Nacionalismo Vasco en Iparralde

Lunes 16 de julio de 2012

Hay, según nos parece, en el problema del nacionalismo vasco dos factores que no suelen ser fácilmente comprendidos: el primero, que las aspiraciones autonómicas del sur son inseparables de la constante autonómica de los territorios vasco-franceses, cuya historia es en España totalmente desconocida; el segundo, que la mayoría de los franceses reciben con gran sorpresa el comentario cuando se les dice que pronto podrían tener en plena ebullición a sus vascos. Ellos creen que las cosas fueron definitivamente “atadas y bien atadas” en 1790, con la creación del Departamento de los Bajos Pirineos y que esas raras palabras vinculadas al nacionalismo vasco no son comprensibles sino en función dela ETAdel sur: cosas del otro, lado del Bidasoa, miradas con simpatía por un vago sentimiento de identidad que la historia ha casi diluido. Las siguientes quisieran hacer alguna luz sobre el nacionalismo vasco-francés. Cuando, en 1512, Fernando el Católico se apoderaba de Navarra, y Juan de Albret y Margarita de Navarra se refugian enla Navarrafrancesa, Navarra sigue existiendo como Benabarra o Basse Navarre. Después de sucesivas escaramuzas, en las que el nacionalismo navarro juega la carta protestante, para sumar fuerzas a la vez contra el Rey Católico y contra el Papa, que habría facilitado la caída de Pamplona, Enrique IV se titula rey de Francia y de Navarra en 1589: se trata de una “unión personal” y no de una fusión de Estados, que conservan su constitución y su libertad. No hay por qué seguir aquí la complicada trayectoria de los pequeños territorios vascos de Laburdi y Zuberoa (la Soule) liberados poco a poco de siglos de invasión inglesa y que entrar sin fundirse en la órbita dela Navarrade ultrapuertos.

Las cosas siguen así hasta 1789, en que se desencadena la tempestad de la convocación de los Estados Generales (Versalles, 5 de mayo), que adquirirán su máxima gravedad con la revolución francesa y estallará en los fuegos artificiales del imperio napoleónico.

Luis XVI, que convoca a todos sus reinos, no se atreve a herir la susceptibilidad de los vascos, a los que quiere seguir tratando como “reino independiente” y convoca para ellos estados regionales en el Bearn y en Navarra. Las sesiones tienen lugar en San Juan de Pie de Puerto, donde deberán elegir, como nación, delegados para Versalles (abril y junio de 1789). Pero los vascos opinan que aquél es un “asunto extranjero”: si los franceses quieren una constitución nueva, que la hagan para sí: ellos están contentos con la vieja. Y aprovechan la ocasión para dirigir a Luís XVI un largo memorial en el que piden, entre otras cosas: moneda distinta, acuñada en Navarra; establecimiento dela Cancillería, con supresión del senescal, preboste, mariscal y jurisdicción de aguas y bosques; prohibición al intendente de ejercer jurisdicción en Navarra: anulación del tratado de límites de 1785; abrogación de todas las leyes aplicadas a los navarros desde Luis Xlll sin aprobación dela Asambleanavarra y suspensión de todos los impuestos no aceptados por ésta; liberación del clero navarro de los diezmos dela Iglesiafrancesa; facultad de elegir libremente los funcionarios municipales; reconocimiento de los privilegios particulares de la nobleza navarra; que las cadenas de Navarra figuren en el escudo real y en las monedas juntamente con las armas del escudo de Francia; declaración de la nulidad de la “Unión” de 1620 y posibilidad de separarse si llegara al trono de Francia una mujer; que los reyes presten juramento de guardar los fueros navarros antes de acceder al trono, semejante al juramento que prestaban los reyes españoles, incluso después de la división de las dos Navarras.

Dos cosas eran sustanciales: reconocimiento de la soberanía nacional y facultad de vetar los impuestos que se consideraran abusivos.

Más dóciles, Laburdi y Zuberoa aceptan en Versalles el artículo 10 que establecía un derecho común para toda Francia. Navarra convoca otra vez sus Estados en septiembre, para salir de su actitud pasiva y tomar finalmente decisiones. Pero sabiendo cuáles iban a ser éstas, Luis XVI disuelve la reunión (22 de septiembre 1789). El 8 de octubre,la Asamblea Nacionaldecide que el título de Rey de Francia y de Navarra sea sustituido por el de Rey de los Franceses. El 4 de marzo de 1790 se decreta quela Soule(Zuberoa), Laburdi y Baja Navarra, se fusionen asumidos por el Departamento de los Bajos Pirineos.

La herida infligida a los vascos no ha tenido tiempo de cicatrizar cuando comienzan las invasiones de España (1793). La campaña de Moncey y de Harispe en 1794 pone en contacto a los vascos de ambos lados del Pirineo y resucita en ellos la idea de ser un solo pueblo como antes de 1521. Es muy curiosa esta sintonía espontánea. Mientras las tropas de Moncey presionan sobre Bilbao,la Junta Generalde Guipúzcoa se reúne en Getaria y pide, que Gipuzkoa sea considerada como estado libre, sin obligaciones ni con España ni con Francia. Quien detiene a los junteros no es España, por considerarlos separatistas, sino Pinet, el representante de Francia, que lo que pretende no es un Estado-tampón entre Francia y España, sino la anexión lisa y llana de Gipuzkoa al Estado francés.

A partir de 1807, el que opera militarmente en Espa­ña es el propio emperador Napoleón. Y entonces se formula la más extravagante idea de reunión de todo el pueblo vasco bajo el cetro de Bonaparte, pero con personalidad política y nacional.

Un antiguo senador, Garat de Ustarritz, “antes de que el destino de España sea fijado” (porque él da por seguro que Napoleón dispondrá de España como lo ha hecho de todas las coronas de Europa) somete al emperador en 1808 un largo memorial que concibe al País Vasco unificado en el conjunto del imperio.

Todavía vive Francia el recuerdo de la utopía del calendario de la revolución, con esos extravagantes nom­bres de Brumario, Floreal, Termidor… A Garat se le ocu­rre que la patria de los vas­cos, pueblo marinero, podría llamarse “nueva Fenicia”, que estaría constituida por la “nueva Sidón” (territorios franceses) y la “nueva Tiro” (territorios navarros y vasco-españoles). Con los métodos expeditivos de la revolución y del imperio, habría que con­seguir rápidamente la mezcla de las poblaciones: eso sería fácil entre Baztán y Lapurdi y entrela Souleyla Navarralimítrofe.

Garat conoce la debilidad de Napoleón por la instruc­ción pública y propugna la creación de escuelas y liceos, pero en lengua vasca: no sólo habría que conservar el vasco, sino cultivarlo, porque él “arrojaría grande luz sobre todas las lenguas muertas de Oriente”. “No habría que per­mitir habitar en estos depar­tamentos sino a vascos que hablaran el vasco”.

Reconociendo que los vas­cos  son   mediocres  soldados cuando no defienden su propio territorio, Garat de Ustarritz subraya que al servicio del emperador aportarían co­mo marinos “la audacia y el coraje de  los   filibusteros y corsarios más reputados”. Los fenicios   de   la   costa   vasca podrían emular a los de las viejas Tiro y Sidón.

No se nos acuse de dar valor político actual a una utopía romántica destinada al fracaso  desde que se  formuló. Napoleón tendría que aguantar las campañas de Rusia y terminaría  en   Santa   Elena: nada de reino vasco.

Pero el episodio ilustra so­bre la constante independentista de los vascos franceses. La mezcla de poblaciones que provocó Moncey es hoy cosade todos los días por cuarenta años   de   convivencia   de  los vascos exiliados del sur y por la ósmosis   que   los   fáciles transportes y medios de masas crean entre todas las poblaciones fronterizas.

Esta historia es poco conocida en Iparralde y en Hegoalde. Ojalá poco a poco vaya conociéndose. Solo así podremos trabajar en la unión vasca atacada por los separatistas franceses y españoles.

Hace 30 años el PSE rompió Euzkadi

 

Domingo 15 de abril de 2012

Vivimos días en que se van cumpliendo 75 años de acontecimientos vinculados a la guerra, a los gestos de nuestros mayores o a las atrocidades vividas. Pero hay otros aniversarios que pasan debajo de la mesa y que conviene recordar por las repercusiones que siguen teniendo. Me refiero a la separación de los navarros socialistas del Partido Socialista de Euzkadi hace ahora 30 años redondos. Y aquello, aunque parezca mentira, sucedió. No existían el PSE y el PSN, sino que todo era PSE, con los gritos de «Nafarroa Euzkadi da», la celebración del Aberri Eguna, la pancarta de la autodeterminación, la candidatura conjunta para el Senado en 1977 con PNV y ESEI, la pertenencia ala Asambleade Parlamentarios Vascos con D. Manuel de Irujo al frente, la portavocía de Carlos Solchaga, el de Tafalla, del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso de los Diputados… Y, de repente y a cuenta de que se habían creado dos Comunidades Autónomas,la Vascayla Navarra, decidieron separarse sin dar mayores explicaciones. Es como si el PNV hubiera creado dos partidos: el vasco y el navarro. Y a partir de ahí, una gestión política basada en los pactos con la derecha navarrista más antivasca, el limitar la vida del euskera a guetos, el consolidar una autonomía uniprovincial cuyo santo y seña ha sido perseguir todo atisbo de vasquidad… Magro balance de treinta años y una realidad actual de partido más parecido a una orden mendicante, desnortada y sin gasolina, que a un partido histórico asentado fundamentalmente enLa Ribera. Enresumen. ¡Qué diferente hubiera sido hoy la historia, tanto dela CAVcomo de Navarra, con un Partido Socialista Vasco o Vasco-Navarro!

Bajo el lema Seguir avanzando se celebró los días 5 y 6 de junio de 1982 en Iruñea el Congreso Constituyente del Partido Socialista Navarro. Con la elección de la nueva ejecutiva culminaba el proceso de desvinculación de los navarros del PSE, en el que se encontraban integrados hasta aquella fecha. El acto comenzaba tras un trabajoso «Ongi etorri guztiak» dirigido a los doscientos delegados asistentes y a los numerosos invitados al acto, entre los que se encontraban Carmen García Bloise, Luis Fajardo Espínola, Carlos Solchaga -que saludó como «un navarro socialista y no un socialista navarro»- y el secretario general del PSE, Txiki Benegas.

En los pasillos había expectación, ya que se llegó a filtrar que una parte de los delegados estaba dispuesta a plantar cara a la línea oficial dirigida por Urralburu y Arbeloa. Sin embargo, parecía seguro que saldrían adelante con un amplio margen de diferencia las ponencias presentadas porla Ejecutivasaliente, así como la definitiva separación del PSE-PSOE. Tras los debates, llevados a cabo sin presencia de los medios de comunicación, se aprobaban todas las propuestas por unanimidad.

Tras la intervención y saludo de diversos líderes, siempre en un tono triunfalista, tomó la palabra Gabriel Urralburu para leer el informe político elaborado porla Ejecutivasaliente. A lo largo de 26 páginas, Urralburu repasó la trayectoria política seguida por el PSOE en Navarra desde 1977, en el que favorables a la «incorporación de Navarra en Euzkadi» estaban integrados en el Frente Autonómico con partidos nacionalistas. El secretario general saliente dijo cosas tan extraordinarias como que los navarros «nos enteramos del pacto casi por la prensa, cuando estábamos negociando aquí otro frente. Nunca hemos hecho uso del nombre del PSE, sino del PSOE, y tampoco hemos participado en mítines conjuntos con el PNV». Curiosamente aquel pacto se hizo y formó en el hotel Maisonave en el centro de Iruñea.

No faltó tampoco en el análisis una valoración de las convivencias socialistas con la derecha más conservadora de UPN para sacar adelante el proyecto de Amejoramiento del Fuero, relaciones que ese día repudiaron públicamente al darse cuenta de que la opinión pública identificó la política del PSOE con la de UCD y UPN.

Días antes, en el transcurso de una rueda de prensa convocada para informar de la celebración del Congreso, Gabriel Urralburu no había dudado en manifestar que «si en el 77 se decidió llevar a cabo el proyecto de vinculación, fue porque al final de la dictadura ningún militante de izquierdas podría llamarse solo navarrista y de izquierdas».

Estas declaraciones contrastaban notablemente con las realizadas aquel mismo año por el líder socialista a la revista Tierra Navarra, en las que afirmaba que nadie podría decir en Euzkadi que los socialistas navarros no habían luchado por la autonomía vasca. «Están perfectamente unidos -continuaba- los intereses del socialismo con la vinculación de Navarra al País Vasco».

El tono navarrista con el que los socialistas trataron de impregnar su programa se dejó sentir en todo el congreso. El mismo Txiki Benegas insistía en diferenciar machaconamente la dicotomía vascos y navarros, en un nuevo alarde de equilibrismo político. El secretario general del PSE, que acudió como invitado, puntualizaría que Navarra tenía derecho a recuperar su autogobierno y sus instituciones, «y así lo ha demostrado a través del Amejoramiento. Ambas comunidades se asientan sobre presupuestos distintos como son el Estatuto de Gernika y el Amejoramiento del Fuero».

Pese a la trascendencia de los acuerdos adoptados, que suponían un giro total en la política del partido desde su legalización, algunos de los invitados apenas concedieron relevancia a la cuestión, catalogándola como una medida meramente «coyuntural».

Concluido el acto inaugural, se cerraron las puertas para el debate de las ponencias de organización y política que se habían presentado a discusión, así como para la elección de nuevos cargos. Entre los objetivos designados en la ponencia de resolución política destacan la defensa dela Constitución, la defensa de la personalidad de Navarra en el marco del Amejoramiento, el desarrollo progresivo de este y la lucha contra la violencia y el terrorismo. La impresión generalizada fue la de que el PSOE se estaba construyendo un marco autónomo para gobernar en él. Aspiraciones electorales que, por otro lado, fueron recalcadas por Urralburu tanto en la rueda de prensa anterior al congreso como en el desarrollo del mismo.

Si las sesiones no depararon ninguna sorpresa en cuanto a la aprobación de los textos planteados, tampoco las hubo a la hora de elegir a la nueva Ejecutiva. La víspera se hablaba de una supuesta bipolarización interna, con una pugna entre Julián Balduz y Gabriel Urralburu por constituirse en cabezas visibles del partido.

Con el 76,80 % de los votos fue elegido presidente del PSN Paco Álava, exalcalde de Tudela. Hasta hacía bien poco aún se le veía en alguno de los carteles, que milagrosamente se habían salvado de las inclemencias climatológicas, al lado de Manuel Irujo y Carlos Clavería en una lista al Senado español por el Frente Autonómico.

El congreso constituyente pasó sin pena ni gloria. Fue una defensa a ultranza de la línea oficial en la que se aludió en numerosas ocasiones a la «cooperación» con «el País Vasco» y se potenciaba la tercera vía: «Un lugar de encuentro entre ambas comunidades, el Comité Socialista Vasco-Navarro». Se insistió asimismo en que la desvinculación no significaba ruptura. Txiki Benegas hizo alusión a ello al comentar que se equivocaban los que pensaban que este era el congreso de la separación. «Si federar es unir desde la libertad y la solidaridad -dijo-, hoy estamos sentando las bases de una profunda unión».

Con la presencia de Enrique Múgica Herzog, se cerraba aquel domingo el congreso de la ruptura. Antes habían tomado la palabra algunos invitados y el nuevo presidente. El reelegido secretario general, Gabriel Urralburu, cerró el turno de intervenciones resumiendo los auténticos fines perseguidos por el partido. «El proyecto socialista -manifestó- es un proyecto autónomo que significa estar por encima de la política de enfrentamiento que mantienen los nacionalistas vascos, que buscan la incorporación de Navarra, y la derecha navarra, que no reconoce el problema». Muy bonito. Pero sabemos lo que ocurrió. Urralburu se dedicó a robar.

Ocurrió hace treinta años.

Como nació el Día del Gudari

 Sábado 14 de julio de 2012

El próximo 15 de Octubre, se cumplen 75 años en que cayeron fusilados catorce hombres víctimas del sadismo e inquisición dela Justiciafranquista. Catorce hombres buscados, seleccionados.

Dos miembros del  Consejo  Supremo del Partido Nacionalista Vasco.

Dos miembros del Ejército Vasco, pertenecían al Partido Nacionalista Vasco.

Dos miembros del Sindicato Solidaridad de Trabajadores Vascos.

Dos miembros del Partido Republicano.

Dos miembros del Partido Socialista.

Dos miembros del Partido Comunista

Dos miembros dela C.N.T. Confederación Nacional del Trabajo.

Si no todos, la mayoría de estos hombres estaban acogidos al acuerdo concertado entre el Ejército Vasco y las autoridades militares italianas, «Flechas Negras», cuyo mando dependía del General Mancini, seudónimo de campaña del General Roatta. A éste acuerdo se le llamó y se le sigue llamando «Pacto de Santoña».

El deseo de los dirigentes del P.N.V., que actuaba en representación y a nombre del Ejército Vasco, era salvar, en lo posible, lo que quedaba del Ejército Vasco, encajonado e irremisiblemente condenado, entre las fuerzas armadas franquistas y sus adláteres y el intransitable mar, al tiempo que, también en lo posible, intentar salvar a los dirigentes políticos.

El Pacto fue fielmente cumplimentado por los vascos, no así por parte de los italianos al permitir que salieran los vascos de su custodia, según el Pacto, y se les pusiera en manos de los franquistas. Sometieron éstos a los vascos a todo lo contrario de los acuerdos del Pacto: disolución de los campos de concentración bajo custodia italiana; esparcimiento de los gudaris e incluso algunos incorporados al frente y a las cárceles, procediendo así con quienes voluntariamente acataron los términos del Pacto. De los encerrados en el Penal de Santoña, también voluntariamente y de acuerdo con los militares italianos, fueron juzgados sin garantía alguna de defensa en una pantomima de juicio en el que las condenas estaban preestablecidas.

El firmante del Pacto por la parte vasca, Juan Axuriaguerra, así como los dirigentes del P.N.V. y oficiales del Ejército Vasco fueron puestos a disposición del Juzgado Militar acusados de «rebelión armada».

Ante el Capitán Juez Instructor hizo Axuriaguerra el historial del Pacto de rendición acordado con los militares italianos, negándose a continuación a contestar a las preguntas del Juez por no reconocer competencia del Tribunal Militar que pretendía juzgarle.

Intimidado por tres veces se mantuvo en la negativa. Ante ello, sacando su pistola el Capitán Juez Instructor, «ante esto ya declarará Vd.», le dijo. «Puede Vd. disparar pero me niego a toda declaración», fue la contestación de Axuriaguerra. Ante ello el Juez Instructor levantó Acta de su negativa a contestar.

Como los militares franquistas persistían en juzgarle, Juan Axuriagerra se negó a comparecer ante un Tribunal al que le negaba autoridad para juzgarlo. Para afirmar su negativa se declaró en huelga de hambre.

Llevaba más de una semana de la huelga de hambre, cuando el día 9 de Septiembre de 1937, se reunió el Consejo Supremo del Partido Nacionalista Vasco, el E.B.B., en la celda de uno de ellos y acordaron y así se lo comunicaron a su compañero el cese de la huelga en una nota escrita y firmada a lápiz por dichos compañeros que eran: Arzelus, Markiegi, Alberdi, Unzeta, Artetxe y Solaun. Al leer la notificación del acuerdo cesó en su huelga Juan Axu­riagerra.

Los citados miembros del Consejo Su­premo estaban ya juzgados y condenados. Más adelante también fue juzgado Axuriagerra y condenado a la pena última. Pero antes, en la fecha de las ejecuciones del 15 de Octubre de 1937, considerándose Axuriagerra víctima próxima de las ejecuciones, escribió al General Mancini la carta siguiente:

EXCMO. General Mancini

General dela División»Flechas Negras»

E.S.M. donde se encuentre.

«Fiados de Ia palabra de Vds. a quienes creíamos personas dignas y honradas, se entregaron a sus tropas los gudaris y políticos vascos haciendo gala de una fidelidad a la palabra empeñada, que Vds.muy bien conocen. A éste comportamiento nuestro se ha respondido de una forma ignominiosa dejando a un lado compromisos y haciendo caso omiso a la palabra dada».

Prosigue la carta señalando los hechos de dejación de los italianos y después de señalar cómo en el mismo día 15 de Octubre fueron ejecutados 14 hombres prosigue:

«Hoy han sido unos y en adelante caerán más, entre ellos espero ser yo, y antes de caer quiero mostrarle que yo le perdono de corazón para que Dios perdone mis culpas y sobre todo la parte activa que he tenido en la entrega a la muerte de tanta gente de dignidad muy superior a la de Vds. y la mía y que confiados en nosotros se entregaron».

«Pero tengo que indicarle que así como los hombres tienen un premio y un castigo en la vida futura, los pueblos no tienen esa vida futura, y Dios no puede menos de castigar a un pueblo y a un régimen como el de Vds., que emplea procedimientos deshonrosos para obtener fáciles triunfos ficticios…», y a continuación:

«No sé si todo lo que sucede es con su consentimiento, pero tan culpable es el que da una palabra que no puede cumplir como el que pudiendo no la cumple».

«Que éste sacrificio nuestro fructifique y Dios dé a Euzkadi su libertad y a nosotros su eterno descanso».

Axuriagerra’tar Yon

Fueron los ejecutados verdaderos hombres de principios, todos ellos murieron con el heroísmo de los mártires. Las cartas que conocemos son verdaderamente conmovedoras, tanto las de Florencio Markiegi, alcalde electo de Deba (Guipúzcoa), como las de Ramón Azkue, Organizador del Ejército Vasco.

Hemos dicho al principio que fueron víctimas del sadismo e inquisición del franquismo, hombres escogidos, buscados, seleccionados. Anteriormente fueron ejecutados alguno o algunos en el Penal de Santoña, entre ellos recordamos a Egidazu, Comandante del Batallón Perezagua. Pero estos catorce hombres fueron elegidos, como si en ellos quisiera celebrarse el franquismo, como los que representaban la fuerza que echaba por tierra toda la propaganda franquista de su condición de «Cruzados».

En efecto,la Jerarquíaespañola dela Iglesia Católicaconcedió tan pomposo título al franquismo quien, a su vez, como corresponde al título, estaba dispuesto a todas las atrocidades y atropellos contra los más elementales derechos del hombre; la misma Jerarquía que, sin evitar, sí pudo frenar en algo la horrenda riada de sangre; a la más ligera insinuación se presta a la alegre y mentirosa concesión del título de «cruzados».

La concesión de tal título fue una patente de corso más que una obligada y prudente limitación. De ahí el sadismo por el que buscaron a los catorce hombres, inmejorables todos ellos a tenor de lo que cuentan quienes les conocían. Fueron todos ellos, sin duda, consecuentes con lo que habían sentido y proclamado en su vida política. Los citados Markiegi y Azkue, al morir, escribieron a sus compañeros:

«En tí despedimos a todos.

Estamos contentos y alegres,

porque hemos confesado,

comulgado y oído Misa,

los catorce…

¡Qué hermosura…..!

Firmado, Markiegi, Azkue

Markiegi tenía un hermano sacerdote fusilado por los franquistas, a él se dirigía con la vista en alto diciéndole: «…ene anai Joseba, bialdu aingeruak bidera, bereala nua zu besarkatzen».

Si cada cita de esa mañana es para demostrar la gran altura de los ejecutados, cada una de las palabras escritas por ellos en el momento de su muerte fue de perdón. Delante del capellán que les acompañaba y ante los soldados que les iban a fusilar dijo Markiegi con voz clara y serena:

«Muero dichoso porque doy mi vida porla Patriay porque almas descarriadas cantarán eternamente al Señor». Cuando los fusiles apuntaban gritó: «Gora Euzkadi Azkatuta, Jaungoikoari lotua bakarrik». «Ahora ya podéis disparar…!

Así morían aquellos hombres de fe en los terribles años que les tocó vivir.

A los que quieren ahora darnos lecciones de patriotismo, de abertzalismo, de valentía y coraje, podemos decirles que se enteren de estos hechos históricos, que no porque hayan estado cubiertos hasta ahora por la losa de una censura férrea, dejan de ser menos reales.

En Deba de donde era alcalde electo Markiegi, se puso el nombre de una calle a dos de los ajusticiados en las últimas dentelladas del franquismo. Nada tenemos que objetar a esto, pero consideramos un deber de justicia que junto a ellos o en otra calle aparezca también el nombre de Markiegi, que fue tan leal como ellos, tan mártir como ellos…, hace ahora cuarenta años.

Pedro de Arrizabalaga

De los fusilados en el Penal del Dueso (Santoña)

Manuel de Eguidazu.- Ex-Comandante del Batallón «Perezagua» Comunista. Fusilado el 5 de octubre de 1937.

Florencio de Markiegui. Consejero del «Euzkadi Buru Batzar», Partido Nacionalista Vasco. Alcalde de Deba (Gipuzkoa).

Ramón de Azkue.- Consejero de “Bizkai Buru Batza”, Partido Nacionalista Vasco. Jefe de las Milicias Vascas (Euzko Gudarostea).

Tomás López de Otamendi.- Afiliado al Partido Nacionalista. Maestro en Bilbao. Jefe del Servicio de Radio dela Presidencia del Gobierno de Euzkadi. Desde su niñez le faltaba el brazo derecho.

José Ibarbia. Afiliado al Partido Nacionalista Vasco, de Beasain (Guipúzcoa). Miembro del Consejo Regional de Solidaridad de Trabajadores Vascos.

Felipe Markaida.- Afiliado al Partido Nacionalista Vasco. Segundo Maquinista de un «bou». De Sopelana (Vizcaya).

Jesús de Zabala.- Afiliado al Partido Nacionalista Vasco, Consejero Regional de S.T.V. De Begoña (Vizcaya).

Francisco Rabaneda.- Del Partido Comunista, Ex-Comandante del Batallón «Perezagua». Jefe de Brigadas.

Subtil.- Socialista de Tolosa (Guipúzcoa).

Isidro Nieves.- Teniente o Capitán del Batallón Malatesta.

San Martin.- Comandante del Batallón U.G.T. 25. Socialista.

Y tres más.- Fusilados el 15 de octubre de 1937.