UNA GRAN DEJADEZ. NOS QUITARAN EL CONCIERTO Y NO NOS ENTERAREMOS

Domingo 3 de mayo de 2026

Una de  las vivencias más clarificadoras que tuve con el ex presidente del gobierno español Adolfo Suárez fue cuando en una recepción en el Palacio de oriente, estando  hablando con Txiki Benegas, se nos acercó  y nos dijo.

“Os voy a decir algo importante para que lo contéis. Solo cuando tomé la decisión de dimitir como presidente del gobierno abordé la devolución del Concierto Económico para las castigadas Bizkaia y Gipuzkoa. Hoy sería imposible”.

Fue rotundo. Pero los vascos  hoy no lo estamos valorando.

Ahí están los catalanes que tras denigrar del Concierto como antigualla en 1978 la clave actual de su política es conseguir algo parecido al Concierto, llámese Pacto Fiscal, o Concierto. Les encantaría el nombre de Concierto porque acredita lo que en verdad es. Recaudar todos los impuestos y pagar un cupo con una clave de gran importancia. Tienes que recaudar más que lo que gastas porque si no Papá Estado no te va dar ni un euro. Es autogobierno pero también una gran responsabilidad.

Muchos creen que el Concierto es un privilegio cuando fue un castigo de Cánovas a los vascos en 1876 por apostar por el carlismo y perder las tres  guerras en el siglo XIX. Pero tampoco sabemos nada de esto.

El periodista Juan Carlos Etxeberri ha denunciado que cuando el Concierto acaba de cumplir sus primeros 148 años de existencia, resulta sorprendente que todavía cuatro de  cada diez vascos siga desconociendo en qué consiste la base fundamental del autogobierno vasco, siendo  el  instrumento que canaliza  la política y la economía y, que a  través  de ellas, el desarrollo y progreso de éste país, así como el bienestar de sus ciudadanos, está garantizado.

El Gobierno Vasco acaba de dar a conocer una encuesta realizada por el Gabinete de Prospecciones Sociológicas sobre la percepción que los ciudadanos vascos tienen del Concierto Económico que revela que el conocimiento  que se tiene de la columna vertebral de nuestro autogobierno es más bien escaso en términos de conocimiento, aunque existe una creencia general, tipo fe del carbonero, que alrededor del 60% lo relaciona con el bienestar del país.

Es un grave error y denota ausencia continua de pedagogía, lo que hacen nuestras instituciones y los partidos que la nutren. Se trata de una dejadez increíble en una cuestión tan sensible como ésta. Y no digamos del ente público EITB que vuelca todos sus esfuerzos en programas de cocina y deporte.

Y una pregunta maliciosa: si se hiciera un examen sencillo sobre el Concierto y el Cupo a los 75 integrantes del Parlamento Vasco, a diputados y senadores y a las ejecutivas de los partidos con representación parlamentaria ¿cuántos aprobarían?.

Lo digo porque he sido testigo de desconocimientos increíbles.

Y ese es el gran riesgo que tenemos. porque me temo que visto el panorama la capacidad de movilización sobre su defensa y explicación es mínima por no decir cero.

Y otro campo es “el desierto académico” donde el Concierto recibe ataques un día si y otro también sin que desde ningún sitio se le conteste. Y otro más el de la opinión pública.

En 1981, el año que aludo de Suárez, Pedro Luis Uriarte, Consejero de Hacienda del primer gobierno vasco tras la dictadura dirigió las negociaciones  con el estado para su devolución y creó una plataforma  para que la sociedad vasca se implicara en su defensa y difusión. Fue muy bien acogida la propuesta que languidece pues son las instituciones las que han de enarbolar  con fuerza y presupuesto su difusión y defensa  y no lo están haciendo .Y eso es cada vez más grave. Ya vemos lo que está ocurriendo con el euskera y lo que puede ocurrir si Vox gobierna

Gobierno, Diputaciones, Parlamento y EITB han de ponerse de una puñetera vez las pilas pues en ellos hemos depositado la defensa de este importantísimo instrumento del autogobierno vasco.

Les guste o no.

EL VERANO DE LA DERROTA.

Sábado 2 de mayo de 2026

Se van a cumplir 90 años de aquellos hechos y a riesgo de que nos llamen pelmas, conviene refrescar  estas situaciones límite vividas por nuestros antecesores, ya que a Euzkadi se le venció militarmente, se le bombardeó, se le hizo imposible la convivencia. Y estas no son son batallitas  del abuelo cebolleta, sino lecciones de vida.

Porque no  solo se llenaron las carreteras que conducían al oeste de vehículos y personas con sus enseres; desde días antes de la caída de la Villa de Bilbao el 19 de junio sino   los muelles de la ría vieron cómo los pesqueros y demás barcos allí amarrados calentaban motores para partir hacia puertos santanderinos o de Lapurdi. Entre los que aprovecharon las horas de confusión y la orden de evacuación de la zona portuaria para huir de Bilbao y de sus responsabilidades en el ejército y en la administración autónoma estaban Gerrikaetxebarria, jefe de la Artillería; José María Pikaza, jefe de la Policía Motorizada; Bruno Mendiguren, responsable de relaciones con la prensa extranjera; Unzeta, jefe de la Sanidad Militar y Naranjo, oficial del Estado Mayor agregado al Departamento de Defensa.

En aquellas últimas jornadas de Bilbao, Leizaola, como se ha dicho, se impuso a sí mismo la obligación de poner en libertad a los presos internados en las cárceles bilbaínas. Éstos se agrupaban, fundamentalmente en dos grupos. Por una parte, los que se hallaban en las instituciones penitenciarias de Begoña y, por otra, los que se encontraban realizando labores de fortificación en el área de Pagasarri.

Ciertamente, pesaban mucho sobre la conciencia del consejero de Justicia los asaltos a las cárceles ocurridos el 4 de enero, en los que fueron pasados por las armas 224 internos. No fueron estos incidentes los únicos que tuvieron lugar en Euzkadi contra las vidas de personas presas, pero sí en contra de prisioneros que se hallaban bajo la tutela del Gobierno de Euzkadi. El asalto a las cárceles del 4 de enero fue una mancha indeleble en la actuación del ejecutivo de Agirre, que intentó, de alguna manera, subsanarla con la denuncia de los hechos y la apertura de un sumario para clarificar, procesar y, en su caso, castigar a los responsables, pero que no pudo llevarse a cabo por falta material de tiempo.

Y en ese momento final en el que Bilbao estaba a punto de ser ocupado, Leizaola pensó en resarcirlos de alguna manera poniéndolos a salvo y alejándolos de una potencial amenaza de venganza de última hora.

La entrega de los presos de Larrinaga fue una de las últimas acciones que se realizó en Bilbao antes de la entrada de las tropas franquistas. Tras un primer intento fallido de traslado de los prisioneros por Pagasarri desde un punto defendido por un batallón nacionalista el día 17,  los presos  pudieron ser entregados a su bando desde Egirleta. Esto ocurría en la noche del 18 de junio. Poco después se volaron los puentes sobre el Nervión.

Tras la entrada de los franquistas y en este ambiente de desconfianza contribuía, apuntaba el cónsul italiano, la severidad con la que se imponía la Justicia, impartida sin criterios de objetividad o de imparcialidad y sin garantías judiciales.

Relataba Cavallettiel caso de la depuración de los funcionarios municipales, cifrados en varios cientos, que solo después de unas investigaciones personales llevadas a cabo tras llamar a los vecinos a denunciarlos, eran readmitidos en sus empleos.

No se olvidó el diplomático italiano de citar las palabras pronunciadas por José María Areilza, alcalde de la villa, en las que describía la toma de Bilbao como una conquista. Ni de citar las campañas propagandísticas de la prensa local. Sin embargo, para Cavalletti este esfuerzo había tenido un resultado modesto y para probarlo citaba varios episodios ocurridos en Bilbao: banderas españolas desgarradas, exposición de ikurriñas, pitadas a los himnos franquistas y a las películas franquistas, etc.

Finalmente, Cavallettire forzaba su argumentación con las palabras que le dijera Antonio Urbina Melgarejo, marqués de Rozalejo y gobernador de Gipuzkoa, quien le comentó que, con ocasión de la festividad del 18 de Julio, había recibido órdenes de Salamanca para hacer vibrar a San Sebastián y celebrar el aniversario de la sublevación  y que lo había logrado, pero que no veía cómo lo fuera a hacer su colega bilbaíno. El marqués de Rozalejo auguraba que el problema nacionalista vasco iba a perdurar bastante tiempo.

Las palabras del alcalde Areilza citadas en el informe diplomático italiano no eran otras que las pronunciadas el 8 de julio en el Coliseo Albia, en una función organizada por la FET y de las JONS en homenaje al ejército y milicias nacionales. Tras descalificar a los nacionalistas y socialistas, Areilza negaba que Bilbao se hubiera rendido. Al contrario, afirmaba que había sido conquistada por las armas y que, en aquel acto, había «caído vencida, aniquilada para siempre, esa horrible pesadilla siniestra y atroz que se llamaba Euzkadi y que era una resultante del socialismo prietista, de un lado, y de la imbecilidad bizkaitarra».

Este discurso del primer alcalde franquista de la villa venía precedido de una medida administrativa aliñada con todos los ingredientes de una venganza. El 23 de junio de 1937 Francisco Franco había firmado en Burgos el Decreto-ley abolitorio del Concierto económico para Bizkaia y Gipuzkoa, por entender que, además de ser el Concierto «una prodigalidad que les dispensó el Poder público», el sistema concertado, en materia económica, «entrañaba un notorio privilegio por la amplísima autonomía de que gozaban, y por el menor sacrificio» al que se sometía a los contribuyentes vascos. A pesar de disfrutar de todas estas ventajas, Bizkaia y Gipuzkoa, según el Decreto, se «alzaron en armas» contra el Movimiento Nacional, «correspondiendo así con la traición a aquella generosidad excepcional». No era, pues, admisible que subsistiera aquel «privilegio sin agravio para las demás regiones» y se dispuso su abolición desde el primero de julio de 1937.

El Ejército de ocupación cumplía con su labor, someter a las provincias que habían cometido traición y no mostraban síntomas de adaptarse a la «Nueva España». Como apuntaba Arteche en su diario en la entrada correspondiente al día 6 de julio, los bilbaínos hacían ver claramente a los nuevos gobernantes que se sentían en verdad sometidos: «Desfiles en la Gran Vía de dos batallones de Infantería. Exceptuando las demostraciones de una mujer, a quien el poco público que había, miraba con hostilidad, ni un aplauso, ni un viva. Esto sigue como el primer día». Y es que Arteche observaba que, «los que han vivido aquí, aquellos con quienes he podido conversar, hablan con veneración de la persona de Aguirre».

NUESTRO AMIGO MARITAIN

Viernes 1 de mayo de 2026

Un 23 de abril de 1973, fallecía a los 91 años, Jacques Maritain.

Filósofo francés contemporáneo  figura entre los amigos de los vascos con motivo de la guerra de 1936. Nació en París en 1882. Fue educado en el protestantismo liberal por su madre, hija de Jules Favre. Poco tiempo después de haber obtenido el doctorado en Filosofía se convirtió al catolicismo, con su mujer Raissa Oumancoff, hija de judíos rusos.

Dedicó sus afanes al estudio de Santo Tomás de Aquino. Su primer libro, La Filosofía Bergsoniana, publicado en 1914, reacciona de manera contundente y frontal contra el bergsonismo. Con posterioridad  publicó muchas obras filosóficas, de moral, lógica y metafísica. Antes de aquel libro había escrito un notable artículo en 1910, titulado “La ciencia y la razón, en defensa de la inteligencia”. Son sus obras más conocidas Primacía de lo Espiritual de 1917; Arte y Escolástica de 1920; Tres Reformadores, Fronteras de la Poesía de 1926; Respuesta a Jean Cocteau de la misma fecha; Religión y Cultura de 1930; El Sueño de Descartes de 1932, Automoderno de igual fecha; Humanismo Integral de 1947, Carnet de Notas y Cristianismo y Democracia de 1943 y El Paisano del Garona, que aún no ha dejado de estimular comentarios y objeciones. Sus colaboraciones en diversas revistas son notorias.

Es Maritain, con Etienne Gibson, el reintroductor del tomismo en Francia y en el mundo de habla francesa, frente a los inmovilistas del tradicionalismo sistemático y a los renovadores de vanguardia y temperamento. Separado del bergsonismo entre los años 1908 y 1910, puede ser reputado como el filósofo de la existencia, ya que no del existencialismo. Sobre el plan político, todos los libros de Maritain giran alrededor de la persona y de la libertad, animando un «ideal histórico de una nueva cristiandad». Desde su conocido punto de vista participó  en todos los grandes problemas de nuestro tiempo. Maritain es la pluma de filosofía católica más brillante en el curso de varios siglos de historia. Embajador de Francia ante el Vaticano en el primer Gobierno De Gaulle, Maritain, al enviudar, se retiró al convento de los Hermanos del P. Foucauld, donde finalizó su existencia, después de profeso. Fue enterrado en Kolbsheim, Bajo-Rin, junto a su mujer. El lehendakari Aguirre fue su amigo cordial, en París y en Estados Unidos, en el curso de la Guerra Civil española y en el de la Guerra Mundial y con posterioridad. Como escribe Pedro Gringoire, «Maritain había sido, como Bernanos, como Mounier, como el P. Ducatillon y otros prominentes católicos franceses, un defensor abierto de las libertades del pueblo vasco aplastadas por el nazi-franquismo. El gran filósofo tuvo la alegría de volver a Francia liberada. Con motivo de la destrucción de Gernika por la aviación alemana al servicio del general Franco, escribía Maritain: «A los católicos, sin distinción de partido, corresponde levantar la voz en primer lugar para que no se produzca en el mundo el implacable asesinato de un pueblo cristiano. Nada justifica, nada excusa bombardeos de ciudades abiertas, como el de Guernica». Suyas son también estas acusaciones insertas en el prólogo a la obra de Mendizábal Orígenes de una tragedia santa, reaccionando contra los crímenes cometidos en ellos por ambas contiendas, dice:

«Es un sacrilegio horrible matar a los sacerdotes -aunque sean fascistas, son ministros de Cristo- por odio a la religión; y es otro sacrilegio, horrible también, matar a los pobres -aunque sean marxistas, son el pueblo de Cristo- en nombre de la religión.

 Es un sacrilegio patente quemar las iglesias y las imágenes santas, a veces con furor ciego, a veces, como en Barcelona, con frío método anarquista y odio sistemático; y es otro sacrilegio -en sentido religioso- cubrir a los soldados musulmanes con imágenes del Sagrado Corazón para que ellos de tal guisa maten santamente a los cristianos, y pretender mezclar a Dios en las pasiones de una lucha donde el adversario es contemplado como indigno de todo respeto y de toda piedad.

Es un sacrilegio profanar los lugares santos y el Santo Sacramento, perseguir aquello que está consagrado a Dios, deshonrar en la tortura a los religiosos, exhumar cadáveres para hacer chacota de ellos; y es un sacrilegio fusilar, como en Badajoz, cientos de hombres para festejar el día de la Asunción, o aniquilar bajo las bombas de los aviones como en Durango -porque la guerra santa odia más ardientemente que al infiel a los creyentes que no la sirven- las iglesias y el pueblo que las llenaba y los sacerdotes que celebraban los misterios; o como en Guernica, una villa entera, con sus iglesias y tabernáculos, persiguiendo con ametralladora a las pobres gentes que huían. Los horrores rojos, con lo que ellos han revelado de salvajismo, han sido motivo de reiteradas menciones…

Los testimonios comienzan a llegar sobre el terror blanco, y lo que ya se sabe permite pensar que ha alcanzado un nivel de crueldad y desprecio de la existencia humana de una rara elevación. En nombre de la guerra santa es llevada a cabo bajo los estandartes de la religión. La Cruz de Jesucristo brilla como un símbolo de guerra sobre la agonía de los fusilados. Y ni el corazón del hombre ni su historia pueden soportarlo. Un hombre que cree en Dios sabe que no hay peor desorden que ése. Es como si los huesos de Cristo, que los reos del Calvario no pudieron tocar, fueran quebrados sobre la cruz de los cristianos».

Fue miembro del Comité de Socorro a los Vascos, junto con monseñor Mathieu, obispo de Dax, y Claude Bourdet, publicista. .