Preguntamos al Ministro del Interior sobre el Memorial de Gasteiz

Miércoles 19 de junio de 2013

667.13Pregunta sobre las razones por las que el Gobierno no reactiva la comisión bilateral para impulsar la creación en la Comunidad Autónoma del País Vasco del centro memorial para las víctimas del terrorismo

El señor PRESIDENTE: Pregunta de don Iñaki Anasagasti.

Tiene la palabra su señoría.

El señor ANASAGASTI OLABEAGA: Muchas gracias, señor presidente.

Señor ministro, en el mes de enero el lehendakari se reunió en la Moncloa con el presidente Mariano Rajoy, y le presentó por escrito una propuesta en materia de paz que incluía, entre otras, la apuesta del Gobierno vasco por colaborar con el Gobierno para impulsar los encuentros entre víctimas de ETA y presos de la llamada “Vía Nanclares”. No ha habido respuesta; es más, el programa parece haber llegado a un punto muerto.

En el mes de febrero, la Dirección de Víctimas y Derechos Humanos del Gobierno vasco solicitó una reunión con su homóloga en Madrid, Sonia Ramos; problemas de agenda han impedido en cuatro meses que se produzca el citado encuentro. Y parece que la espera va a continuar.

En el mes de abril, la Secretaría de Paz pidió por escrito al Ministerio del Interior que se reactivara la comisión bilateral para impulsar la creación del centro de la memoria por las víctimas. Dos meses después no ha habido respuesta.

Señor ministro, antes de que usted me diga que lo más importante es que desaparezca ETA, lo decimos nosotros como grupo: lo más importante es que desaparezca ETA. Dicho esto, la situación no se tiene que pudrir y por eso le preguntamos al ministro qué va a hacer en ese acuerdo bilateral para impulsar la creación en la Comunidad Autónoma del País Vasco del centro memorial para las víctimas del terrorismo.

Muchas gracias, señor presidente.

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señoría.

Señor ministro, tiene la palabra.

El señor MINISTRO DEL INTERIOR (Fernández Díaz): Gracias, señor presidente. Muchas gracias, señoría.

Señor Anasagasti, evidentemente la Cámara debe saber que el Gobierno en general, y en particular quien les habla, como ministro de Interior, tiene especialmente un compromiso con honrar a la memoria de las víctimas del terrorismo, que es el objetivo esencial del Centro Memorial para las Víctimas del Terrorismo, al que usted se refiere. La prueba de ello es que uno de los primeros actos que yo realicé recién tomada posesión del cargo al cabo de un mes fue ir el 24 de enero del pasado año al Palacio de Artaza, en Leioa, y firmar junto al consejero de Interior del Gobierno vasco, don Rodolfo Ares, un protocolo precisamente para desarrollar ese Centro Memorial para las Víctimas del Terrorismo, que trae causa, como sabe muy bien su señoría, del artículo 57 de la Ley de Protección y Reconocimiento Integral de Víctimas del Terrorismo, que es una ley no del Parlamento vasco, sino de las Cortes Generales, y eso conviene no olvidarlo. Porque estamos hablando de un centro nacional, español, de víctimas del terrorismo de ETA en toda España, en el País Vasco y en toda España.

En ese protocolo se adoptó la creación de una comisión paritaria, bilateral, entre el Ministerio del Interior y la Consejería de Interior del Gobierno vasco, dos y dos. A propuesta del ministro del Interior fue doña María del Mar Blanco quien la presidió —entonces diputada del Parlamento vasco—, actualmente presidenta de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, que empezó a trabajar el 7 de febrero del pasado año y elaboró unas conclusiones muy importantes. Desde entonces le puedo decir, señoría, que nuestro compromiso de llegar a un acuerdo y un consenso básico, como no puede ser de otra manera, con el Gobierno vasco permanece absolutamente vigente. Y seguimos, tanto en el Gobierno como en el Ministerio del Interior, trabajando discretamente para la consecución de ese objetivo, que espero compartamos.

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor ministro.

Senador Anasagasti, tiene la palabra.

El señor ANASAGASTI OLABEAGA: Gracias, señor presidente.

A Dios rogando y con el mazo dando, ¿no? Obras son amores y no buenas razones, señor ministro. Me ha relatado usted cosas del pasado, pero no me ha concretado absolutamente nada. Me da la impresión, después de su respuesta, que no va a hacer absolutamente nada, y eso que ha dicho usted que es un memorial que se aprobó en las Cortes Generales.

Nos da la impresión que ustedes están dilatando esto y que quien está dirigiendo la política no es usted o, si no, que usted está remedando la política del antiguo ministro de Interior don Jaime Mayor Oreja. Porque no entendemos que usted esté tan remiso a poner fecha, a recibir, a escuchar, a tener una relación normalizada. Efectivamente es un Memorial, pero ¿por qué usted está tan cerrado y no me contesta? A lo mejor me replica diciendo no sé qué cosas. Pero yo le voy a contestar también.

No sé si usted leyó una entrevista que hace poco le hizo la periodista Carbajosa a Chris Patten. Chris Patten fue gobernador de Hong Kong, actualmente es presidente de la Universidad de Oxford y es presidente de la BBC de Londres. Estuvo también en Irlanda del Norte trabajando en temas relacionados con el Ira, y dio una conferencia sobre la reconciliación en Irlanda del Norte, precisamente en un pueblo donde los agricultores eran católicos y los pescadores eran republicanos. Habló sobre la reconciliación, y una señora que estaba delante le dijo: “oiga, no me hable usted de la reconciliación porque este señor que está aquí delante de mí mató a mi hijo”. Obras son amores y no buenas razones, ¿no? Chris Patten hacía una reflexión muy interesante: la reconciliación es algo extraordinario. Hacen falta grandes almas, grandes personalidades como Nelson Mandela. Es muy difícil, requiere altas dosis de coraje, ser capaces de superar el resentimiento, de tragarse cosas que uno desea decir; requiere ser más generoso de lo que muchos se merecen, aunque esos muchos sean incapaces de decir gracias; si no, la alternativa es seguir odiándose y matándose.

Yo creo, señor ministro…

El señor PRESIDENTE: Vaya terminando, señoría.

El señor ANASAGASTI OLABEAGA: … que hay que dar pasos. Y, además, le recuerdo —señor presidente, termino— una obra de misericordia: redimir al cautivo.

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señoría.

Tiene la palabra el señor ministro.

El señor MINISTRO DEL INTERIOR (Fernández Díaz): Muchas gracias, señoría.

Redimir al cautivo, pero en el marco de la ley y con justicia, por supuesto. No he leído a Chris Patten, pero sí he leído este fin de semana su artículo sobre don Manuel de Irujo en el diario Deia. Por razón de mi cargo yo sigo día a día, lógicamente, la prensa vasca.

Le diré con toda cortesía, de la que siempre hago uso, como usted sabe, señor Anasagasti, y con toda claridad, que tenemos reservas muy serias en relación con el plan de paz y convivencia planteado por el Gobierno vasco, y en particular con ese Instituto de la Memoria, donde hacen un recorrido –nos parece a nosotros- a lo largo de la historia de la historia de la violencia que ha sacudido al País Vasco en los últimos 80 años. Hablan de la guerra civil, de la dictadura, de ETA, del Batallón Vasco Español, del GAL, hablan de torturas… No sé por qué no hablan también de las guerras carlistas remontándose 200 atrás. El Centro Memorial para las víctimas del terrorismo, que tiene su fundamento en la ley de las Cortes Generales que usted conoce perfectamente, habla de las víctimas del terrorismo de ETA, y si quiere usted, en general de las víctimas del terrorismo no solo de ETA, de las víctimas del terrorismo actualmente, no habla de otras cosas. De la guerra civil, por ejemplo, ya habla la Ley de memoria histórica o la Constitución, pero no el memorial al que aludimos. Y, por supuesto, el Centro Memorial para las víctimas del terrorismo…

El señor PRESIDENTE: Vaya terminando, señor ministro.

El señor MINISTRO DEL INTERIOR (Fernández Díaz): … es un centro nacional que como tal será gobernado, dirigido y liderado por el Gobierno de la nación, esperemos que en pleno consenso y acuerdo con el Gobierno vasco, tengan la certeza. (Aplausos.)

El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor ministro.

 

 

La Ertzaintza comparece en el Senado

Martes 18 de junio de 2013

665.13Este lunes, en la ponencia que estudia los nuevos delitos cibernéticos, nuestro Grupo solicitó la comparecencia del responsable de la Ertzaintza para que nos informara sobre el trabajo que estaban haciendo. Lo mismo hizo el grupo catalán en relación con los Mossos D´Escuadra.

Fueron dos grandes intervenciones donde nos dieron cuenta de los nuevos delitos en las redes y de cómo proteger a los chavales y jóvenes ante estas nuevas herramientas que en si son neutras, pero que el ser humano mal intencionado es quien las hace peligrosas.

Yo les pregunté sobre las campañas que podrían implementar para ir avisando a padres y jóvenes sobre el peligro de estas nuevas armas así como se hacen las campañas de publicidad contra los riesgos de la carretera. Están en ello.

Nos dijeron que en este momento hacen falta jueces especialistas. Los chavales son nativos digitales. La gente mayor somos inmigrantes digitales. Ellos nacen con el chip y nosotros tenemos que andar como nuestros abuelos con los coches.

Hablaron de la Cooperación Internacional, porque el delito organizado es internacional, nos hablaron de los materiales incautados, de sus experiencias en las aulas, del agente encubierto, de los reenvíos de material sensible, de la usurpación de la personalidad en este mundo de aparentes sombras y de muchas cosas más explicadas en un power point muy interesante donde se hablaba del bullying cibernético y otros delitos.

Al Jefe de la Sección Central de Delitos en Tecnologías de la Información de la Unidad de Investigación Criminal y Policía Judicial de la Ertzaintza le acompañó el Director de la Ertzaintza, Gervasio Gabirondo. Su presencia fue muy apreciada.

Los ponentes quedaron muy satisfechos de la información dada por la Ertzaintza y me pidieron les felicitara en su nombre.

 

El Rey visto con todos sus defectos por el primo de Letizia

Lunes 17 de junio de 2013

654.13«Adiós Princesa» es un libro silenciado. Lo escribió David Rocasolano, primo de Letizia Ortiz Rocasolano y en él cuenta desde el aborto de esta señora a Ias veladas en la casa del príncipe en La Zarzuela, la bronca del abuelo el día de la boda, el insulto de su cuñado al rey. Hace asimismo descripciones tan precisas como la que reproduzco sobre el rey. Seguramente no habrá leído usted nunca un retrato tan cabal y despiadado de un señor que no ha  leído un libro en su vida. Se imagina el por qué  este libro sea un libro maldito para la Casa Real pero se puede comprar en  librerías.

Este es el retrato del rey:

“El rey es un maleducado.

El rey pasa de todo.

He leído y escuchado en muchos sitios que Juan Carlos mantiene una relación poco cordial con Letizia. Que se llevan mal, en resumen. Yo no lo percibí nunca así. El trato que el rey le dispensa a Letizia es parecido al que le ofrece a Sofía, a sus hijos o a sus nietos. En las numerosas ocasiones en las que los he observado, jamás he visto de Juan Carlos un gesto de cariño o afecto hacia su hijo. Ni hacia nadie. Juan Carlos trata a todo el mundo por igual, no debe ser clasista, con una indiferencia y un desdén tan palpables que impresionan. Como si estuviera por encima del bien, del mal y de nosotros. Como una deidad a un insecto. Da la impresión de que se ha creído su papel, de que ha interiorizado que es un ser superior que merece el vasallaje, y va por la vida luciendo una displicencia absoluta, un desinterés indisimulado hacia todo lo que no sea él. Letizia lo asume y le llama majestad. Yo me limitaba a tratarlo de usted. Las palabras majestad o alteza me resultan malsonantes.

En cuanto a mi familia, a veces me avergonzaba del exceso de vasallaje que mostraban. A mi tía Paloma, que es una mujer sencilla que a veces raya en el simplismo, toda aquella parafernalia real la superó desde el principio. Era patético observar cómo se dirigía a Sofía: “Señora, ¿cómo está usted?”. Y poco faltaba para que se agachara un poco más -la famosa genuflexión- y le limpiara a la reina los zapatos con la lengua. Lo de Letizia tratando de majestad a Juan Carlos incluso en la intimidad, a pesar de ser su suegro, no es tanto vasallaje como estrategia. “No olvido que soy plebeya”, parece comunicarle cada vez que pronuncia las tres sílabas.

Es curioso que, en este país tan zalamero con la realeza, nunca se haya destacado en libros o artículos la inteligencia de Juan Carlos. Ni siquiera en momentos tan trascendentes como el intento de golpe del 23-F. Se habla de su sentido de Estado, de su responsabilidad, de su campechanía. Pero jamás de su inteligencia. Incluso sus biógrafos no pueden más que reconocer que el rey nunca fue aficionado al estudio ni a la gimnasia intelectual. Cuando era un adolescente en Estoril, en 1945, su preceptor Eugenio Vegas Latapié llegó a recriminarle su precario esfuerzo intelectivo con estas palabras: “Por este camino nunca podrá ganarse la vida”. Cierto es que, si no inteligencia, aquel Juan Carlos de quince años sí demostró picardía para responderle a Latapié. Se escapó de Palacio y se pasó el día recogiendo pelotas en las canchas de tenis de sus vecinos, que le agradecieron al futuro rey de España su entusiasmo servil con suculentas propinas. Juan Carlos tenía quince años, y aquella tarde arrojó a Latapié las monedas cobradas y le espetó: “Tú creías que no me podía ganar la vida. ¡Claro que sí!”.

Pero, evidentemente, Juan Carlos no es una persona brillante. Nunca le he escuchado hablar en profundidad de ningún tema. Su discurso se limita al chascarrillo. A la ocurrencia banal. Por supuesto, es normal que nunca tratara asuntos de índole política delante de nosotros. Pero jamás he visto al rey, ni a cualquier otro miembro de la familia real, con un libro en la mano. Con excepción del día en que Letizia le regaló a Felipe la insustancial novelilla de Mariano José de Larra, El doncel de don Enrique el Doliente.

Uno de los mitos más divertidos que ha aireado la prensa lacaya sobre mi prima es el de la voraz lectora. Mi prima no ha leído jamás otra cosa que periódicos, algún best-seller tipo Grisham o los libros que le obligaron a leer en el colegio y en la facultad. Durante el tiempo que yo trabajé en una conocida firma editorial, era frecuente que le regalara algún clásico ruso, recuerdo Guerra y Paz, o alguna reedición lujosa de literatura americana. Digo lujosa porque yo era consciente de que el libro iba a ir directamente como adorno a una estantería, ya que a Letizia jamás la iba a arrebatar el impulso de leerlo.

Me parece especialmente significativo de la desafección del monarca y su entorno a la literatura el hecho de que recomendaran a Letizia regalar a Felipe, el día de la petición de mano, un ejemplar de El doncel de don Enrique el Doliente. Si Letizia, periodista, hubiera regalado a su prometido una selección de los exquisitos artículos de Mariano
José de Larra, se hubiera comportado de manera digna y coherente. Pero regalar una obra menor, lloriqueante, literariamente prescindible y olvidable del cronista más influyente de la historia de España, me parece un insulto para Larra y para toda la casta periodística. Se deberían de haber asesorado mejor.

Otro de los mitos es el de los Ortiz-Rocasolano multiculturales y conocedores de infinidad de lenguas. Cuando Letizia se fue a México a hacer aquel doctorado que nunca terminó, eligió el país por el idioma, ya que no tenía ni pajolera de inglés. Ella hubiera preferido Estados Unidos, sin duda. Lo mismo sucede con Telma, que según las revistas habla con fluidez el inglés, el francés el italiano y no sé si el swahili. No recuerdo cuántos idiomas le habrán atribuido a Érika.

El caso es que tampoco puedo presumir de haber visto jamás a Juan Carlos con un libro en la mano. A los abogados nos gusta estudiar a la gente. Sin embargo, Juan Carlos I para mí sigue siendo un folio en blanco. Quizá porque le enseñaron que un hombre solo puede sostener la ficción de rey si se convierte en un enigma. El caso de Sofía es diferente. En Sofía se palpa cierta humanidad, cierta cercanía. Porque Sofía, al contrario que Juan Carlos, no siempre vivió entre algodones y tules. Ya lo he dicho antes.

Yo no puedo decir que el rey sea una persona brillantísima. Se ha movido en un mundo delicadete, lujoso, facilón, ritualista. Eso se le nota. Pero a veces me daba la im­presión de que ha decidido desde hace muchos años que su cabeza no tiene necesidad que sustentar nada más que la corona. Yo no soy monárquico. Pero tampoco soy republicano. ¿Es que hay que ser algo? La monarquía es una institución obsoleta, absurda y anacrónica. El principio de consanguinidad no me vale. Yo soy abogado. ¿Mi hijo tiene que ser abogado? Pues no. He vivido años en Luxemburgo. He conocido la República Francesa. Y esos regímenes me parecen tan absurdos como la monarquía. La democracia es una distribución de los poderes tácticos y económicos diseñada como le sale de los huevos a los que tienen más. Pero, al margen de todo eso, el rey no me gusta como persona. No me parece un tío fiable.

Durante aquella cena tediosa, cuando terminó su plato, sin esperar a que acabaran los demás, Juan Carlos encendió un Cohiba de 25 centímetros. Si una velada en Palacio ya de por sí no es especialmente cómoda, se convierte en nauseabunda cuando se aliña con el humo espeso y grávido de un Cohiba. Pero en Palacio no está bien visto dejar los platos a medias. Así que seguí tragándome el pescado y las ganas de mandar al rey a fumarse el puro al Valle de los Caídos, que hay más aire libre.

Las volutas de humo de un puro son menos volubles que las de un cigarrillo. Parecen tener una dirección muy definida, como las nubes de tormenta. Y aquellas espirales de humo se dirigían, empecinadamente, no recuerdo si al Sorolla o al Velázquez que cuelgan de la pared, pegándose al óleo y acariciándolo como acaricia un cáncer. No sé qué pensaría un conservador del Patrimonio Nacional si estuviera sentado con nosotros a la mesa. Supongo que se habría quedado tan callado como me quedé yo. Y que pensaría, como yo, que el rey no es muy considerado. Ni con nosotros, ni con el arte, ni con nada.