XABIER ARZALLUZ CUMPLIRÍA 94 AÑOS

Lunes 24 de agosto de 2026

Xabier Arzalluz Antia (Azkoitia, Gipuzkoa, 24 de agosto de 1932) es la figura clave del PNV en el siglo XX junto con Sabino Arana, José Antonio Aguirre y Juan de Ajuriaguerra. Él se autodenominaba como “el perro del caserío” en figura metafórica sobre lo que fue su trabajo como presidente del Euzkadi Buru Batzar del PNV.

Podría decirse que hoy el PNV no sería como es sin la impronta, el trabajo, la oratoria y la visión política de Xabier Arzalluz en los últimos treinta años del pasado siglo.

Sus ideas se encuentran también en el campo del socialcristianismo. Fue diputado por Gipuzkoa en el Congreso de los Diputados durante la Legislatura Constituyente y presidente del Partido Nacionalista Vasco en Bizkaia y del Euzkadi Buru Batzar entre 1980 y 2004. Le sustituyó Josu Jon Imaz.

Hoy cumpliría 94 años. Conviene a un partido y a una sociedad no olvidar a sus referentes. Guste o no, Arzalluz está en la historia de Euzkadi, fue persona clave de la salida del PNV de la clandestinidad, de la discusión constitucional y estatutaria, y del día a día de la transición de la dictadura a la democracia.  Era único. Su oratoria era de las que se buscaba para, ser escuchadas. No había acto de importancia sin que estuviera él.

La obsesión» de Arzalluz era que desapareciera la violencia en Euzkadi y «eso se interpretaba como que se había ido al monte y estaba obnubilado». En estes sentido, se le atacó «durísimamente.

Sin embargo, Arzalluz fue un político que sabía dónde estaban los límites y hasta dónde podía llegar, pero sin abdicar de sus principios ideológicos.

Arzalluz está en la historia de Euzkadi y del EAJ-PNV

1977: TOMA DEL BATZOKI DE PORTUGALETE

Domingo 23 de agosto de 2026

Este alderdikide que subre las escaleras es el Txato González, líder de la zona. Le conocí cuando fue elegido burukide del Bizkai Buru Batzar, bajo presidencia de Juan de Ajuriaguerra en febrero de 1977.

Y estuvo en la toma del Batzoki. A él y a los que tomaron el Batzoki, el año que viene les deberían recordar de manera especial. Honrar, honra.

RECONQUISTA DEL BATZOKI EN 1977

En este blog Tasio Munarriz nos estudió en diferentes entradas la historia del actual batzoki del PNV en la calle Nueva, para lo cual recomendamos utilizar el buscador de la derecha con la palabra “batzoki”.

El final de la historia, queda reflejada en estas líneas suyas dedicadas a “la reconquista”: 

Después de ser ilegalizados los partidos políticos en 1937, el Partido Nacionalista Vasco  no pudo tener  actividad como tal, igual que el resto de las asociaciones no adictas a la sublevación militar. Solo quiero destacar la convocatoria de una concentración en El Arenal de Bilbao con motivo del Aberri Eguna de 1971. La Policía Municipal de Portugalete recogió unas octavillas en la calle.

La primera Junta Municipal del PNV de Portugalete después de la dictadura se creó el 28 de octubre de 1976 y estuvo en ejercicio hasta el 7 de julio de 1977. Sus componentes eran:

Iñaki Aresti Saldisua, Presidente.

Sabin Ipiña Ormaetxea, Vicepresidente.

Jesús Madariaga Izurza, Secretario.

Félix Arambarri Uribe-Etxebarria, Tesorero.

Juan M. Uribarri Santamaría, Afiliación y propaganda.

Gaizka Arostegui Alberdi, Afiliación y propaganda.

Ander Aberasturi Egileor, EGI.

Ramiro Cardona Cabia, EGI.

José Ángel Arrillaga Urrutikoetxea, EGI.

Pedro Mª Uribarri Santamaría, Ordenación y planificación.

Andoni Agirrezabal Aguinaga. Ordenación y planificación.

Andoni Larrauri Puente, Problemática municipal.

Gabriel Madariaga Izurza, Problemática municipal.

Una vez que el 19 de enero de 1977 se había permitido el uso de la ikurriña y la actividad política comenzó a ser legal, el 17 de junio dos accionistas de “Gure Kabija S.A” reclamaron por escrito al Estado la devolución legal del edificio porque les pertenecía desde que crearon la sociedad y había sido incautado por los esbirros de la dictadura militar.

En junio o julio la Junta municipal del PNV, después de consultar a algunos militantes, decidió ocuparlo de una manera pacífica y sorpresiva, aún sabiendo que esa acción era problemática y arriesgada. En efecto, el 13 de agosto, antevíspera de las fiestas portugalujas, un grupo de afiliados se juntaron en la calle Berriotxoa, donde tenían un batzoki provisional, a las 4 de la tarde para iniciar la marcha hacia “Gure Kabija” con una ikurriña, una pancarta enrollada y unos txistularis. Bajaron por la acera de los pares de General Castaños para descender por Casilda Iturrizar. Por el camino se fue agregando gente hasta llegar a unos cientos de personas. El primero que entró fue José Ángel Arrillaga diciendo “Estamos en casa”. Un grupo subió al segundo piso y colgó la pancarta que decía: ”Estamos en casa. Gure Kabija. PNV-EGI”. Otro grupo fue al tercer piso, arrió la bandera española y la sustituyó por la Ikurriña en el mástil.

Antes de las dos horas se presentó la Policía armada ocupando prácticamente el casco antiguo. Iñaki Aresti, Andoni Larrauri, Gabriel Madariaga y Juan Cruz Emaldi bajaron a hablar con el teniente y le enseñaron los documentos que demostraban que el edificio era propiedad de “Gure Kabija” y que no habían destrozado las banderas. La policía recibió la orden de abandonar el cerco y desde entonces el PNV realiza sus actividades en esos locales.

En la foto inferior bajo estas líneas un grupo de afiliados con motivo del Aberri Eguna 1978. Eran tiempos de mucha ilusión y militancia.

AURELIA HERNANI LARRAÑAGA, LA SEÑORITA DE LA FOTO DE LA PLAZA ELÍPTICA

Sábado 22 de agosto de 2026

La nacionalista bilbaina Aurelia Hernani coincidió en un barco de exilio que encalló en América con el calcutense nobel de Literatura Rabindranath Tagore

Aurelia siempre guardó con cariño esta fotografía con su hermano, tomada en la plaza Elíptica de Bilbao. | FOTOS: ARCHIVO FAMILIAR Un reportaje de Iban Gorriti

La Navidad en casa de Aurelia Hernani Larrañaga olía a peras al vino. Era un clásico de esta familia de Bilbao, eso sí, cuando era posible celebrar las fiestas de fin de año en paz porque por delante tuvieron años de Guerra Civilexilio en La Pampa argentina, la Segunda Guerra Mundial, persecuciones, pérdida de la empresa familiar con patrimonio incautado por los franquistas…

Aquella “señorita” que siempre conservó con cariño una fotografía en la plaza Elíptica de Bilbao fue profesora de gimnasia sueca y de francés. Bautizada como María Aurelia Josefina Concepción Hernani Larrañaga nació de octubre de 1885 y murió el 11 de julio de 1977. Ambas efemérides en la capital de Bizkaia.

Sus cuitas de idas y venidas, huidas del fascismo, alcanzan para un libro. De marcado sello nacionalista vasco, evocaba con orgullo que había acudido el 25 de noviembre de 1903 al funeral de Sabino Arana, fundador del PNV. Más adelante, conoció al premio nobel Rabindranath Tagore, poeta que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1913, convirtiéndose así en el primer laureado no europeo en obtener este reconocimiento. Coincidieron en un barco que tenía como destino final Argentina. La bizkaina  siempre contó a sus familiares que la compañía naviera encalló el viejo barco de guerra Yangtsé a propósito porque el seguro no quería renovar la póliza y de ese modo poder cobrarlo. Valdrían los versos del propio Tagore como metáfora: “Mi día ha terminado, soy como un barco varado en la playa al anochecer, en brazos de la danza de las mareas”. Aurelia contaba que cuando encallaron veía en el horizonte “las luces de Río de Janeiro”, ciudad brasileña.

Previamente, Aurelia había contraído matrimonio a los 21 años con  Manuel Anasagasti Armendariz, a quien había conocido en Portugalete, y tuvieron diez hijos: José Luis, Carmen, Miren, Libe, José Mari, Kepa, Imanol, Maitena, Paci y Loli. “Fue una mujer de porte, usaba gargantilla y vestía de negro, como la gente mayor de su época. En sus años jóvenes usaba sombrero, y le gustaba el color gris perla y lila”, detalla la familia que da a conocer a DEIA por primera vez su testimonio y vida. “Tenía –apostillan- gran personalidad y un carácter tranquilo y bondadoso. Nunca gritaba a los niños y se interesaba por saber cómo le iba a los demás”.

Para entonces había estudiado Magisterio y había impartido docencia durante un corto espacio de tiempo en la escuela de Tívoli. Aurelia y Manuel se mudaron a vivir al caserío familiar de la familia Hernani conocido como Trauko Zar y allí dio a luz sus primeros hijos, José Luis, Maitena –falleció recién nacida- y Carmen.

En tiempos de la república era una estirpe muy conocida en el batzoki de MatikoCuando estalló la mal denominada Guerra Civil tras un Golpe de Estado fallido en julio de 1936, unos escaparon, otro acabó en un campo de concentración… Aurelia y los suyos migraron hacia Guriezo, provincia entonces de Santander y hoy Cantabria. Ella daba testimonio en una grabación familiar a la que ha podido acceder este diario: “Un amigo nos dijo: yo les voy a llevar a un sitio, como tienen que admitir a los refugiados, todas las casas tienen que acoger a gente, pues yo le voy a llevar allí. Es un americano que tiene un chalé allí y el padre está en la cárcel y el hijo también, los dos estaban en Santander, en la cárcel. Y nos llevó por la costa y entonces estaba el barco franquista Cervera barriendo toda la carretera tirándonos obuses”.

También sobrevivieron en Catalunya, aún tierra republicana. Residieron en Centelles, provincia de Barcelona. Acabarían en Lapurdi, en Kanbo donde, entre otros refugiados, coincidió con el obispo Mateo Mugika que “se estaba quedando ciego”.

Aurelia hablaba mucho sobre su vida en Argentina, país al que primero viajó su marido y a continuación ella junto a su hija Carmen. Según daba testimonio, al principio le costó hacerse a la vida de La Pampa. “Me costó bastante, claro, a la fuerza. Qué remedio e incluso hice frente yo a un ladrón. Un italiano que se le habían escapado los caballos o los habían echado al campo nuestro, o yo no sé lo que pasó, la cuestión es que les cogimos los caballos y los encerramos en uno de los prados que había allí y vino, había ido al pueblo, aita, y vino a sacar los caballos y le dicen: tiene usted que pagar primero pues se cobraba por el pastoreo y tiene usted que pagar. Dijo, yo saco los caballos y no le pago nada. Ni usted saca los caballos y sino usted se verá entonces con mi revólver. Y yo con más miedo que vergüenza. Desde dentro de uno de los departamentos desde la parte del jardín. Sí, estuvimos discutiendo, yo con el revólver en la mano, y por fin se dio media vuelta y se marchó”.

También tuvieron que hacer frente a un huracán. “Se puso el cielo de un color indefinido, no se sabía de qué color era. Hablábamos de si era morado o si era rojo, o si era amarillo o lo que sea y un ruido ruuuuu. Allí estábamos agarrando las puertas y las ventanas, apretando y cerrando por dentro, haciendo todo lo posible… Terrible, terrible. Por eso cuando te dicen de los huracanes y eso, ¡Dios mío!”.

Aurelia evocaba con cara aún de preocupación cómo aquellos vientos arrastraban un vagón y el ganado en los campos contra las alambradas. “Los llevaba por los aires, allí unos encima de otros se morían. Fue terrible, terrible”.

Hicieron un total de diez años en el país andino y regresaron por desavenencias con un familiar. La vuelta en barco también fue razón de recuerdo. Sus hijos enfermaron de tosferina y al asentarse en Barcelona, la familia se contagió de sarna que “ahora se quita fácil, pero antes… Había que tomar muchos baños sulfurosos. Así acabé con la nariz…”. Para rematar el viaje, en el arribo a Cádiz, se perdió José en el mercado antes de retomar viaje a Catalunya.

La familia retornaría con el tiempo a Bilbao. Para entonces, los franquistas les habían requisado sus vehículos de la empresa de transportes familiar. Aurelia abandonó el caserío de Trauko Zar y se fue a vivir al Campo de Volantín. Vendieron la casa por tres millones de pesetas de la época. “Una ganga y compraron el piso del Campo de Volantín donde vivieron hasta su fallecimiento en 1977”, concluyen dejando para la historia el paso por la vida de aquella señorita de Bilbao.