipo de gente. A veces venía también D. Jesús M. de Leizaola y allí el Lehendakari les agasajaba a los miembros de la Liga Internacional de Amigos de los Vascos como el premio Nobel Francois Mauriac, Madame Malaterre, Francisque Gay, el senador Pezet, y diversas personalidades francesas.

Aita llegó de Londres y pasamos el verano del 46 en Biarritz. José con su pasaporte norteamericano, (nosotros ya teníamos pasaportes filipinos), pudo venir a Bilbao y Lekeitio. A nosotros nos fue denegada la entrada, por el entonces cónsul de España en Bayona, Madrazo. José encontró la casa de Lekeitio prácticamente vacía, pues se habían llevado casi todos los muebles, los italianos que habían vivido allí, así como la Guardia Civil que tuvo su cuartel, y que nos dejó un cartel que todavía existe que dice «El honor es nuestra principal divisa. Guardia Civil”.

En el Uruguay, junio 1946. Viaje de vuelta a Europa. Grupo familia Aguirre, con el Lehendakari, Manu Sota, Maria Ibargaray, José Mari y Tere Gamboa, con el cocinero del barco que resultó ser vasco.

JESUS DE GALINDEZ

Volvimos a New York, y a la calle 86. En el piso donde había vivido José Antonio y su familia, vivían María Luisa Elizalde con sus hijos. Yo estaba interna en Virginia, en Fairfax Hall Junio College, José en Cornell. Habían venido Marín y mi cuñada de la Argentina y vivíamos todos juntos. Seguimos yendo a Hampton Bays los veranos. Los Elizalde habían alquilado una casa cerca, y la que antes tenía el Lehendakari y su familia, ahora la alquilaban los Ross-Smiths. Se solía celebrar el día de San Ignacio, viniendo de Nueva York D. Valentín Aguirre, Jesús Galíndez, Oñatibia, y todos los vascos que estuvieran de paso por la gran Manzana. Se tocaba el txistu y se cantaba, con la ikurriña ondeando al viento.

Jesús de Galindez era uno de los que venía a casa a menudo. A veces nos contaba que recibía llamadas amenazándole, y que alguna vez le habían seguido. Es triste decir que no le creíamos y pensábamos que veía fantasmas. Cuando nos enteramos de su desaparición, estando ya en Biarritz, nos causó gran sorpresa y una pena tremenda.

Marino Gamboa conversa con el Lehendakari Aguirre. Al fondo Jesús de Galindez

En 1948 volvimos ya definitivamente a Europa. Yo vine en barco, en el «De Grasse» con Tere y Antón Uriarte, Scou Ross-Smith y su hija Susan. Traía todos los baúles y maletas que contenían nuestras cosas de la estancia en los Estados Unidos y un coche. Traíamos también una radio grabadora que nos había dado Antón Irala para el Gobierno de Euzkadi, con objeto de entregarla en la Ave. Marceau. Pudimos pasar el aparato gracias a que nos encontramos en Le Havre con un «douanier» de Hasparren; quien hablando euskera nos facilitó los trámites. Ama y José llegaron más tarde en avión y aita se reunió con nosotros en Biarritz. Scou Ross-Smith pasó el verano en nuestra casa. Se dedicaba a la fotografía, haciendo fotos maravillosas de todo el País Vasco, las palomeras de Etxalar etc… que solía mandar al National Geographic Magazine.

Nos instalamos en Biarritz, pasando algunos meses de invierno en París donde veíamos a menudo a la familia Aguirre. Y así poco a poco se fue organizando nuestra vida; pudimos venir de vez en cuando a Bilbao y a Lekeitio.

Fuimos después a Filipinas, donde estuvimos cerca de un año, en la Hacienda «Euzkara» y en Manila, donde volvimos a encontrarnos con María Luisa Elizalde y su familia que se habían trasladado definitivamente de New York. En Manila conocí a la colonia vasca, casi toda integrada por gente que había ido a Filipinas antes del 36, pero que seguían sintiéndose vascos. Había algunos pelotaris. La gente estaba todavía traumatizada por los horrores de la ocupación japonesa que habían sufrido, y el país empezaba a levantarse de la ruina. Aita que había hecho varios intentos desde el final de la guerra, se había encontrado las haciendas, casas y campos quemados, teniendo que empezar de cero.

Volvimos a Europa, con escalas en Hong Kong, Bangkok, Beyrouth, y ya volvimos a nuestra casa de Biarritz; viniendo a instalarnos en Bilbao al morir aita en México en 1955.

Fueron años de vivencias muy intensas pero inolvidables. Te las cuento porque las tengo muy presentes y frente a la rutina de la vejez y a pesar de lo duro que fueron aquellos años el convivir con gente tan maravilloso y que tenían lo vasco tan a flor de piel se convierten en recuerdos inolvidables. Es una época que no volverá pero es una historia tan original y tan de película, que la tengo muy presente.

5 comentarios sobre “Los 90 años de la interesante vida de Tere Gamboa”

  1. a las fiestas de amigos vais con corbata????????es la trinchera entre su generación, convencional, y la mía, nihilista. Ahora viene la síntesis.

  2. Iñaki esto es historia viva. Este relato de Tere Gamboa es una fotografía de la “vida” que le tocó a la dirigencia vasca en el exilio encabezada por el Lehendakari José Antonio Aguirre. No se que tantos vascos conocen historias como esta. Las nuevas generaciones deberían estudiar una materia que se llame Historia de Euskadi. El exilio fue una etapa muy dura y por eso tiene tanto valor que los jóvenes la conozcan, la estudien para que le den el valor que merecen estos hombres y mujeres que dedicaron su vida a construir una buena parte de lo que hoy es Euskadi. Por cierto me gustaría saber si “De Guernica a Nueva York, pasando por Berlín” existe en versión digital porque me gustaría leerlo y no lo he podido ubicar. Con la incomunicación que vivimos hoy en Venezuela se hace complicado pensar en una versión en papel. Muchas gracias Iñaki por divulgar estos relatos.

  3. Bueno ha sido frívolo mi comentario ante tanta heroicidad, no ha sido el momento para ello. Disculpe. Me tomaré unas vacaciones.

  4. Estimado Hugo. Trataré de averiguar lo que me preguntas pero no creo que la haya. Muchas gracias por tus letras. Iñaki

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