La familia ha rebautizado al pequeño Yorkshire como ‘Jonbru’ en homenaje al empresario vizcaino, fallecido tras quedar sepultado por el derrumbe de su edificio en La Guaira
Iban Gorriti

«La fidelidad de un perro es un regalo que exige una responsabilidad no menor que la amistad de un ser humano», escribió el etólogo Konrad Lorenz. Esa fidelidad es la que, según el relato de la familia de Jon Sustacha, quedó al descubierto cuando los equipos de rescate lograron llegar hasta el lugar donde permanecía sepultado el empresario bilbaino.
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Junto a él encontraron a Bruno, el pequeño Yorkshire con el que compartía sus días en el edificio Los Corsarios, en La Guaira. El perro seguía con vida. Jon Sustacha, de 69 años, había fallecido. La familia desconoce cuándo se produjo su muerte, aunque explica que durante las labores de rescate hubo personas que aseguraban escuchar los ladridos de un perro y los golpes que daba alguien bajo los escombros.
Las cenizas
Cuando el cuerpo fue recuperado, sostienen sus allegados, Bruno permanecía abrazado a su dueño. A día de hoy, incinerado el cuerpo del vizcaino, la familia comunica a DEIA el futuro de esas cenizas. Una parte se aventarán en el paradisiaco parque nacional Morrocoy, isla protegida y reserva marina de la costa caribeña del país. “La otra parte, en Gorliz, en su Euskadi de origen”, confirman.
«Hasta que no hayas amado a un animal, una parte de tu alma permanecerá dormida», dejó escrito Anatole France. Ese cariño por los animales no comenzó con Bruno ni con Argi, sino que acompañó durante décadas la vida de Jon Sustacha y de su pareja, Roxana, criminóloga de profesión. Ambos convivieron con Dalí, Firulay, Luna, Mancha de Jesús, Txurrito, Argi y Bruno, además de implicarse en el rescate de otros muchos animales a los que ayudaron a encontrar una familia. Quienes los conocen describen un hogar que siempre es refugio para un perro más y donde el cuidado de los animales forma parte de la vida cotidiana.
LA FAMILIA PERFECTA
«Los perros tienen una forma de encontrar a las personas que los necesitan», lanzó al mundo el novelista Thom Jones. Bruno, sin embargo, parecía haber encontrado a su familia antes incluso de que ella fuera consciente de ello. Argi y él nacieron en la misma camada, pero la pareja había decidido quedarse únicamente con Argi. El destino de Bruno estaba en Estados Unidos, adonde Roxana trató de enviarlo en varias ocasiones gracias a la labor que realizaba buscando hogares para perros. Siempre surgía algún contratiempo que impedía el viaje. Finalmente, la persona que iba a adoptarlo decidió que lo mejor era que permaneciera con Roxana. Aquella decisión hizo que Bruno siguiera viviendo junto a Jon cuando se produjo el terremoto.
«La grandeza de una sociedad puede juzgarse por la forma en que trata a sus animales», es una frase atribuida a Mahatma Gandhi. Esteban Sustacha cree que esa manera de entender la vida acompañó a su padre hasta el final. El hijo del empresario bilbaino fallecido, residente en London, en la provincia canadiense de Ontario, interpreta hoy la historia de Bruno desde ese compromiso permanente con los animales. «Yo en verdad considero que mi padre lo salvó como un último acto de amor, hacia los animales y con Roxana también», afirma a DEIA. Para él, el hecho de que el perro nunca viajara a Estados Unidos terminó convirtiéndose en la circunstancia que permitió que ambos permanecieran juntos durante sus últimas horas.
AMOR INCONDICIONAL
«El perro es el único ser en el mundo que te ama más de lo que se ama a sí mismo», afirmó Josh Billings. Ese amor incondicional es el que Esteban identifica cuando intenta reconstruir las últimas horas de su padre bajo los escombros. La familia no sabe cuánto tiempo permanecieron juntos ni cuándo falleció Jon Sustacha. Esa respuesta quedó sepultada con el edificio. «Yo sé que así fue; ellos se acompañaron, y sé que mi papá no debe haberse sentido tan asustado sabiendo que ahí estaba con él«, explica. Es una convicción que conserva desde que conoció cómo había sido localizado el cuerpo de su padre.
«Los perros no son toda nuestra vida, pero hacen que nuestra vida esté completa», firmó Roger Caras. Esteban sostiene que Bruno también forma parte de la manera en que la familia intenta reconstruir la suya después de la tragedia. El hijo de Jon reconoce que el dolor continúa presente, pero asegura que ha encontrado una forma distinta de afrontar la pérdida. «He conseguido una fortaleza inmensa en querer enorgullecer a mi padre, donde sea que esté, y sé que lo haré siempre llevándolo en pensamiento, corazón y acción. Es lo que él hubiera querido más que verme destruido», enfatiza.
«El amor nunca se pierde; cambia la forma de permanecer», escribió el escritor estadounidense Richard Bach. Esteban resume esa idea cuando habla del significado que tiene hoy la ausencia de su padre. «La partida de todos aquellos que son familia, sanguínea o la que elegimos en vida, debería ser una celebración de la vida», afirma. «El amor es la fuerza más grande que existe; va más allá del tiempo y del espacio, trasciende cualquier plano. Y siempre que exista amor, la muerte cobra otro sentido; deja de ser algo horrible y se convierte en un abrazo que en algún momento todos anhelamos».
«La compasión hacia los animales está íntimamente ligada a la bondad de carácter«, atribuyen a Arthur Schopenhauer. Quienes conocen a Roxana encuentran esa relación cada vez que hablan de ella. La periodista de la familia, Daniela Mendes, asegura que la pareja de Jon siempre está pendiente de los animales que la rodean. «Yo no conozco a Brunito; conocí a Mancha de Jesús y a Dalí, los perritos que vinieron antes de los hermanos Brunito y Argi», recuerda. Cuando su propio perro sufrió una artrosis lumbar, explica, Roxana estuvo pendiente de su evolución. «Roxy siempre ha sido fiel amante de los animales. Es un alma, de verdad, tan noble, buena y guerrera que me da rabia que esté pasando por todo esto», amplifica Daniela.
«El vínculo con un perro nunca se rompe; simplemente aprende a vivir en la memoria», estimó el veterinario y escritor Nick Trout. Ese vínculo llevó a la familia de Jon Sustacha Loygorri a tomar una decisión cuando Bruno consiguió sobrevivir al terremoto. Desde entonces, el pequeño Yorkshire también responde al nombre de Jonbru. Con ese gesto, Roxana y el resto de la familia quisieron que el perro conservara para siempre una parte del nombre de quien, según sostienen sus allegados, permaneció junto a él hasta el final y que hoy le sigue buscando.
Es una historia preciosa sobre cariño y lealtad, dos cosas fundamentales, pero cada vez más raras de encontrar. El señor Sustacha QEPD, tuvo la suerte, dentro de la suprema desgracia, de morir acompañado. El perro se fue acercando al hombre para buscar protección y comida. Para ello tuvo que adaptarse a los humanos. Ahora hay demasiados humanos que deberían hacer el camino inverso y adaptarse a los chuchos para evolucionar un poco.
AMOR DE VERDAD.
CONOCI A ALGUN SUSTACHA EN GORLIZ , PERO AQUI EN VENEZUELA NO.
Eguerdion! Ayer, una amiga me contó la historia dramática y tierna de Jon Sustacha y Bruno. He buscado en internet personas famosas que han convivido con mascotas, y me he quedado con una frase de Anatole France que dice» hasta que no has amado a un animal, una parte de nuestra vida, permanece dormida». Yo he convivido con un gato, pero la familia más cercana tiene gatos, un perrito rescatado y tres galgos que están llenos de cicatrices . Ahora están agradecidos y felices. De los que ya no están, se conservan las cenizas con el debido cariño No faltan los que nos repiten como un mantra, yo ni perros ni gatos, yo ni perros ni gatos. Siempre contesto que estos seres tienen corazón, pulmones, sangre caliente y más cerebro que muchos. Da igual, en el caso de los perros, que sea un yorkshire de escasos 3 kgs. o que sea un San Bernardo, tienen todos algo en común que es la lealtad. Con el dolor de perder al aita, les va a quedar el agradecimiento a Jonbru, por haber permanecido abrazado a él. Un saludo para todos.
Que dice Lopez Basaguren que la democracia y las mayorias solo cuentan si las suman los buenos españoles del PPSOEVOX e izquierdas confederales españolas. Que si las suman vascos de primera (que diria su intimo Llera) deben buscar y contar, indefectiblemente, con el derecho a veto de los españolazos o nos arrepentiremos de nuestras «imposiciones»…..que una cosa es que los vascos de segunda nos impongan la bandera española donde no es querida por la mayoria expresada democraticamente de vascos de primera, y otra que algunos vascos de primera pretendamos que un policia vasco, pagado con impuestos de hablantes de ambas lenguas oficiales nos responda en cualquiera de las dos lenguas de eleccion. Que nos habremos creido……a lo que vamos, que yo no tengo perro, pero cualquier dia adopto uno.