UNA TRANSICIÓN DEFECTUOSA. ES LO QUE HAY

Lunes 16 de febrero de 2026

Me escribe Nemonick esto:

Uno de los problemas de la democracia española, es que al haber habido una transición, en vez de una ruptura, la oposición pactó con el franquismo, por miedo a un levantamiento militar y se trajeron algunos aspectos de ese franquismo a la España actual, vía leyes, instituciones y vía adoctrinamiento social (cuando ya además la sociedad llevaba 40 años de adoctrinamiento durante la dictadura y tras la guerra).

Efectos de esta contradicción entre democracia y dictadura, los estamos teniendo por ejemplo en el PSOE (hoy en día), que ya empezó con estas contradicciones de ser un partido llamado de izquierdas pero que luego ejecuta políticas de derechas (que está bien, pero para eso ya existe el PP), desde que el binomio González/Guerra desembarcó en el mismo y esto se acentuó desde el 23 F, pues a partidos como el PSOE les quedaba claro que o van a un gobierno de concentración militar o les liquidan…, tras terminar el 23 F todas las líneas a «otras ideas del estado» quedan terminadas, se autocensuran, porque mejor ésta democracia que, igual ninguna y fusilados y olvidados en las cunetas.

Lo que la derecha española dice de «cedimos demasiado en la transición», y es cierto, pero se cedió demasiado pero hacia ellos…, se debió de romper con el fascismo y desde la libertad plantear todas las posibles ideas y modelos de estado, juzgar al fascismo como Nuremberg y desde un relato democrático común de lo ocurrido seguir adelante.

El 23 F hizo que ante el miedo a otra guerra civil y el miedo a la represión, el PSOE nunca hiciera nada demasiado rupturista, hizo que la intelectualidad oficial mediática española empezase a virar hacia la derecha (Savater, Escohotado, Dragó, Boadella, Azua, Bueno, etc.), hizo que parte del resto de la izquierda española, anarkistas, sindicalistas, etc. bajasen su tono.

Hhizo que a las víctimas del franquismo se les haría mucho menos caso, hizo que ETA PM y Euskadiko Eskerra dejasen la lucha armada, pero todo esto no por convicción, sino por acojono a que lo que podía venir de no hacer eso, fuese una nueva dictadura por lo menos como las latinoamericanas o peor (la guerra civil dejó más muertos que cualquier dictadura de esas), ante eso, todos estos tuvieron una conversión como la de «Pablo al caerse del caballo» y dijeron hasta aquí hemos llegado, «Virgencita virgencita, que me quede como estoy».

Teniendo ya algunas libertades, mejor conservar esas principalmente cuando son las que a uno le interesan y los demás aunque tengan derecho en sus reivindicaciones pues como son más pequeños y débiles que los golpistas fascistas que no tienen razón pues que se aguanten…, mejor una democracia y una constitución así, que perderlo todo y quedarnos sin nada, incluso personalmente sin la vida, esto es comprensible, pero no tiene que ver con la libertad, ni con lo mejor, ni con lo justo o con lo más razonable, sino que de nuevo parte de un miedo impuesto por el fascismo y nada así puede perdurar por el tiempo sin problemas.

Una de las cosas que el franquismo trajo consigo a la democracia, es la indivisible unidad de la patria, que es un concepto muy viejo ya anterior al mismo, proviene de la reconquista y el imperio y es algo común a todo totalitarismo y autoritarismo.

Por eso en España no se puede hacer un referéndum de autodeterminación, ni tiene reconocida ninguna nación interna (como mucho «nacionalidades» dice la constitución, pero no aclara…) como en Escocia con Reino Unido o en Groenlandia con Dinamarca o en Quebec con Canadá o entre Chequia y Eslovaquia (antes Checoslovaquia), etc., y es por esto que ningún nacionalista es llamado a un gobierno de concentración, ni piensa ir (cuando esa es una opción democrática como otra cualquiera, otra forma política de ver el futuro, gente que en su tierra solo quiere aplicar su proyecto político y no un problema, eso es algo que incluso la ultraderecha británica entiende respecto a Escocia y que en España solo lo entiende alguna izquierda).

Y es por eso que si los catalanes quieren pacíficamente votar sobre esta cuestión se les va a enviar policías que usando la fuerza lo impedirán, desde ahí seguir todo el día diciendo desde los medios de comunicación que los pequeños nacionalismos periféricos son el problema y en España no hay mafias, ni fascismo, ni nacionalismo, cuando puede verse que no es así.

Y esto que le pasa a España siempre le ha ocurrido, pero antes era en un imperio mundial donde no se ponía el sol y ahora pues de una forma interna en los cuatro sitios que mal puede, sigue como siempre, pero no siendo la de siempre y esto le hace distanciarse frente a las democracias más avanzadas, vive anclada a la constitución del 78 hecha para aquel período y cada vez más viejuna.

El único elemento de madurez de España sería reconocer sus naciones internas y dejarles decidir (debido a lo cual se irán como Checoslovaquia que se partió en dos o no se irán como Escocia, que «de momento» se quedó…), esto si que le liberaría a España de su pasado y permitiría a los españoles elegir su camino a seguir, pero dudo que eso sea así, seguirá metido en su bucle melancólico hasta que un día ya se vea que es imposible y se cambiará mal y como se pueda, pero como siempre, es lo que hay.

SIGUE LA MENTALIDAD DEL 23 F

Domingo 15 de febrero de 2026

En una semana se cumplirán 45 años de lo que se conoce como el 23F. Fue en 1981, Suárez había dimitido, su partido UCD se estaba yendo por el sumidero, el rey frivolizaba con el general Armada para sustituir al presidente del gobierno, y los militares buscaban volver a un franquismo sin Franco al considerar que aquella democracia iniciada en 1977 ponía en riesgo la sacrosanta unidad de la patria. Todo un cuadro, no muy diferente, conceptualmente hablando, de lo que propone la actual  Vox  que tiene la mentalidad de Tejero, cobijando  el PP de Feijoo  a muchos que piensan igual.

El 23 F fue toda una sacudida. Estábamos aquella tarde en el piso del Partido en la calle Marqués del Puerto con la radio puesta. De repente se produce la asonada. Uxune Retolaza y yo, asustados, vamos a la oficina del fondo donde estaba Xabier Arzalluz.Volvemos  a la sala donde estaba la radio, escucha y nos dice: ”¡Qué vergüenza. Este es el país de Pancho Villa!”. Y lo era.

Antonio Carro fue el último ministro de la presidencia del franquismo. Había sido procurador en Cortes para ser luego diputado de AP. Era de Lugo y había escrito un libro “El estado y las Fuerzas Armadas”. Conocía muy bien el ejército. Un 24 de junio, ”onomástica del rey”, se me acercó en la recepción anual que antes se celebraba y sin que yo le preguntara nada, me dijo. ”El culpable del 23 F es éste (señalando al rey Juan Carlos que estaba cerca). Recibía militares, hablaba contra Suárez y animaba al golpismo diciendo  que la Constitución había llegado muy lejos y que Suárez volaba solo. El Borbón es un frívolo”. Me quedé de piedra. No me dijo el por qué me hacía aquella confidencia tan grave. Yo le conocía del Congreso. Se le veía muy contrariado con el entonces jefe del estado. Y me quedé con la copla.

Hace muy poco, Juan Carlos de Borbón ha publicado un libro con la entrevista que le ha hecho la hija de Regis Debray, Laurence, aquel compañero del Che Guevara. Se llama “Reconciliación” y ha debido de lograr cabrear a toda su familia, mientras mendiga el perdón de su sufridora reina Sofía, que ya no le hace el menor caso. No me extraña que con motivo del 50 aniversario de la llegada de la mano del dictador, la monarquía borbónica, actos celebrados en noviembre 2025 en el Congreso y en el Palacio Real lo excluyeron de la conmemoración de su propia proclamación. Su hijo prefirió centrar los actos en la continuidad de la Corona, más que en el posible numerito que pudiera organizar quien lo fue todo hace 50 años. Eso si, invitaron a Doña Sofía, para más cabreo del vecino de Abu Dabi, en los Emiratos Árabes donde tiene su residencia fiscal. España es así, señora baronesa.

Y de ese libro me ha llamado la atención como llama “traidor” al general Armada, fallecido en 2013, habiendo sido éste quien organizó todo el golpe haciéndolo en nombre del Rey. No sé si su familia piensa querellarse porque  motivos tienen.

HABLAN LOS TESTIGOS

El pasado 17 de noviembre falleció el segundo portavoz del PNV en el Congreso, tras la muerte de Franco, Marcos Vizcaya. Los que le conocimos lamentamos  mucho su fallecimiento. Todos los años hablábamos de sucedidos en la transición y en la Cámara. Hoy a pesar de la famosa frase de que la cadena no se rompe, nadie, al parecer, pregunta nada sobre nada.

Un día le pregunté por el 23 F y si habían contactado previamente con él en Madrid. Se hablaba de la lista de un gobierno con el general Armada de presidente y con todos los partidos incluidos menos CIU y el PNV. Me respondió  que Alfonso Guerra y de manera muy imprecisa y nebulosa le debió preguntar qué pensaría el PNV sobre un gobierno presidido por un militar. Eran los prolegómenos del golpe. Comentado a Xabier Arzalluz, éste le debió decir ante la aparente astracanada. ”¿Y por qué no por un Obispo?”. Y es que aquello fue un sainete diseñado por el general Armada con la anuencia del Rey que Tejero estropeó por la manera violenta y macarra como entró en el Congreso en plena investidura de Calvo Sotelo, tricornio, pistola y mostachos incluidos.

En 2011 se hizo en el hemiciclo un acto conmemorativo. Se cumplían 30 años. Previamente comimos con Andoni Monforte y Joseba Azkarraga. Marcos Vizcaya, que iba a ir, se indispuso y el resto se quedó en Euzkadi: Bujanda, Elorriaga, Iñigo Aguirre y Aristizabal no fueron. Ojalá hubiéramos grabado aquella comida tan fraterna y tan llena  de recuerdos. Azkarraga nos contó lo que le dijo un guardia civil que no sabía dónde estaba y que solo se había embarcado  porque le preguntaron  si se sumaban a una operación para salvar a España. ”El golpe no fracasó, por lo menos en sus objetivos. Les vino muy bien a aquellas fuerzas políticas que nunca asumieron el hecho diferencial” nos comentó Joseba. Monforte nos narró el intento de confesión de Bandrés con Urralburu, sacerdote exclaustrado. El comentario desde el conocimiento de Monforte fue que si hubiera estado Joseba Elosegi se hubiera enfrentado a Tejero. Aquel viejo gudari, que se había echado en llamas ante Franco en 1970, la hubiera armado gorda ante aquellos golpistas. Y hablamos de algo olvidado como fue el debate entre Arzalluz y Enrique Múgica en radio y con una inmensa expectación: Arzalluz acusaba a Enrique Múgica, presidente de la Comisión de Defensa, su connivencia con Armada. Tuvo razón. Fue muy agradable aquel encuentro con sus  protagonistas. Estuvimos Erkoreka, Esteban, Olabarria, Azpiazu, Beloki, Agirretxea y yo con estos dos diputados de la época. Deberíamos tener un Aula de la Experiencia para menores de 30 años, en la que  Agirre, Monforte, Azkarraga, y Elorriaga, que allí estuvieron, nos cuenten lo que vivieron y las consecuencias que tuvo aquel golpe militar  con la  aprobación de la Loapa, que nos ha llevado a tener, 46 años después, el estatuto sin cumplir. Y todo viene de aquello.

TODO AL TRASTE

Marcos Vizcaya el día anterior  acababa de cumplir 34 años y tenía en Madrid a su mujer y parte de su familia. Eso le mantenía calmado pero por su cabeza rondaba una sola idea: «Estaba convencido de que en Euzkadi se había producido una masacre. Y también que se iba al traste todo lo que estábamos construyendo. Veía en peligro el euskera, el Estatuto, veía todo el proceso vasco machacado y” eso me ponía los pelos de punta». «Según mi composición de lugar, si las fuerzas de ocupación habían sido capaces de secuestrar al poder ejecutivo y legislativo, me imaginaba que lo mismo habían hecho con todos los poderes autonómicos. Yo creía que éramos el último eslabón del operativo. Pero el operativo empezaba y terminaba allí, de forma bastante chapucera, por cierto». A él, un cabo primero le ”tranquilizó”: “Señor Vizcaya, no se preocupe, yo no dispararé». «Fue tan repentino, tan violento y tan inesperado que el susto fue brutal”. Paco Vázquez, diputado socialista gallego me miró: «Marcos reza, que nos matan». “Porque al principio pensamos que disparaban a dar».

«CON TWITTER Y YOUTUBE, EL GOLPE HUBIERA DURADO MENOS»

Andoni Monforte nos dijo que menos mal que no había Ley antitabaco. «Yo era fumador de puros, llevaba cuatro o cinco, y me los fumé todos. Algún guardia civil me miraba con muchísima envidia», evocaba Andoni. «Con el paso del tiempo, valoro cada vez más el papel que jugó Suárez y su UCD aguantando derecho el chaparrón y  siempre pienso, que si hubiera habido Twitter o YouTube el golpe hubiera durado menos».

Una de las cosas que más le indignó fueron los comentarios despectivos de que los diputados se metieron bajo de los escaños. «Es cierto que, al oír las ráfagas de metralleta me agaché, pero es que los impactos de bala están a unos centímetros de donde nos sentábamos. También los guardias civiles, tan valientes que eran y que se reían de que nos hubiéramos agachado, salieron tirándose por las ventanas del Congreso». «Yo creo que ellos sabían perfectamente lo que tenían que hacer. Hubo un momento en que un agente ofreció un bocadillo a un diputado socialista. «No lo quiero, que igual luego lo tengo que tirar, le contestó. Pues sabe lo que le digo que si pasa algo ya sé a quién tengo que disparar a usted, a usted».., dijo señalándonos. Así que algunos sí sabían qué pasaba allí. De hecho, Josu Elorriaga se puso a hablar con un guardia civil que le preguntó «¿y usted de qué partido es? «Del PNV.» ¡Hostia lo que me faltaba!», le contestó».

«PENSÉ QUE NOS LLEVARÍAN AL BERNABÉU, COMO EN CHILE»

Iñigo Agirre era el tesorero del grupo parlamentario y enseguida empezó a echar cuentas. «En ese momento llevaba el dinero del grupo, tenía el talonario a cuestas. Y yo pensé: Si salimos de aquí, con esto aguantamos unos nueve meses en Baiona. Un propósito completamente ingenuo porque si hubiera triunfado el golpe, no hubiéramos podido salir de Madrid». «Lo más preocupante fueron las horas iniciales porque tuvimos la sensación de que la sublevación armada había triunfado. Al pasar el tiempo y ver que no aparecían los militares prometidos, nos fuimos tranquilizando. Pero sí temimos acabar en el estadio Santiago Bernabéu, como había pasado en Chile. Cuando oí a un militar que se había sublevado la región de Valencia y no escuché ni Madrid ni Burgos, me tranquilicé. Pasado el tiempo tuve un accidente en la autopista. Paré  al primer coche. Era de la guardia civil. Me llevaron al bar para hablar por teléfono. Esperando uno de ellos me preguntó qué opinaba de la Guardia Civil, la Benemérita».

«Pues se lo puede imaginar después de estar 18 horas secuestrado», le respondí, y se quedó extrañadísimo. Resulta que él también había estado en el Congreso aquel día porque le habían dicho que había un comando de ETA».”Y un momento muy duro fue cuando empezaron a romper las sillas de los taquígrafos. Creímos las iban a prender fuego»,.

«Lo que sí pensé es que aquello iba para largo. Por eso les dije a mis compañeros que se aflojaran la corbata, los cordones de los zapatos y el cinturón del pantalón y Gerardo Bujanda se puso con Monforte a jugar a los chinos», evoca  hoy con  serenidad para concluir que «no se ha aclarado nada del 23-F. Está todo tan embarrado como al principio. Había muchos  implicados. La Corona, el ejército, la derecha, los grandes medios, el PSOE, los nostálgicos. Y así seguimos. Sigue siendo un secreto oficial».

Y lo seguirá siendo.

SANTOÑA

Sábado 14 de febrero de 2026

Markel Olano *

Santoña es una lección imborrable para los nacionalistas vascos de toda época.

En el libro Ajuriagerra, el Hermano Mayor, Eugenio Ibarzabal recoge una frase de Orwell que resume a la perfección lo que ocurrió en Santoña en 1937: “Hay que apoyar lo malo frente a lo peor”.

El denominado Pacto de Santoña es un episodio oscuro y ambiguo que ha sido utilizado sistemáticamente para deslegitimar al Partido Nacionalista Vasco. Sin ir más lejos, el propio Javier de Andrés, presidente del PP vasco, exigió recientemente al lehendakari Pradales que pidiera perdón por “la deserción y el abandono a la República española en Santoña en 1937”. 

La tesis de determinados autores de extrema izquierda es que EAJ-PNV cometió un acto de traición a la República española al pactar una salida particular a espaldas del Gobierno republicano, provocando la caída del frente del norte.

Por otro lado, la tesis de autores de la derecha viene a decir más o menos lo mismo. Así, Carlos M. de Olazábal, parlamentario del Partido Popular, afirma: “El Pacto de Santoña fue una traición en toda regla al Gobierno de la República”. No obstante, llama poderosamente la atención que la tradición política más ligada al alzamiento fascista contra el Gobierno republicano acuse a EAJ-PNV de traición precisamente a dicho Gobierno. 

Cuando los extremos se ponen de acuerdo en mantener la misma tesis es porque, en el fondo, comparten un mismo marco: que en la Guerra Civil estaba en juego la victoria, en España, del fascismo anticomunista o del comunismo antifascista. Cualquier posicionamiento que se ubicara fuera de ese marco (geográfico e ideológico), más allá de resultar extremadamente incómodo, merecía la calificación de traidor sin ambages. 

Para la derecha fascista española resultaba muy incómodo un Partido Nacionalista Vasco democrático y ligado al catolicismo; y a la izquierda revolucionaria española le resultaba muy incómodo un nacionalismo vasco antifascista y humanista. Para ambos resultaba inadmisible un EAJ-PNV de obediencia vasca y solamente vasca. Por eso, sus herederos políticos simplifican de un modo idéntico un episodio extraordinariamente complejo, con el objeto de ensuciar el comportamiento de las y los nacionalistas vascos en un momento crucial de la historia de nuestro pueblo.

Pero la realidad no es tan sencilla ni lineal. Sin echar balones fuera ni atribuir a otros la responsabilidad de las decisiones extraordinariamente difíciles que los principales dirigentes de EAJ-PNV asumieron en aquellos tiempos, es importante subrayar una serie de factores fundamentales que nos ayudan a establecer adecuadamente el contexto. 

En primer lugar, la Guerra Civil en Euskadi constató una tremenda desigualdad de medios militares entre los dos bandos, a consecuencia del sistemático incumplimiento del Acuerdo de No Intervención en España −de agosto de 1936− por parte de Alemania e Italia (también de la Unión Soviética en mucho menor grado), y por el embargo que de facto sufrió la República por parte, por ejemplo, de EEUU o del Reino Unido. Este desequilibrio dificultó extraordinariamente la defensa al Ejército vasco y facilitó que la aviación fascista bombardeara sistemáticamente distintas villas y ciudades de Euskadi, masacrando a la población civil ante la terrible impotencia y frustración de los principales responsables políticos vascos. En los momentos más críticos de la ofensiva franquista, el Gobierno Vasco imploró el suministro de armas y aviones al Gobierno de la República y la falta de respuesta adecuada aceleró la caída de Bilbao.  

En segundo lugar, el choque radical entre las agendas de las distintas sensibilidades dentro del bando republicano generó una tensión evidente. Mientras los gudaris nacionalistas mantenían la seguridad de los conventos, los ataques de las milicias anarquistas o comunistas a iglesias y religiosos proliferaron en España a partir de 1931. Mientras los responsables nacionalistas se comprometían con los derechos humanos −incluso de los presos afines al alzamiento−, los ataques de milicianos radicales a distintas cárceles de Bilbao provocaron el asesinato de 224 personas. 

Otra discrepancia de primer nivel giraba en torno a la aplicación o no de la política de “tierra quemada” a la retirada de las tropas de Eusko Gudarostea de suelo vasco. Mientras los máximos responsables nacionalistas se negaron a dinamitar las principales instalaciones industriales vascas, autoridades republicanas de primer nivel dieron órdenes expresas en sentido contrario. 

Es muy esclarecedora la motivación que el Comité Central del Partido Comunista de España ofreció el 15 de noviembre de 1937 para justificar la expulsión del secretario general del Partido Comunista de Euskadi y consejero de Obras Públicas del Gobierno Vasco, Juan Astigarribia: “(…) ha seguido una catastrófica actuación como miembro del Gobierno consistente en supeditar los intereses de las masas y de la revolución a la estabilidad del Gobierno”. Está claro, por lo tanto, que en la mente de muchos milicianos vascos no se priorizaba la defensa de Euskadi y de su población civil, sino la estrategia revolucionaria. Por ello, para el final de la Guerra Civil en Euskadi, la desconfianza entre las distintas sensibilidades políticas dentro del Ejército vasco se había agigantado. 

Tras la caída de Bilbao, la guerra en Euskadi había acabado. Es un momento crítico en el que una parte importante de la Eusko Gudarostea nacionalista mostraba claras intenciones de rendirse para no continuar la lucha en tierra no vasca. Esta cuestión era de gran importancia porque podía poner en peligro la capacidad del Ejército vasco de proteger a la población civil vasca desplazada a Santander y Asturias (unas 50.000 personas). La situación era desesperada.

En ese momento, aprovechando la relación que tenían con el Vaticano, los máximos responsables políticos de EAJ-PNV comenzaron a negociar una rendición con el Gobierno italiano. 

El objetivo fundamental era, en primer lugar, lograr la evacuación de la población civil vasca y, en segundo lugar, preservar la vida de la mayor parte de los cuadros y soldados de Eusko Gudarostea (unos 20.000) que se fueron concentrando en torno a Santoña. 

El Pacto se firmó, pero no se pudo cumplir principalmente por el retraso en la llegada de los barcos, la presencia del lehendakari Aguirre en Santander o el retraso en la llegada de los gudaris a Santoña. 

Era una situación endiablada en la que, como dice el parlamentario Jon Andoni Atutxa, el momento óptimo para los italianos no era el mismo que para los vascos: “Ningún trato con los nacionalistas tendría valor estratégico (para los italianos) cuando todo el frente santanderino se hubiera derrumbado”. 

Sin embargo, para las autoridades del EBB, “con varias decenas de miles de refugiados en Santander y Asturias, rendirse antes implicaba condenarlos a unas más que seguras represalias (por parte de los milicianos republicanos) y en el ánimo de las autoridades nacionalistas estaba la salvaguarda de las vidas de la población civil y de los jóvenes que tomaban parte en la lucha” (Crónica de la Guerra Civil de 1936-1937 en la Euzkadi peninsular). 

Tal y como refleja Eugenio Ibarzabal, Ajuriagerra estaba convencido de que la única salida de unas tropas extenuadas y desmoralizadas era la entrega a las italianas como mal menor

Su preocupación era, ante todo, “encajar las piezas de la evacuación de los civiles con la rendición de los militares, justificada como victoria militar de los italianos”. Esto fue Santoña. 

Por lo tanto, en ese momento crítico de la historia del Pueblo Vasco, Juan Ajuriagerra fue leal a su Pueblo, leal a los más vulnerables y leal a la juventud vasca que dio su vida para defender su patria. Ajuriagerra, al final de la guerra, fue consecuente con los motivos que llevaron a EAJ-PNV a participar en la contienda. Él mismo los sugiere ya desde la cárcel: “Solo por razones propias los vascos fuimos a la guerra; no fuimos a ella por ninguna razón de lealtad a ningún gobierno por legítimo que fuera”. 

El 23 de agosto de 1937, Juan Ajuriagerra se despidió en Sara de Joxe Migel Barandiaran (al que dijo: “A mí me toca morir primero”) y embarcó en el aeropuerto de Biarritz para aterrizar en la playa de Laredo. Ese día los miembros del EBB echaron a suertes determinar los burukides que habían de quedarse corriendo la suerte de los gudaris y los que habían de salir al extranjero para proseguir la guerra contra el franquismo. Fueron los únicos líderes políticos del bando republicano que lo hicieron. Su heroísmo les aportó credibilidad y autoridad moral para liderar la lucha antifranquista en las cárceles y en las primeras décadas de la dictadura. 

Santoña es una lección imborrable para los nacionalistas vascos de toda época. En los momentos de polarización extrema surgen situaciones en las que se ponen a prueba elementos nucleares de nuestra tradición política. Ayer como hoy, cuando la polarización hace que la visión autoritaria predomine en los dos extremos, es momento de apostar por los valores democráticos y humanistas. Cuando el enfrentamiento se agudiza en marcos que superan los límites de nuestro país, es momento de preservar los pilares fundamentales de nuestro pueblo para que no se ponga en riesgo su pervivencia futura.

*Parlamentario de EAJ/PNV