LA VERGÜENZA DEL PREMIO PLANETA

Lunes 17 de noviembre de 2025

Genial texto de Rafael Narbona Monteagudo ante el millonario Premio Planeta a Juan del Val.

TIEMPO DE CANALLAS

Ser amable con los canallas constituye una ofensa a la virtud. A propósito de la polémica desatada por El odio de Luigse Martín, Juan del Val afirmó que la literatura está por encima del dolor de una madre. Nada, absolutamente nada, está por encima del dolor de una madre. Val se ha burlado de los animalistas y ha exaltado las corridas de toros. Solo por eso merece ser vituperado. Su comentario sobre el dolor de las madres corrobora su indignidad moral. Es un mierda y lo que escribe no merece otro calificativo.

El Premio Planeta no es fruto de la deliberación de un jurado. Se trata de una decisión empresarial. Lo sé porque me lo han contado varias personas que lo han recibido. Me sorprende que alguien lo ignore. El mundo editorial es una ciénaga. La corrupción es la norma, no la excepción. Juan del Val no es un escritor. Escritores son figuras como Juan Marsé o Vargas Llosa, nos caigan mejor o peor. A Vargas Llosa tuvieron que pagarle un dinero extra bajo mesa para que aceptara el premio (querían aprovechar el prestigio asociado a su nombre) y el resultado fue la peor novela del escritor peruano. En cambio, Miguel Delibes, un hombre bueno, lo rechazó, pues consideraba que los premios debían utilizarse para promocionar a los autores nóveles.

La literatura se está muriendo. Grandes escritores como Miguel Sánchez-Ostiz o Juan Gracia Armendáriz apenas venden libros, mientras auténticas nulidades no cesan de hacer caja con sus bodrios. Al igual que en la tele, la basura es lo que vende. Vivimos en una época de masas. El porcentaje de ciudadanos con criterio y espíritu crítico es ínfimo. No es algo casual, sino el efecto de la agresiva manipulación ejercida desde los medios.

Cabrearse con las injusticas es sano. Y cuando arpías como Ayuso cuestionan que se haya producido un genocidio en Gaza, las reacciones no pueden ser tibias. Hay que indignarse y decir claramente que solo un miserable puede afirmar algo así. Los niños de la Cañada Real llevan cinco años sin luz. Casi todo el mundo lo ha olvidado. Es motivo suficiente para perder la paciencia y expresarse con rabia.  Probablemente, Valle-Inclán habría empleado esos adjetivos. Y el escritor gallego, era un maestro de la lengua. La moderación no es una virtud cuando se producen injusticias que claman al cielo.

Por cierto, ¿quién paga a ese legión de bots y cuentas falsas que atacan a las voces progresistas en ultraderecha y los empresarios que la financian?. Los insultos de hoy mañana serán agresiones. Un nuevo fascismo ya se pasea impunemente por las redes y a veces por las calles. Y frente al fascismo, la tibieza y la moderación solo son estupidez o complicidad

Rafael Narbona Monteagudo

¿Y POR QUÉ NO CON LA SELECCIÓN DE UCRANIA?

Domingo 16 de noviembre de 2025

Tras el éxito solidario de ayer en San Mamés se impone felicitar a la Federación Vasca de Fútbol por haber organizado tan bien un partido en San Mamés reivindicando la Selección Vasca asi como  expresando con abrazos, cantos y presencia la Solidaridad con Palestina. El llenazo, pasará a la historia a pesar de que los medios españoles lo han ignorado olímpicamente.

Salvo la acción de algunos descerebrados quemando cuatro contenedores y algún grito de más, todo ha ido bien y eso es preciso destacarlo pues mover tanta gente no es fácil y que todo salga bien, es de nota.

Me gustó que las dos Selecciones de dos naciones sin estado, entonaran su Himno Nacional y éste se respetara. Eso está muy bien. Significa madurez y cada vez se impone más el que, como nos comprometimos en 1982 se le dote al Himno Vasco su letra. No es difícil, solo hace falta ponerse a ello.

Palestina avanza a trancas y a barrancas consolidando un proceso que va a necesitar mucha ayuda, mucha comprensión y mucho capital para diseñar un futuro donde se respeten todos los derechos humanos.

Y, pasado con notable, este partido de dos Selecciones, ¿por qué no organizar un partido similar con una Ucrania a quien Rusia sigue bombardeando, sigue matando ancianos y niños, sigue Putin tratando de imponer una victoria militar con amenazas nucleares de todo tipo y obligando a Europa a ir montando un ejército y gastando en armamento lo que se debería utilizar en educación, por ejemplo.

Ucrania tiene más raíces con Euzkadi que Palestina. Familias vascas han alojado a niños ucranianos durante décadas en verano y Navidades tras la explosión de Chernobyl. Niños de aquella nacionalidad machacada, que incluso algunos hablan euskera.

Superado el partido con Palestina, estaría muy bien que se hiciera algo parecido con Ucrania.

¿O no?

MARÍA CORINA MACHADO RECOGERÁ EL PREMIO NOBEL DE LA PAZ EL 10 DE DICIEMBRE.

Sábado 15 de noviembre de 2025

El Comité del Premio Nobel de  la Paz ha informado desde Noruega que Maria Corina Machado viajará para recibir el Premio Nobel de la Paz. Una gran noticia pues ella vive clandestinamente escondida en Venezuela. La ceremonia será el 10 de diciembre.

El viaje genera preocupación internacional por los riesgos de seguridad.

La historia, a veces, tiene un sentido del humor cruel.

Durante décadas, la izquierda que se cree progresista se presentó como la guardiana exclusiva de los derechos humanos, la libertad y la justicia social. Creó una religión laica de la virtud, con sus santos, sus mártires y sus inquisidores. Hoy, esa misma izquierda calla —o peor, ataca— a una mujer que encarna, más que nadie, el valor, la dignidad y la resistencia frente al totalitarismo: María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025.

No es un silencio casual. Es un silencio culpable , casi teológico, que nace de la vergüenza de verse desnudos ante el espejo de su hipocresía.

El fin del monopolio moral

Durante mucho tiempo, el progresismo creyó tener el monopolio del bien.

Creyó que la defensa de los pobres, de las mujeres y de los oprimidos era patrimonio exclusivo de una sensibilidad política. Pero la historia es una vieja ironista: fue una mujer liberal, de derecha democrática, quien desafió sola una tiranía de narcotraficantes y militares corruptos, y lo hizo sin disparar un solo tiro.

Ese gesto, profundamente ético, arrastra al suelo toda la mitología del izquierdismo moralista, porque demuestra que la libertad no es ideología, sino carácter.

El feminismo que no necesitan las consignas

Machado ha humillado, con su sola existencia, al feminismo de eslogan y pancarta.

No pidió cuotas ni privilegios: se ganó su lugar con inteligencia, temple y sacrificio.

No se vistió con el dogma, sino con la coherencia.

Por eso las feministas del mundo callan.

Porque la verdadera mujer libre les resulta insoportable: no la pueden dirigir, no la pueden manipular, y menos aún usar como bandera para su ideología.

El espejo roto de la izquierda

El chavismo fue el último gran mito revolucionario. Un mito alimentado por intelectuales, burócratas internacionales y oenegés que confundieron el hambre con la justicia y la miseria con la igualdad.

Hoy ese mito se derrumba, y lo hace con la fuerza simbólica de un Nobel y del Premio Sarajov del Parlamento Europeo.

El reconocimiento a María Corina Machado es el certificado de defunción del socialismo latinoamericano, y por extensión, de toda una generación de ilusiones progresistas que justificaron el horror con tal de preservar el relato.

El premio a Machado no es solo un acto de justicia: es una reivindicación de los valores occidentales que ese falso  progresismo ha intentado desfigurar.

Porque la libertad individual, la democracia representativa y el coraje moral no son vestigios del pasado, sino el corazón mismo de la civilización.

El Nobel, en este caso, no se le ha dado a una ideología: se le ha devuelto a la conciencia.

Conclusión: el fin de una impostura

La izquierda no celebra a María Corina Machado porque ella representa su derrota más temida: la derrota moral.

Ella ha probado que se puede ser de izquierda democrática, de centro y de  derecha y defender la justicia, ser liberal y sacrificarse por los pobres, ser mujer y no rendir culto al resentimiento.

Su victoria es la resurrección del honor, y su Nobel, el renacimiento de la verdad en medio del cinismo político global.

Y quizás por eso callan: porque saben que, con este premio, ya no hay lugar para su impostura moral.

La libertad —esa palabra vieja, casi olvidada— ha vuelto a tener un rostro, y es el de una mujer venezolana que se negó a inclinar la cabeza.